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La imagen es, en mi caso, primera fuente de inquietud. De inspiración, vaya.

Mi cuerpo, esa mercancía obsoleta

Foto: Didac Martínez http://mambomag.com/fabrica-de-ilusiones/
Foto: Didac Martínez http://mambomag.com/fabrica-de-ilusiones/

Por casualidad (¿hay algo que no lo sea?) me encuentro en la red estas imágenes de Didac Martínez, fotógrafo español. Y me inquietan.

Llevo meses pensando el cuerpo, el mío, la lucha contra el tiempo, las obsesiones de belleza que lo abrazan. Los deberes que lo constriñen.

Lo que implican dietas, maquillajes, tintes, decoloración, depilación, botox, cirugías: afanes sinfín para “pulirlo”.

Mi cuerpo como materia prima, el inmediato medio de expresión.

La obsolescencia de la mercancía llamada mi cuerpo, hecha de piezas intercambiables.

La más marcada por expectativas culturales y, al mismo tiempo, la más personal.

Las fotos de Martínez me regresan a esos temas. ¿En qué momento el cuerpo, el mío, el tuyo, se volvió escenario de incontables luchas? ¿Adjetivo, en vez de sustantivo? ¿Cuándo dejó de ser fiesta para convertirse en deber ser? ¿Es distinto de estas imágenes, concebidas a partir de ideales? ¿Arcilla moldeable para complacer a qué dios inquisidor?

Aquí me quedo, pensando, nomás pensando.

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Desnudez para saborear el sábado

www.billbrandt.com
http://www.billbrandt.com

“El deseo imperecedero que crece de manera transparente me brinda un atisbo de la eternidad”, dice el protagonista del libro El novelista miope, del mexicano José Gordon.

Es un buen acompañamiento para estas fotos de desnudos del británico Bill Brandt, que fragmentan el cuerpo y subrayan la belleza de cada territorio, eterno en su fragilidad.

Me encantan como para saborear el sábado.

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Aquí la razón de por qué amo las ventanas

Fotos: Gail Albert Halaban www.gailalberthalaban.com
Fotos: Gail Albert Halaban
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Qué privilegio, meterse en la intimidad de alguien a través de lo que un cristal transparenta. “Las ventanas horadan lo compacto del cemento y, tras ellas, asoma la fragilidad de alguna que otra vida repentinamente descubierta por la fotógrafa”, dice una nota de Diana Fernández Irusta para el periodico La Nación, sobre la artista de la foto Gail Albert Halaban.  Colaboradora de The Guardian, The New York Times y Le Monde, Gail Albert lleva años dedicada a captar ventanas, en especial de París y Nueva York. La acabo de descubrir y me tiene loca. En su sitio web, donde comparte fotos y videos, cita a Baudelaire: “Lo que podemos ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que se percibe tras el vidrio de una ventana”. La cita me hace click: el arte encuadra un cacho de realidad y deja fuera todo el resto.

Suerte de ojo con luz interior (como quería Platón), cada hueco intencional en la pared subraya la tensión entre adentro y afuera. La potencia. Alrededor del siglo XV, el humanista Leon Battista Alberti dijo que la pintura debía ser una ventana abierta el mundo. Desde ahí el mundo echó mano de la curiosidad y el morbo para asomarse a la realidad a través de los cristales del arte. De forma literal, la fotógrafa de Washington penetra esos vidrios y muestra pedacitos de historias.

Me regalo estas imágenes para saborear el día.

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Esos “turgentes y temblones”

Fotos: Waclaw Wantuch www.waclawwantuch.com
Fotos: Waclaw Wantuch http://www.waclawwantuch.com

Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. “Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles“, cantó Tomás Segovia.

Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.

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José “Monero” Hernández: Poner a actuar al Che

Foto: revista Santo y seña
Foto: revista Santo y seña

Aquí, lo que el reconocido ilustrador dijo sobre su nueva locura: dirigir las cámaras para el Che Guevara.

La cámara hace un close-up al cerillo que raspa una superficie y, con la cabeza hecha fuego, enciende un puro. Luego, una mano escribe: “Habana, 1965. Año de la Agricultura. Fidel: Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en México…”. Ok, no es una película, pero podría serlo porque cuenta una historia a partir de atmósferas visuales. Y encuadres fregones. Y movimientos de cámara. Es que al dibujar la novela gráfica Che, una vida revolucionaria, José Hernández desquitó sus años como estudiante de cine. Y sí, el libro parece hecho de celuloide. O parece una cinta que se transmutó en hojas. En cualquier caso, es como si el Che hubiera actuado para Hernández. Faltaba más.

Colaborador de La Jornada y de Proceso, coeditor de El Chamuco y ganador del Premio Nacional de Periodismo en 2001, José tomó como guión el libro canónico y homónimo de Jon Lee Anderson sobre el revolucionario (qué ávido). Por consiguiente, se aventó la puntada de tener como protagonista a un ícono mundial, el San Che, patrono de las revoluciones, que hoy es llavero, taza, camiseta, pluma, llévelo, llévelo. Pero es también el personaje tenebroso que otros denuestan, asesino más que mártir. Del blanco al negro y de regreso, ¿cuál de todos iba a poner a actuar? El camino que el caricaturista planteó, de acuerdo con Jon Lee y con la editorial Sexto Piso, fue el menos fácil: evitar los extremos y presentar a la persona de Ernesto “Che” Guevara, contradicciones incluidas. Así, en la novela figura el hijo de mamá, lo mismo que el guerrillero que ejecuta a un traidor y le requisa su reloj. O sea, el Che actúa de sí mismo. Y convence.

