Mi encuentro con el celo sagrado

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Interior de la catedral de San Juan Chamula. Humo de copal en el aire, el eco de lenguas que no entiendo pero más arraigadas en este suelo que el español, la luz trémula de veladoras, ni una sola banca, curanderos practicando limpias, fe todo alrededor, en un sincretismo casi imposible. Hincados en el suelo, indígenas tzotziles con vestimentas tradicionales rinden tributo a santos que no parecen oírles. El clima resulta alucinante de tan mágico.

La prohibición de tomar fotos es bien clara. La acato con respeto, pero me parece que a nadie ofendo si tomo una del suelo cubierto de juncia (hojas de pino), a manera de decoración. Nuestro guía tztoztil, llamado Domingo, me ve y se enoja mucho, exige que la borre de inmediato. Pido disculpas y explico que sólo es el suelo, nada más, ninguna persona ni imagen. Vuelve a exigir que la borre. Lo hago. Quiere que le muestre que no tomé más. Obedezco. Dice que mi falta puede ameritar 10,000 pesos de multa y 72 horas de cárcel, que él personalmente me llevaría a encerrar. Bajo la mirada, murmuro perdones, espero que se aplaque. Por fin se calma, sigue la explicación del templo y el incidente termina en un apretón de manos y el compromiso de acatar sin matices los usos y costumbres. Por poco conozco la furia sagrada tzotzil, yo, turista sin gracia que entiendo poco lo sagrado.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

4 comentarios sobre “Mi encuentro con el celo sagrado

  1. Maravillosa crónica, D; de esas que están tan bien escritas que uno acompaña al escriba en cada paso, en cada acción; a tal punto que la «furia» tzotzil se sintió hasta aquí, en el cono sur (pero sobre todo en mi espalda).

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