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Palabra del día: agnosia

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) lo define como: “Alteración de la percepción que incapacita a alguien para reconocer personas, objetos o sensaciones que antes le eran familiares”. Es decir, de pronto uno mira un jabón y no sabe si es alimento, cosmético o artículo de oficina. O a mitad de la comida se queda observando el tenedor que descansa junto a la mano y se siente totalmente perdido: ¿para qué es? ¿Para peinarse? ¿Para inmovilizar a una mariposa? O va a la cocina por un vaso de agua y encuentra en bata a un hombre desconocido… que le dice que es su pareja. O a mediodía siente algo incómodo en el vientre y no entiende de qué se trata, no puede nombrarlo “hambre” porque no tiene palabras para ello.

Se me ocurren pocas situaciones tan aterradoras como ésa: perder toda referencia, ser incapaz de leer el mundo, desconocer las letras que forman el propio nombre. Como ese sueño que tuve hace al menos 15 años pero resultó tan angustiante que no se me olvida: de pronto mi mano derecha no era mía pero no sabía de quién era y por qué estaba pegada a mi cuerpo.

Palabra del día: abolir (¿yo abolo una ley? ¿la abuelo?)

Abolir es un verbo defectivo, curiosidad de la lengua, de modo que el Diccionario de la Real Academia (DRAE) no da por buena ninguna conjugación en primera persona del singular: ni abolo ni abuelo (sólo existen abolimos y abolís). ¿Y si soy juez y quiero decir que abolo/abuelo una ley? Tengo que usar una perífrasis: El día de hoy he abolido o En este momento estoy aboliendo.

Hoy, que no tengo ganas de abolir nada, cero preocupación. Mañana ya veré…

 

Actualización, 8 agosto 2016:

Publiqué esta entrada en 2011, como se puede ver hasta arriba. En efecto, como me hace notar Luis Gerardo en un comentario de hoy, “yo abolo” ya está aceptado por la Academia, ignoro desde cuándo. En Wikilengua se explica en una lista de verbos en la que se incluye “abolir”: “Algunos de estos verbos eran considerados defectivos hasta no hace mucho” y añade: “Abolir no es defectivo: ‘El Gobierno abole la prohibición de fumar en lugares cerrados’. Pero suelen usarse solo las formas cuya desinencia empieza por i”.

Quede esta entrada como una prueba más de la vitalidad de la lengua.

Palabra del día: roncear

Roncear: Entretener o retardar la ejecución de algo por hacerlo de mala gana (DRAE). Me imagino a quien lo hace como un río remolón lleno de meandros que suben, bajan, tuercen a un lado y a otro, retardando la llegada al mar.

Me la encontré así, por casualidad, y asimismo la comparto…

Entre mis palabras favoritas

Hace un tiempo me dio por pensar cuáles son mis palabras favoritas. Todavía no termino la lista pero ahí van algunas, con todo y las razones que las acompañan:

borborigmo: ruido de las tripas cuando hacen digestión. Me gusta que es casi una onomatopeya, la palabra misma es como lo que describe y al pronunciarla siento que algo en mi vientre se acomoda.

lavabo: su etimología es fascinante. Nace en la Edad Media: resulta que durante la misa, que se decía en latín, mientras el sacerdote se lavaba las manos recitaba un fragmento del Salmo 26 que empezaba justo diciendo: “Lavabo inter innocentes manus meas” (“Lavaré en inocencia mis manos”). La gente empezó a identificar la palangana donde el cura se lavaba las manos con la palabra y así dio en llamarle “lavabo”.

burbuja: me encanta porque es ligerita, sin ropas, sale volando.

peliagudo: según la Real Academia (DRAE) se dice del animal de pelo largo y delgado; coloquialmente se refiere a algo difícil. ¿Cuál es la relación entre el significado literal y el coloquial? No sé pero siempre he dado en pensar que cuando algo es particularmente complicado pone “los pelos de punta”, es decir, los pone puntiagudos, afilados.

Dania: anagrama de Diana, diosa romana de la cacería, y palabra que con sus vocales abiertas y su magia nombra al ser más luminoso que conozco.