El fin de semana estuve escribiendo. Cuánto bien le hace a mi mano tomar la pluma, vaciarse en una ósmosis que transmuta sangre y humores en tinta, ecos y vísceras en rasgos malformados. Es liberador, equilibrante, ilumina y quita telarañas, baja el colesterol, previene el cáncer, los juanetes y las torceduras. Como dice mi amigo Eduardo Casar, «escribir sólo se hace en gerundio: escribiendo». Todo placebo resulta inútil.
Pienso que en vez de un extintor debería tener a la mano una caja de cristal con una pluma dentro y la leyenda: «Rómpase en caso de emergencia». Me ahorraría varias sesiones de terapia.


Hola. Pues yo ahora no estoy escribiendo sino leyendo, que también es gerundio, siendo más concreto estoy leyéndote. Un abrazo.
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Pues sigamos practicando los gerundios: leyéndonos, escribiéndonos, compartiendo opiniones. Saludos!
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Continuo leyéndote, y pienso, y pienso, tomo tu mano para ensanchar mi vida, tomo tu pluma, tomo tus palabras.
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Las palabras son la posibilidad máxima de generar ecos en cada uno.
Saludos…
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