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Este blog respira libros. Es de libros. Sobre libros. En torno a libros.

Burroughs o la originalidad sobrevalorada y qué es el estilo del escritor

Entre las muchas cosas que me atraen de este escritor beatnik está su vocación autodestructiva. No sé, me interesan esas ganas recurrentes de consumirse, que recuerdan aquello de It’s better to burn out than to fade away”,  de la canción de Neil Young.

Pero hoy no me asomo a sus intimidades, sino me centro en su figura pública como escritor. Aquí van dos conceptos de Uncle Bill (como lo llama BEF en su espléndida novela gráfica del mismo nombre), expresados en una conferencia que aparece en YouTube como “Class on Creative Writing” y a la cual llego gracias a mi caro amigo Andrés Grillo, por triangulación de una nota en Yorokubu.

Me parecen dos puntos útiles de recordar para quienes escribimos (la traducción es mía): 

“El concepto de originalidad pasó de moda, no se necesitan nuevas ideas ni nuevos personajes. Si un escritor utiliza escenarios o personajes de otro autor, de todas formas va a ser valorado por sus propios méritos” (aparece a partir del minuto 0’43”).

“El estilo es la elección arbitraria de un escritor sobre qué palabra o imagen va a emplear, entre las muchas disponibles que pueden significar más o menos lo mismo. Al ser arbitaria, la selección se vuelve [una] característica suya” (aparece a partir del minuto 5:57).

Da click aquí para ir al texto de Yorokubu.

Tres libros para un luminoso inicio de año

Gracias, gracias desde los hipocondrios por todo el cariño que se me ha dejado venir en abalanzamiento desde ayer. El gusto me va a durar los 364 días restantes. Pero hoy es otro día, de modo que quiero compartir este video de TV UNAM, en el que en dos minutos recomiendo tres libros que no te conviene perderte: hay cuento, ensayo y un clásico imponente.

Echa ojo.

 

 

 

Lo mejor que leí en 2017 (2a parte)

“Los libros siempre desvían: desvían del origen y del destino, proponen un camino diferente para llegar un lugar inesperado”, dice Adolfo García Ortega en un fragmento de Fantasmas del escritor. Eso exactamente me pasó con estos 13 títulos: me hicieron replantear la ruta trazada al aportar matices, conceptos, ángulos.

En la primera parte de este post hablé de los 11 libros mexicanos que me desafiaron en 2017. Aquí van los escritos por autores del resto del mundo. Advierto que en junio estuve en Uruguay y llené las maletas de libros locales, mismos que he ido consumiendo poco a poco, administradamente, para que me durara el gusto adquirido por esas letras. Por eso, que no extrañe que Uruguay acapare preferencias, aunque deje algo de espacio a otros países.

Estos fueron mis favoritos:

POESÍA
1. No hay amor como esta herida, del chileno Óscar Hahn (Tajamar Editores),;

2. Queen of a Rainy Country, de la estadounidense Linda Pastan (W. W. Norton);

 

 

3. De entonces acá, del uruguayo Gustavo Wojciechowski (Yaugurú);

4. Esa polilla que delante de mí revolotea, de la española Olvido García Valdés (Galaxia Gutenberg);

 

 

NOVELA
5. Toño Ciruelo, del colombiano Evelio Rosero (Tusquets);

6. Women in Love, del británico D. H. Lawrence (Penguin);

 

 

7. El astrágalo, de la francesa Albertine Sarrazin (Lumen);

 

 

CUENTO
8. el inclasificable Misales, de la uruguaya Marosa Di Girogio (El Cuenco de Plata);

9. Espacios libres, del uruguayo Mario Levrero (Irrupciones Grupo Editor);  

 

 

10. Cuentos reunidos,  del uruguayo Felisberto Hernández (Eterna Cadencia);

 

 

ENSAYO
11. Escribir, del escocés Robert Louis Stevenson (Páginas de Espuma);

12. Fantasmas del escritor, del español Adolfo García Ortega (Galaxia Gutenberg);

 

 

13. Conversaciones con Mario Levrero, del uruguayo Pablo Silva Olazábal (Lolita Editores).

Lo mejor que leí en 2017 (1a parte)

Se acaba el año, uno que afortunadamente estuvo lleno de buenos y algunos mejores libros. Antes de dar vuelta a la hoja me pican los dedos por compartirte una selección de los títulos que me movieron las suprarrenales (y un poquito más al centro). Por supuesto, no tiene la pretensión de incluir lo mejor de 2017, sino meramente lo mejor de mi 2017.

Para mi programa de radio BAzar de Letras y mis colaboraciones en distintos espacios culturales me concentré en literatura nacional, así que este es mi Top Ten (+1) de México. En una segunda parte hablaré de los libros de autores extranjeros.

