#SábadoDeMúsica El flechazo hecho rola

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Coup de foudre le dicen en francés, literalmente “golpe de rayo”. Flechazo, pues. Sí, te parte en dos las precauciones, la cabeza, la cordura, el cuerpo todo. Y mientras vas por la vida con el cabello encendido te queda clarísimo que ese disparo de adrenalina te hace espantosamente feliz.

De eso se trata la #Playlist de hoy, sugerida por mi querido y desbordado amigo G. Las canciones sugeridas a través del Twitter @danioska y del Facebook Julia Santibáñez o bien describen el intenseo o son melodías que recuerdan el momento cuando ocurrió el terremoto. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios. La mía es una viejita: In The Midnight Hour, de Wilson Pickett. Al oírla me di cuenta de que estaba infatuada hasta las manitas.

Como dice el personaje de Fréderic Beigbeder en la novela El amor dura tres años (Anagrama): “El amor es un combate perdido de antemano”. Pero qué chingón cuando estás en la trinchera, sonriendo y temblando sin motivo.

  1. Maria Spezzia Algo contigo, de Vicentico
  2. Aura Sabina All Shook Up, de Elvis Presley
  3. Gerardo Cárdenas Amori in corso, de Claudio Baglioni
  4. @DSarmientomx Atado a un sentimiento, de Miguel Mateos
  5. Miguel Ángel Regidor A ti, de Emmanuel
  6. Lu Olmedo Baby, Can I Hold You, de Tracy Chapman
  7. Paulina Calderón Boig per tu, de Sau
  8. Mariela Gómez Roquero Careless Whisper, de George Michael
  9. Dulce Villaseñor Call Me Maybe, de Carly Rae Jepsen
  10. Federico de Jesús Con los años que me quedan, de Gloria Stefan
  11. Mauricio Núñez Edge Of The World, de Faith No More
  12. Dariana García Fallen, de Lauren Wood
  13. Rowena Bali Familiar, de Agnes Obel
  14. Patricia Bremauntz Furia de color, de Rosana Arbelo
  15. Fernando Zurita Hoy quisiera estar a tu lado, de Tequila
  16. Julia Santibáñez In The Midnight Hour, de Wilson Pickett
  17. Xabier Novella Maybe, de Janis Joplin
  18. Marcela Sánchez Greene Mejor me quedo aquí, de Chambao
  19. Ingrid Bringas No sé qué me das, de Fangoria
  20. Dania Castañón One And Only, de Teitur
  21. Andrés Grillo Pedro Navaja, de Rubén Blades
  22. @adrianodelucio Que no hay, de Miguel Bosé
  23. Tanya Huntingon Romeo and Juliet, de Dire Straits
  24. @EJCastroviejo Romperás, de Extremoduro
  25. @carlaeurena Slave To Love, de Bryan Ferry 
  26. Gabriella Morales-Casas Sounds That Can’t Be Made, de Marillion
  27. Elke Burholder Stars, de Simply Red
  28. Luis Roberto Castrillón Take Me For A Little While, de David Coverdale y Jimmy Page
  29. Alicia Alarcón The First Time Ever I Saw Your Face, de Roberta Flack
  30. Odette Alonso Un vestido y un amor, de Fito Páez
  31. Kitzia Nin Poniatowska What Are You Doing The Rest Of Your Life, de Chris Botti y Sting

YOUTUBE

31. Susana Salazar De alguna manera, con Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute

32. Víctor Varela Electric Blue, de Icehouse

33. Ligia Urroz Never Tear Us Apart, de INXS con Joe Cocker

34. Moramay Kuri Unloveable, de Babybird

 

¿Con qué canción dices “amoraprimeravista”?

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Mañana será #SábadoDeMúsica, de modo que aquí va el tema sugerido por mi amigo G.: ¿qué rola te recuerda un tremendo flechazo?

Puede ser porque letra y música lo pintan de cuerpo entero o porque esa canción sonaba cuando ocurrió lo que Julio Cortázar describe en Rayuela como “un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. En cualquier caso se trata de ponerle soundtrack a ese revolcón emocional que cambia el eje del planeta.

Voy a armar Playlist colectiva con las canciones propuestas aquí, en FB y TW, misma que subiré mañana.

#MiércolesDePoesía Asomarse por la ventana para verse por dentro

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La breve colección de poemas de Mónica Maristáin, que recientemente publicó en México el sello Literal Publishing, lleva el título sugerente Antes. Paisaje sonoro con mujer mirando una ventana.

Se trata de textos narrativos, fluir de voces que andan la interioridad y dejan ecos de sombra en el cuarto. Los dolores, la madre, el humor, los sueños, las querencias y los recuerdos aparecen en pinceladas melancólicas de asumida subjetividad, que ensayan respuestas mientras la autora se asoma por la ventana para verse a sí misma preguntando. Como dijo Vicente Aleixandre: la poesía es una sucesión de preguntas que el poeta se formula. Maristáin lo sabe. Y se pliega al riesgo de indagar desde lo que siente.

Celebro a la poeta que deja de lado la modestia y se planta frente a sí misma armada de lenguaje. Escojo un fragmento de uno de los textos para dar tono a este #MiércolesDePoesía. Sea.

