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Los enfermos, perversos, desmesurados que aman las palabras más que nada en el mundo merecen que alguien hable de ellos. ¿No?

Imparto nuevo Taller de Escritura Creativa

 

El impulso de escribir tiene su origen en el deseo de tomar una foto mental de algo, detener el tiempo para plasmar eso que nos emociona, incomoda, cimbra de algún modo.

Escribir es, pues, una intensificación del lenguaje, un mirar con lente de aumento las palabras y convertirlas en nuevos sitios desde dónde ver, para luego salir al mundo mejor armados. Las técnicas de escritura se pueden aprender, pero el ansia de escribir se debe traer de origen.

Con el objetivo de ayudarte a desarrollar tu potencial como escritor(a) estoy por arrancar un Taller de Escritura Creativa en la Escuela de Escritores, donde soy maestra de la materia Escritura Creativa.
Aquí va la información:

Duración: ocho sesiones
Inicio: sábado 21 de octubre
Terminación: sábado 9 de diciembre
Horario: de 11 am a 1 pm
Lugar: Escuela de Escritores, Pitágoras 446, Col. Narvarte (hay estacionamiento a menos de una cuadra; la Escuela está a dos cuadras del Metro Etiopía)
Costo: $1800 pesos, pago único al inscribirte
Temario: El taller es de tipo teórico-práctico y los temas que veremos aplican a todo texto de escritura creativa, tanto de ficción como de poesía. Revisaremos los siguientes temas de teoría:

  • cómo convertir una idea en un texto;
  • de qué modo desarrollar un estilo personal al escribir;
  • así se construye la voz narrativa;
  • cómo potenciar el uso de metáforas;
  • de qué modo se conforma el ritmo narrativo;
  • cómo evitar el bloqueo ante la hoja en blanco
Además, claro, dedicaremos tiempo a ejercicios de escritura y a leer y discutir los textos de cada participante. También ofreceré recomendaciones de libros de apoyo y otros recursos para escritores.
El cupo es limitado.

Si tienes cualquier pregunta, por favor no dudes en mandarme un correo a juliasant@yahoo.com

Ojalá nos encontremos en el taller, cuyo eje principal será la emoción que nos genera escribir, irnos construyendo con palabras.

Escribir es jugar con un estambre

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“[…] el verdadero quehacer del artista literario es el de trenzar o tejer lo que desea comunicar, lograr que adquiera forma sobre su propia trama. De este modo cada una de sus oraciones llegará primero en forma de nudo para después, tras un instante de significación en suspenso, resolverse, soltarse“. Robert Louis Stevenson, Escribir. Ensayos sobre literatura (Páginas de Espuma).

Nunca había pensado en esto, que escribir es como jugar con un estambre enredado, enviciado de sí mismo, al que no se le ven las puntas pero que de pronto, sin explicación, se soluciona. Deja de ser nudo. Y fluye. Y se convierte en un párrafo o una estrofa que quizá valga la pena.

PD Si te gusta este blog y andas de humor, por favor vota por él en el Premio20Blogs. Da click aquí. Prometo que si gano invito las cervezas. En Hawaii.

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Escribir, venganza contra la soledad: Andrés Neuman

Foto: Antonia Urbano www.pliegosuelto.com
Foto: Antonia Urbano http://www.pliegosuelto.com

Ayer se publicó en El Cultural, del periódico La Razón, la entrevista que le hice recientemente al escritor Andrés Neuman. Comparto un fragmento. Para leerla completa da click aquí.

Él define leer como “Acción y efecto de viajar hasta donde uno se encuentra”.  Y ahí se pinta de cuerpo entero. No sólo se mueve entre continentes como si fueran patios de una casa. Lector compulsivo, navega a diario por sus propios pasillos interiores y, armado de palabras, en su faceta de escritor compone paisajes para que otros los frecuenten a través de novelas como La vida en las ventanas, que acaba de reeditar.

Una vez, hace años, me dijo que de chico hacía futbol y que le hubiera gustado ser profesional, que entonces pensaba que patear un balón era el oficio de las personas decentes. Luego se lastimó ambas rodillas y tuvo que olvidarse de la cancha. No sé. No me lo imagino agarrándose a trompadas por un gol dudoso. Ni inflando el pecho de camiseta dry-fit. Más bien me parece que lo suyo es dominar las palabras como muñecos en manos de un niño acostumbrado a inventarse compañías.

Nacido en Buenos Aires y hecho escritor en España, Andrés ha trabajado novela (entre ellas El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009), cuento, relato corto, ensayo, poesía, haikú, aforismo, traducción poética, columna, libro de viajes, blog (su espléndido Microrréplicas). Es decir que le falta explorar el cantar de gesta y la égloga. No mucho más. A pocos días de haber cumplido 40 años, este acuariano con beneplácito es uno de los escritores hispanoamericanos más robustos. Pocos pueden presumir los casi 30 libros con su firma, publicados por editoriales de la estatura de Alfaguara, Anagrama, Hiperión, Acantilado, Páginas de Espuma y Almadía. Muy pocos han visto su obra en veintitantos idiomas. Todavía menos suman a lo anterior haber convocado entusiasmos en autores como Luis Antonio de Villena, Roberto Bolaño, Richard Gwyn, Joca Reiners.

