#MiércolesDePoesía ¿Versos a una vaca? Sí. Estos.

De nuevo es día de versos. Y si la poesía es asomarse a ver las cosas de siempre a través de nuevos hoyos en la pared, por qué los rumiantes habrían de ser excluidos de esa mirada de extrañamiento.

Se ve que el uruguayo Juan Pablo Moresco pensó algo similar, porque su libro animales domésticos aborda, justamente, los muchos hilos de pensamiento que puede generar una vaca. Aquí abajo va uno de mis poemas favoritos del libro, irónico y con hondura: las hemos vuelto un animal doméstico a contrapelo.

Y el libro no sólo es rico por los poemas, sino también por su factura: publicado por uruguaya editorial Yaugurú, es una edición divertida, rica, propositiva. La tipografía es precisa y los juegos de color subrayan la intención irónica de varios poemas. Porque los buenos versos merecen un diseño a la altura. Como éste.

Sea el #MiércolesDePoesía.

“Las vacas no piensan. Se reproducen por una inercia vacía, sin razón, bichos esclavos para servir al ser humano. Si se dejaran libres morirían, torpes, inútiles, no sabrían sobrevivir porque su vida es un trance, un breve estado por el que pasan para llegar al plato del hombre. Arruinadas en su esencia no sabrían subsistir como animales salvajes. La costumbre las degradó; el hombre las cultiva, semianimal. Las vacas son animales domésticos.
Cuando los helechos entristecen mi abuela les habla y ellos responden.
La desesperación de ser vaca.
Perverso.
Pero las vacas no piensan”.

Juan Pablo Moresco, animales domésticos, Yaugurú

#MiércolesDePoesía Lo que viene siendo un beso que no es

Escultura: Los millares, de Marianne Weil
http://www.artparks.co.uk/artpark_sculpture.php?sculpture=4325&sculptor=marianne_weil

A veces un beso encierra mundos. No, no mundos: galaxias. Tampoco. Más bien confina a dos que se desbordan labios adentro. Y a veces, sólo a veces, el beso no existe, pero da igual.

En este #MiércolesDePoesía, el invitado es el español Pedro Salinas, con este fragmento que pertenece al portento de libro La voz a ti debida.

Sea, la poesía.

“[…] Vamos,
a fuerza de besar,
inventando las ruinas
del mundo, de la mano
tú y yo
por entre el gran fracaso
de la flor y del orden.
Y ya siento entre tactos,
entre abrazos, tu piel
que me entrega el retorno
al palpitar primero,
sin luz, antes del mundo,
total, sin forma, caos”.

“Cuán presto se nos va el placer”

Dejo aquí un notable juego del poeta chileno-mexicano Hernán Lavín Cerda con aquello de Jorge Manrique, incluido en su reciente libro Al fin todo es un milagro (Secretaría de Cultura de México).

Chapó.

“Recuerde el alma desnuda, avive el seso y despierte.
¿Cuál seso, por el amor de Dios, cuál, si aquí nunca hubo seso?

Sin duda que despertaremos contemplando con lágrimas no sólo en los ojos sino también en las anteojos,
cómo se nos va la vida, coño, carajo, caballero,
cómo se nos viene la bendita o maldita muerte tan callando.

Cuán presto se nos va el placer, cómo, sí, cómo después de acordado,
¿así se dice, se dice así?, cómo después viene el dolor,
cómo, a nuestro parecer, cómo desde los orígenes,
cualquiera tiempo pasado ¿fue brutalmente mejor?”.

#MiércolesDePoesía Nos hacemos otros sin dejar de ser nosotros

De nuevo es día de regalar versos, ¿bersos?

El librero y poeta mexicano Max Ramos confronta la tibieza de la mañana con esto, de su libro Otra forma de bolero, publicado por Ediciones y punto. El libro es de factura poderosa y se divide en tres partes: Matinela, Tardería, Sombral. Lo que transcribo abajo es la introducción de la tercera parte y el primer poema.

Es brutal cómo Ramos rompe la punta de las palabras o las modifica con plastilina y así las mira distinto. Me recuerda aquello de T. S. Eliot: la poesía genuina puede comunicar incluso antes de ser comprensible. Sí, porque encuentro preciso el “Experiencia y frote oscurandamos”, el “copos de lúgubra abaten mi solor”: aunque las palabras sean nuevas, me tocan porque dicen lo indecible.

Sea el #MiércolesDePoesía.

“(El hombre en su noche es llamado a cuentas. En su libreta la escritura exige. Lenguaje e idea lo tienen por amante feo. Fiebre la noche del pensamiento donde la inspiración es tabla en mar picado. La madre reaparece para morder los restos de la paz. No se es ni con la verdad. El hombre, sonámbulo de su propia historia. El hogar su cráneo. La noche, sombra generada por la humanidad ida. Se es casa sin muros).

La primera noche fuimos día.
Experiencia y frote oscurandamos.
El ti en mí, amarre desanudo,
trasterramos sin irnos de nosotros;
tu, geográfira claridias
copos de lúgubra abaten mi solor”.

