Mi no-Feria Internacional del Libro

Pues no, no pude ir a la FIL, muchas circunstancias lo impidieron. Me hubiera encantado conocer a Almudena Grandes (con quien he pasado muchas horas), encontrar un título que buscaba sin saberlo, meterme a una presentación y descubrir a un autor que quiero hacer mi amigo, darle el golpe a la literatura alemana, pasear entre libros, acercarlos a mi nariz, llevarlos y hacerlos mis amantes, oír decir a Juan Gelman:

“Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío

como un amo implacable

me obliga a trabajar de día, de noche

con dolor, con amor

bajo la lluvia, en la catástrofe

cuando se abren los brazos de la ternura del alma

cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos

las lágrimas, los pañuelos saludadores

las promesas en medio del otoño o del fuego

los besos del encuentro, los besos del adiós

todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre”.

Y como no pude hacer todo ello, me lancé a Gandhi y armé mi modestísima no-FIL con una antología de poesía de Gelman, una noveleta de Colette, la primera que voy a leer de Milorad Pavic y la última de Rosa Beltrán, más dos libros para mi hija…

“Ni siquiera la eternidad es para siempre”

Encuentro este hermosísimo poema inédito de Roberto Juarroz y casi tiemblo: las palabras, con su cualidad tornasolada, como reflejo de la ambigua vida. Nada que añadir:

Todo texto, toda palabra cambia

según las horas y los ángulos del día o de la noche,

según la transparencia de los ojos que los leen

o el nivel de las mareas de la muerte.

Tu nombre no es el mismo,

mi palabra no es la misma

antes y después del encuentro,

antes y después de volver a pensar

que mañana no estaremos.

Cualquier cosa es distinta

si se mira de día o de noche,

pero se vuelven aún más distintas

las palabras que escriben los hombres

y las palabras que no escriben los dioses […]

Nada tiene una sola forma para siempre.

Ni siquiera la eternidad es para siempre.

Roberto Juarroz, Obras completas (Seix Barral)

Palabra del día: abolir (¿yo abolo una ley? ¿la abuelo?)

Abolir es un verbo defectivo, curiosidad de la lengua, de modo que el Diccionario de la Real Academia (DRAE) no da por buena ninguna conjugación en primera persona del singular: ni abolo ni abuelo (sólo existen abolimos y abolís). ¿Y si soy juez y quiero decir que abolo/abuelo una ley? Tengo que usar una perífrasis: El día de hoy he abolido o En este momento estoy aboliendo.

Hoy, que no tengo ganas de abolir nada, cero preocupación. Mañana ya veré…

 

Actualización, 8 agosto 2016:

Publiqué esta entrada en 2011, como se puede ver hasta arriba. En efecto, como me hace notar Luis Gerardo en un comentario de hoy, “yo abolo” ya está aceptado por la Academia, ignoro desde cuándo. En Wikilengua se explica en una lista de verbos en la que se incluye “abolir”: “Algunos de estos verbos eran considerados defectivos hasta no hace mucho” y añade: “Abolir no es defectivo: ‘El Gobierno abole la prohibición de fumar en lugares cerrados’. Pero suelen usarse solo las formas cuya desinencia empieza por i”.

Quede esta entrada como una prueba más de la vitalidad de la lengua.

Romeo y Julieta 2011

Fin de semana. Tarde de frío. Consenso de ver película en video. Tres demandantes cuyos gustos no coinciden: A y B aman las de terror, B y C disfrutan las de romance, A y C prefieren las históricas. Un democrático volado arroja ganadora: la viejita Romeo y Julieta, de Baz Luhrmann (1996). Arriesgada, iconoclasta y propositiva conjuga el texto de Shakespeare con una ambientación contemporánea en una relectura interesante. El resultado: complace a los tres ingirientes de palomitas con Valentina.

La riqueza de los clásicos radica justamente en su multiplicidad de lecturas, algunas más afines al gusto personal que otras, pero todas válidas. Cito de memoria (por tanto, seguramente mal) a Italo Calvino cuando en su “Por qué leer los clásicos” dice que un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que iba a decir. En otras palabras, 50, 100 o 400 años después de su escritura, cuando algunas o prácticamente todas las referencias culturales han cambiado, sigue hablando con la misma fuerza e igual vigencia. En este caso, a una adolescente y dos adultos, cada uno con expectativas y cargas personales distintas, les mueve Julieta diciendo a Romeo:

O, swear not by the moon, the inconstant moon,

That monthly changes in her circled orb,

Lest that thy love prove likewise variable […]

Do not swear at all;

Or, if thou wilt, swear by thy gracious self,

Which is the god of my idolatry,

And I’ll believe thee.

(Y cómo no)

Después de otra batalla

Dañada de guerra/

piel en jirones/

las manos cansadas de apretar/

busco que me algodonen las heridas/

las balsamen, medicinen./

Enflaquecida/

en un catre suplico/

que alguien gase mis pechos arañados/

dulzure las escaras de mis piernas/

unte de aceite mi sexo adolorido/

exhausto de lances y derrotas./

Responde sólo el eco.//

 

-Julia Santibáñez

Y un poquito más adentro

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