19 de septiembre



Empecinamiento del coraje,

las hambres renovadas 

como bocas que abre el suelo

de memoria cabalística y cabal.

Recordamos hormiguear las calles rotas

para, necios, arrancarle

alguna hebra de entre dientes,

aunque sea una hebra, una más.
Lo que no digo es que el miedo lo llevamos

como un mudo clavel rojo en la solapa.

Hoy estrenamos La Hora Elástica, por TVUNAM

De izq. a der.: Luisa Iglesias, Pepe Gordon, Fernando Rivera Calderón, Buda (Marisol Gasé), Analí Sánchez Neri, Rafael Tonatiuh, Óscar de la Borbolla, yo mera

La cultura se consume por disfrute, no por obligación.

La cultura está lejos de poses y pretensiones.

La cultura no es aburrida.

Creemos en estos principios y por eso hoy a las 8:30 pm te invitamos al estreno del nuevo programa de televisión: La Hora Elástica. Lo conducen Fernando Rivera Calderón y Luisa Iglesias y participamos en él Marisol Gasé, Pepe Gordon, Rafael Tonatiuh, Óscar de la Borbolla, Analí Sánchez Neri y yo. El

Hablamos de ciencia y de las cosas invisibles, de por qué es un privilegio saber dudar, de qué películas son tan malas que resultan buenas, de cómo la poesía vive en las calles y no sólo dentro de los libros. Además nos reímos de lo reíble , es decir, de todo.

Acompáñanos hoy, 8:30 pm, por TVUNAM (Sky: canal 120; TV abierta: canal 20.1; Izzi: canal 20). Si vives fuera de México, a partir de mañana puedes ver el programa en http://www.tv.unam.mx.

Sé parte de La Hora Elástica. Nos harás muy felices y tú también lo serás un poquito más.

 

Los tres principios de Storytelling que enseña el fenómeno Bartual

“Yo me dedico a contar historias”, dice el dibujante y cineasta español que hace un par de semanas creó en Twitter un thriller por entregas exitosísimo, de los más sonados en la historia de esa red social.

Manuel Bartual, de 38 años, estaba de vacaciones y concibió una micronovela de suspenso que contaría en Twitter, ilustrándola con fotos y videos del celular. La pensó, hizo una escaleta y luego la ejecutó con pocas variantes sobre su idea inicial: las novedades vinieron de atender algunos de los miles de comentarios que generó el hilo narrativo, que se convirtió en Trending Topic (algunos tuits recibieron más de 40 mil likes). Nunca se imaginó que tanta gente se interesaría por el tema, de tintes paranormales: en unos días Bartual pasó de 16 mil seguidores a alrededor de 400 mil, entre los cuales estuvieron Gerard Piqué e Iker Casillas y hasta la policía de su país. Algunos que siguieron al escritor le dieron unfollow cuando descubrieron que se trataba de un “engaño”, así que hoy tiene 370 mil.  

Muchos se mostraron incrédulos de que la ficción lograra atrapar a tantos, haciéndolos creer que se trataba de algo que sucedía en la realidad. Otros, por el contrario, encontraron lógico que una historia sólidamente contada, en tiempo real y con recursos narrativos eficaces, se convirtiera en tal suceso. Algunos la compararon con el radiodrama La guerra de los mundos, de Orson Welles (1938) y con el falso documental El proyecto de la bruja de Blair (1999). Los tres abordaron en su momento supuestos casos verídicos narrados en primera persona, que involucraban hechos sobrenaturales, de tal forma que miles creyeron en la veracidad de lo contado.

Si se estudia el caso Bartual desde la óptica del Storytelling se ve que revela varios principios de cómo lograr que una historia convenza y se vuelva viral. Aquí van los tres principales:

  1. Entender que se tiene dinamita entre las manos=valorar la fuerza de una narrativa limpia. Las herramientas que empleó el dibujante son un narrador creíble, que emplea lenguaje cotidiano e ilustra lo que le pasa con fotos y videos amateur, además de una historia bien pulida desde el principio, con los puntos álgidos trazados y el final, ya resuelto. La viralización que Bartual logró no fue producto de una chiripa, sino de un dominio de los recursos que convierten una anécdota cualquiera en una historia plena.

