
¿Cuál es el papel de autoras y autores en Hispanoamérica? Aquí ensayo ideas al respecto.
- Carecemos de la influencia política de otros tiempos (en parte porque la discusión pública migró a medios o redes sociales), pero la literatura de hoy enfatiza la complejidad, aporta matices, subraya zonas de indeterminación, propone preguntas sin respuesta. En el contexto maniqueo del mundo, esta vocación multívoca parece indispensable: fomenta el cuestionamiento y la diferencia, por ejemplo, al hacernos coquetear pensando que podemos ser afines a un personaje que nos parecía ajeno. ¿Y si ello abona un poco a la empatía?
- Las y los novelistas crean relatos que interpretan las narrativas intangibles de su época; así, el arte suele anticipar cambios estructurales. Tita Valencia, Marta Brunet, Lupe Marín y Gabriela Rábago Palafox (a quienes he leído en reediciones de Vindictas) contribuyeron en alguna medida a gestar el feminismo y el movimiento LGBTIQ+ del siglo XXI.
- Escribir no implica por fuerza defender una postura política. Acaso consista en que la y el lector se cuestionen, sientan desde otro paraje emocional, estéticamente propositivo. Ése puede ser un lugar actual de compromiso. Y como lectora me toca acercarme no sólo a creadores con los que coincido, sino leer para obligarme a pensar de modo distinto, para salir del círculo esponjoso de autoconfirmación propiciado por el algoritmo.
- Un libro parte de dos libertades: la de la escritora o escritor, que decide abordar equis tema de tal forma; la del lector, quien elige ese volumen y dialoga con él. A nadie (por fortuna) se obliga a leer literatura. Es uno de los territorios más entusiasmantes para mí: la defensa de la lectura por placer.
- En la UNAM no sólo se valora la disidencia, la autonomía; se las fomenta. Es importantísimo defender con celo ese enclave de pensamiento crítico y autocrítico.
- Existen pocos espacios para dialogar sobre el poder, el medio ambiente, la seguridad; quizá no tengo una opinión formada, pero en entrevistas y redes a veces me veo exigida a expresarme, a bote pronto. Si evito ese juego de inmediatez soy etiquetada de indiferente. Quiero seguir defendiendo mi libertad de no opinar.
Éstas son, en mis palabras, algunas reflexiones volcadas en Con acento, III Encuentro de Creadores Iberoamericanos, organizado en Madrid por la UNAM España y la Fundación Casa de México en España. Colegas de nueve países nos reunimos en doce mesas para ahondar sobre “Literatura y poder en el siglo XXI”. Qué fortuna bárbara estar ahí.
Va otro, particularmente guapo:
- Cuando el lector se enfrenta a una situación ficticia es capaz de establecer una tregua y disponerse (incluso) a contemplar sus propias contradicciones. Me recuerda a Viktor Shklovsky: «El propósito esencial del arte es vencer los mortíferos efectos de la costumbre, representando cosas a las que estamos habituados de un modo insólito».
Cómo no celebrar nuestro oficio, capaz de provocar ese cascabeleo.
RELACIONES ACTUALES ENTRE LITERATURA Y PODER (II)
Sigo bordando en torno al rol que tenemos las escritoras y escritores hispanos. No son ideas de generación espontánea (¿alguna lo es?), sino resultado de Con acento, III Encuentro de Creadores Iberoamericanos, organizado por UNAM España, Fundación Casa de México en España y Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, del 9 al 11 de abril, en Madrid.
- Lo político incide en lo que escribimos. Si alguna o alguno asegura no abordarlo, tal vez sólo es inconsciente de ello. La fuerza de la migración en nuestros países, el caos ambiental, la escalada de los populismos, el cuestionamiento frontal a la familiez, la nueva consciencia sobre el patriarcado y las violencias de género, más la contundencia de la sexodiversidad permean nuestra literatura. Atiborran las mesas de novedades en librerías.
- Existen diversas opiniones sobre si es palpable una búsqueda por comunicar las realidades actuales con formas narrativas renovadas. Algunos pensamos que sí, que se experimenta a través de la fragmentación, la hibridez, el new weird, por decir algo. Otros señalan que no, que las formas son las mismas desde el siglo XIX, aunque las temáticas hayan cambiado.
- Los feminismos son acaso la única revolución vigente y vital tras la caída de las utopías. Y aunque reconocemos avances notables, los pendientes resultan abrumadores. Uno es la división entre las olas del movimiento: varias jóvenes creen que el cambio empezó con ellas, a raíz del #MeToo, y no valoran a sus predecesoras, mientras feministas mayores miran con desdén las protestas del #8M. En todo esto la cultura deviene espacio relevante de diálogo, tanto para remirar el pasado desde una perspectiva feminista como para proponer futuros.
- Los libros de autoras aún son medidos con un rasero más estricto. Tanto nosotras como ellos firmamos títulos estupendos y otros pésimos, pero si se trata de una ella nunca falta quien señala: la publican por ser mujer, por cuota de género. Cuando se trata de ellos, nadie señala cuota de género, aunque lo sea.
- Hoy el papel de los intelectuales carece de relevancia, porque las redes sociales son arena para expresar puntos de vista sin la obligación de sustentarlos. Con todo, algunas y algunos tienen peso en la conformación de la opinión pública, a través de columnas en varios medios. Surge entonces la pregunta: ¿escriben para regodearse entre quienes les aplauden o para ampliar el espectro de los debates?
- Otras formas de participación desde la literatura parten de y llegan a la propia labor escritural y/o el activismo abierto, cada vez más vigoroso en el gremio.
Vuelvo a casa rebosada de inquietudes, a elegir lo mejor posible las palabras para un poema, una crónica, una columna. «A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación a otra persona, a eso lo llaman alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma», dijo Louise Glück. Ahí cifro mi logro o mi fracaso.
(Originalmente publicado en mi columna La Utora del periódico mexicano La Razón, en este vínculo puedes encontrar los enlaces a las dos partes de la columna; imagen: agenciacomma.com).
