Algunas personas se encargan de no dejar morir mi capacidad de asombro desde la creatividad, el amor, el compromiso, la ayuda a otros. Otras no dejan de sorprenderme porque rebasan lo visto en cuanto a irresponsabilidad e inmadurez.
Ayer recibí una noticia de quien suele llevarse las palmas entre estas últimas. Lo peor es que si este hombre se acerca a los 60 años y con un alcoholismo arraigado acostumbra afectar a quienes le rodean con conductas adolescentes, en este caso además involucra a un bebé que llegará a una pareja cuyas perspectivas de éxito son pésimas (la madre tiene 26 y su relación es muy nueva). De verdad no encuentro forma de justificar una decisión así, no puedo con tanta estupidez.


Aunque la estupidez es moneda corriente, uno no termina de acostumbra rse nunca. Ante casos como el que narras, siempre recuerdo lo que dijo Schopenhauer: «La inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites». No es que esta frase tenga la virtud de menguar la pena o el enojo que me producen dichas situaciones; sólo que al menos vuelve a ponerme los pies en la tierra y me recuerda que la batalla que enfrentamos es diaria.
Cariños.
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Así es, querido Borgeano, la batalla es diaria. Suscribo la cita de Schopenhauer, cómo no.
Abrazo.
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