Contra el perfeccionismo (ja!)

Estoy a pocas horas de volar a Huatulco para pasar el año nuevo en pareja y, por tanto, desconectarme por unos días de este espacio. Así que me despido de los millones de lectores de este blog, que sin duda tendrán dificultades para sobrevivir sin beberse mis palabrasaflordepiel… Pero antes ahí va esto que me encontré e impunemente reduje de 10 a 5 puntos (los demás eran prescindibles).

Siendo una perfeccionista irredenta resulto al menos simpática al proponerlos, pero la realidad es que haría bien si intento aplicarlos el año que estrenaremos muy pronto (N. del E. Poner especial atención a los puntos 3 y 5):

1. Date cuenta de que lo normal es ser imperfecto.

2. Asume que no es necesario profundizar en cada tarea.

3. Comprende que hay más de una manera de hacer las cosas.

4. Arriésgate a emprender nuevas tareas por el mero placer de probar.

5. Concéntrate más en el propio proceso que en los resultados.

Lo que pensaba el amante…

Acercarme como la vez primera/

con el azoro del conquistador bruto/

como desconociendo./

Al romper el alba/

invadir los montes de tu pecho/

luego andar la cintura a paso quedo/

codiciar el botín de tu vientre/

y, tras mil despojos e incursiones,/

hallar el paraje virgen de tus muslos./

Hincarme a besarlo/

y en un arrebato/

clavar la bandera que marca esta tierra/

como mía.//

 

-Julia Santibáñez

“Rojo” (en 26 de diciembre)

Ayer, 26 de diciembre, fui al Teatro Helénico a ver la obra de John Logan. Todo apetecía y nada decepcionó: el tema (el pintor expresionista abstracto Mark Rothko), el actor protagónico (Víctor Trujillo despojado de su peluca verde), la compañía (la mía, no la de teatro).

El tema de la creación artística es fascinante. ¿Cómo nace un cuadro en la mente de un pintor? La pregunta es más inquietante si el cuadro es abstracto. ¿Qué se busca provocar con un rectángulo negro sobre un fondo rojo? El propio Rothko/Trujillo y su asistente Ken/Alfonso Dosal lo responden en un diálogo interesante: mientras una pieza representacional (digamos, que muestra un paisaje) permanece igual si le mira durante un minuto o tres horas, un cuadro de Rothko se mueve, palpita conforme el espectador lo observa/absorbe. Y justo en esa cualidad “dinámica” pone el creador su apuesta artística: espera que el público de su obra se comprometa, entre en un diálogo con ella. ¿Pero dónde están los observadores dispuestos a ello? Ahí radica la tragedia: ni el comprador de “cuadros de chimenea” ni el que pide una pieza naranja para decorar un comedor igualmente naranja ni el que mira de reojo la pintura que cuelga en un restaurante merecen el arte… aunque puedan pagarlo.

Esa polaridad entre el “arte por el arte” y el “arte como objeto de consumo/modus vivendi” permea la obra toda y establece un contrapunto con la visión del arte pop, en boga justo en los años en que se ubica Rojo: 1958-1960. Y esa misma tensión lleva a que a más de 24 horas de haber visto la puesta en escena siga cuestionándome si es posible conciliar ambas posturas.

La dirección de Lorena Maza me pareció limpia y la actuación de Trujillo me convenció, mientras a Dosal lo sentí simplemente “cumpliendo”. Eso sí, merece un aplauso especial la selección musical y el trabajo de iluminación (sobre todo en la escena final).

Persigo el filo de tu boca

 

atropellando tiempos/

persigo el filo de tu boca/

punzante/

desgarra el pecho/

reparte tajos en el vientre/

puñaladas en la entraña/

se abre paso hacia mi espalda/

jirones de piel//

 

tu boca/

de mi sangre/

tiñe la noche//

 

-Julia Santibáñez

Cuando la fragilidad llega de visita

Pues sí, me siento vulnerable, como una burbuja más estirada de lo que debería, como una telaraña a mitad de la tormenta. Siendo hija del esfuerzo, la sensación de ser rompible no me visita con frecuencia (al menos no de manera consciente), así que ahora quiero darle la bienvenida, invitarla a pasar, ofrecerle un té caliente. Sé que en el fondo me hace bien escucharla, como a una tía venida de lejos que recuerda hábitos y acentos de familia que no solemos tener presentes. Me siento a verle la cara y tratar de aprender de ella.

Y un poquito más adentro

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