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Así, mi súplica a la mosca

Cartón: Jis www.facebook.com/lachora
Cartón: Jis
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Estoy revisando textos míos, tanto poesía como traducción. Y me cuesta decidir dónde va la coma, si el verso equis se sostiene o si el poema entero pertenece a la basura. Entonces quiero que aparezca una mosca, que ayude a resolver el entuerto.

Aquí va un cartón del mexicano Jis, sobre el proceso creativo y sus muchos entresijos. Que el nuevo año me reciba con tino. Por favor.

Estoy leyendo esta novela no-maricona

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“[…] En ese momento me doy cuenta de cuán fuerte es ella, cuán poderosa entre tanto foquin mundo, y yo todo ñango, defendiéndola. Parchado por todas partes.

‘Fuck. Fuck. Fuck’.

Así, con mis botines encharcados, la mezclilla echando migas de vapor y mi camisa mojada de la librería, me lanzo al garete entre los árboles del parque. No tengo idea de lo que voy a hacer, pero tengo que hacer algo. ‘Algo. Algo. Algo, chingada madre’. Estrujo el vaso de unicel con fuerza. El cerebro me punza como cuando empecé a leer en la foquin librería esas pinches novelas mariconas, mentirosas, vomitivas. Todas ellas con sus aspavientos de letras de gran envergadura pero poco nervio. Casi todas estaban fuera del mundo; de la vida. Desclochadas por tantas palabras huecas”.

Es un fragmento de Campeón gabacho, novela de Aura Xilonen, quien en meses pasados ganó el primer Premio Mauricio Achar-Random House. A los 19 años, esta chilanga construyó un circo-verbal-primera-novela que me tiene alucinada. Aunque la anécdota se sostiene (trata de lo que vive un migrante en Estados Unidos, una libérrima suerte de Lazarillo de Tormes que va de bronca en bronca), la novela es sobre todo un despliegue de acrobacias lingüísticas, de machincuepas precisas para las que se requiere tener güevos. Toma las palabras y las trepa en bonche a la cuerda floja, las hace andar de manos para luego caer, exactas, en el centro del banquito. O las latiguea como a leones amaestrados, para que obedezcan. O las viste de payaso y las sube a trapecio para que se columpien al son que se le antoja, siempre distinto pero sin perder el ritmo.

Es, justo, una novela no-maricona. Carajo, qué gusto da leer riesgos como éste.

 

#MiércolesDePoesía La vulgaridad también cabe en un poema

Salvador Novo, semidesnudo. Fotógrafo por identificar, c. 1925.
Salvador Novo, semidesnudo. Fotógrafo por identificar, c. 1925.

“Pienso, mi amor, en ti todas las horas
del insomnio tenaz en que me abrazo;
quiero tus ojos, busco tu regazo
y escucho tus palabras seductoras.

Digo tu nombre en sílabas sonoras,
oigo el marcial acento de tu paso,
te abro mi pecho –y el falaz abrazo
humedece en mis ojos las auroras.

Está mi lecho lánguido y sombrío
porque me faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por cuyo beso desvarío.

Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo”.

Hoy, #MiércolesDePoesía, está de visita en PalabrasAFlorDePiel uno de mis escritores favoritos. Dramaturgo, cronista de la ciudad, poeta de luz clara y figura clave de la vida cultural mexicana del siglo XX, Salvador Novo (1904-1974) cumple hoy 42 años de haber muerto. Este texto suyo es uno de sus muchos poemas procaces, en los que da fe (como Quevedo y Góngora y Hurtado de Mendoza), de que la poesía es tan grande que no se pelea con ninguna palabra. Construido como si fuera un soneto clásico pero anticlimático e hilarante al final, muestra a su autor tal como era: deslumbrante, sexual, vanguardista, divertido, gay, intensito. Un genio.

Hace unos días fui al Museo Soumaya de la Ciudad de México a ver la exposición Archivo Salvador Novo. Imagen pública, retratos privados, que por cierto permanece abierta hasta abril. No muy grande pero interesante, incluye imágenes de infancia, otras con personajes públicos como Dolores del Río, María Félix y Orson Welles, además de cartas suyas y de sus amantes, documentos oficiales y objetos varios, entre ellos, su colección de peluquines.

Una de las fotos exhibidas es la que ilustra esta entrada, de un Novo-casi-San-Sebastián-de-unos-21-años. Se me ocurre que un efebo así puede haber sido el destinatario de este poema que él mismo escribió años después. Luego pienso que no, una figura así de delicada no le gustaría. Él los prefería militares.