Por cualquiera de estos meto las manos al fuego: si lo lees y no te gusta, te invito un café y platicamos de por qué no te hizo click y a mí me encantó. O me convences o te convenzo o nos reímos un poco.

POESÍA
1. Grandes maniobras en miniatura, de Eduardo Casar (Fondo Editorial del Estado de México);

2. Otra forma de bolero, de Max Ramos (Ediciones y Punto), regalo de su autor;

 

 

3. Sonetos del amor y de lo diario, de Fernando del Paso (El Colegio Nacional);

4. Se encogió de hombros y dijo, de Luis Bugarini (Libros Sampleados);

 

 

NOVELA
5. Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House);

6. Los sueños de la serpiente, de Alberto Ruy Sánchez (Alfaguara);

 

 

CUENTO
7. La Tormenta hindú, de Ana García Bergua (Textofilia);

8. La vaga ambición, de Antonio Ortuño (Páginas de Espuma);

 

 

ENSAYO
9. Territorio Lolita, de Ana V. Clavel (Alfaguara);

10. Mudanza, de Verónica Gerber (Almadía);

 

 

 

+1. El arte de dudar, de Óscar de la Borbolla (Grijalbo), regalo de su autor, mi querido amigo.

 

 

Aquí, tres cerillos para alumbrar un cuarto a oscuras

“Lo que importa, en literatura, es construir pasados que no existen, o existieron de otro modo”.

“Los que se aman, cuando se aman, no se ven como son en realidad. El amor es un espejo deformante”.

“Hay una frase luminosa en los diarios de Sándor Marai: ‘En la literatura no existe la democracia; solo hay solistas'”.

Encuentro estas tres mínimas citas del autor español Adolfo García Ortega en su libro Fantasmas del escritor (Galaxia Gutenberg). Pero no están hechas de palabras solamente, tienen textura más honda, así que ya las cargo en la libreta que traigo siempre conmigo. Estoy convencida de que, un día, cada una me va a servir para entender algo trascendente. Es lo que pasa con un cerillo que alumbra un cuarto en negros. Y en este libro hay muchos cerillos disfrazados de palabras.

Voy a tener el de-veras-no-exagero honor grande de presentar al autor y al libro en la FIL Guadalajara el 2 de diciembre a las 4:30 en el salón Agustín Yáñez, junto con dos personas de mis querencias: Paola Tinoco y Nicolás Alvarado.

Si puedes caer, serás muy bienvenido. Si no, date el lujo de leer el libro. Vale todo la pena.

 

Un aliento entre escombros #19septiembre

Foto mía

Ayer, entre las clases que doy en la Escuela de Escritores, fui de nuevo a ofrecerme como voluntaria a la colonia Condesa, en la capital mexicana. La brigada médica en la que estuve ayudando del martes 19 (día del terremoto) al sábado 23 ya está muy organizada por médicos y enfermeras, de modo que no hacen falta manos.

Busqué en qué apoyar y por fin caí en la Casa Refugio Citlaltépetl. Ahí estuve varias horas bajo el mando de Marlene Fautsch Arranz, ayudando a clasificar los libros de la escritora Lorna Martínez Skossowska, quien murió en el terremoto en su departamento en las calles de Laredo y Amsterdam. Su biblioteca fue parcialmente recuperada y está bajo resguardo en Citlaltépetl. Lorna tenía 85 años. Ya con el edificio colapsado, su teléfono seguía sirviendo, así que los rescatistas pudieron hablar con ella 48 horas después del temblor, pero su cuerpo no aguantó las estiradas horas del rescate.

La verdad, yo no había leído a Lorna ni me suena su nombre, y además de sus libros se rescataron parcialmente otras cuatro bibliotecas. Fue impresionante hojear el Julio Cortázar, el Jorge Ibargüengoitia, la Marguerite Duras, el Pablo Neruda, Lawrence Durrell, Jorge Luis Borges, Stefan Zweig, varios de ellos con polvo de escombros entre páginas y otros más, rotos, despanzurrados, como si les hubiera caído el mundo encima. Y sí.

De alguna manera, integrar una biblioteca pública con esos libros hará que un aliento de ella siga por aquí.

Foto mía

 

Foto mía
Foto mía

Siempre voy como arriba de un avión

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No me había dado cuenta, pero exactamente así es como atiendo algunos desatinos de mis personajes favoritos: “Le oye hablar con la misma indiferencia con que se deja hablar a un sobrecargo que da instrucciones de emergencia”. Es cortesía del escritor uruguayo Felisberto Hernández.

Es, también sin duda, el gesto difuso con el que otros me escuchan de regreso.

Se siente bien tenerlo claro. Ya lo había cantado Charly: “no voy en tren…”.