El libro que acaba de publicarse es el volumen 2, Cuba (“Si Star Wars arrancó a la mitad, ¿por qué nosotros no?”, preguntan José y sus ojos brillantes). A fines de este 2016 saldrá el 1, correspondiente a la estancia del guerrillero en México, y en 2017, el relativo a Bolivia, para coincidir con los 50 años de su muerte. En este primer volumen, espléndido en fondo y forma, no me parece que haya duda: el dibujante salió airoso como “director” del debut cinematográfico del Che.

Aquí, lo que dijo en entrevista sobre este trabajo.

DOS RASGOS
Aunque me impresionaba su congruencia, Guevara no era un referente para mí, sobre todo porque fue un convencido de la lucha armada y yo estoy totalmente en contra. Sin embargo, al estudiarlo vi que era íntegro hasta la exageración y lo admiré más. Nunca admitió trato preferencial para sí ni para los suyos. La congruencia fue uno de los rasgos que más me interesó enfatizar de él; el otro fue su idealismo. Sabía que en una revolución se triunfa o se muere y no le causaba conflicto. Luego de una batalla escribió en su diario: “Noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse”. Imagínate.

NO SABÍA DIBUJAR
Una cosa es la caricatura política que hago, poner cabezotas y cuerpecitos, pero otra es hacer algo realista. Cuando trabajé el libro Septiembre. Zona de desastre con Fabrizio Mejía Madrid me di cuenta de que realmente no sabía dibujar. Para este libro tuve que hacer muchos bocetos antes de arrancar y luego, ya metido en el proceso, corregí mucho. Varias veces me amanecí dibujando.

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CONSTRUIR VERACIDAD
Quise presentar la historia de una manera cíclica, tanto narrativa como visualmente, así que el libro arranca cuando el Che sale de México y termina cuando deja Cuba. Me documenté bien, para que cada cosa fuera tanto veraz como verosímil. Leí unos 10 libros sobre el personaje y todas las novelas gráficas que encontré. También vi muchas fotos de él a lo largo de su vida y hasta estudié su caligrafía, para fusilármela cuando le escribe a Fidel. Por otro lado, investigué sobre esa época en la isla: cómo eran las casas, los coches, la ropa.

LABOR DE EDICIÓN
Como quise hablar de una persona, más que de un personaje, al decidir qué incluir equilibré momentos históricamente imprescindibles, con otros que no son tan relevantes pero tienen peso dramático. Por ejemplo, la relación del Che con su mamá era muy cercana y en las novelas gráficas sobre él casi no se aborda. A mí me parece narrativamente fuerte que, en diciembre de 1956, tras un ataque de Batista, los papás del Che leen en el periódico de Buenos Aires que lo mataron. La mamá llama a la redacción y le dicen que la noticia no está confirmada. Llega la noche de Año Nuevo, están tristes, y en eso un anónimo mete bajo la puerta una carta en la que él mismo confirma que está vivo. Me pareció indispensable no dejar fuera esa escena.

MÁS ALLÁ DE LA FOTO DE KORDA
Usando herramientas de cine que aprendí en el CUEC armé secuencias que funcionaran como pequeñas historias. Con ellas busco atrapar al lector, que se pique con la acción. ¿Quién me gustaría que leyera la novela? Ojalá les guste a jóvenes que sólo conocen al personaje por la foto de Korda y sea una puerta para que de ahí pasen, por ejemplo, al libro de Jon. Pero también creo que puede disfrutarla gente que conoce bien la revolución, porque le añade detalles nuevos.

ACCIÓN GRÁFICA
No me gustan las historietas con narrador. Es muy fácil que un texto lo diga todo, pero lo padre es que los hechos se cuenten con imágenes. Por eso, aquí los diarios y cartas del Che son los que complementan los dibujos. También cito de pronto lo que se dijo en un programa de radio, lo que publicó The New York Times o lo que otros personajes opinaron. Me gusta que las páginas tengan poco texto, que la acción se narre gráficamente.

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(Originalmente publicado en la revista Santo y Seña, marzo 2016).

Hacer fiestas con el cuerpo

Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/
Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/

“Lo más importante es este momento en movimiento. Es necesario darle peso, relevancia, hacerlo vital. Evitar que se cuele entre las manos, inadvertido”, dicen que decía Martha Graham. En buena medida, el bailarín hace justo eso: arma una fiesta con brazos y piernas, llena de sentidos el aire, lo carga de intención. Se me antoja recordarlo en estos días, para ir a contracorriente del discurso jodido que condena la corporalidad para priorizar la espiritualidad. No, señores, no somos almas presas en un cuerpo. Somos almas que toman (o no) el privilegio de expresarse a través de un cuerpo, de hacer fiestas cotidianas con él.

Hace tiempo no subía entradas de fotografía. Ahí está este lujo de Allen Birnbach. Provecho.