 

 

 

 

Palabra del día: Apocatástasis

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Dice el DRAE que la palabrita viene del griego y significa “Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida”. O sea, borrón y cuenta nueva. Como la pizarra cubierta de cera en la que los romanos escribían con un punzón: para borrar lo escrito, calentaban la cera o la raspaban hasta dejarla lisa de nuevo. Luego, en el siglo XVII, John Locke dijo que la mente de un recién nacido es una Tabula Rasa, una tablilla vacía en la que escribir. Algo así, la apocatástasis.

Bueno, pues digo que me parece una ilusión total. Nada regresa exactamente a su punto de partida, todo está enriquecido (¿contaminado?) por experiencias. Por supuesto, en especial yo, que voy de aquí para allá con mi bagaje de vivencias, recuerdos felices, cicatrices, expectativas. Así, aunque me gusta el sonido de apocatástasis, descreo de su significado. Yo, tan complicadita para eso de creer.

#FILGuadalajara “Lo que me importa es cómo me gustaría escribir”: Enrique Vila-Matas

Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)
Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)

Para explicar por qué ejerce el oficio de buscar palabras, desde la FIL el autor español soltó dos joyas que me quedan resonando.

“Alguna vez leí sobre un niño que se negaba a hablar. Preocupados, sus padres ordenaron hacerle todos los estudios imaginables y los especialistas encontraron que no había ninguna razón médica para su silencio. Es decir, no hablaba aun pudiendo hacerlo. Así creció. Sus padres se acostumbraron a comunicarse con él sin palabras y todos en paz. Por fin, cuando tenía 35 años un día le sirvieron un helado y dijo: ‘Este helado está horrendo’. En cuanto pudo reponerse, la madre le preguntó cómo era posible, por qué llevaba todos estos años sin hablar. Él dijo, simplemente: ‘Antes todo estaba perfecto’. Por eso escribo, por eso escribimos: porque no todo es perfecto”.

Lo dijo aquí en la FIL el autor catalán Enrique Vila-Matas, en conversación con el también escritor Julio Trujillo. Es una de las formas más plásticas que conozco para explicar el oficio. Y el recién galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 también dijo al presentar su novela Marienbad eléctrico, publicada por Almadía: “Escribo por la necesidad de romper viejos preceptos literarios. No quiero ser arrogante, pero el objetivo fundamental en todo lo que escribo es trazar nuevas escrituras. Es decir, no me importa tanto cómo escribo, sino cómo me gustaría escribir”.

Son el tipo de joyas que me llevo de la Feria.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

Rodrigo Fresán: “Celebro que mis libros no puedan ser adaptados para TV”

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Conversé con el escritor argentino sobre su más reciente novela, La parte inventada, en la que a puro estilo literario se planta de cara a las modas (y los medios).

Navega a contracorriente, como todo lo que hace Fresán. Demandante, de estructura fragmentada y lenguaje torrencial, La parte inventada rebasa las 600 páginas sobre un tema difícil: la mente de un escritor, la vocación literaria. Pero al mismo tiempo derrocha estilo, igual que el trapecista que hace piruetas descabelladas y cae en el banquito al redoble del tambor, como si nada. Así. Ambiciosa en esta época de literatura light, trata sobre un autor, rabiosamente antielectrónico, que tuvo éxito en el pasado pero ya no puede escribir.

Estamos en la Feria del Libro de Guadalajara. Mientras saludo a Martín Caparrós, su amigo y también argentino, aparece Fresán. Es altísimo. Trae un libro en la mano: Galápagos, de Kurt Vonnegut. “Lo estoy releyendo. No tenía esta edición”, dice. Le pregunto qué leyó en el vuelo desde su casa en Barcelona. Contesta que en los viajes sólo relee, no le gusta empezar algo en el avión y terminarlo en casa. Entonces carga libros que casi sabe de memoria, para interrumpirlos sin problema. “Ahora traje los cuentos de Salinger y Música para camaleones, de Truman Capote, uno de los libros más estremecedores que hay”. Nos sentamos a platicar.

LEER Y ESCRIBIR TANTO… EN TWITTER. La parte inventada destroza las redes sociales, pero es una postura exagerada. Aunque no la comparto, sí creo que contribuyen a destruir narradores. El momento top de mi infancia eran las vacaciones: tres meses de no ver a tus amigos y luego contarles lo que habías hecho, volverlo fascinante. Ahora, en 140 caracteres todos saben a dónde fuiste. Me irrita que se lea y escriba tanto y que el resultado sea eso. Tuitear El Quijote no lo entiendo como vanguardia. En cuanto a la lectura, el gesto vanguardista insuperable es que unos caracteres negros se te metan por los ojos. ¿Qué más?

