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La imagen es, en mi caso, primera fuente de inquietud. De inspiración, vaya.

Mi cuerpo, esa mercancía obsoleta

Foto: Didac Martínez http://mambomag.com/fabrica-de-ilusiones/
Foto: Didac Martínez http://mambomag.com/fabrica-de-ilusiones/

Por casualidad (¿hay algo que no lo sea?) me encuentro en la red estas imágenes de Didac Martínez, fotógrafo español. Y me inquietan.

Llevo meses pensando el cuerpo, el mío, la lucha contra el tiempo, las obsesiones de belleza que lo abrazan. Los deberes que lo constriñen.

Lo que implican dietas, maquillajes, tintes, decoloración, depilación, botox, cirugías: afanes sinfín para “pulirlo”.

Mi cuerpo como materia prima, el inmediato medio de expresión.

La obsolescencia de la mercancía llamada mi cuerpo, hecha de piezas intercambiables.

La más marcada por expectativas culturales y, al mismo tiempo, la más personal.

Las fotos de Martínez me regresan a esos temas. ¿En qué momento el cuerpo, el mío, el tuyo, se volvió escenario de incontables luchas? ¿Adjetivo, en vez de sustantivo? ¿Cuándo dejó de ser fiesta para convertirse en deber ser? ¿Es distinto de estas imágenes, concebidas a partir de ideales? ¿Arcilla moldeable para complacer a qué dios inquisidor?

Aquí me quedo, pensando, nomás pensando.

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Desnudez para saborear el sábado

www.billbrandt.com
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“El deseo imperecedero que crece de manera transparente me brinda un atisbo de la eternidad”, dice el protagonista del libro El novelista miope, del mexicano José Gordon.

Es un buen acompañamiento para estas fotos de desnudos del británico Bill Brandt, que fragmentan el cuerpo y subrayan la belleza de cada territorio, eterno en su fragilidad.

Me encantan como para saborear el sábado.

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Aquí la razón de por qué amo las ventanas

Fotos: Gail Albert Halaban www.gailalberthalaban.com
Fotos: Gail Albert Halaban
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Qué privilegio, meterse en la intimidad de alguien a través de lo que un cristal transparenta. “Las ventanas horadan lo compacto del cemento y, tras ellas, asoma la fragilidad de alguna que otra vida repentinamente descubierta por la fotógrafa”, dice una nota de Diana Fernández Irusta para el periodico La Nación, sobre la artista de la foto Gail Albert Halaban.  Colaboradora de The Guardian, The New York Times y Le Monde, Gail Albert lleva años dedicada a captar ventanas, en especial de París y Nueva York. La acabo de descubrir y me tiene loca. En su sitio web, donde comparte fotos y videos, cita a Baudelaire: “Lo que podemos ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que se percibe tras el vidrio de una ventana”. La cita me hace click: el arte encuadra un cacho de realidad y deja fuera todo el resto.

Suerte de ojo con luz interior (como quería Platón), cada hueco intencional en la pared subraya la tensión entre adentro y afuera. La potencia. Alrededor del siglo XV, el humanista Leon Battista Alberti dijo que la pintura debía ser una ventana abierta el mundo. Desde ahí el mundo echó mano de la curiosidad y el morbo para asomarse a la realidad a través de los cristales del arte. De forma literal, la fotógrafa de Washington penetra esos vidrios y muestra pedacitos de historias.

Me regalo estas imágenes para saborear el día.

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Esos “turgentes y temblones”

Fotos: Waclaw Wantuch www.waclawwantuch.com
Fotos: Waclaw Wantuch http://www.waclawwantuch.com

Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. “Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles“, cantó Tomás Segovia.

Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.

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José “Monero” Hernández: Poner a actuar al Che

Foto: revista Santo y seña
Foto: revista Santo y seña

Aquí, lo que el reconocido ilustrador dijo sobre su nueva locura: dirigir las cámaras para el Che Guevara.

La cámara hace un close-up al cerillo que raspa una superficie y, con la cabeza hecha fuego, enciende un puro. Luego, una mano escribe: “Habana, 1965. Año de la Agricultura. Fidel: Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en México…”. Ok, no es una película, pero podría serlo porque cuenta una historia a partir de atmósferas visuales. Y encuadres fregones. Y movimientos de cámara. Es que al dibujar la novela gráfica Che, una vida revolucionaria, José Hernández desquitó sus años como estudiante de cine. Y sí, el libro parece hecho de celuloide. O parece una cinta que se transmutó en hojas. En cualquier caso, es como si el Che hubiera actuado para Hernández. Faltaba más.

Colaborador de La Jornada y de Proceso, coeditor de El Chamuco y ganador del Premio Nacional de Periodismo en 2001, José tomó como guión el libro canónico y homónimo de Jon Lee Anderson sobre el revolucionario (qué ávido). Por consiguiente, se aventó la puntada de tener como protagonista a un ícono mundial, el San Che, patrono de las revoluciones, que hoy es llavero, taza, camiseta, pluma, llévelo, llévelo. Pero es también el personaje tenebroso que otros denuestan, asesino más que mártir. Del blanco al negro y de regreso, ¿cuál de todos iba a poner a actuar? El camino que el caricaturista planteó, de acuerdo con Jon Lee y con la editorial Sexto Piso, fue el menos fácil: evitar los extremos y presentar a la persona de Ernesto “Che” Guevara, contradicciones incluidas. Así, en la novela figura el hijo de mamá, lo mismo que el guerrillero que ejecuta a un traidor y le requisa su reloj. O sea, el Che actúa de sí mismo. Y convence.

