Un perro cualquiera

Como un perro cualquiera/

amarrado por la pata/

solo y tan solo en el rincón/

gira sobre su eje/

roe la cuerda que lo atrapa/

como un perro sucio/

mirado con lástima/

olfatea en vano la caricia/

anticipa aquella mano/

como ese perro lamentable/

al recordarse siendo amado/

mueve la cola/

rememora ser de alguien/

tiene huellas de haber gustado/

y se lame con ellas las heridas/

Como él.//

 

-Julia Santibáñez

Darnos el lujo

“Si mi amor es grande,/ si mi amor es fuerte,/ si de inmenso, lo es así/ por ti./ Si mi amor es libre,/ si mi amor es fiero,/ infinitamente lo es/ por ti”.
Pues eso mismo. Si para abrazarnos hay que cruzar medio planeta lo hacemos porque no hay un mañana, sólo está el hoy cargado de rabia, el olor a hierba fresca, tu nombre escrito en la frente y el sexo, las palabras quedas, el temblor en la punta de los dedos, las ganas de mirarnos y sí, la urgencia total de amar, de hacerlo amadamente, porque hoy sabemos besarnos, porque no existe nada aparte de nosotros, porque somos insensatos furiosos, porque a mi piel le gusta fundirse con la tuya, porque nos damos el lujo de tenernos.

No me arrepiento de ser cursi

Mi hija cumple 15 años y a mí se me emocionan las entretelas. Me pongo a escribirle una carta y sin sorpresa sale de lo más cursi. No lo evito. Aquí está.

Preciosa,
Pues sí, hoy nos toca decir “hola” a los siguientes 15 años de tu vida. Quién iba a decir que llegarían tan rápido, que correrían tan deprisa estos primeros 15. Mientras te miro, con infinita ternura y orgullo pienso cómo te has desarrollado (más bien, desenrollado). Pasaste de estar hecha bolita dentro de mi panza a ser una adolescente hermosa y de entusiasmo fácil, dulce como nadie, con piernas fuertes, inquieta, una goleadora disciplinada que todo el día se ríe con Gaby, que se derrite con Kissy y Tammy, no se pierde clase de History ni Criminal Minds, cuyo cuarto siempre desordenado luce a Michael Jackson en cada muro. Me fascina verte llena de sueños y ganas de anotar goles en grandes ligas, triunfar cantando, cuidar a los animales en peligro de extinción y, en tus ratos libres, tal vez estudiar psicología. Eres una maravilla andante que me llena la vida.
Cuando cumpliste 10 escribí un libro contándote cómo había vivido esos años contigo, mismo que ambas lanzamos a la fama en la primera presentación de libro a la que asististe. Hoy no pretendo hacerte una enciclopedia (ahora que lo pienso, no es mala idea…). Esta carta sólo quiere decirte gracias, gracias por hacerme sentir tan querida, por (a veces) compartir conmigo mi propia computadora, por ese recadito “qué bueno que eres mi mami” digno de grabarse en oro, por ser tolerante con mi mal genio, por moderar el volumen de tu música, por los “te amo” que llegan a mi BlackBerry, por dejarme contar hasta 10 cuando quiero estrangularte, por esos ratos en la cena cuando nos platicamos nuestro día, por saber pedir disculpas y aceptar las mías. Hija, gracias por ser parte gozosa de mi vida y dejarme ser parte de la tuya. Te admiro desde lo más hondo: me encanta lo que veo cuando te veo.
Sé que los siguientes 15 serán distintos y está bien que así sea. Como si fuera un torneo de futbol vas a trazar una nueva estrategia de juego, integrar nuevos compañeros de equipo, estirar más los límites de tu cancha. Yo aquí voy a estar, disfrutando mi propia vida y lista para acudir cuando me necesites pero no me debes nada, no tienes ninguna deuda conmigo. Lo que te he dado como hija ha sido más que recompensado con el deleite de saberme tu mamá desde la banca. Disfruta crecer, no tengas temor y hazlo confiada en que la vida es buena y mucho más inteligente que nosotros. Un día no lejano vas a aprender a manejar, te vas a enamorar, decidirás tu profesión, te vas a independizar, harás tu propio espacio en el mundo. Me va a encantar verlo. Tu carácter, sensibilidad y disciplina son el mejor bagaje. Sin duda tienes en ti todo lo que necesitas para esta nueva etapa. Después de todo, la vida es como un buen partido: a veces se meten goles y otras se reciben pero la idea es dejar el alma en el campo, disfrutar a fondo cada minuto y ¿quién ha aprendido a hacerlo como tú?
Amor, muchas muchas felicidades en tus 15.

 

La tribu está herida

La tribu está herida,/

airada./

Cayó la peste./

Se pudrió la cosecha./

El enemigo se acerca./

Los ancianos ya no llaman/

al ritual,/

no hay más tambores.//

 

Por mi parte,/

apuro el licor más hondo,/

el jugo acendrado/

y caliente de vida./

Qué gran alarde.//

 

-Julia Santibáñez

Como el conejo de Alicia

“I’m late, I’m late for a very important date”. Igual que él, estoy retrasada para una cita importante: conmigo misma, con una hoja de papel y una pluma. Mil y un compromisos, pendientes y fechas límite me han mantenido alejada de escribir por semanas… y lo resiento. Necesito minutos (quizá horas) sin interrupción, sin prisas, para vaciarme en una hoja en blanco, encontrarme en ese diálogo con el espejo, revisar cada arruga y cada pliegue hasta reconocerlos. Me urge espulgarme el alma. 

Hoy que abro por minutos la novela que sigo leyendo (tampoco he tenido mayor tiempo para perderme entre palabras) encuentro esta belleza, referida a la caligrafía pero aplicable a todo encuentro de pluma y papel:

“La escritura es un equilibrio universal entre lo terrenal y lo celestial, lo horizontal y lo vertical, la curva y la recta, lo abierto y lo cerrado, lo ancho y lo estrecho, la alegría y la tristeza, la dureza y la ternura, la severidad y el juego, la energía y la caída, el día y la noche, el Ser y la Nada, el Creador y la Creación”. (Rafik Schami, El secreto del calígrafo, Salamandra).

A esta hora añoro ese equilibrio.

Y un poquito más adentro

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