Archivo de la categoría: actualidad

¿Por qué las noticias sólo incluyen lo que pasa y no lo que podría pasar? Aquí le pongo remedio.

Soy una yoga freak

Acabo de cumplir año y medio haciendo Bikram yoga. Este idilio mío con “las posturas” empezó por curiosidad, por probar algo que sospechaba me gustaría. Poco a poco fui encontrando beneficios físicos y mentales, al grado que a los tres meses de haber pisado un salón de yoga me di de baja en el gimnasio, convencida de que lo que más quería era seguir flexibilizando mi cuerpo, aquietando mente y emociones.

¿Qué ganancias me ha dado? La posibilidad de “no pensar” durante la hora y media que dura la clase, y eso es mucho para mentes obsesivas como la mía, que analizan por dos horas una discusión de cinco minutos. También flexibilidad y fuerza físicas como no recuerdo haber tenido y la conciencia de que el trabajo con mi cuerpo puede/debe tener una correlación con mi mente. Es decir, conforme desarrollo fuerza y flexibilidad emocionales con yoga y meditación, mi vida se va volviendo más armónica. Si un problema está a punto de sacarme de balance respiro hondo y trato de pensar que si puedo con las durísimas clases puedo con lo que sea. Y en general así es.

Se fue Chavela Vargas pero se queda

“No le tengo miedo a la muerte, debe ser una cosa bellísima”, dijo hace poco en entrevista con El País. Hoy que se fue recuerdo esas palabras suyas. Vivir a fondo es también morir a fondo, con todo, sin contener el aliento, soltando el cuerpo y dejando que fluya la muerte por cada vena, que pasee su lengua fría por los rincones mientras uno abre la ventana y se asoma a otro paisaje. Entendida de ese modo debe ser bellísima. Espero que llegado el momento así haya sido la de Chavela. El consuelo para quienes estamos de este lado de la ventana es que su voz quebrada, que acompañó más de una borrachera cantando a José Alfredo, seguirá siendo la banda sonora de los desgarros amorosos. Salud…

Obsesión por las texturas

Lo confieso: me fascinan las texturas, las amo. Colecciono fotos de las urdimbres que me saltan en una reja, en la piedra de un muro o entre las frutas del supermercado. Me resultan poemitas visuales y no deja de emocionarme que en lo más cotidiano se esconda ese instante de belleza, a la espera de ser visto.

No sé cuándo empezaron a gustarme (creo que en este blog aparece frecuentemente “no sé/no sabía”; este es un espacio de autoexploración cuyos tanteos ustedes, pacientes lectores, sabrán disculpar). Lo cierto es que me alegra el día tropezar con una textura que me toma por sorpresa. Esta es de mis favoritas, fotografiada en cualquier calle. El lugar es lo de menos, lo que importa es la música que lleva por dentro.

Me gusta mi país

Sí, me gusta México y los mexicanos, disfruto lo plural de la música de este suelo, mi hija nació aquí igual que mi pareja y el resto de la gente que más me mueve las entrañas, amo la comida de Oaxaca y Puebla tanto como los antojitos y la nueva cocina del DF, escuelas chilangas me enseñaron a leer, me esperanzan los jóvenes que pelean por un país mejor, no deja de sorprenderme la devoción por la Virgen de Guadalupe (envidio un poco esa fe), conozco bien y adoro el Centro Histórico, mis recuerdos están ligados a esta geografía, canto y lloro en mi español salpicado de voces indígenas y anglicismos, admiro la sonrisa desdentada de las mexicanas que se parten la madre teniendo todo en contra, me bebo los paisajes de Morelos y Chiapas, cuando estoy fuera extraño las risas que aquí repartimos sin pudor, valoro el brillo de los ojos de estos niños, los colores de un mercado me hacen vibrar tanto como la magia de los zócalos, asumo la cursilería de emocionarme cada 15 de septiembre. A pesar de todos sus pesares, más allá de lugares comunes y contradicciones me siento orgullosa de esta tierra. Gracias a la película Hecho en México por recordármelo.

We need to talk about Kevin, de Lionel Shriver

Ésta es la novela más cruda y chocante a la que me haya enfrentado en muchos, muchos años. Debo haber tardado mes y medio en acabar sus 400 páginas porque varias veces necesité salir por aire y la dejé de lado algunos días. Y por esta “salida a tomar aire” me refiero tanto al tema (Eva, madre de Kevin, un adolescente sin mayores problemas que asesinó a compañeros de escuela y maestros, trata de entender “por qué” lo hizo) como a lo asfixiante que a veces resulta la voz narrativa (a través de cartas dirigidas a su esposo y padre de Kevin, ella narra toda la acción en retrospectiva).