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#MiércolesDePoesía De cuando tu casa no aparece en Google Maps

Llevo cuerpo adentro una orfandad, algún bramido. No sólo la indefensión de perder a mi padre apenas cumplí los 17, sino las de ausencias que me dejaron la guardia fracturada.

La poeta venezolana Karla Castro (1985) parece saber de lo que hablo, creo que me ha oído en noches de llanto indefinido. Hoy, #MiércolesDePoesía, saboreo estos versos de su libro Tiempo Añil (Oscar Todtmann editores), que me hizo llegar mi querido Marlo Ovalles. Sirvan para palabrear el hueco que se lleva a cuestas, el que no dejamos de buscar y algunos llaman “casa”.

 

Homeless

“Mi casa
no aparece en los mapas de Google
nadie sabe cómo llegar

Esta casa juega conmigo a la gallinita ciega
esconde la ropa         mueve las paredes
pierde las llaves

Es un feudo que se resiste
me odia
confina a esta grulla a no tener nido”.

Foto: Claudia Noguera

El humor negro sí funciona en Storytelling (a veces)

 

“El principio del humor es poner una cosa donde no va”. Lo dijo el filósofo polaco Arthur Schopenhauer, pero podría haberlo dicho Woody Allen. O los creadores de la Carabina de Ambrosio. O el monero chileno Alberto Montt. O el mexicano Jabaz, del periódico Milenio. O Lenny Bruce, el comediante neoyorkino que se adelantó al stand-up. Todos ellos han sabido descolocar personajes y situaciones, poniéndolos donde no corresponden. Es decir, haciendo que los miremos de forma extrañada.

Lo predecible no es interesante. En cambio, lo inesperado capta nuestra atención y explota la hilaridad, incluso más si es políticamente incorrecto. Esa es la base del humor negro: hacernos echar risas a costa de lo que no es “normal”, de lo que “sabemos” que no está “bien” celebrar. Un standopero lo practica de cotidiano: se burla de los golpes que le propinaba su abuela o de la vez que su hermano casi le prende fuego.

El judío Dóvaleh, protagonista de la novela Gran Cabaret del escritor israelí David Grossman, está dando una función de cabaret en Israel. Cuenta que varios familiares suyos pasaron por el consultorio de Josef Mengele, el médico nazi que hizo experimentos crudelísimos con los reos del campo de concentración de Auschwitz.

Despertamos la curiosidad de ese hombre tan sensible e introvertido. Por lo menos veinte miembros de la familia de mi padre pasaron por la rampa de Mengele, hermanos, primos, y todos ellos, sin excepción, descubrieron que el cielo era su destino. Fue el médico de cabecera de todos ellos”. Claro, el público que lo escucha se revuelve incómodo en las butacas. Y Dóvaleh sigue adelante: “A pesar de lo ocupadísimo que estaba el hombre, acudían a él desde toda Europa, se abrían paso a codazos en los vagones de los trenes para llegar hasta él, y a pesar de tener tantísimo trabajo tuvo tiempo de darnos un trato personalizado”.

Gran Cabaret es una novela escrita por un reconocido autor judío sobre un comediante judío, que hace un espectáculo de comedia para judíos. Y el tema es el Holocausto, no desde la seriedad que demandaría, sino desde el humor más negro. El asunto es que conforme Dóvaleh avanza en la historia sobre su familia y sobre sí mismo, algunos comienzan a reírse y otros se van del bar, furiosos, pero el tema no deja a nadie indiferente.