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Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

#MiércolesDePoesía Cantarle a un hombro

Fotografía: Onésipe Aguado, "Mujer vista de espaldas", 1862. The Metropolitan Museum of Art
Foto: Onésipe Aguado, Mujer vista de espaldas, 1862. The Metropolitan Museum of Art

Esta imagen, tan como si nada, excita la imaginación. Provoca imágenes inconexas, que tratan de explicar el gesto. Quién es la mujer que espaldea al mundo, por qué no el rostro, a cuenta de qué el hombro descubierto, qué ese broche del collar, cómo el orgullo o la vergüenza, dónde los ojos, cuándo el presagio.

El escritor y editor mexicano Luigi Amara se plantó frente a esta foto y le hizo preguntas. Las probables respuestas, como un coro de monólogos, se convirtieron en el libro NU)N(CA, con el que ganó el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía 2014. Cada poema es pleno en sí mismo, pero también integra el ensamble vocal que explora posibilidades y se pierde un rato en ellas. ¿Una geisha? ¿Una mulata? ¿Una viuda? Luego vuelve al centro, para recomenzar. NU)N(CA es un libro redondo, espléndido, una suerte de coro imaginativo e intemporal hecho de murmullos, de acentos. Lo acaba de publicar Sexto Piso y mañana se presenta a las 19:30h en Ayuntamiento 141, Centro, en el D.F. De él tomo este poema delicioso, que da tono al #MiércolesDePoesía.

Como si esa porción fugaz, marciana

de la piel

la hubiéramos entrevisto

a la salida del teatro

o en la cola para subir al metro

y el mundo se hubiera detenido

desde entonces,

dejándonos sin brújula, sin sueño,

sin una idea clara de a dónde

o qué habíamos sido,

con la lengua temblando,

casi mudos,

y sólo importara darle alcance,

perseguir esa visión dorsal,

sonámbulos y abstrusos

—como un Ahab terrestre

tras la ballena blanca

de aquel hombro.

 

Tendencias visuales 2015 que te conviene conocer

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Para competir en el supersaturado mundo digital es necesario tener en cuenta varios imperativos. Primero, asegúrate de que las fotos que compartes sean coherentes contigo, con tu marca personal o profesional y motiven a la interacción: que tu comunidad quiera darles “Me gusta”, opinar, compartirlas. Luego, optimiza tus contenidos para las diferentes plataformas y dispositivos. Ok, probablemente ya estás haciendo ambas cosas.

Lo tercero, y que quizá se te ha escapado, es conocer las tendencias visuales para usarlas a tu favor. De otro modo es fácil que las imágenes de tus artículos y posts se pierdan entre los millones de millones que a diario saturan la web. Claro, es imposible que por tu cuenta te mantengas al día de lo que va cobrando relevancia. No te preocupes. Aquí está la solución.

El gigante Getty Images tiene un departamento que se dedica a revisar cuantitativa y cualitativamente los blogs más exitosos, las series y películas que rompen récords, los libros mejor vendidos, los artículos más compartidos por correo, los Hashtags que se vuelven Trending Topics, además de programas de TV, exhibiciones de arte y videos en línea. “Analizamos todo lo que genera ruido”, dice textualmente Pam Grossman, Directora de tendencias visuales de la empresa. “Construimos historias con los temas que se repiten y encontramos patrones: al unir los puntos, dejamos que la historia se muestre”. ¿Cómo te puede servir esto? Por un lado, pone en tu radar tendencias globales que hoy en día inquietan, interesan, llaman la atención, lo que significa que te conviene considerarlos cuando subas fotos, cuando escojas imágenes y temas de los cuales escribir. Por otro lado, también puedes tomarlos en cuenta en relación con paletas de color y otros elementos de diseño. O, al menos, te conviene monitorear qué pasa con esas tendencias mundiales y ver si en algún momento te hace sentido incorporarlas a tu comunicación. He aquí dos de ellas:

Wonderlust

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Dicho de manera fácil, se trata de imágenes de la naturaleza que comunican fascinación por lo bello y lo impredecible, sed de viajar, incluso una necesidad de escapar, de rozar la espiritualidad. Piensa por un segundo en Instagram. ¿Has notado las muchas interacciones que genera la foto de un paisaje impresionante? ¿De un mar embravecido? ¿Del atardecer en un país exótico? Suelen ser muy exitosas las imágenes que literalmente te hacen sentir que estás ahí, que compartes la experiencia. En Getty lo explican así: “No sólo queremos ver y hacer más, sino también ser más”. Y los números lo avalan. La compra de fotos que caen en esta categoría ha crecido 30% en los últimos cinco años. Si quieres ver otro ejemplo, asómate a la cuenta de Instagram de la cámara GoPro. Es un derroche fotos espectaculares tomadas por los usuarios y curadas por la marca, la mayor parte de las cuales son de paisajes que casi dejan sin aliento.

Feminismo masculino 

En los últimos años se ha acelerado en el mundo el cambio de paradigma sobre el tema del género, es decir, qué nos define como hombres y como mujeres, qué es normal y aceptable para unas y otros. Esa revolución también se muestra en la representación visual de ambos géneros. En los últimos años, la redefinición de la masculinidad se manifiesta en un número creciente de imágenes de hombres en el rol de padres dedicados, de parejas amorosas y sensibles.

