El fraude Eduardo Martins y las claves infalibles del Storytelling

Dos de las supuestas fotos de Martins.

 

Se presentaba como fotógrafo enviado por la ONU a campos de refugiados y engañó a muchos. Llegó a tener 125 mil seguidores en Instagram. Medios como The Wall Street Journal, Vice y la BBC Brasil publicaron sus imágenes. Getty Images le compró fotos. Sin embargo, no es fotógrafo. No ha estado en Gaza, en Irak ni en Siria. Es más, ni siquiera tiene esa cara: se los tomó “prestados” al surfista británico Max Hepworth-Povey. Eduardo Martins es una identidad completamente falsa.

La historia se sostuvo por varios años, pero comenzó a hacer agua a mediados de este 2017, cuando Martins ofreció sus fotos a la BBC Brasil, mientras dijo encontrarse en Mosul, Irak. El sitio publicó las fotos, pero Natasha Ribeiro, quien colabora con la BBC Brasil y vive en Medio Oriente, preguntó por Martins a sus amigos en Irak. Nadie sabía de él. Los colegas en zonas de guerra son pocos, así que todos se conocen. Ribeiro se puso a investigar y encontró que Martins no había estado en los lugares donde decía haber tomado fotos y nadie lo había visto nunca.

Otros dos plagios.

En agosto, la BBC Brasil le preguntó a Martins por su cargo y éste respondió vía WhatsApp: “Soy voluntario de la ONU y trabajo en la organización de los campos de refugiados”. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados no tiene ningún registro de su nombre. Al seguir el hilo del asunto, la BBC Brasil encontró que varias fotos vendidas por Martins como suyas a Getty Images y Zuma Press eran imágenes editadas de otros fotógrafos. Cuando se hizo pública la falsificación, los bancos de fotos eliminaron las imágenes y la BBC Brasil hizo lo propio, además de ofrecer disculpas a los lectores.

Cuando un fotógrafo brasileño, amigo suyo a través de las redes, le dijo a Martins que pesaba sobre su trabajo la sospecha de fraude, este contestó que se iría un año a pasear por el mundo. Borró la cuenta de Instagram y canceló el número de WhatsApp, de modo que la identidad del suplantador sigue sin conocerse.

Más allá del escándalo, quien haya creado el perfil fraudulento conoce bien estas cuatro claves del Storytelling y las usó con pericia:

  1. Crea un personaje cercano y querible. La cuenta de Instagram de Martins combinaba la adrenalina de fotos en zonas de guerra, con imágenes de él practicando surfing en Australia. Es decir, manejaba bien el ritmo y los acentos: ni siempre un mundo idílico, ni todo el tiempo inmerso en la tragedia.

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4 comentarios en “El fraude Eduardo Martins y las claves infalibles del Storytelling”

  1. Sin duda una historia interesante, deben ser muy inteligentes quienes se escudan en un perfil falso para encantar y cautivar a un público deseoso de héroes, lo lamentable es que también existen los sociopatas que utilizan esos medios para acosar y agredir bajo el manto de la impunidad cibernética .
    Abrazos Querida.

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    1. A mí me resulta dramáticamente fascinante un tipo que es capaz de esto, igual que los impostores que engañan al mundo pretendiendo ser otros y, quien sabe, a lo mejor ellos mismos acaban creyendo la farsa. En fin, ahí está el caso. Ojalá se descubra la identidad del tipo pero también una parte de mí desea que no, que permanezca anónimo.
      Abrazo.

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      1. Desde un punto de vista creativo, ¿qué diferencia hay entre esto y la adaptación de la guerra de los mundos para radio que hizo Orson Welles, me pregunto? O el mismo Bartual, que hace no mucho propusiste a tus lectores. Todos utilizaron los medios a disposición y la credulidad de la gente (“necesidad” como bien la llamas) de vivir, aunque sea de rebote, algo extraordinario.

        Creo que el proyecto “Eduardo Martins” de artista anónimo, nos invita a una profunda reflexión sobre los alcances de la manipulación a través de la información y de la imagen; y de la estupidez y credulidad de la gente. De nuestra falta de análisis. Lo llamo proyecto porque el hombre (¿o mujer?) detrás de esto creo un personaje con todas las de la ley. Por no ser no era suya ni su cara. Le empaña un poco el que se haya apoderado del trabajo (y de los derechos de autor) de otros haciéndolo pasar por propio. Sin ese hecho “instalación interactiva Eduardo Martins” es un ejemplo de genialidad.

        Nada que ver con gente que atribuye méritos que no tiene a su propia persona: títulos, experiencia, capacidades… ganando espacios y robando (porque de robo se trata) recursos que podrían ser mejor empleados. Haciendo perder tiempo a gente ingenua dando lecciones de coas sobre las que no tienen competencia y poniendo en peligro la salud de los más pequeños. Como si yo me propusiera como profesor de educación física porque me gusta hacer yoga. Yo espero en una especie de karma que haga gritar al farsante que está tan desnudo como el rey y que el espectáculo no es exactamente agradable.

        El proyecto “Eduardo Martins”, si bien entendido, puede contribuir a ello: no consumiendo información, imágenes, emociones ajenas como si de palomitas de mis se tratara. Creer es un resultado, no una condición para ir por el mundo. Es un instrumento que se afila a fuerza de aprender, conocer y vivir en primera persona. Es una inversión, un ejercicio constante de mindfulness. Estudiar, trabajar y ser creativos (hasta en las cosas más cotidianas, no todo es un escenario) y callarse mucho la boca.

        Gracias por la oportunidad.
        Cuestas menos que un analista.

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        1. Una maravilla, que este espacio haya resultado un diván suficientemente mullido para disparar esa reflexión, querido. Coincido contigo en que el “ser” (hombreo mujer) detrás de Martins tiene elementos de genialidad, domina la ficción, logró resultar más creíble para muchos que el vecino de junto. Sé que lo que hizo es socialmente condenable porque violó los derechos de autor de fotógrafos y hasta el del propio australiano cuyo rostro y cuerpo “tomó” sin permiso. Pero me resulta interesante especular sobre los motivos que tuvo para la osadía: ¿tener reflectores? ¿Contar con un modus vivendi muy barato? ¿Burlarse un poco de todo y de todos? ¿Regresarle al mundo 2.0 una dosis de su propia medicina? Quizá sean todas o quizá ninguna de estas y su móvil vaya por otro lado: necesidad de emoción ante una vida gris, cobrar una apuesta, creer auténticamente en una doble vida. En cualquier caso, el creador del caso Martins es increíblemente talentoso y agudo, supo cómo usar un “ecosistema” que funciona a partir del botón de “me gusta”. No sé, me gustaría que no lo atraparan. Y finalmente está lo que mencionas: tanto peca el peca por la paga como el que paga por pecar, decía más o menos Sor Juana Inés de la Cruz. Es decir, en este caso, tan culpable sería el artífice detrás de Martins como los 120 mil seguidores en Twitter que consumían el coctel de “éxito” y “sensibilidad”, sus amigos de FB, las agencias que quisieron creer en la autenticidad de las fotos sin corroborarlas (seguramente por comocidad). Todos, en alguna medida, son/somos corresponsables. Voilá, todo un tema complejo. PD No creas que el blog terapéutico es gratuito. Por favor deja un bonche de billetes antes de salir. Gracias.

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