Max Ramos, Otra forma de bolero, Ediciones y punto

Descubro a Mario Levrero. Y no me la acabo.

Foto: GDA (tomada de El País)

Está lloviendo (es por fuera: hay buen tiempo aquí dentro). Leo por primera vez cuentos de Mario Levrero, escritor uruguayo que me traje en la maleta desde Montevideo. Es algo así como un delirio difícil de poner en verbos, así que tengo que acudir a adjetivos pálidos para tratar de comunicar lo que quiero: Levrero es adrenalínico, surrealista, esquivo.

Va un bocado: “[…] Podría inventar una historia, con suma facilidad. Algo de un calamar, su encuentro con Julia. Voy a saltar: no voy a saltar. Luis, el hombre que vendió su casa para pagar deudas de juego. Julia, la mujer que vendió su juego para pagar deudas de casa. Yo, el hombre que vendió a Luis y vendió a Julia. Casi lo olvido: debo matar a alguien […]”.

Es el cuento “Ejercicios de natación en primera persona del singular”, en la antología Espacios libres, publicada por Irrupciones Grupo Editor. Tiene (y no) una historia, pero sobre todo es un edificio de instantes caóticos que funcionan bien juntos. Me recuerda el Diario de un loco, de Gogol: por las grietas del discurso se cuela una luz fosforescente.

Estoy complementando con las Conversaciones con Mario Levrero, que amablemente me regaló en Uruguay su autor, Pablo Silva Olazábal (Lolita Editores). Entre varias riquezas encuentro esto: “¿Es razonable la vida? ¿Por qué un autor debe explicar un texto, si no tenemos respuestas para las preguntas más sencillas? […] No hay ningún cuadro, ninguna manifestación artística que sea para ser entendida. El arte es para que lo integres a tu vida como una experiencia más” y a propósito del final de su novela El alma de Gardel (que no conozco), Levrero le dice al editor del texto, ya firmado el contrato: “No hay nada que hacer. El final es como es. Yo tampoco lo entiendo, pero es así y te aseguro que no hay otro posible”.

Qué cosa, este tipo. No me la acabo.

#MiércolesDePoesía El cielo pasó una noche demasiado buena

Tomé esta foto en la Rambla de Montevideo.

Uruguay me sigue caminando las junturas.

Avanzo de a poco los pasillos de los muchos libros que me traje de allá, poesía y narrativa fundamentalmente. Hoy traigo pegado a las pestañas a Eduardo Nogareda, poeta montevideano que calibra las palabras con un tino que parece de químico avezado en reacciones y alquimias y maceramientos. Este poema de su libro Acá no es, publicado por Editorial Yaugurú, tiene la culpa de que yo no pueda ver impune la mañana de hoy, que le adivine un desgarrón en el ruedo de la camisa. Y un cara de desvelo que se antoja.

Con esta imagen llega el #MiércolesDePoesía.

El cielo

“Se le nota al cielo que hoy se vistió de apuro ante los apremios solares. Su ropa luce descuidada, mal combinada, impropia para un cielo adulto que como tal adusto debería ser. Se diría que pasó mala noche. O una noche que fue demasiado buena.

Hoy el cielo viene tropezando sin ruido sobre chapas controladas por gatos quejosos. No se centra ni se concentra. Me parece que no se afeitó y no sé si se habrá duchado. Tiene un aire desdichado. Pero igual hoy otra vez sonarán tambores por Isla de Flores cuando se haga la noche y no habrá drama. Aunque caigan celestiales botones, hilos sueltos del traje descosido de este cielo. Ni así”.

Eduardo Nogareda, Acá no es, Editorial Yaugurú

Hoy, en BAzar de Letras, Francisco Tario en voz de Alejandro Toledo

A las 6:30 pm de hoy, martes 4, se transmite el programa BAzar de Letras en el que platico con Alejandro Toledo, responsable de la Antología de Francisco Tario que acaba de publicar Cal y Arena. Es una delicia escuchar a Alejandro hablar de ese escritor esquivo, incierto y dueño de un estilo que de verdad no tiene madre, por las atmósferas que crea en pocas líneas, por su manejo de los adjetivos. Desde que lo descubrí hace un par de años, Tario me explora el seso de cotidiano con cosas como esta granada de mano: “Todos, al morir, debiéramos tener enfrente un espejo”.

Da click para escuchar aquí el programa a las 6:30 PM hora de México (al ser radio por Internet se puede oír en cualquier país).

Y a partir de mañana a mediodía, en ese mismo enlace puedes oír el Podcast tanto de ese programa como de los anteriores de BAzar de Letras, es decir, las conversas que he tenido con Eduardo Casar, Alberto Ruy Sánchez, Ana García Bergua, Luis Bugarini, José “Monero” Hernández, Luis Jorge Boone, Liliana Blum, José Eugenio Sánchez, Verónica Gerber y con Moramay Kuri sobre el lanzamiento de la revista cultural Inundación Castálida.

Qué lujo el mío sentarme a echar palabras con invitados de ese calibre. No me mido.

 

Y un poquito más adentro

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