Todas las entradas por Julia Santibáñez (alias danioska)

Me da por leer, todo el tiempo. Y por escribir. Con alta frecuencia. Mi libro Eros una vez está a la venta en El Péndulo Polanco, Librería Icaria y Librería Jorge Cuesta, en México.

#MiércolesDePoesía Cuando cada atardecer parece el último

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La vida suele irse como agua en canal, sin sentirse. Siempre lo hace, pero en estas semanas alguien le puso un acelerador: apenas me doy cuenta de que el miércoles pasado no subí poema a este blog.

No entiendo cómo es que los planetas sobrevivieron, cómo el universo resistió sin colapsarse, pero me da gusto, con tanta poesía que todavía hay que compartir. La razón de mi ausencia es que el miércoles muy temprano volé a la FIL Guadalajara y, como pasa siempre allá, el tiempo se volvió otra cosa, una celebración de amigos, libros y gustos. Francamente, se me olvidó el resto del mundo.

En compensación va hoy un poema que justamente me regaló la FIL: es de la española Olvido García Valdés. Me puede la sutileza con la que nombra ese “olvidado asombro de estar vivos” del que habló Octavio Paz. Sea este #MiércolesDePoesía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí, tres cerillos para alumbrar un cuarto a oscuras

“Lo que importa, en literatura, es construir pasados que no existen, o existieron de otro modo”.

“Los que se aman, cuando se aman, no se ven como son en realidad. El amor es un espejo deformante”.

“Hay una frase luminosa en los diarios de Sándor Marai: ‘En la literatura no existe la democracia; solo hay solistas'”.

Encuentro estas tres mínimas citas del autor español Adolfo García Ortega en su libro Fantasmas del escritor (Galaxia Gutenberg). Pero no están hechas de palabras solamente, tienen textura más honda, así que ya las cargo en la libreta que traigo siempre conmigo. Estoy convencida de que, un día, cada una me va a servir para entender algo trascendente. Es lo que pasa con un cerillo que alumbra un cuarto en negros. Y en este libro hay muchos cerillos disfrazados de palabras.

Voy a tener el de-veras-no-exagero honor grande de presentar al autor y al libro en la FIL Guadalajara el 2 de diciembre a las 4:30 en el salón Agustín Yáñez, junto con dos personas de mis querencias: Paola Tinoco y Nicolás Alvarado.

Si puedes caer, serás muy bienvenido. Si no, date el lujo de leer el libro. Vale todo la pena.

 

#MiércolesDePoesía De cuando un abrazo deja fuera el mundo

Foto tomada de http://www.symphonyofflavors.com

Muchas veces la poesía se esconde bajo ropas de narrativa y a la inversa. Estos renglones que comparto no sé a qué categoría pertenecen, pero sí tengo la certeza de que en ellos hay poesía. Poderosa. Ligera.

Son de la uruguaya Alicia Preza y pertenecen a su libro Obertura de la fiebre, publicado por Yaugurú (qué groseros placeres debo a esa editorial).

Con la ricura de ellos ocurre el #MiércolesDePoesía.

“El gato de la percha está llorando. Desde la puerta del sótano una música nos llama. Miramos de reojo, y no queremos salir de nuestro abrazo”.

 

Celebro el Día Nacional del Libro con este portentoso soneto portentoso

Nunca he tenido afanes destructivos, pero a veces envidio a quienes con ellos escupen la bilis.

Para celebrar el mejor invento del ser humano, el libro, dejo aquí este soneto de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), poeta mexicana de altura descomunal cuyo nacimiento se celebra hoy (incluso en el Doodle de Google).

El humor y la agudeza están, de nuevo, entretejidos en la firma de Juana Inés, pero es el cuchillo que forma y fondo proponen el que de veras se vuela las bardas: decirle a un examado que ni para odiarlo es bueno.

Soneto
Prosigue en su pesar, y dice; que aun no quisiera aborrecer tan indigno sujeto, por no tenerle así aún cerca del corazón

“Silvio yo te aborrezco; y aun condeno
el que estés, de esta suerte, en mi sentido;
que infama el hierro al Escorpión herido,
y a quien lo huella mancha inmundo el cieno:

Eres como el mortífero veneno;
que daña, a quien lo vierte inadvertido;
y en fin eres, tan malo, y fementido,
que aun para aborrecido, no eres bueno.

Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco,
aunque con susto me lo contradice;
por darme yo la pena que merezco;

Pues, cuando considero, lo que hice;
no sólo a ti, corrida te aborrezco;
pero a mí, por el tiempo que te quise”.

(Sor Juana Inés de la Cruz, “Soneto”, Inundación Castálida, México: Instituto Mexiquense de Cultura, 1995, p. 197)

 

#MiércolesDePoesía De cuando fuegos te pintan las venas (o la escritora suicida)

Tenía 23 años. Se suicidó.

Escribía bien y podía escribir mejor, con la maduración de unos pocos años.

Aquí va un poema de la peruana María Emilia Cornejo (1949-1972), la que decidió incendiarse en los fuegos que traía en las venas, los mismos de estas líneas.

Sea el #MiércolesDePoesía.

“entro lentamente por tus venas
hasta inundar
todos los rincones de tu cuerpo
rescato tu nombre milenario
en cada arteria
te pierdo y me encuentro
en la profundidad de tu mirada
sin compañía alguna
invado tus pulmones
y vivo
y me recreo
con el aire que respiras
avanzo por debajo de tu piel
y organizo con exactitud
el metabolismo de tus penas
y tu cuerpo se convierte
en la zona sagrada de mi vida.
sin embargo,
hoy es mañana
y mañana será nunca”.

El amante es una flor abierta, incompleta: D. H. Lawrence

Imagen: Byroglyphics

Ayer terminé la novela Women in love (Mujeres enamoradas), de D. H. Lawrence. Publicada en 1920, antecede a la enorme Lady Chatterley’s Lover (El amante de Lady Chatterley), de 1928, que fue lelvada a juicio por “inmoral”.

Women in love cuenta la historia de dos hermanas, Úrsula y Gudrun, maestras en una escuela local inglesa, que sostienen relaciones amorosas con Birkin y Gerald, respectivamente. Pero en la novela están también los escarceos entre Birkin y Gerald,  la Inglaterra decadente, las largas reflexiones filosóficas, la dificultad del amor porque implica un rendimiento, las expectativas sociales, la entrega amorosa que se disfruta tanto que duele, la necesidad del ser humano de respirar su propio aire.

Lawrence sabe entrar con bisturí hasta el tuétano del alma humana, ese que no suele mostrarse porque resulta demasiado blando, y lo revela bajo una luz nueva. Ahí aparece el amargor de los jugos, la blandura donde no hay hueso que proteja. Me encuentro a mí misma ahí, en el colmo de lo vulnerable, lo contradictorio de amar.

Evito, claro, dar un spoiler, pero no me aguanto las ganas de postear este pasaje, que se me quedó pegado a las pestañas (abajo va una traducción mía al español):

“Sometimes it was he who seemed strongest, whilst she was almost gone, creeping near the earth like a spent wind; sometimes it was the reverse. But always it was this eternal see-saw, one destroyed that the other might exist, one ratified because the other was nulled […] This wound, this strange, infinitely-sensitive opening of his soul, where he was exposed, like an open flower, to all the universe, and in which he was given to his complement, the other, the unknown, this wound, this disclosure, this unfolding of his own covering, leaving him incomplete, limited, unfinished, like an open flower under the sky, this was his cruelest joy”. (D. H. Lawrence, Women in love, Penguin Books, 1995, p. 446)

(“A veces él parecía más fuerte, mientras ella huía, se arrastraba como un viento gastado; otras veces sucedía al contrario. Pero era eterno ese subibaja: uno destruido para que el otro pudiera existir, uno validado, ya que el otro había sido nulificado […] Esta herida, esta rara, esta dolorida llaga en el alma, en la que estaba desnudo, como una flor abierta, ante el universo y en la que era entregado a su complemento, a lo otro, lo ignorado, esta herida, esta revelación, este descubrirse que lo dejaba incompleto, limitado, inacabado, como una flor a la intemperie, esto constituía su gozo más cruel”.)

Mi propia calaverita mía para mí

Hoy, en México celebramos el Día de Muertos y, con él, las calaveritas: poemas cortos y rimados en los que se cuenta el desenlace de una persona.

Aquí va una mía:

“¡Ya me urge ponerme a escribir!”
gritó Julia, la paciente,
“¡que siento a la musa venir
y no a una falsa pariente!”.
La queja debió interrumpir
pues llegó la parca sin dientes,
celosa del genio a morir:
a la autora tan sonriente
de porrazo hizo sucumbir
y a sus versos, ocurrentes.