¿Leer 55 novelas en un mes? Por qué no

Así lució mi escritorio durante el último mes.
Así lució mi escritorio desde mediados de julio.

No, no entré a un reality show de lectura. Más bien, la Universidad Autónoma de Nayarit me invitó a ser jurado del Concurso de Novela Breve Amado Nervo, convocado por esa institución y coordinado por la doctora Lourdes Pacheco, quien transpira pasión por las letras. El asunto era leer, en poco más de 30 días, las 55 novelas breves participantes y determinar una ganadora según criterios establecidos en la convocatoria: entre 70 y 120 cuartillas de extensión, escrita por un autor mexicano (o extranjero con más de cinco años de residencia en el país), enviar la novela con seudónimo y, en sobre aparte, los datos del autor, etc. Ninguna restricción en cuanto a criterios literarios.

Me organicé para leer cada día dos textos, hacer anotaciones, evaluarlos según varios criterios. La verdad me gustó la experiencia de echarme el doblete diario con narrativas distintas, tonos dispares, temas y ritmos tan sincopados como para volver loca a una orquesta. Primero comento lo positivo: varios autores apostaron por la forma, se aventaron el riesgo de romper con lo esperado y proponer un camino nuevo. En algún caso, la narrativa se entreteje con el ensayo; en otro se trata de prosa poética o, casi, de un largo poema en prosa; uno más fractura de veras la convención espacio-tiempo. No sé si todos los escritores lograron lo que se proponían (Ok, sí sé: algunos se quedaron en el camino), pero de entrada el intento me puso de buenas. También me dio gusto el hecho de que en un buen puñado de autores hay oficio, mucho tiempo invertido en amasar cada párrafo.

¿Lo negativo? En muchas novelas la ortografía es pésima, se nota una negligencia mayúscula en el uso de acentos, comas, puntos, signos de admiración e interrogación. Y no menciono errores de sintaxis y redacción. Me resulta increíble. Si alguien quiere jugar profesionalmente futbol, lo primero que debe hacer es conocer cada aspecto de sus instrumentos de trabajo: las piernas y el balón. Si alguien quiere ser escritor está obligado a dominar las palabras y el lenguaje, es decir, sus armas, antes de poner un pie fuera de casa. Es algo no negociable. La otra cosa que me frustró un poco fue que varias novelas participantes (quizá más de 20) tienen que ver con sicarios, sangre, cárteles, pero abordan el tema de forma totalmente convencional. Claro, es la realidad cotidiana del país, pero justo por eso me hubiera gustado ver más experimentación, por ejemplo, algo de ciencia ficción. O una novela pretendidamente costumbrista, cuya lectura en clave da un sentido inverso. Algún juego epistolar. Otro que borde sobre el humor y desde ahí toque el temas crudo. Una novela que se quiera hacer pasar por teatro. En fin, varios concursantes evidenciaron falta de imaginación en forma y fondo para crear obras que trasciendan el momento, eviten el lugar común, aporten lentes nuevos para ver la realidad.

El texto que ganó el premio es Por una cabeza y su autor participó con el seudónimo Diávolo Cornuto. El jueves me reuní en Tepic con mis colegas en el jurado, los escritores Karla San Domingo y Alejandro Artxaga, para la deliberación final. Si bien Por una cabeza tiene como tema disparador la violencia, los tres la encontramos espléndidamente bien escrita, con humor, rupturas temporales bien logradas, ritmo vibrante y un trabajo decantado en la prosa. Además, los jueces propusimos la publicación de otras tres novelas, que apuestan por la forma y creemos que merecen ser reconocidas. El viernes nos reunimos Karla, Alejandro y yo con la doctora Pacheco y algunos funcionarios de la universidad. Una vez que les dimos a conocer nuestro veredicto, el notario buscó el sobre de identificación del seudónimo, lo abrió y ahí supimos que el autor era Alejandro Badillo. En ese momento, el Secretario de la universidad se comunicó con él, lo puso en altavoz y le dio la noticia de que había ganado tanto el incentivo económico como la publicación de la obra. Sé que es cursi decirlo, pero fue emocionante.

Así concluyó el reto lector. Y sí, doy fe de que es posible leer todas esas páginas en un mes y tener ganas de hincarle el diente al nuevo libro de Lenny Bruce, mismo que empiezo hoy en la noche.

En Tepic, la doctora Lourdes Pacheco (de la Universidad Autónoma de Nayarit y organizadora del concurso), yo, Alejandro Artxaga y Karla San Domingo, después de haber dado la noticia por teléfono al ganador.
En Tepic, la doctora Lourdes Pacheco (de la Universidad Autónoma de Nayarit y organizadora del concurso), yo, Alejandro Artxaga y Karla San Domingo, después de haber dado la noticia por teléfono al ganador.

8 comentarios en “¿Leer 55 novelas en un mes? Por qué no”

  1. Pues claro que se puede leer todo eso, la dificultad está en valorar lo que lees y ese es el mérito de tu trabajo. Siento leer que la ortografía y la gramática también se destrocen a ese lado del charco. Me lo temía, pero esperaba equivocarme.

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  2. Ha de ser épico el leer y valorar la creación de alguien que le apuesta al camino de ser escritor. No todo el mundo lo puede lograr (creo que se nace con esa vena)… Sólo una pregunta al siguiente párrafo: “Si alguien quiere jugar profesionalmente futbol, lo primero que debe hacer es conocer cada aspecto de sus instrumentos de trabajo: las piernas y el balón.” ¿Y si el jugador tiene la posición de portero?… Está difícil defender la meta sólo con las piernas… Digo yo…Ü

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