Sin embargo, para mi gusto todo se ve compensado por la riqueza del personaje de Eva, la profundidad de su introspección, su asumida debilidad ante el rol materno, los instantes de humor, sus contradicciones, lo desesperante de su lamento/falta de acción ante las señales de alarma de un sociópata en desarrollo, su honestidad a ratos y su deseo de librarse de la culpa en otros. Ella es el verdadero centro de la trama aunque siempre en referencia a Kevin y es que, como ella misma dice, desde que su hijo nació ella dejó de ser “su propia creación” y se convirtió primero que nada en mamá. Del otro lado de la banqueta, por supuesto, está el propio Kevin: siniestro, crudo, atormentado pero lineal, con pocos matices. El personaje se hace odioso desde las primeras páginas y mantiene el ritmo in crescendo, con lo que la angustia del lector se suma a la angustia de Eva ante un ser esencialmente malo. Es tal la perversión del niño/muchacho que por momentos es inverosímil, pero esta aparente falla puede explicarse por el sesgo de la madre, quien en aras de abonar a ese retrato de un criminal en formación se deleita en recordar todo lo malo que hizo, sin dar tregua. Los otros personajes funcionan como contrapeso a estos dos. Franklin, esposo-padre, es títere de sus expectativas: ciego de amor ante las atrocidades de su hijo, incapaz de ver lo evidente, amante de lo “americano” y de sus valores, vive y es capaz de morir por mantener un ideal de familia. Celia, la otra hija del matrimonio, es poco creíble y sólo parece existir como elemento de contraste ante Kevin, sin vida propia.

Si bien literariamente la novela funciona, el éxito tanto de la misma como de la reciente película también evidencia que la reflexión a la que obliga resulta urgente: ¿de quién es la “culpa” de los asesinatos adolescentes estilo Columbine? ¿Se pueden evitar? ¿Cómo se forma un chico así? ¿Qué rol juegan los padres? ¿Y la sociedad, que se lava las manos y deja toda la responsabilidad en el hogar? Además, el texto lleva a cuestionar el instinto materno y el amor “natural” que une a una madre con su hijo. Desde las primeras horas con el recién nacido Eva, aparentemente funcional como esposa enamorada y empresaria pujante, se revela como una madre egoísta, fría, a quien no le gusta su hijo y más bien la decepciona. Este peso crecerá día a día conforme su vida, su relación de pareja y su trabajo se vean radicalmente trastocados por la maternidad. ¿Por qué cuesta tanto aceptar que ésta pueda ser la realidad de más de una familia? Y el ideal paterno también es totalmente cuestionado, incluso caricaturizado: el hombre que “ama” a su hijo y así justifica lo que hace, que se pone sus lentes del mundo perfecto para no ver nada mal = tener que actuar, que no asume responsabilidad por nada pero culpa a la madre por todo.

Es una gran novela, deliciosamente escrita, pero de lectura dolorosa, difícil (eso sí, no estoy segura de ver la película).

Abdominales para la mente

“Vivir las experiencias que nos ofrece la vida será obligatorio, pero sufrirlas o gozarlas es opcional. No se trata de decidir ver la vida en rosa de un día para otro, sino de trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno y paralelamente comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra felicidad”. -Matthieu Ricard

Pues sí, de eso se trata… pero hay días que cómo cuesta. Sospecho que hoy el entorno no será el más propicio para mi bienestar y por eso empecé desde temprano a hacer abdominales mentales. Espero que funcionen. Informaré los resultados.

10,220 días después

Todo fue escribir la fecha, 19 de enero, y detener la pluma en el aire. En mi historia personal no marca un día más sino el aniversario 28 del más brutal vuelco de mi vida, el del ingreso de mi papá al hospital tras un “accidente”, mismo que le provocaría un coma profundo del cual no despertó y que desembocó en su muerte, 40 días después.

Digo vuelco brutal porque me quitó el piso de debajo de los pies y me dejó suspensa en el aire a edad temprana, significó la recomposición de mi familia, se tradujo en un antes y un después en todos sentidos, me hizo conocer el miedo a no volver a reírme jamás,  se convirtió en el primer paso en un camino de introspección que sigue vigente hoy y que agradezco. Y aunque 10,220 días después estoy acostumbrada a vivir sin él, sigo extrañando a mi papá desde lo más hondo, lo necesito, me falta, pienso en él, lo admiro. Sin embargo, sin su presencia en mis años de infancia y su posterior carencia no sé explicarme quien soy hoy y quien me gusta ser. Esa cicatriz invisible que muy pocos conocen en parte me define. A ese manchón inexplicable le encontré un sentido. Por eso aunque quizá suene mal, no cuestiono la fecha ni lo que representa, no me quejo por el hueco de su abrazo: reconozco que la vida es más inteligente que yo y que así tenía que ser (pero sí, te extraño mucho, papi).