El libro que acaba de publicarse es el volumen 2, Cuba (“Si Star Wars arrancó a la mitad, ¿por qué nosotros no?”, preguntan José y sus ojos brillantes). A fines de este 2016 saldrá el 1, correspondiente a la estancia del guerrillero en México, y en 2017, el relativo a Bolivia, para coincidir con los 50 años de su muerte. En este primer volumen, espléndido en fondo y forma, no me parece que haya duda: el dibujante salió airoso como “director” del debut cinematográfico del Che.

Aquí, lo que dijo en entrevista sobre este trabajo.

DOS RASGOS
Aunque me impresionaba su congruencia, Guevara no era un referente para mí, sobre todo porque fue un convencido de la lucha armada y yo estoy totalmente en contra. Sin embargo, al estudiarlo vi que era íntegro hasta la exageración y lo admiré más. Nunca admitió trato preferencial para sí ni para los suyos. La congruencia fue uno de los rasgos que más me interesó enfatizar de él; el otro fue su idealismo. Sabía que en una revolución se triunfa o se muere y no le causaba conflicto. Luego de una batalla escribió en su diario: “Noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse”. Imagínate.

NO SABÍA DIBUJAR
Una cosa es la caricatura política que hago, poner cabezotas y cuerpecitos, pero otra es hacer algo realista. Cuando trabajé el libro Septiembre. Zona de desastre con Fabrizio Mejía Madrid me di cuenta de que realmente no sabía dibujar. Para este libro tuve que hacer muchos bocetos antes de arrancar y luego, ya metido en el proceso, corregí mucho. Varias veces me amanecí dibujando.

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CONSTRUIR VERACIDAD
Quise presentar la historia de una manera cíclica, tanto narrativa como visualmente, así que el libro arranca cuando el Che sale de México y termina cuando deja Cuba. Me documenté bien, para que cada cosa fuera tanto veraz como verosímil. Leí unos 10 libros sobre el personaje y todas las novelas gráficas que encontré. También vi muchas fotos de él a lo largo de su vida y hasta estudié su caligrafía, para fusilármela cuando le escribe a Fidel. Por otro lado, investigué sobre esa época en la isla: cómo eran las casas, los coches, la ropa.

LABOR DE EDICIÓN
Como quise hablar de una persona, más que de un personaje, al decidir qué incluir equilibré momentos históricamente imprescindibles, con otros que no son tan relevantes pero tienen peso dramático. Por ejemplo, la relación del Che con su mamá era muy cercana y en las novelas gráficas sobre él casi no se aborda. A mí me parece narrativamente fuerte que, en diciembre de 1956, tras un ataque de Batista, los papás del Che leen en el periódico de Buenos Aires que lo mataron. La mamá llama a la redacción y le dicen que la noticia no está confirmada. Llega la noche de Año Nuevo, están tristes, y en eso un anónimo mete bajo la puerta una carta en la que él mismo confirma que está vivo. Me pareció indispensable no dejar fuera esa escena.

MÁS ALLÁ DE LA FOTO DE KORDA
Usando herramientas de cine que aprendí en el CUEC armé secuencias que funcionaran como pequeñas historias. Con ellas busco atrapar al lector, que se pique con la acción. ¿Quién me gustaría que leyera la novela? Ojalá les guste a jóvenes que sólo conocen al personaje por la foto de Korda y sea una puerta para que de ahí pasen, por ejemplo, al libro de Jon. Pero también creo que puede disfrutarla gente que conoce bien la revolución, porque le añade detalles nuevos.

ACCIÓN GRÁFICA
No me gustan las historietas con narrador. Es muy fácil que un texto lo diga todo, pero lo padre es que los hechos se cuenten con imágenes. Por eso, aquí los diarios y cartas del Che son los que complementan los dibujos. También cito de pronto lo que se dijo en un programa de radio, lo que publicó The New York Times o lo que otros personajes opinaron. Me gusta que las páginas tengan poco texto, que la acción se narre gráficamente.

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(Originalmente publicado en la revista Santo y Seña, marzo 2016).

Hacer fiestas con el cuerpo

Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/
Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/

“Lo más importante es este momento en movimiento. Es necesario darle peso, relevancia, hacerlo vital. Evitar que se cuele entre las manos, inadvertido”, dicen que decía Martha Graham. En buena medida, el bailarín hace justo eso: arma una fiesta con brazos y piernas, llena de sentidos el aire, lo carga de intención. Se me antoja recordarlo en estos días, para ir a contracorriente del discurso jodido que condena la corporalidad para priorizar la espiritualidad. No, señores, no somos almas presas en un cuerpo. Somos almas que toman (o no) el privilegio de expresarse a través de un cuerpo, de hacer fiestas cotidianas con él.

Hace tiempo no subía entradas de fotografía. Ahí está este lujo de Allen Birnbach. Provecho.

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Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

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