Hombre solo en una barca

Dónde: Antiguo Colegio de San Ildefonso. Cuándo: un día de diciembre. Qué: exposición de esculturas hiperrealistas de Ron Mueck.

Sorprende su obsesión por reproducir cada detalle: los vellos de la barba de la cabeza gigante, los músculos de la mujer hecha a escala, los pies perfectamente imperfectos de la pareja en la cama. Pero lo que de verdad me conmueve es la poesía que destila el hombre desnudo en la barca, varado en medio de la nada, visitando una mañana fuera de lugar. Solo con la sombra de las horas, vulnerable y suspenso, esclavo de sus pocos metros de madera, mira quizá un sueño prendido de la esquina. Indiferente a todo abraza su ser recóndito. ¿En realidad soy diferente a él?

Flor de piel

flor de piel adentro/

murmurante/

cerrada de pliegues/

como absorta/

la roza el aliento y despierta/

comienza a aletear/

flor viva/

cáliz de piel rosa/

de pétalos que buscan/

se restriegan/

flor que suda miel/

profunda y tibia/

flor de piel vencida/

piel de flor abierta//

 

-Julia Santibáñez

Efectos secundarios, de Rosa Beltrán

Acabo de terminar Efectos secundarios, nueva entrega de Rosa Beltrán. Me gustó. Es un experimento/homenaje interesante que entreteje autores y personajes: pasan a saludar Bovary, Rilke, Kafka, Orlando, Wilde, Samsa, Flaubert, Raskolnikov, Rulfo, Woolf, Pascal, El Quijote, Gorostiza, entre otros. Además superpone planos temporales y espaciales (México actual, la Praga de Kafka, hoy y hace un siglo), condicionantes (la violencia como institución, la autodefinición, el cambio de género), lógicas propias (de un presentador de libros, de los sicarios que comunican a través de cuerpo cercenados, de las editoriales que buscan vender libros a-como-dé-lugar, de la madre controladora), todo ello como marco de una historia kafkiana en la que a ratos me perdía pero no dejaba de disfrutar.

En general puedo llamarla una “novela para el disfrute de lectores”, es decir que quien se acerque a ella sin tener un sólido bagaje de lecturas probablemente le pierda el interés, pues la autorreferencialidad a obras/autores es una constante. Mi objeción a ella es que ofrece pocos puntos de asidero de la anécdota y, teniendo a un lector como protagonista, parece descuidar al lector de la misma en aras de llevar el juego estilístico hasta sus últimas consecuencias.  Sin embargo, sentí lograda la visión de un amante/víctima de la lectura, con frases como:

“Leer enerva. Leer es sobrevivir a una explosión de energía cósmica”.

“Leer es mucho más que poner los ojos en las cosas”.

“Yo […] sólo soy un lector, lo más marginal que puede ubicar una sociedad dedicada a la producción y la rentabilidad”.

“Es innegable que mientras se escribe uno está escribiendo y en cambio no se puede tener la certeza de no estar escribiendo al dejar la pluma”.

Por otro lado, el ángulo de la crítica a la “fauna literaria” (lectores, autores, editores, presentadores de libros y asistentes a presentaciones) me pareció novedoso.

Recomendable, sobre todo para viciosos de los libros.

Palabra del día: aka

La expresión en inglés “aka” en realidad se trata de una sigla que significa “also known as”. Por ejemplo: “Prince Michael Jackson II, aka ‘Blanket’, is the youngest son of the late Michael Jackson”. Por eso me pareció encantadoramente lamentable que un locutor de radio leyera así los créditos de una canción, en un programa de música nueva: “Amir, aka The Phresh Prince, es un cantante de Brooklyn que se hizo famoso con…”.


“La gente feliz no suele consumir”

Hoy, de manera casual, me topo con dos citas que dicen prácticamente lo mismo. Se ve que me andaban buscando y, en efecto, me echan a andar:

1. “Se ha introducido en nuestras mentes esa idea nueva de que si no consumes no eres nada. Si no consumes, tú no eres nadie. Y eres tanto más cuanto eres capaz de consumir. A partir de que el ser humano se mira a sí mismo como un consumidor, todas sus capacidades disminuyen, porque todas van a ser puestas al servicio de una mayor posibilidad de consumir” (palabras citadas en el libro José Saramago en sus palabras, publicado por Alfaguara).

2. “Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”. Propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento” (entrevista publicada en el Diario de Navarra, http://www.diariodenavarra.es/20110211/navarra/serge-latouche-gente-feliz-suele-consumir.html?not=2011021103385837&idnot=2011021103385837&dia=20110211 ).

Me gusta recordar que en mi esencia no está consumir, que soy infinitamente más que lo que quiero/puedo comprar, que si bien en general lo disfruto, nada en mí cambiaría si un día dejara de adquirir todas las novedades del mercado. Y aunque a veces me someto dócilmente a sus dictados, otras vivo la demanda social como una exigencia feroz, de la que quisiera liberarme para conectar con la “vida simple”, inmersa en la naturaleza y lo trascendente, que miles de seres humanos disfrutaron antes de mí. En ello la yoga y la meditación son puntos de referencia que varias veces por semana (hoy a las 6 am, por ejemplo) me ubican en el “aquí, ahora” y me ponen en contacto con mi cuerpo/mi ser, el que no pasa de moda ni tiene una obsolescencia programada. La reflexión me llega como bocanada de aire fresco…

Y un poquito más adentro

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