Vivir o ser vivida

“¿Ha vivido su vida o ha sido vivido por ella? ¿La ha elegido o ella lo eligió a usted? ¿Ama su vida o se arrepiente de ella?”.

-Irvin Yalom

Hoy empieza el año nuevo chino (nadamás el 4709) y me dio por recordar esta cita dicha por el personaje de Nietzsche en El día que Nietzsche lloró. En cualquier caso, con total honestidad debo responder que en algunos casos la he vivido y en otros he sido vivida por ella, a ratos la he elegido y otros ella me ha elegido a mí, algunos días la amo y otros… no, tengo la fortuna de no arrepentirme de ella en su conjunto, aunque sí de algunos momentos oscuros. En fin, no está mal empezar este 4709 pensándolo.

10,220 días después

Todo fue escribir la fecha, 19 de enero, y detener la pluma en el aire. En mi historia personal no marca un día más sino el aniversario 28 del más brutal vuelco de mi vida, el del ingreso de mi papá al hospital tras un “accidente”, mismo que le provocaría un coma profundo del cual no despertó y que desembocó en su muerte, 40 días después.

Digo vuelco brutal porque me quitó el piso de debajo de los pies y me dejó suspensa en el aire a edad temprana, significó la recomposición de mi familia, se tradujo en un antes y un después en todos sentidos, me hizo conocer el miedo a no volver a reírme jamás,  se convirtió en el primer paso en un camino de introspección que sigue vigente hoy y que agradezco. Y aunque 10,220 días después estoy acostumbrada a vivir sin él, sigo extrañando a mi papá desde lo más hondo, lo necesito, me falta, pienso en él, lo admiro. Sin embargo, sin su presencia en mis años de infancia y su posterior carencia no sé explicarme quien soy hoy y quien me gusta ser. Esa cicatriz invisible que muy pocos conocen en parte me define. A ese manchón inexplicable le encontré un sentido. Por eso aunque quizá suene mal, no cuestiono la fecha ni lo que representa, no me quejo por el hueco de su abrazo: reconozco que la vida es más inteligente que yo y que así tenía que ser (pero sí, te extraño mucho, papi).

5:10 am: Por qué voy a práctica de yoga

Hace poco me encontré esto y lo recuerdo cuando suena el despertador a las 5:00:

“La práctica de yoga no consiste únicamente en la repetición de movimientos aprendidos a partir de instrucciones autoritarias, sino en vivir diariamente este encuentro con nosotros mismos como un ritual alquímico de renovación constante, donde los sentidos se despiertan y se mantiene viva nuestra capacidad de asombro”.

-Lunananda

Ni lo pienso: me levanto y me visto. A ver si hoy sí me sale la postura de la foto… ¿Y si no? Es lo de menos. El asunto de fondo es el encuentro.

Palabra del día: agnosia

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) lo define como: “Alteración de la percepción que incapacita a alguien para reconocer personas, objetos o sensaciones que antes le eran familiares”. Es decir, de pronto uno mira un jabón y no sabe si es alimento, cosmético o artículo de oficina. O a mitad de la comida se queda observando el tenedor que descansa junto a la mano y se siente totalmente perdido: ¿para qué es? ¿Para peinarse? ¿Para inmovilizar a una mariposa? O va a la cocina por un vaso de agua y encuentra en bata a un hombre desconocido… que le dice que es su pareja. O a mediodía siente algo incómodo en el vientre y no entiende de qué se trata, no puede nombrarlo “hambre” porque no tiene palabras para ello.

Se me ocurren pocas situaciones tan aterradoras como ésa: perder toda referencia, ser incapaz de leer el mundo, desconocer las letras que forman el propio nombre. Como ese sueño que tuve hace al menos 15 años pero resultó tan angustiante que no se me olvida: de pronto mi mano derecha no era mía pero no sabía de quién era y por qué estaba pegada a mi cuerpo.

En vez de hacerte el amor

 

En vez de hacerte el amor/

te juzgo en un poema/

(triste consuelo)./

Te acuso de no leer el aire/

que pegaba el vestido/

a mis pezones despiertos./

Te reprocho no comerme con los ojos/

y dejarme trémula./

Te sentencio por no saberme queriente/

de rasgar tu camisa y tu cuidado.//

 

Te condeno por no haberme atrevido.

 

-Julia Santibáñez

Y un poquito más adentro

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