Arte a través del cuerpo

Ayer tomé una muy rica clase de Anusara Yoga con Ashleigh Altman (en la foto), como parte del Encuentro Internacional de Yoga. Ahorita me alisto para ir a otra clase con ella y pienso que me gusta su enfoque de celebrar el arte a través del cuerpo, reflejar un sentimiento creativo y armónico a través de las asanas. Durante los muchos años que hice danza y ballet disfruté enormemente crear formas estéticas. Hoy, como practicante/fan de Bikram Yoga más bien parto del principio de que no “tengo” un cuerpo sino en buena medida “soy” mi cuerpo, me vivo a través de él, y por tanto lo honro y moldeo, de igual manera como busco darle forma a mi vida.

Père Lachaise a la manera de Millás

Conocedor de mi debilidad por los cementerios, Armando me regala esta foto que encontró, tomada en mi amada maravilla parisina: Père Lachaise. Me fascina y a la manera de Juan José Millás juego a descomponer la metáfora implícita: vida que se afirma sobre la piedra, verdor que sublima la grisura, savia que corona la rigidez, vigor que contrasta la decadencia, fragilidad que se consagra ante el tiempo. Y, sin embargo, en este juego vertical/horizontal, la piedra no sacrifica su encanto sino se enriquece con el diálogo entre contrarios…

 

Palabra del día: añagaza

Cuando tenía tiempo para tuitear posteaba cada día una palabra nueva, de las que pueblan el diccionario hispano y son taaan bonitas y útiles, pero se conocen poco. ¿La idea? Simplemente disfrutar y, claro, ampliar el vocabulario. Para mi sorpresa (y no tanto) tenían mucho retuits. Ahora, cada vez que me tropiece con una de ellas, recuperaré esa sana costumbre para este blog. Empiezo hoy:

añagaza: artificio para atraer con engaño. Viene del árabe hispano “annaggaza”, que significa “señuelo” y éste a su vez del árabe clásico “naggaz”, voz que nombraba a un pájaro saltarín (me imagino al ave escurridiza y entiendo la comparación con la persona que engaña). Un ejemplo de uso: “yo aviso de la existencia probada de múltiples añagazas malvadas en todos los laberintos”. Me la encontré leyendo en alipsos.com un ensayo que comienza hablando de los laberintos…

 

Humedad encarnizada

En un rincón del cuarto asoma la humedad/

sombra pequeña que nadie nota//

 

En pocos días serpentea por el suelo/

toma cajones/

trepa paredes/

Un rumor imperceptible la acompaña/

mientras invade espejos/

cubre la estufa/

se apropia ventanas/

tapia la puerta/

Esta gran mancha negra/

devora la casa//

 

Tu amor/

humedad encarnizada//

-Julia Santibáñez

Shakespeare y el espejo

No deja de maravillarme cuántas lecturas ofrece una obra como La tempestad, de Shakespeare. Acabo de ver la puesta en escena: la había leído pero nunca visto. ¿Me gustó? No tanto, sentí desigual el ritmo y algunas actuaciones, además de que no disfruté la licencia forzada del director (así me lo aclaró el propio traductor, Alfredo Michel), de poner en boca de Calibán versos de Hamlet. Sin embargo, “EL bardo” es “EL bardo” bajo cualquier lente. La obra tiene momentos deliciosos y una buena traducción, además de una disfrutable actuación de López Tarso y del actor que interpreta al retorcido y perverso Calibán.
Una lectura que me resulta interesante y que recordé al ver al deformado personaje es la que concibe a Calibán como un símbolo de América Latina, “salvaje”, “primaria”, “sensual”, “grotesca”, en todo opuesta al “civilizado” y “culto” Próspero. Hace años asistí a un seminario organizado por la UNAM y la Universidad de Lovaina sobre este tema: la metáfora explotado/explotador, donde Calibán, despojado de su isla, dice a Próspero que aprender su lengua le permite maldecir: “You taught me language, and my profit on’t/ Is, I know how to curse. The red plague rid you/ For learning me your language!”.
Más allá de la intención (moralizante o no) de Shakespeare, la cuestión es que los latinoamericanos seguimos leyéndonos en Calibán, destacando la dicotomía que nos deja siempre en desventaja: antes frente al colonizador español y hoy, de cara a la potencia del norte. Una vez más el arte cumple como espejo que nos permite reflejarnos. Y cuestionarnos.

Y un poquito más adentro

A %d blogueros les gusta esto: