Como papel rasgado

 

Como papel rasgado/

de bordes imprecisos/

contigo va mi medio corazón/

(no quiso estar sintigo)./

Doblado y palpitante/

en tu maleta,/

cómplice de zapatos,/

hilo dental, camisas/

y algún libro/

decidió vivir en tu buró/

besarte por la noche/

dormirse junto a ti./

El problema es que la otra mitad,/

aquí conmigo,/

no me alcanza.//

-Julia Santibáñez

Sigo al amor

“Sigo al amor

allá adonde conduzcan sus caravanas”.

-Bin Arabi, erudito sufí, siglo XII

Así arranca la novela El secreto del calígrafo, de Rafik Schami (Salamandra), regalo muy querido de quien me quiere. Saboreo estas palabras y mientras tanto me pierdo en los recovecos de la caligrafía árabe que ilustra el libro, sensual como ninguna.

We need to talk about Kevin, de Lionel Shriver

Ésta es la novela más cruda y chocante a la que me haya enfrentado en muchos, muchos años. Debo haber tardado mes y medio en acabar sus 400 páginas porque varias veces necesité salir por aire y la dejé de lado algunos días. Y por esta “salida a tomar aire” me refiero tanto al tema (Eva, madre de Kevin, un adolescente sin mayores problemas que asesinó a compañeros de escuela y maestros, trata de entender “por qué” lo hizo) como a lo asfixiante que a veces resulta la voz narrativa (a través de cartas dirigidas a su esposo y padre de Kevin, ella narra toda la acción en retrospectiva).

Sin embargo, para mi gusto todo se ve compensado por la riqueza del personaje de Eva, la profundidad de su introspección, su asumida debilidad ante el rol materno, los instantes de humor, sus contradicciones, lo desesperante de su lamento/falta de acción ante las señales de alarma de un sociópata en desarrollo, su honestidad a ratos y su deseo de librarse de la culpa en otros. Ella es el verdadero centro de la trama aunque siempre en referencia a Kevin y es que, como ella misma dice, desde que su hijo nació ella dejó de ser “su propia creación” y se convirtió primero que nada en mamá. Del otro lado de la banqueta, por supuesto, está el propio Kevin: siniestro, crudo, atormentado pero lineal, con pocos matices. El personaje se hace odioso desde las primeras páginas y mantiene el ritmo in crescendo, con lo que la angustia del lector se suma a la angustia de Eva ante un ser esencialmente malo. Es tal la perversión del niño/muchacho que por momentos es inverosímil, pero esta aparente falla puede explicarse por el sesgo de la madre, quien en aras de abonar a ese retrato de un criminal en formación se deleita en recordar todo lo malo que hizo, sin dar tregua. Los otros personajes funcionan como contrapeso a estos dos. Franklin, esposo-padre, es títere de sus expectativas: ciego de amor ante las atrocidades de su hijo, incapaz de ver lo evidente, amante de lo “americano” y de sus valores, vive y es capaz de morir por mantener un ideal de familia. Celia, la otra hija del matrimonio, es poco creíble y sólo parece existir como elemento de contraste ante Kevin, sin vida propia.

Si bien literariamente la novela funciona, el éxito tanto de la misma como de la reciente película también evidencia que la reflexión a la que obliga resulta urgente: ¿de quién es la “culpa” de los asesinatos adolescentes estilo Columbine? ¿Se pueden evitar? ¿Cómo se forma un chico así? ¿Qué rol juegan los padres? ¿Y la sociedad, que se lava las manos y deja toda la responsabilidad en el hogar? Además, el texto lleva a cuestionar el instinto materno y el amor “natural” que une a una madre con su hijo. Desde las primeras horas con el recién nacido Eva, aparentemente funcional como esposa enamorada y empresaria pujante, se revela como una madre egoísta, fría, a quien no le gusta su hijo y más bien la decepciona. Este peso crecerá día a día conforme su vida, su relación de pareja y su trabajo se vean radicalmente trastocados por la maternidad. ¿Por qué cuesta tanto aceptar que ésta pueda ser la realidad de más de una familia? Y el ideal paterno también es totalmente cuestionado, incluso caricaturizado: el hombre que “ama” a su hijo y así justifica lo que hace, que se pone sus lentes del mundo perfecto para no ver nada mal = tener que actuar, que no asume responsabilidad por nada pero culpa a la madre por todo.

Es una gran novela, deliciosamente escrita, pero de lectura dolorosa, difícil (eso sí, no estoy segura de ver la película).

Volver

Regreso a este espacio como quien vuelve de un viaje con el cabello enredado, la piel un poco más sensible, entrecerrando los ojos para retener lo visto en otras tierras. Llego sintiéndome vivida, abrazando las sombras con torpeza, no encontrando mi lugar porque quizá los otros aires cambiaron un poco mi forma y de nuevo debo dialogar con los objetos, las temperaturas, las palabras que se dicen fuera del cuerpo. Vuelvo sorprendida de lo que una caricia puede lograr y lo celebro.

Voy a buscar material de inspiración…

Estimados lectores/comentadores de este blog: Tengo a bien informarles que ya que Amor me pone la mesa, el vino y el banquete, tomaré unos pocos días de descanso de este espacio para dar refrigerio a la mente y gozoso trabajo al cuerpo. Por supuesto, mi única intención es encontrar material de inspiración para versos, cuentuitos, textos varios. Yo siempre tan profesional…

Y un poquito más adentro

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