Decir “maricón” no es un chiste

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Las palabras no son ingenuas. No pequemos de ingenuos afirmándolo.

Hoy amanecemos con la buena noticia de que la Suprema Corte de Justicia de México determina que decirle a alguien “maricón” o “puñal” (eufemismo de “puto”) no es cosa menor, no es un chiste, tampoco algo que las leyes puedan defender en una sociedad que se pretende democrática. Aplaudo poco a los jueces mexicanos pero esta vez lo hago con entusiasmo. Aunque pareciera una minucia establece un referente importante: las palabras pesan, incluyen o excluyen, crean realidades, equiparan o discriminan.

El contexto de la nota es el siguiente: en 2010, el periodista Enrique Núñez Quiroz publicó en el periódico poblano Intolerancia (nunca más atinado el nombre) un artículo en el que descalificaba a un colega llamándole “maricón, puñal”. El ofendido inició un juicio por daño moral en su contra, durante el cual el periodista alegó que hacía uso de su libertad de expresión. Al perder y ser condenado a pagar una indemnización promovió un amparo, mismo que llegó a la corte, con el resultado ya dicho.

Señor Núñez: el argumento tras el cual quiso justificar su homofobia no sólo es pobre sino también muy obtuso. Estigmatizar a alguien, denostar su labor profesional con base en su preferencia sexual no debe ser y no es una conducta defendida por leyes que se respeten. Ahora sí tendrá usted que buscar argumentos inteligentes para enfrentar el proceso judicial. Que tenga un buen día, porque yo ya lo estoy teniendo.

http://www.jornada.unam.mx/2013/03/07/sociedad/051n2soc

10 comentarios en “Decir “maricón” no es un chiste”

  1. Me gusta cuando te enojas porque, al igual que me sucede a mí, en esos momentos salen los mejores posts o, al menos, los más beligerantes, usado éste término en el mejor de los sentidos.
    Eso de insultar y luego escudarse detrás de la “libertad de expresión” es una costumbre típica de los cobardes sin argumentos.
    De manera similar a lo que dices, no soy muy partidario de que un juez me diga qué es lo que debo decir o no (o qué es lo que está bien o mal en mi discurso); pero a veces separar un poco la paja del trigo no está nada mal.
    Cariños.

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    1. Sí, en efecto me enojé. Es que la homofobia dispara mi rabia, me parece tan irracional y estúpida que saca mi ángulo más combativo. Separemos, pues, la paja del trigo…
      Abrazos

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  2. Creo que las palabras en sí mismo no significan gran cosas sino en el contexto determinado, evidentemente en este caso había un intento de ofender por las tendencias sexuales, y sí es reprobable. Sin embargo también es verdad que estamos en un momento de hipercorrección política y algunas palabras empiezan a estar mal vistas sin saber situarlas en su contexto.

    Yo desde luego me niego a dejar de utilizar determinados términos. El término maricón parece que siempre es un insulto cuando no tiene porque ser así, sino que en muchas ocasiones responde más a una cierta categoría. No es lo mismo ser homosexual que ser maricón. Cuando Reinaldo Arenas en sus memorias habla de Virgilio Piñero se refiere a él como maricón de argolla, y todos lo entendemos, y nadie puede pensar que sea ofensivo viniendo de otro escritor también homosexual. En el mismo estado está cuando hablamos de un hombre o de un macho, o un machote, enseguida sabemos a qué nos referimos, o si decimos de una mujer que es una maruja. Hay que saber distinguir por el contexto como se usan las palabras que no son siempre peyorativas o intentan ofender.

    En este caso sí hay un intento de ofender, lo peor es eso de ir a los tribunales, los viejos periodistas dirimían estas cosas batiéndose a duelo. Había que tener la pluma bien afilada pero también el sable para los duelos de honor, ahora se va a los tribunales como quien de pequeño se chivaba al profesor. Se ha perdido todo el romanticismo de antaño.

    Bueno no te lo tomes tan mal, estas cosas pasan. Un saludo, Buen fin de semana ya veo que has regresado de Italia,

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    1. Gracias por el diálogo que estableces. Me encanta el intercambio de ideas con sustento. De acuerdo en que el contexto importa, y mucho, pero no veo mal recordar que las palabras tienen un peso per se y éste nunca es neutro. “Maricón” es peyorativo en cualquier contexto, así lo utilice el propio Arenas. Es más, en mi experiencia muchos homosexuales son más insultantes que nadie con su propia preferencia. Los he oído referirse a otros como “nenas, mariquitas, locas, zorras”. Es decir, no se trata de meras descripciones sino de estereotipos. Ese es el problema.
      Mi posición personal es que en el caso de palabras sensibles como “homosexual” o “prostituta” hay que ser cuidadosos: difícilmente tienen sinónimos, es fácil caer en términos que llevan carga denigrante, como “puto” o “zorra”, respectivamente. Creo que hasta que como sociedad logremos superar la discriminación podremos usar con libertad sinónimos en esos casos específicos.
      En cuanto a que la gente dirimía sus diferencias en un duelo, en efecto era una época romántica que hemos perdido.
      Sí, regresé. Ya estoy de vuelta en casa. Un abrazo y gracias de nuevo por el intercambio de posturas.

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  3. Qué interesante noticia, Danioska. Si alguna vez tengo la suerte de visitar México, voy a tener en cuenta no utilizar la palabra «puñal», que aquí no tiene ese doble sentido.
    ¡Un saludo!

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  4. Yo estoy con Javier, es más, una palabra puede significar una cosa, pero depende de cómo y a quién lo digas significa algo muy distinto.

    Ejemplo, yo a mis mejores amigos los llamo a menudo “cabrón”, es un insulto, pero evidentemente no se lo llamo insultándole, o palabras más gordas, “mira que eres hijo….”, y hasta “maricón” sí.

    Ahora, si se usa para intentar ofender a un homosexual pues evidentemente sí que es un insulto.

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    1. De acuerdo, querido Dess: el uso cariñoso de insultos es muy común en nuestros países. Por supuesto que en México también es socorrido llamar “cabrón” o “güey” a un amigo querido. No sólo no insulta ni ofende, es una señal de afecto entrañable, de confianza cercana. El asunto que abordé en el post era, en efecto, de índole ofensiva.
      Abrazo

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