DEFENDER LA SOLEDAD. Mi literatura es retaguardista, se ocupa de la retaguardia de las cosas. La vanguardia de este oficio son ferias, festivales, premios, pero a mí me preocupa el momento de la escritura: ahí se libra la verdadera batalla. Uno se hace escritor porque le gusta estar solo, es una de las pocas formas legítimas de defender la soledad. Hasta el siglo XIX era algo noble. Hoy, si dices: “Quiero estar solo”, todos se preocupan, pero si dices “Quiero estar solo porque tengo que escribir” todavía te lo dejan pasar.

SIGUIENTES 14 PORTADAS. La novela tenía siete partes inconexas y no encontraba cómo unirlas, estaba bloqueado. Un día, llevando a mi hijo al colegio pasamos por una tienda en cuyo aparador había un muñequito de cuerda. Mi hijo lo vio y dijo: “Es la portada de tu libro, el protagonista”. Lo compramos y de vuelta en casa encontré que era la solución: terminó de unir el libro. De hecho, la portada lleva el crédito de mi hijo y él cobró lo correspondiente. Ahora, claro, ya tiene las de mis próximos 14 libros.

DISFRUTAR SIN INTERFERENCIAS. Los odontólogos y los panaderos se desconectan al llegar a casa, pero el escritor no, porque todo es escribible, literalizable. Nabokov decía que la realidad no es más que información más especialización: hay una realidad neutral que habitamos todos, del tipo “esto es una silla”, y luego un carpintero se detiene en su estructura carpenterística, mientras un escritor piensa qué hacer narrativamente con ella. Cuando estoy de vacaciones me gustaría disfrutar y sufrir plenamente las cosas, sin interferencias literarias. Y además está el respeto: no puedes estar en el funeral de tu amigo y decir “mmm, esto que escuché me interesa”.

LITERATURA Y TELEVISIÓN. Vivimos en un momento tan crítico para la literatura que, paradójicamente, te permite arriesgar más: si nada vende, por qué no intentar lo que quieras. Yo trato de escribir libros parecidos a los que me gustan, con cierta complejidad, cierto juego. Ante el bombardeo audiovisual, la única batalla que puedo ganar es la del estilo. Me interesa que la literatura sea diferente a la televisión. Para mí es un logro que ninguno de mis libros pueda ser filmado o adaptado para una serie.

VIDA Y FICCIÓN, INEXACTAS. Mi metáfora favorita sobre escribir es la frase de John Updike que cito en La parte inventada: el artista trae al mundo algo que no existía y lo hace sin destruir nada a cambio, “en una especie de refutación de la conservación de la materia”. Me gusta esa referencia químico-física, disciplinas sobre las que no tengo idea, porque tanto la realidad como la literatura son ciencias inexactas.

BIOY, POR SOBRE BORGES. El estilo de Borges acaba comiéndoselo, sus últimos libros parecen escritos por un admirador suyo. Bioy, en cambio, se sostiene. Me parece un mejor escritor, ahora lo estuve leyendo en la Antología de la literatura fantástica. Me deja alucinado lo bien que escribe, con sus toques de rareza, como esquirlas destellando en una aparente normalidad.

DEVORADOS POR LA LITERATURA. Desde niño quise ser escritor. No conozco otra cosa, nunca pensé que la vida podía ser de otra manera. La mayoría de mis amigos son escritores, estamos en lo mismo, así que el único antídoto que me puede sacar de cierto solipsismo es que estoy muy enamorado de mi mujer y de mi hijo, me llevo muy bien con ellos. Yo tengo esa suerte, pero entiendo a los escritores que tienen situaciones familiares complicadas y son devorados por la literatura.

¿ARGENTINO? Disfruto mucho la amplitud temática de la literatura argentina, pero en otros temas no me envuelvo en la bandera de mi país. No me interesa el futbol, no pienso que Gardel cante mejor cada día, estoy seguro de que Dios no es argentino, no me psicoanalicé nunca.

LO QUE VIENE. Para 2015 quiero escribir una novela y en tándem hacer un cuento por mes. Todos mis libros de cuentos están imbricados, unidos al final, pero ahora me apetece hacer cuentos sueltos: uno sobre el verano, otro sobre Marte, otro sobre no levantarte de la cama, aunque no sé si podré, porque me pierde la idea de ensamblar estructuras.

(Originalmente publicado en la revista SoHo).

Durante la entrevsita
Durante la entrevista