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I love books. And it so happens that sometimes they love me. And we fall in love.

La luna para desayunar

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Vuelvo a Anaïs, que a cada paso me va aclarando lo que pienso y siento, como en este pasaje de hoy:

“Dejo ir todo lo que no puedo transformar en una maravilla. La realidad no me impresiona. Solo creo en la embriaguez, en el éxtasis, y cuando la vida ordinaria me encadena, escapo, de una manera u otra. No quiero más prisiones […] Yo elijo siempre la luna para desayunar. No aguanto los aspectos monótonos de la vida”.

-Anaïs Nin, Incesto (1932-1954) en Diarios amorosos, Siruela, p. 326

Aforismos como pastillas de menta

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Merlina Acevedo es ajedrecista, rockera y escritora.

@MerlinaAcevedo tiene más de 63 mil seguidores en Twitter.

Merlina Acevedo voltea las palabras al revés como un guante, es decir, las palindromea.

Merlina Acevedo acaba de publicar Apholíndromos, un nuevo libro que compendia sus aforismos y palíndromos.

Aquí, cinco aforismos para llevar en la bolsa y usar en caso de garganta reseca.

 

El amor deja mucho que desear.

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Necesito un espejo que se guarde su opinión.

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Escribo para saber en qué estaba pensando.

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El tiempo todo lo cura, pero yo prefiero automedicarme.

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Lo que nos incomoda del silencio son las palabras con que lo llenamos.

 

Da click aquí para ir a la página de Editorial Arscesis, donde está a la venta el libro de Merlina.

Da click aquí para ir a la entrevista que le hizo a Merlina la periodista María Scherer.

Obsesión por la textura, la música interna y el perfume de cada palabra

 

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“Sensación de estar frente a la literatura, o mejor, de ver funcionar una maravillosa máquina de hacer literatura. Habla lento, con extraños cortes en el interior de la frase. Absurdamente, yo me sentía tentado a arrimarle las palabras, como si él se detuviera porque no las encontraba. Siempre él traía por fin una palabra distinta a la que yo imaginaba, más bella y más exacta que la mía”. Lo dice un muy joven Ricardo Piglia sobre su encuentro con Borges, en Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama), esos espléndidos cuadernos del alter ego de Piglia.

Claro, la vocación de Borges por la textura, la música y el perfume de cada palabra habrá entintado su manera de hablar, tanto como distingue su obra. Me recuerda aquel cuasimandamiento de Dylan Thomas, “Love the words” y su obsesión, su desquiciamiento por la sonoridad y la multiplicidad de sentidos de las palabras. Da click aquí para ir a la entrada Dylan Thomas: Feroz declaración de amor por las palabras.

Me voy pensando en eso que impresionó al muchacho Piglia: difícilmente se puede crear algo de proporciones como las de Borges o Thomas sin la obsesión por el material con que se crea, como pasará con un escultor que conoce y ama y teme y explora y vibra las posibilidades del mármol.

Acabo de firmar contrato para un nuevo libro (y tengo gusto y susto)

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“El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel […] La obligación del escritor es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga en gana […] “. Son palabras de William Faulkner.

Es cierto, el narrador o el poeta tienen ventaja sobre un cineasta o un escultor, que dependen de la confluencia de muchos factores, de grandes recursos, de materiales difíciles de conseguir. En cambio, quien escribe se basta con una hoja y un lápiz. En esos dos elementos sencillos descansa su trabajo, el que le obsesiona, el que alimenta sus neurosis y pudores, el que le da una dirección, aunque muy probablemente nunca viva de esas palabras garabateadas en un papel.

Lo digo cuando acabo de firmar el contrato para publicar un nuevo libro de poesía. Y sí, estoy feliz, emocionada, pero también tengo miedo, todas las inseguridades del mundo.

 

 

Qué difícil, hacer lo que realmente quiero

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“¿Por qué siempre nos enseñan que es fácil y perverso hacer lo que queremos […]? Es lo más difícil del mundo y requiere el máximo coraje. Es decir, hacer lo que realmente queremos […] Implica una enorme responsabilidad“.

Sigo en un viaje desmesurado de ideas con la novela El manantial (The Fountainhead), de Ayn Rand, cuyo fragmento cito arriba y el cual, luego de pensar un rato, abrazo sin dudar. Hacer lo que quiero es lo más endiabladamente difícil del mundo. Nunca me lo había planteado.

El manantial funciona perfectamente bien como novela, los personajes son sólidos, creíbles, complejos. La trama avanza, hay suspenso, es un novela redonda. Pero es más que eso. Es el planteamiento de una filosofía con muchas capas, una fregonería que me sorprende dándole vuelta varias veces al día a sus conceptos. Qué gusto que lo sorprendan a uno libros así, que se vuelvan parte de tu ADN. Me voy con esto en la cabeza.

P.D. De nuevo, la traducción es mía. Dispensen.

 

 

Sin miedo a besos desiguales

Constantin Brancusi, El beso
Constantin Brancusi, El beso

Es #MiércolesDePoesía y este blog lo sabe (bien entrenado, saliva como perro de Pavlov).

Aquí va, pues, un poema de la italiana Patrizia Cavalli, en traducción de Fabio Morábito. Con su humor negrito es espléndido para bienvenir la mañana.

“Si ahora tú tocaras a mi puerta
y te quitaras los lentes
y yo me quitara los míos que son iguales
y luego entraras dentro de mi boca
sin miedo a besos desiguales
y dijeras: “Pero amor mío,
¿cuál es cuál?”, sería una pieza
de teatro sin igual”.

-Patrizia Cavalli, Yo casi siempre duermo. Antología poética, Fabio Morábito (Trad.), México: UNAM, 2008.

 

Todo es lenguaje (aunque se disfrace de silencio)

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Estoy leyendo esta joyita, Escritura no-creativa: La gestión del lenguaje en la era digital, de Kenneth Goldsmith, publicado por SurPlus Ediciones.

Es alucinante su visión sobre esta era cuajada de lenguajes, es decir, idónea para la experimentación de quienes jugamos a escribir textos propios y desentrañar ajenos (textos entendido en la acepción más amplia del término). Ahí va una idea que se explica brevemente pero tiene un montón de capas de sentido: “Todo ese lenguaje invisible atraviesa el aire que respiramos [y] es apabullante: televisión, radio terrestre, radio de onda corta, radio satelital, banda ciudadana, mensajes de texto, datos móviles, televisión satelital y señales de celular, por mencionar sólo algunos. El aire está saturado de lenguaje disfrazado de silencio“.

Olé.