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#MiércolesDePoesía La tormenta que provoca alguien que pasa por ahí

Imagen: Tanja Babic, Woman in Abstract https://www.saatchiart.com/art/Drawing-Woman-in-Abstract/1029521/3853121/view

Es día de versos. Y no cualquier día de versos. Hoy comparto uno de mis poemas favoritos en la vida, uno de los que mejor captan lo evanescente del deseo, lo brutal de sentirse gobernado por las ganas de conocer a alguien que pasa junto a nosotros, que no se da cuenta de la tempestad que se nos arma por dentro. Es, claro, del chileno Gonzalo Rojas.

Y también es un #MiércolesDePoesía singular, porque con este posteo pongo una pausa temporal a varios años de compartir versos de forma semanal. Sucede que la vida me lleva por nuevos derroteros (me hago las ilusiones de que yo la llevo a ella, ténganme piedad): el asunto es que mi tiempo libre se verá muy reducido. Como me será difícil cumplir con este compromiso de cada semana, prefiero avisarlo desde ya.

Muchas gracias por la lealtad de años: ustedes, lectores y comentadores, son lo mejor de este blog. Seguramente nos volveremos a encontrar por ahí.

Salud. Muchos saludes por ustedes, por Rojas, por los provocantes que andan las calles sin enterarse de nada, por la poesía.

A esa que va pasando ahí

“Religo lo religioso de tus piernas a la sabiduría
alta de respirarte, mi aleteante,
a ti
te lo dice la nariz que soy, mi
cartílago casi,
la costilla que alguna vez, el hueso
que seremos si somos”.

Gonzalo Rojas, “A esa que va pasando ahí”, Las hermosas, Madrid, 1999, Poesía Hiperión, 190

#MiércolesDePoesía Retrato de tu depredador

Es #MiércolesdePoesía y lo inaugura un poema de Javier Sanz, escultor español que se amista con las palabras.

Los versos tratan un tema que me obsesiona y al cual he dedicado no sé cuántos poemas: el tiempo. Es relativo, inasible y carnívoro, terminará por comerte los ojos. Por comer también los míos. Y aunque llevemos siglos tratando de descifrarlo seguimos sin saber dónde vive, en qué esquinas le gusta dar la vuelta.

Como dijo Agustín de Hipona: “Si no me preguntas qué es el tiempo, lo sé. Si me lo preguntas, no lo sé”.

Celoso de mi tiempo

“Cada vez soy más celoso de mi tiempo;
cada vez lo amo más.
No tengo más reino que un pedazo de tiempo;
cuanto menos tiempo me queda,
menos me gusta perderlo.
Paladeo mi tiempo;
paladeo mi veneno”.

#MiércolesDePoesía Dos “cualquiera” encuentran sus nombres. Y los dicen.

Entre las emociones que más asocio con la experiencia amorosa es la que sucede cuando unas letras puestas juntas, de pronto se convierten en eje de mi cosmos individual. Y entonces, con exacta coreografía, todas mis constelaciones se ponen en movimiento en torno a ese nombre. Y lo repito, asombrada. Encuentro que es polo de gravedad, no hay otro que dé sentido a las circunvoluciones.

Este poema lo dice mucho mejor que yo, por eso aquí termino e inauguro el #MiércolesDePoesía con estas líneas de Sandra Pien. No la conozco, no la conocía, pero leí estos versos en la revista Hispamérica (que bien dirige Saúl Sosnowski en Washington) y quise por un rato que fueran míos.

Salud.

Nombre

“Un hombre cualquiera
una mujer cualquiera
se reconocen al instante
tan íntimos tan próximos tan alejados.
En la afonía de un aleteo
ese hombre y esa mujer
se miran
entran al nosotros
cada uno sabe
que el otro también sabe
del rocío de la invocacion
de la emoción del camino
de perder la voz y luego encontrarla
del recuerdo de la palabra no dicha
de la seducción de la memoria de la ausencia
de ese encuentro no esperado
de ese irse del contraluz
en la callada brizna de azar.
En puntas de pie
besando la mañana
no todos se atreven.
Ellos se nombran”.

Sandra Pien, “nombre” en Hispamérica, año XLVI, número 137, 2017

#MiércolesDePoesía Estos versos me los llevo en la maleta

Imagen tomada de Pinterest: https://ar.pinterest.com/pin/62487513558220205/

Gente querida, me les voy a Chicago a participar en el Festival Poesía en Abril. Fui invitada por la revista Contratiempo y la Universidad DePaul para compartir mesa con poetas en cuyos versos he hundido los brazos hasta el codo.

Entre ellos estará el mexicano Homero Aridjis y la puertorriqueña Vanessa Droz, quienes serán homenajeados, y mi cuasipariente, el peruano Roger Santiváñez. Él es el invitado de este #MiércolesDePoesía, con versos de textura y temperatura, que se cortan donde conviene para ampliar el sentido, urdir la polisemia. La niña dibujada en el poema, que marca oleajes en este mediodía, viene conmigo en la maleta.

