Pues sí, me siento vulnerable, como una burbuja más estirada de lo que debería, como una telaraña a mitad de la tormenta. Siendo hija del esfuerzo, la sensación de ser rompible no me visita con frecuencia (al menos no de manera consciente), así que ahora quiero darle la bienvenida, invitarla a pasar, ofrecerle un té caliente. Sé que en el fondo me hace bien escucharla, como a una tía venida de lejos que recuerda hábitos y acentos de familia que no solemos tener presentes. Me siento a verle la cara y tratar de aprender de ella.