En Getty han llamado a esta tendencia Feminismo masculino, porque en el fondo se trata de que los hombres respaldan la equidad de género. Por ejemplo, Dove presentó en el pasado Superbowl este anuncio prácticamente sin texto, armado a partir de instantes que cuentan historias de paternidad y que cierra con la pregunta: ¿Qué hace fuerte a un hombre? La respuesta es “Mostrar que le importa” (Showing that he cares), en un afortunado juego de palabras entre el nombre de la línea Men+Care y el verbo to care: importar, interesarse por.

En México, Buchanan’s lanzó en mayo este anuncio que también destaca el rol de padre:

Por supuesto, no quiero decir que estas tendencias necesariamente funcionen para tu marca. De lo que sí estoy segura es de que te conviene estar alerta de las nuevas olas que vienen formándose, para que tengas oportunidad de subirte a ellas si lo decides.

(Originalmente publicado en el sitio web Sinapzis.com)

#MiércolesDePoesía Voy a amarte por la duda

Foto: Rob Lang www.roblang.com
Foto: Rob Lang http://www.roblang.com

Hoy, un poema de Xavier Villaurrutia se convierte en bandera de noches de insomnio.

Muchas veces, el arco que va del coqueteo al éxtasis suicida incluye un rosario de recelos, de pálpitos, de inseguridades, de soponcios. Eso lo dijo como nadie Xavier Villaurrutia (1903-1950), uno de los máximos autores en lengua hispana. Su portentoso “Deseo” puede ser bandera en más de una noche de insomnio de quien deletrea su amor “por la angustia y por la duda”. Y aún así no puede evitarlo.

Para acompañar el poema van dos regalos sensoriales: 1. La impecable imagen que ilustra esta entrada es un guiño al poeta, quien la hubiera disfrutado tanto como yo. 2. Dejo por aquí el mismo poema de Villaurrutia en la musicalización de Jaime López, cantada por Maru Enríquez y con una intervención de Jaime. Me encanta ese lamento hondo que se lleva al carajo el verso final, como corresponde. Ahora sí, buen #MiércolesDePoesía.

Da click en el enlace para oír la canción

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.

Y, más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.

-Xavier Villaurrutia, “Deseo”, Canto a la primavera y otros poemas, en Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro, FCE/ SEP.

Cinco cosas que sólo entiendes si has ido a Colombia

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Estas cinco cosas te van a sonar solamente si has visitado ese país delicioso. 

Acabo de estar en Bogotá, la ciudad a cuya “llovizna inclemente ” se refirió García Márquez y que hoy es una urbe vital, intensa, llena de cultura, de arte y moda. Y de colombianos(as), claro, que son su mayor atractivo. Aquí, cinco cosas que únicamente puedes entender si has estado ahí.

  1. Necesitas replantearte las fórmulas de cortesía. El asunto es que mientras en México usamos el usted como un pronombre de distancia y respeto, allá es justo lo contrario: implica cercanía, afecto, complicidad, de modo que los mejores amigos y los novios se tratan de usted. Cosa más linda.

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2. Pagar 100 mil pesos por una comida no es tan grave. El tipo de cambio del peso colombiano es muy desventajoso frente al dólar, de modo que si sacas tu teléfono iPhone y haces la conversión, resulta que esa cantidad estratosférica en realidad corresponde a 33 dólares, más o menos.

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3. “Llover todo el día” puede ser, sí, algo literal. Amanece gris y llueve. Sale el sol. A la una de la tarde llovizna. El sol ya no sale pero la calle se empieza a secar. A las seis llueve de nuevo, por qué no. Y, con suerte, en la noche vuelta a empezar. La primera vez que vine a Colombia le pregunté a un taxista por el clima y lo describió puntualmente: “No se me preocupe. Aquí llueve dos o tres veces… al día”.

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4. Sus modismos son geniales, pero a veces no entiendes nada. No cuesta ningún trabajo descifrar “ella tiene suin (swing)”,  “le traigo los fríjoles”  o “se me hizo tarde porque me embrollé“. Pero qué tal cuando alguien dice “¡qué vaina!”,eso es una verraquera/ me parece bacano” o “amanecí con un tremendo guayabo y tengo que trastear”. Respectivamente quieren decir: ¡qué lata!, eso es genial/ buenísimo, amanecí con cruda y tengo que hacer la mudanza.

Captura de pantalla 2015-08-17 a las 20.14.175. El emblemático Andrés Carne de Res, en Chía, es indefinible. Es un restaurante… bueno, pero tiene pista de baile… y además es bar. Ok, todo al mismo tiempo. Mezcla de Disneylandia para adultos y templo kitsch tremendamente disfrutable, es el sitio al que los bogotanos van a rumbear y donde también caen los turistas. Donde celebran las familias con niños, pero también el que escogen los amigotes para una despedida de soltero. Y todos son felices. Sí, es difícil de explicar y sólo si has estado ahí sabes a qué me refiero.

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Reitero lo que escribí hace un tiempo: el riesgo de visitar Colombia es que seguro te quieres quedar en ese suelo de gente entrañable, divertida, que va dejando huellas de sol por donde va.