De manera similar, a veces el Storytelling acude al humor negro para captar la atención de la audiencia. Claro, es cuestión de arriesgarse, de saber qué tanto es tantito, pero si se logra atinar el punto exacto el resultado puede ser notable. Un caso es el de la exitosa compañía texana Despair Inc. (se puede traducir como “desesperanza”). Fundada en 1988, vende libros, pósters y calendarios de desmotivación, un remedo de los insulsos productos motivacionales de felicidad-y-éxito-en-cinco-minutos. Se trata de carteles con fotos lindas y limpias, acompañadas de frases del tipo “Juntas: Ninguno de nosotros es tan idiota como la suma de todos nosotros” o “No te des por vencido, sigue tratando de superar tus límites. Necesitamos que nos entretengas”.

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Este blog apaga seis velas (con el pastel de un autor impresionante)

Arranqué este blog exactamente el 9 de septiembre de 2011. Es decir que hoy cumple seis arrogantes años, nada mal para lo que de origen fue un espacio para comentar los libros que se me iban atravesando entre los ojos.

Gracias a ti, lector o lectora, que sigues dando vueltas por aquí, leyendo y comentando, absorbiendo y cuestionando.

Me parecen suficientes motivos de festejo tanto el aniversario de este blog como el haber terminado una novela absurdamente bien escrita, espeluznante como una mordida en la nuca. Se llama Toño Ciruelo y es del colombiano Evelio Rosero (Tusquets) , de quien he hablado varias veces en este blog. El autor maneja la cadencia como quiere (y quiere bien) para darle vida a Toño, quien es al mismo tiempo repulsivo y fascinante en su bestialidad, en su rebasar los límites de la crudeza para hacer que quienes le rodean se descubran igualmente viles que él, aunque no quieran. Hagan de cuenta que Rosero invita el pastel y yo le digo: “Muchas gracias, señor. Leerlo a usted equivale a muchas lecciones de escritura”.

Aquí va un mínimo fragmento de la novela (que, por cierto, fue un regalo delicioso de mi querido Andrés Grillo). Ojalá esta cadencia y las imágenes que amontona antojen las ganas de leerla:

“[…] Me excitaba, me excitó profundamente buscar una pistola en la fronda, entre la hierba hirsuta, mis dedos debajo de la arena, en las raíces, en el nicho de los rieles, en la espina de los matorrales, en la pasmosa soledad de esa región sin nombre, cerca del mediodía, debajo de un sol letal.

Creí que en un lugar de una pistola buscaba entre las matas una mujer desnuda: sentí que mi sexo despertada, que palpitaba. Me aborrecí, por sentirlo. Pero si hubiese estado solo me masturbaría”.

Noche de poesía y buen contento

Foto: Alma Delia Murillo

Anoche fue la presentación de mi libro Eros una vez (Seix Barral), que recibió el Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti. El evento fue en la Librería Icaria, parte de la Escuela de Escritores y que es también mi casa (doy clases de Escritura Creativa).

Arturo Córdova Just, poeta, ensayista y director de la Escuela, fue el presentador. No sé si alguien había leído con tanto rigor mis versos, si los había exprimido hasta sacarles el jugo oculto, pero de verdad me emocionó en los adentros su lectura. Espero poder compartir por aquí el texto que Arturo escribió, se antoja estamparlo en billetes de cien mil pesos. Luego de leer su escrito platicamos, la gente hizo preguntas, nos reímos, leímos poemas. Hubo venta de Eros y rematamos la noche con un consistente mezcal Xicarú.

Aquí van algunas fotos. Gracias a todos los que sortearon el cuasi diluvio universal que cayó en la ciudad, a quienes lo intentaron pero no lograron sacar a tiempo el velero, a quienes desde otros países me abrazaron con palabras.

Muy pronto, Eros una vez va a estar a la venta en Gandhi y El Péndulo, Ciudad de México. Avisaré con tiempo en qué sucursales.

Las gracias no se me cansan en la voz.

 

Y un poquito más adentro

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