La palabra se hace líquida

“La palabra es una entidad soluble. Una sustancia que sufre varios estados. Sólida cuando se escribe en una hoja de papel […] La conversación, en cambio, es líquida: el diálogo es un manantial que se alimenta de sonido, fluye en tiempo y espacio,  de ida y vuelta, desde quien habla hasta el que escucha. La palabra es gaseosa cuando murmura […] El rumor y el chisme son gaseosos, volátiles”. -Verónica Gerber, Mudanza (Almadía)

Estoy leyendo este lujo de libro, que disecciona los espacios intermedios entre escritura y artes visuales, indaga en formas de escribir más allá de la página: en el cuerpo, en el espacio.

Cómo me da gusto encontrar libros así, que me reten a pensar más allá de lo habitual.

#MiércolesDePoesía “La piel del tiempo es cálida”

A veces, unos versos se asoman dentro de sí mismos, hurgan hasta que encuentran la veta no sabida y la iluminan. Entonces el instante deja de serlo, se estira para abarcar el mundo (nosotros, incluidos).

Es el caso del poema de hoy, de mi querido Julio Trujillo. Forma parte de El acelerador de partículas, volumen publicado recientemente por Almadía. Así, este #MiércolesDePoesía a media voz.

Íncipit

“El tiempo es menos cruel en marzo
porque brilla
y se deja tocar.
Mira,
hunde tu mano en el fulgor del día
que se alza como un arco
sobre el mundo,
palpa con las pupilas el amanecer.
Todo es comienzo en marzo,
brote,
y el mismo tiempo está naciendo
sin noche y sin memoria.
¿Qué hay detrás?
Una fecunda voluntad sin rostro,
una ansia pura de existir y abrirse,
de ser hoy.
Ingresa en el presente,
la piel del tiempo es cálida y ansía
aquel primer contacto que la encenderá”.

Julio Trujillo, “Íncipit”, El acelerador de partículas, Almadía

 

Coleccionistas de páginas: pagar más de 100 mil pesos por un libro

En la edición de mayo de la revista A, The Style Guide publicaron un texto mío sobre el coleccionismo de libros. Cómo disfruté hacerlo, de verdad.

Entrevisté a Max Ramos, dueño de El Burroculto, una de las librerías de viejo más extraordinarias del país, donde sólo se puede acceder con cita. Ahí la fotógrafa Mónica Ornelas se dio vuelo tomando las espléndidas imágenes que acompañan las palabras.

También hablé con Selva Hernández, de La Increíble Librería, y con Óscar G. Chávez, de Librería Anticuaria Eguiara.

Ojalá disfrutes esta mirada a un mundo de quienes saben saborear el papel.

Da click aquí para leerlo completo.

 

 

 

 

#JuevesDePoesía Lo que pasa cuando la primavera deriva en primaverano

Mil disculpas, hordas de lectores de este blog. Sé que al no haber posteado ayer el #MiércolesDePoesía puse al cosmos en riesgo de fractura (¿cómo podría el universo expandirse sin versos?).

Lo lamento, tuve un día enloquecido, con apenas tiempo para respirar y ni siquiera con la frecuencia acostumbrada. En compensación aquí va un poema del enorme Tomás Segovia, el español más mexicano, para ponerle palabras a estas noches de primavera tan verano anticipado, donde él y yo nos naufragamos.

Sea el #JuevesDePoesía.

Luna de verano

“En esta calle a oscuras que boquea amordazada
Bajo el negro sofoco
Sólo la luna y yo

Marcho hacia ella y retrocede
Me quedo quieto y se detiene
Atónita y curiosa

Tan blanca tan redonda tan grande tan de hielo
En la espesa negrura amoratada
No sería creíble fuera de este momento

Pero en este rincón confuso
Tan ardorosamente extraviado
Naufragados de un mundo irrecordable
Espiando mutuamente nuestros cursos
Tan lejos ella y yo de todos y de todo
No pensamos en eso”

Tomás Segovia, “Luna de verano”, Lo inmortal y otros poemas, Ediciones Sin Nombre

 

Rulfo: los reglazos que lo empujaron a escribir

Imagen 3

“[…] De los seis a los doce años sólo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a los abuelos: era una casa enlutada”, dijo Juan Rulfo en una entrevista para la revista mexicana Proceso (29/ septiembre/1980). Añadió, explicativo: “Después de la Revolución quedaron muchas gavillas, bandas, que entraban al pueblo a matar, a robar”.

Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recupero esta entrada de hace tiempo. Inmenso autor de Pedro Páramo, que García Márquez llamó “la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español” y del libro de cuentos El llano en llamas, poesía narrativa que bucea como nunca se había hecho en el lenguaje mexicano, su talento se alimentó de lecturas de infancia.

“Leía mucho, me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado. Pero ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos”.

Los lectores hispanoamericanos deberíamos hacer un monumento a esa regla que sirvió de acicate.

 

Por qué te urge tomar este Taller de Escritura Creativa

Porque puedes aprender mucho sobre algunos puntos que señala Robert Louis Stevenson en este fragmento del libro Escribir:

“El primer mérito que nos atrae desde las páginas de un buen escritor es

1) la elección correcta y

2) el contraste idóneo de las palabras empleadas.

Es extraña aptitud la de coger todos esos bloques toscos, concebidos para las transacciones del mercado o de la cantina, y

3) dotarlos, con sólo ponerlos en la posición adecuada,

4) de los significados y matices más precisos,

5) reestablecerlos en su energía primigenia,

6) quitarlos de ahí y llevarlos a otro lugar sin que se note o convertirlos en un tambor que despierta pasiones”.

Quedan muy pocos lugares disponibles en el taller, así que si te interesa pide informes a: tallerdeescrituracreativamx@gmail.com.

Avisado estás.

 

Esta, señores, es una imagen que no tiene madre

“Al silencio le gustaba escuchar la música; oía hasta la última resonancia y después se quedaba pensando en lo que había escuchado […] cuando el silencio ya era de confianza, intervenía en la música: pasaba entre los sonidos como un gato con su gran cola negra y los dejaba llenos de intenciones”.

El pasaje pertenece al cuento “El balcón”, del uruguayo Felisberto Hernández. Y me deja muda por su potencia sin aspavientos.

Una vez más confirmo que muchas veces la mejor poesía se encuentra en la narrativa.

Y un poquito más adentro

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