Hacer fotografías con la propia historia (Galería de imágenes)

Fotografías: Flo Fox http://www.flofox.com
Fotografías: Flo Fox
http://www.flofox.com

“You don’t make a photograph just with a camera. You bring
to the act of photography all the pictures you have seen,
the books you have read, the music you have heard,
the people you have loved”.
-Ansel Adams

Da click aquí para ver un video sobre Flo Fox

Por casualidad me encontré en Internet esta historia, de una fotógrafa espontánea de Nueva York. Se llama Flo Fox. Nació ciega de un ojo, cerca de los 30 años comenzó a ver borroso con el otro y pronto fue diagnosticada con esclerosis múltiple, enfermedad que la tiene en silla de ruedas. Además, padece cáncer de pulmón. Lo increíble es que cuando tenía 26 años se compró una cámara fotográfica y hoy, 40 años después, sigue trayéndola consigo a diario, para captar lo que encuentra a su paso en la ciudad. Desde 1999 sufre parálisis de las extremidades, pero su ojo sigue viendo encuadres y escenas, de modo que da instrucciones a quien la cuida para que tome las fotos. Su trabajo forma parte de la colección permanente del Museo Smithsonian, entre otros, y ha sido expuesto en varios países.

Sus imágenes me encantan por poderosas, por exactas y cargadas de humor, porque hay una historia detrás del lente. Es puro Storytelling. Si esto no es pasión por vivir, no sé qué es.
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El haikú que hoy más me gusta

Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez

Con esta vista del mar de Los Cabos, en el estado mexicano de Baja California, me lleno los ojos y me los tallo para dejarla ahí incrustada, para que ya no se salga. Y mientras lo consigo repito el mantra-haikú de José Juan Tablada porque sí, parece que el mar se rompe, pero no:

Al golpe del oro solar
estalla en astillas el vidrio del mar.

Crónica de las primeras horas en el mundo maya

Foto: Julia Santibáñez El juego de luces y sombras entre el interior y la terraza.
Foto: Julia Santibáñez El juego de luces y sombras entre el interior y la terraza.
Hacienda Santa Rosa, Península de Yucatán. 3 p.m.
“Yo me quito de aquí” quiere decir “Me voy”, y “bulto” significa “bolso de mano”. Esto lo aprendo mientras como un soberbio panucho de cochinita pibil (carne de cerdo preparada con adobo) y un pescado con achiote (adobo tradicional), acompañado de arroz con chaya (especie de espinaca local). Para rematar, una crepa de papaya en dulce acompañada de queso suizo. Son platillos típicos de la cocina de Yucatán, este estado del sureste mexicano que parece otro país, por cierto bellísimo y riquísimo.
Estoy en la Hacienda Santa Rosa, a una hora de camino desde Mérida, capital del estado. Vine unos días invitada por el hotel junto con otros medios para conocer el destino y noto que los anfitriones se ven decididos a que me enamore del lugar. No creo que sea difícil: la hacienda es de 1901 y produjo henequén hasta 1950, cuando el nylon invadió el mercado. En la década de 1990 fue restaurada y acondicionada como hotel boutique. Está envidiablemente en medio de una nada deliciosa, mi cuarto tiene alberca privada y todas las comodidades que uno pueda desear. Además, hace años que yo no venía a Yucatán, tierra imantada de tradición maya desde antes de la Conquista. Pienso que voy a ser muy feliz aquí.
En un momento libre leo un par de páginas de El interior (Ediciones Malpaso), crónica de Martín Caparrós que traje al viaje. Me encuentro esto: “Siempre recuerdo lo que me dijo aquel viejo en Mandalay: que la diferencia entre un turista y un viajero es que el turista no sabe de dónde viene y el viajero no sabe adónde va”. Lástima que en general sé adónde voy. Me encantaría perderme por aquí.
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Una de las albercas del hotel.
Salbutes de pollo (izq.) y panuchos de cochinita pibil (der.)
Salbutes de pollo (izq.) y panuchos de cochinita pibil (der.)
Lectura en la hamaca de la terraza del cuarto.
Lectura en la hamaca de la terraza del cuarto.

Escribir el mundo con luces y sombras

Fotos: Sebastiao Salgado
Fotos: Sebastião Salgado

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado es captado por la cámara del cineasta alemán Wim Wenders y, al mismo tiempo, Salgado fotografía a Wenders. Ese ir y venir de miradas me parece uno de los momentos más simples pero poderosos de La sal de la tierra, documental sobre los 40 años de trabajo de Salgado, realizado por Wenders y por Juliano Ribeiro Salgado, hijo del artista. Premiado en Cannes, abarca desde su temprana juventud como economista y su primer proyecto fotográfico, Otras Américas (1977), hasta el más reciente: Génesis (2004-2014).