“hoy se ha dado cuenta de algo envejecer es pensar a cada minuto que todo era mejor antes no quiere imaginarse diciendo cosas como ‘hace unos años’ ‘¿te acuerdas?’ ‘fíjate cómo todo ha cambiado’
pero a menudo habla del pasado
las cosas nunca son como antes se dice dice
ni las personas
ni los hechos
mil veces piensa a menudo lo piensa casi siempre lo piensa
cómo la verán los otros qué cosas dirán de ella
la manera mecánica de
combinar los colores mirarse en el espejo ensayar la sonrisa
cómo estar seria observar a una persona a los ojos
la vida dando exámenes
lo piensa
se da cuenta
no hay vida que aguante
pero ha aguantado”.

Decir “fuego” en bonito

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Busco información para un libro en el que estoy trabajando y doy con una serie de expresiones o figuras poéticas del náhuatl clásico, en las que se concentra la posibilidad metafórica de esa lengua: para decir lo que nosotros nombramos con una palabra, los aztecas usaban una imagen.

La que sigue me fascina. Ofrezco tanto el original (por desgracia no tengo idea de la pronunciación), como una traducción al español. Pero lo más importante no es la traducción, sino el significado, casi una adivinanza: de esta forma llamaban al fuego. Ahí queda, como un instante de belleza para el día.

“Ayauhtli itzon, poctli itzon”.

Su cabellera es la niebla, su cabellera es el humo.

(Carlos Montemayor (coord.), Diccionario de náhuatl en el español de México, UNAM, p. 354).

 

#LunesDeHumor Así la historia de las medias naranjas

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Imagen tomada de Internet

Por fin entiendo el meollo del asunto. No existen medias naranjas que complementen medias naranjas: hay naranjas y exprimidores. O sea, uno el gandalla y otro, el agandallado.

De momento no sé quién es el abyecto en mi relación, si él o yo. Ahí aviso cuando se definan los papeles. De momento estamos enamorados como idiotas, porque sólo los idiotas pisan el pedal a fondo sin preocuparse si a un kilómetro espera un precipicio. Y lo digo con sonrisa irresponsable.

Buen lunes. Hoy, sí.

Me gustan los Bad Boys (no los Bad Hombres)

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Asumo un sesgo en mi preferencia sexual: me encantan los hombres no decentes, intensos, mal portados. En la revista S1ngular de febrero se publica este texto mío, que había titulado “Por qué me gustan los hombres rudos” y la revista llamó “¿Por qué nos encantan los Bad Boys?”. Sólo añado: sí, hay diferencia entre un Bad Boy y un Bad Hombre. El primero es un caramelo de adrenalina. El segundo, un estereotipo construido en la mente pequeñita del Mister Orange. Dicho esto, aquí va un fragmento del texto:

Hace poco descubrí mi fascinación por la zona oscurita de ciertos sujetos. Es decir, esa región masculina siempre me ha fascinado; ahora me refiero a una cierta tenebra del alma. Digo que recientemente me enteré de mi debilidad por tipos que mi hermana llamaría pésimos partidos (por indomables), pero que mi mejor amiga, aunque es gay, se come con la mirada mientras comenta: claaaro que saldría con él. Es que los hombres en estado salvaje son el colmo de atractivos.

A lo largo de los años he tenido relaciones pasajeras con señores poco recomendables, entre ellos, un cubano vividor que me recuerda la canción de Tony Zenet: “Era malo, pero palabra que fue el mejor”. Con todo, no me había dado cuenta de la adrenalina adictiva que disparan. Yo, que soy una mujer sensata (Ok, no) justo ahora ando perdida por un adolescente con canas. Y no estoy en un páramo de soledad. Millones de mujeres en el mundo nos rendimos ante un incorregible. ¿Por qué?

Es sexy a morir
El llamado bad boy es un nómada sin control. Nunca sé qué esperar de él y eso resulta un imán. Encima es seguro de sí mismo y sabe venderse: subraya su rebeldía, así que tal vez no se quite la mezclilla ni el pelo largo. O sí. James Bond es un individuo arrojado, imperdonablemente esquivo, a pesar del traje perfecto. El asunto es que, con lino o jeans, esa vena bravía lo hace muy deseable, porque me imagino que va a ser un lujo en la cama. Y lo es, siempre y cuando sea capaz de equilibrar la tosquedad con un buen shot de ternura. Si además suma inteligencia, el combo es tremendamente seductor. Mejor dicho: seductor-nivel-no-va-más.

Su magnetismo tiene sustento en razones evolutivas. Según el neurocientífico Billi Gordon, doctor de la Universidad de California en Los Ángeles y columnista de la revista Psychology Today, las abuelas de mis abuelas preferían al vigoroso Homo Erectus (ay) que al niño bueno: daba mayor garantía de tener hijos fuertes y de proveer comida, protección. Al repetir la conducta millones de veces, a lo largo de generaciones, el principio quedó grabado en mi cerebro como los surcos de un disco LP: se convirtió en instinto. Aunque yo no busque un padre para mis criaturas me sigo derritiendo por él. Viva la evolución.

Quiero descifrarlo
El espécimen con barba de varios días me resulta tan enigmático como un problema de álgebra, pero mucho más divertido. No me conformo con definirlo como alguien que desdeña las normas y tiende al riesgo. Me intriga por inescapable.

Para seguir leyendo sobre por qué un hombre poco recomendable es todo lo contrario de un vaso de leche tibia y cómo la evolución tiene más explicaciones sobre el asunto, busca el artículo en S1ngular de febrero.

 

 

 

Y un poquito más adentro

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