Después de otra batalla

Dañada de guerra/

piel en jirones/

las manos cansadas de apretar/

busco que me algodonen las heridas/

las balsamen, medicinen./

Enflaquecida/

en un catre suplico/

que alguien gase mis pechos arañados/

dulzure las escaras de mis piernas/

unte de aceite mi sexo adolorido/

exhausto de lances y derrotas./

Responde sólo el eco.//

 

-Julia Santibáñez

Celebrar los libros

El sábado pasado se festejó el Día Nacional del Libro y por alguna razón no escribí nada al respecto. Hoy celebro mis volúmenes, mi pequeña biblioteca. Títulos de poesía, de narrativa, de historia y ensayo, incluso más de 20 diccionarios pueblan mi casa y en algunos casos ocupan libreros de dos hileras en fondo. Son, en gran medida, mi objeto preciado número uno. Comencé a coleccionarlos y leerlos antes de entrar en 1991 a la licenciatura y posterior maestría en Letras: desde ahí se instalaron de manera fija en mi paisaje. He leído la mayor parte de lo que poseo, el resto espera pacientemente el momento de nuestro encuentro.

“Me, poor man, my library/ Was dukedom large enough” dice Próspero en el primer acto de “The Tempest”, de Shakespeare, idea que retoma Borges en su “Poema de los dones”: “Yo, que me figuraba el paraíso/ bajo la especie de una biblioteca”. En el primer caso, Próspero, duque de Milán, encuentra en sus volúmenes más interés y hondura que en la política, por lo que deja el gobierno en manos del traidor Antonio. En el segundo, Borges agradece la “magnífica ironía” de Dios, que mientras le da los anaqueles de títulos, le quita la vista. En cualquier caso, guardadas todas las distancias, comparto la celebración de los libros: para mí también son mi imperio, mi paraíso cotidiano. Aquí, algunas fotos de ellos…

El laberinto de mi oreja

Imagen 3

El monstruo se desata/

en el laberinto de mi oreja:/

corre calle abajo/

(embriagado)/

y avasalla./

En loca carrera/

trastorna,/

fascina con el portento/

de su rabia./

Lo espera una flor incandescente./

Qué prodigio de ojos excesivos.//

 

-Julia Santibáñez

En casa en mi vida

En la oficina, con la cabeza en proyectos, análisis, rendimientos, abro mi libreta personal buscando un dato anotado ahí. De pronto me brinca a las manos esta cita que transcribí del libro que estoy leyendo. Me pareció fascinante el concepto de “sentirse en casa en la propia vida”:

“At times, like happy children, we feel at home in our life. But at other times it is as if we were on another planet, like the man who fell to Earth. This state is about our attitude to the world we live in: what is our relationship with the people around us, the environment, the objects and circumstances of our life”. -Piero Ferrucci, Beauty and the Soul

Para mi enorme Fortuna, sí, me siento en casa en mi pedazo de mundo.

Palabra del día: roncear

Roncear: Entretener o retardar la ejecución de algo por hacerlo de mala gana (DRAE). Me imagino a quien lo hace como un río remolón lleno de meandros que suben, bajan, tuercen a un lado y a otro, retardando la llegada al mar.

Me la encontré así, por casualidad, y asimismo la comparto…

Y un poquito más adentro

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