De una increíble belleza visual, la película se arma con fotos y más fotos, además de escenas testimoniales del trabajo de campo detrás de muchas, entre ellas las que ilustran esta entrada. El argumento es sencillo: el artista habla a la cámara mientras va narrando los distintos momentos de su obra y las emociones que lo han acompañado a través de años de viajar por todo el mundo. Por un lado revela lo contagioso que es el odio, el animal feroz que es el ser humano y la conclusión inescapable “Nadie merece vivir”, mientras por otro es una celebración de la belleza del planeta, en cuyo fondo se oye la voz del artista que dice: “Soy tan parte de la naturaleza como el oso o el árbol caído”. Así, en blanco y negro (tanto literal como metafóricamente hablando) La sal de la tierra toca mente y emociones sin dar concesión. Fui con mi adolescenta a ver el documental y me emocionó que saliera tan tocada por el poder de la imagen, tanto, que quiere empezar a tomar fotos “en serio”. Y es que el hecho de que alguien sea capaz de escribir el mundo con luces y sombras, como Salgado define el trabajo del fotógrafo, me parece brutalmente hermoso.

Da click aquí para ver dos tráilers del documental:

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Muestrario de páginas en blanco

Fotos: Anacleta Palmer http://anacletapalmer.blogspot.mx
Fotos: Anacleta Palmer
http://anacletapalmer.blogspot.mx

Tenía tiempo de no pasar por la espléndida revista de fotografía online mambomag.com. Siempre que lo hago encuentro algo hermoso que traer a casa, para abrazarlo y hacerlo mío. Esta vez es el trabajo de la española Anacleta Palmer, artista residente en Chile. Fotógrafa en la mano derecha y diseñadora en la izquierda, combina ambas para crear la serie De cuerpo ausente. Se trata de imágenes descontextualizadas en torno al tema de la ausencia, del no-cuerpo, trabajadas con luz natural y sí, manipuladas para proponer “[…] un tesoro de lagunas y ausencias,/ un muestrario completo de páginas en blanco” (versos que tomo prestados del poema “Cosas que no tendremos” de la española Josefa Parra). Me encanta.

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No hacemos el amor igual (ni leemos igual)

Fotos: Álvaro Alejandro
Fotos: Álvaro Alejandro

“Sabemos que en un rincón secreto de la biblioteca nos espera el libro verdadero, escrito sólo para cada uno de nosotros”, dice Alberto Manguel en Para cada tiempo hay un libro, el espléndido título que recientemente publicó Sexto Piso. Subrayé el pasaje porque como adicta a la lectura tengo más de un libro que es MÍO, no sólo en el sentido de que lleva mi nombre sino que fue escrito para mí nada más. Así de necio es el sentido de pertenencia que generan algunas líneas. Supongo que quien no es lector desaforado pensará que es una estupidez, me da igual.

Nacido en Buenos Aires, Manguel ha escrito varios volúmenes sobre el placer de leer, lo emocionante de meterse en otra piel, lo único de sentirse uno mismo personaje de ficción. Este título va en la misma línea: es una compilación de 12 textos breves sobre la lectura. Incluye experiencias, reflexiones, anécdotas de escritores y lectores, como ésta: “En el siglo V a.C., el joven Alcibíades, visitando un lejano pueblo durante sus periplos en las colonias griegas, dio un puñetazo en la nariz a un maestro en cuya escuela no encontró ni un solo ejemplar de Homero, porque juzgó que el hombre había faltado a su deber intelectual”. Qué joya. Y luego están las preciosas fotografías del mexicano Álvaro Alejandro, que dialogan con los textos. En ellas, el libro es cerradura por la cual asomarse, la casa que el caracol lleva a cuestas, el cebo de una ratonera, la sopa que se lleva uno a la boca. Las fotos son creativas pero no sólo: también dicen cosas, construyen realidades en torno a la experiencia lectora.

Total, que Para cada tiempo hay un libro se saborea. Ahí va otro subrayado: “Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de la lectura, sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera”. Y sí, pocos actos tan netamente individuales y con tan clara huella digital como hacer el amor y leer.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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Darle “Restart” a la vida 

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Las nubes, el sabio Tepozteco, mi cuaderno de poesía sobre las piernas, mi hija dormida con cara de paz y la certeza de que necesito ser congruente conmigo misma me dan fuerza para recomenzar. Aunque no se vea fácil.

Tapiz oaxaqueño con sonidos y sabores

Fila superioro: collar diseñado por el artista Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central; fila media: mujeres vendiendo chapulines asados en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca; fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole (especie de salsa hecha de aguacate/palta y chile), tamal de mole con pollo, mezcal que se acompaña de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana

Recién llegada del estado de Oaxaca, al sur de México, traigo los ojos llenos de paisajes, el cuerpo impregnado de sabores y olores. Es difícil encontrar palabras para hablar de la riqueza artística y gastronómica de esta tierra, sus tradiciones de siglos, el sincretismo de fuerte sabor indígena (sobre todo zapoteco y mixteco), presencia mestiza y también una creciente población extranjera fascinada por sus aires y su gente. La imagen que más se acerca es la de un tapiz, como éste que intenté hacer porque me parece más justo dejar hablar a las fotos, que espero reflejen en algo la locura deliciosa de pasear por ese suelo. Aquí, la breve explicación del tapiz superior.

Fila superior: collar diseñado por el artista istmeño Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central.

Fila media: mujeres vendiendo chapulines en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca desde la zona arqueológica de Dainzú.

Fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole y chapulines fritos, tamal de mole con pollo, mezcal que se bebe acompañado de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana.