Nos leemos pronto.

4

“Hi! Me dijo una sirena niña
Echada en su tabla roja deslizán
Dose sonriente on the silk-screen

O trastocada por el refrescante dulzor
Hasta la húmeda arena perfectamente
Impresa tu silueta forma de un racimo ciprés

Nadie como tú para ser dibujada en el poema
Bañada por la verde transparencia recuerdo de
Pamela dejándose la trusa metida en el misterio

Redondo como el mundo en que agonizo
Mirando el pulcro reflejo en tus hombros
Del sol que sin roche te acaricia

Inolvidable sinrazón marcando oleajes
De ternura desasida íntimo deseo
Perdido en la tristeza del ardiente mediodía”.

 

 

#MiércolesDePoesía Decir este “te amo” es una ofensa

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Descubrí a la italiana Patrizia Cavalli gracias a Fabio Morábito, querido amigo poeta y quien la tradujo al español. Sus versos son cerillos: breves y contundentes, iluminan nuevas regiones del cuarto a oscuras en el que estamos de cotidiano.

Este poema pertenece a su libro Yo casi siempre duermo (Antología poética), traducido por Morábito. Tiene filo, es de una crueldad estupenda, como aquello de Borges: uno sabe que está enamorado cuando piensa que cierta persona es única. Por eso puede resultar afrentoso decir “te amo”: hace pensar al otro que uno lo encuentra único.

Con él va un #MiércolesDePoesía de humor oscurito.

“A veces me finjo enamorada:
¡cómo se inflama la vanidad
de mis víctimas! Un rubor oculto,
cierta apostura, muchos agradecimientos,
una evasión honesta: ‘Te lo agradezco,
pero no puedo y además
¿qué es lo que ves en mí?’. Nada,
en efecto, más que un cuello algo gastado,
cierta curva de los labios o una saliva
por un segundo olvidada entre las comisuras
de la boca y reabsorbida en el acto”.

 

#MiércolesDePoesía Esos jazmines que llevas por dentro

https://www.istockphoto.com/es/vector/flores-patr%C3%B3n-continuo-con-jazm%C3%ADn-flores-vector-de-fondo-blanco-gm517300174-89420309

Es de nuevo día de versos. Hoy la invitada es la poeta mexicana Mariana Bernárdez, con un texto de su nuevo libro Aliento, porque con frecuencia los amores son azores (aves de rapiña), con frecuencia son ventolera entre las manos, pero con más frecuancia huelen a jazmines.

Sea el #MiércolesDePoesía.

“EL SOL Y SU TREMOLAR
arropado en pájaro
deja su azor
por los siglos y los lienzos.

La troza.dura
hace cala en pozas de cristal
y a veces atisbo
la geografía de sus lirios

En asombro me dices
que se me ha enredado
en las manos
la ventolera

Y espoleada respondo
que huele a jazmín tu pecho”.

Mariana Bernárdez, Aliento, La Cabra Ediciones/Secretaría de Cultura

Me voy cantando quedito aquella canción de Chabuca Granda: “jazmines en el pelo / y rosas en la cara / airosa caminaba / la Flor de la Canela”.

#MiércolesDePoesía El recelo que Dios puede generar

Imagen de Juan Yanes
https://eloscuroborde.wordpress.com/category/abstracto/

Con Dios se puede tener una amistad o una relación tensa, difícil. El segundo es mi caso: luego de unos ocho años de fe desbordada llevo muchos más años de distancia, recelo.

En los días “santos” suelo recordarlo y casi siempre me viene a la mente este soneto de la mexicana Concha Urquiza (1910-1943). Está tejido en voz del personaje bíblico de Job a quien, según la Biblia, el Creador dejó en manos del Demonio para que este probara su fe dándole enfermedad, muerte de sus hijos, pobreza y desgracias. En los versos, Job se refiere a Dios como quien orquestó las calamidades, lo despojó de risa y “cubrió de tinieblas mi morada”.

El soneto deslumbra y pone palabras a la indefensión frente a lo inmenso, lo aplastante de lo desconocido.

Sea el #MiércolesDePoesía.

Job

“Él fue quien vino en soledad callada
y moviendo sus huestes al acecho
puso lazo a mis pies, fuego a mi techo
y cercó mi ciudad amurallada.

Como lluvia en el monte desatada
sus saetas bajaron a mi pecho;
Él mató los amores en mi lecho
y cubrió de tinieblas mi morada.

Trocó la blanda risa en triste duelo,
convirtió los deleites en despojos,
ensordeció mi voz, ligó mi vuelo;

hirió mi tierra, la ciñó de abrojos
y no dejó encendida bajo el cielo
más que la oscura lumbre de sus ojos”.

Concha Urquiza, “Job”, Sonetos bíblicos, en Prosas y poemas