Y aquí, la del tapiz de abajo.

Fila superior: una de las cientos de cactáceas de la zona; familiares y amigos de un difunto van a visitar su tumba a los nueve días de su muerte, para llevarle flores, brindar y comer “con él”; descomunal muñeca tehuana que anuncia una tienda.

Fila media: tapetes de lana en Teotitlán del Valle; tienda de artesanías donde los molinillos de chocolate vencen la gravedad; cruz hecha con “milagritos” que se le ponen a los santos para agradecer sus favores.

Fila inferior: vista desde San Agustín Etla.

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42 kilómetros en bici por la Oaxaca más entrañable 

Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú
Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú

Recorrer tal distancia por pueblos y brechas de Oaxaca se dice fácil. Hoy hice ese trayecto y sin decir que estuvo de muerte, sí reconozco que fue pesado, pero la experiencia lo valió por completo. Así lo viví.

Guiados por Pablo, amable y emprendedor oaxaqueño que ha encontrado en las bicicletas una forma de ganar dinero y además promover la cultura local, los turistas que contratamos el tour salimos del pueblo San Jerónimo Tlacochahuaya, a unos 20 minutos de la capital. Éramos Danielle y Yogun, pareja de holandeses, quien más me quiere y yo, acompañados también por Ellen, holandesa que se volvió loca por Oaxaca (y por un oaxaqueño) y vive aquí hace años. La cita fue a las 8:30 am. Primero hicimos una media hora de camino a la zona arqueológica de Dainzú, pequeña pero con una vista impresionante del valle. Luego pedaleamos hora y media por el campo, hasta el pueblo Teotitlán del Valle, famoso por sus tapetes de lana. Ahí nos recibió en su casa la señora Josefina, quien nos dio de desayunar memelas (tortillas recién hechas en comal de leña, con queso, frijoles, lechuga, grasa de cerdo y salsa) y quesadillas de quesillo con epazote, más pan del pueblo acompañado de atole (bebida caliente hecha de maíz). Delicioso de verdad, además de vigorizante.

Después doña Josefina, en un español impecable aunque su lengua es el zapoteco, nos mostró junto con su mamá, doña Hermelinda, el largo proceso de hacer tapetes de lana, negocio de la familia. Limpian la lana, la lavan, la cardan y la hacen hilo, mismo que luego pintan con tintes naturales obtenidos de insectos (grana cochinilla), frutos fermentados (granada y zapote negro), flores (cempasúchitl) y semillas (nueces fermentadas). Toda una clase de química intuitiva aplicada a los textiles. Increíble la creatividad y el duro trabajo que implica. Y luego don Porfirio, esposo de Josefina, nos enseñó cómo tejen los tapetes en el telar, en un proceso en el que para hacer un tapete mediano puede invertir dos semanas. Y todo ello para recibir unos 600 pesos (48 dólares americanos). Tremenda lección de humildad para los turistas que al ver artesanía de inmediato sentimos la tentación de regatear. Ahí compramos tapetes, morrales, mantas de lana. Luego retomamos las bicis, bajo un sol tremendo, y otras dos horas en bici nos llevaron a Tlacolula, donde visitamos el mercado local, con su caos fantástico de colores y olores. Comimos mangos, queso, chapulines y pan del pueblo, para luego visitar la iglesia barroca, cuya cúpula espectacular recuerda la de Santo Domingo, en la capital. Entonces nos despedimos y regresamos en taxi a la ciudad de Oaxaca al filo de las 3 de la tarde.

Mientras escribo esto, con las piernas cansadas y mucho sol en la piel, sigo fascinada de haber conocido un poco más de este México profundo que no sale en televisión, pero que es el que más orgullo me da. Por gente trabajadora y de ojos limpios como Pablo, Josefina, Hermelinda, Porfirio y sus hijas estoy enamorada de este país.

Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
El menú: memelas hechas al momento y pan dulce del pueblo.
Doña Josefina y su mamá, doña Hermelinda (quien sólo habla zapoteco), emplean la rueca para hacer el hilo de lana.
Doña Josefina muele el insecto grana cochinilla para obtener el tinte rojo, como desde hace siglos en México.

 

Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Puesto de chile de agua en el mercado de Tlacolula
Transporte de mercancías en equilibrio en el mercado de Tlacolula
Una vendedora transporta sus mercancías a la manera tradicional en el mercado de Tlacolula.
Cúpula barroca de la iglesia de Tlacolula
La bellísima cúpula  barroca de la iglesia de Tlacolula recuerda la de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca.

 

Entregarse a un duro placer

 

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Fotos: Henri Cartier-Bresson http://www.magnumphotos.com

Leo que Henri Cartier-Bresson llega a México. Bueno, no él, sino su obra, que es lo más él de él: para coincidir con los 80 años de su primera visita a México, una exposición que reúne su trabajo acaba de inaugurarse en Bellas Artes.

Me fascinan sus imágenes en blanco y negro, que dibujan momentos a partir de la intuición. Uno de los fotógrafos más notables del siglo XX, llamado “el ojo del siglo” y padre del fotorreportaje según algunos, Cartier-Bresson decía que la autenticidad es la mayor virtud de un fotógrafo. Por ello se oponía a usar flash y a arreglar la escena o a los modelos: “Siempre espero obtener la foto de la cual digan: ‘Eso es verdad. Ha sabido verlo'”. En otro momento casi anticipó la explosión de la imagen a partir de los smartphones: “Cualquiera puede hacer fotos. Justamente porque nuestro oficio está abierto a todo el mundo continúa siendo, pese a su fascinante facilidad, extremadamente difícil”. Sus palabras me hacen sentido: aunque cada día se suben 200 millones de fotos a Facebook, la mayoría se pierde en el lugar común y la obviedad. Otro día, hablando sobre el futuro de la fotografía, dijo: “Mientras los seres humanos sigan viviendo y sigan existiendo problemas verdaderos, vitales, importantes, y alguien tenga ganas de expresarlos con simplicidad, con sinceridad, con alegría y sentido del humor, habrá un lugar para los fotógrafos, igual que para los poetas y los novelistas”.

El librito del que recupero estas citas incluye 12 entrevistas que el artista concedió a distintos medios. Publicado en 2014 por la editorial catalana Gustavo Gili y disponible en México, se llama Henri Cartier-Bresson, Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998. En él se describe como “un maniático”, profundamente obsesionado por captar la vida sin retocarla. Aunque tiene muchos fragmentos deliciosos, me quedo con éste: “Uno de mis amigos me dijo: ‘En el fondo, tú no trabajas, tú te entregas a un duro placer'”. No sé si haya mejor manera de definir la pasión por lo que uno hace.

Aquí abajo, una pequeña muestra de su obra.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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“Me lo explicas con las manos”: Ruy Sánchez

Foto: Jaime Ibarra
Foto: Jaime Ibarra http://www.ibarraphoto.com

Otro #MiércolesDePoesía se nos entrega, para cubrirlo de versos necesarios. Esta vez el protagonista es Alberto Ruy Sánchez, poeta, narrador, ensayista y, junto con su esposa Margarita de Orellana, director de la casa editorial que publica Artes de México, referente absoluto de la cultura nacional. También, amable a morir, es mi amigo. Este pasaje de En los labios del agua (Alfaguara) saluda como novela pero tiene alma de poesía narrativa. Segunda entrega del ciclo ubicado en el puerto de Mogador, Marruecos, persigue las huellas del deseo. Aquí está, porque lo dice mejor que nadie:

“La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable.*

Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable”.

Fiesta erótica en blanco y negro

Fotos: www.waclawwantuch.com
Fotos: http://www.waclawwantuch.com

“Tu desnudez expuesta/ entera/ como el pan en la mesa”, escribía el poeta boliviano Eduardo Mitre. Así también los cuerpos que fotografía el polaco Waclaw Wantuch, en una fiesta erótica que, por paladear, olvida el lenguaje. Con estos versos e imágenes el #MiércolesDePoesía se hace presente.

 

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Adelantarse a ser árbol

 

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He dicho antes (creo) que en otra vida espero convertirme en árbol. Me gustan, admiro su solidez y su capacidad de adaptación, sus ganas de vivir, la virtud de mirar siempre hacia arriba. Adoro su corteza inamovible, bajo la cual late calladamente la savia. Quiero pensar que un día compartiré esas cualidades. De momento, con esta foto me queda claro que alguien tuvo la idea antes que yo.

La ingenuidad de escribir lo que pienso

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Quien más me quiere y yo caminamos por las calles coloniales de la ciudad de Guanajuato, en el estado mexicano del mismo nombre. Como estamos de vacaciones en cuerpo y alma, no tenemos rumbo fijo. Nos lleva la inercia de los pasos. Al igual que muchos destinos turísticos, Guanajuato está llena de contrastes. Es una ciudad hermosa, rebosante de historia y de cultura, aunque también de autos y turistas, como nosotros mismos. En cualquier caso, se disfruta en cada piedra.

De pronto, en el parque central, vemos a dos chicos muy jóvenes con un cartel que lanza esta pregunta: “Soy emo, y que?” (sic). Los “emos” son una tribu urbana, derivada del punk, que hace pocos años surgió en México. De postura pesimista, entre los rasgos que los caracterizan están los piercings, la ropa negra y el cabello que cubre los ojos. Pues eso: “Soy emo, y que?”, dicen. No sé qué respuesta esperan, así que mientras pienso les pido permiso de tomarles una foto. Algo dudosos, ni niegan ni aceptan. Lo hago. Parece darles lo mismo. Les preguntamos qué buscan comunicar con el cartel y contestan que la gente los agrede con frecuencia, que algunos incluso les dicen que ojalá se mueran, aunque aquí en el parque la única reacción que parecen despertar es indiferencia. “Queremos que nos respeten. Sólo eso”. Me parece una petición justa, pero creo que más bien es uno de esos gritos de identidad que todos damos de diversas maneras para que nos identifiquen con el grupo social al que queremos pertenecer pero, sobre todo, para oírnos a nosotros mismos siendo “parte de algo mayor”. La diferencia es que lo que piensan, ellos lo ponen por escrito en un gesto naïve. Quizá es la misma ingenuidad que yo misma uso al escribir lo que pienso. No somos tan distintos.