Me reencuentro con él a propósito de la presentación en México de su novela La vida en las ventanas, publicada en España en 2002 y ahora reeditada por Alfaguara. El libro permite asomarse al punto de quiebre que fue el cambio de siglo, cuando frente a una pantalla electrónica empezamos a quitarnos capas de ropa: el protagonista es un nerd que intenta lidiar consigo mismo a través de palabras exprimidas a la computadora. Mientras llega a la entrevista, Neuman come una manzana, arrastra una maleta y un jetlag, afín a su reciente llegada a México. En diez minutos de conversación se sobrepone al agotamiento, retoma la cadencia suave que acostumbra. Por obra y gracia de una agilidad mental difícil de calcular va de un tema al otro sin perder vigor. Sin afectar la precisión. Transita de la política estadounidense a la literatura del siglo XIX, de Ricardo Piglia a las nuevas tecnologías, de teoría sobre la ficción a series de Netflix. Según articula sus comentarios como si llevara años amansando cada tema me pregunto qué lo mueve a explorar tan varios acentos. Me parece que, más que el rigor del futbolista aclamado por multitudes, en sus líneas se transparenta la avidez de quien pasaba tardes jugando a solas. Estos son fragmentos de lo que dijo.

EL SEXO Y EL CUBISMO
Alguien ha dicho que la literatura se parece al onanismo. No coincido. Creo que tiene tanto de autoexploración como de acercamiento a los demás. Es más, en realidad toca tres ámbitos: resulta una mezcla feliz de fornicio, masturbación y voyerismo. Como un acto de sexo cubista. El arte ofrece un grado de soledad placentera, un contacto carnal con los otros y al mismo tiempo una posibilidad de verlos sin la necesidad de quitar el pie que tenemos afuera.

RICARDO PIGLIA
Él ha sido una de las mayores suertes que ha tenido la literatura en lengua española. Como teórico, era un narrador ejemplar. Como narrador, fue un teórico inigualable. Esa sinergia me parece un modelo admirable y fértil. Parecía imposible repensar la literatura exactamente desde donde la dejó Borges, y construir con eso una voz propia, una perspectiva original. Esa proeza, entre otras muchas, la logró Piglia. Y era, para colmo, un hombre de una educación y elegancia humana exquisitas. Me parece que esa referencia íntima vale tanto como la obra. Al fin y al cabo, él mismo nos enseñó que la vida se escribe. En su caso, hasta el último instante de la conciencia.

TRUMP
En el segundo semestre de 2016 estuve en unas diez ciudades de Estados Unidos para promover la traducción al inglés de mi libro Cómo viajar sin ver, recientemente aparecido allá. Justo me tocó ver el pre, el durante y el después del triunfo de Trump. El libro que yo presentaba, muy latinoamericano y vinculado a la inmigración, hizo que conociera a todo tipo de intelectuales que están en las antípodas del proyecto del que en ese momento era candidato a la presidencia. Ahí me di cuenta de que la mayor parte de la progresía norteamericana ni conoce su país ni veía venir la victoria republicana. Es más, todos estaban convencidos de que Trump no podía ganar. Me parece que “el malestar en el sufragio”, como lo llamé en un artículo, tiene consecuencias que van desde la legitimación electoral del fascismo hasta la desactivación del voto de izquierda.

TENER AMIGOS INVISIBLES
La convención dice que los niños pueden hablar con los muñecos. Sin embargo, por una idea estúpida sobre la vida adulto, una de las grandes alienaciones de nuestra vida es el decreto de que para ser productivo uno debe dejar esas tonterías. Apenas entras a la universidad o votas por primera vez, los amigos invisibles merecen medicación o terapia, así que poco a poco nos van quitando esos elementos de ritualización poética. Se nos arrincona en una visión literal y empobrecedora de nuestra necesidad, hasta que sólo nos queda la ficción como acto interpretativo de lo real.

LA VENGANZA DE LA ESCRITURA
Escribir es una respuesta a la soledad, una herramienta poderosísima para crear compañía. En realidad prefiero hablar de la lectoescritura, porque las razones por las cuales leemos y escribimos son muy parecidas. El rol humano que se ejerce en ambas es el mismo. Recuerdo ahora un verso del escritor español Carlos Marzal: dice que escribir es “estar con la gente, sin la gente”. Así lo veo. Hacer un libro es una venganza contra la soledad, contra cierta orfandad básica que todos sentimos. Cuando estoy metido en una novela me voy a la cama con una familia más sólida que si fuera de carne y hueso.

 

Cómo el artista enriquece la familia de las rosas

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Sábado a mediodía. Leo cosas inútiles y bellas, como ésta de Bachelard: “El pintor contemporáneo no considera ya la imagen como un simple sustituto de la realidad sensible. Proust decía de las rosas pintadas por Elstir que eran una ‘variedad nueva con la que el pintor, como horticultor, había enriquecido la familia de las Rosas'”. (Gaston Bachelard, La poética del espacio, FCE).

El artista plástico no copia los colores ni las texturas que ve. Más bien, a partir de lo que ve e imagina crea realidades nuevas, construye hechos que no existían y que, por tanto, tienen la posibilidad de enriquecer el mundo. Igualmente el escritor.

Escribir es hallarle forma a una mancha de sangre

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Ayer entrevisté a Luis Jorge Boone, autor nacido en Coahuila que anda estrenando su más reciente libro de cuentos, Figuras humanas, publicado por Alfaguara.

Hablamos de que prefiere escribir a mano y tiene cuadernos donde vuelca ideas, algún ritmo, sugerencias que se convierten en poemas o cuentos. Luego pasamos a la necesidad de construir paisajes interiores con palabras, crear mundos de consistencia similar a la de la realidad. Y me acordé de esto: “También la verdad se inventa”. No pude recordar al autor, después lo busqué y resulta que lo dijo Antonio Machado. La frase establece una suerte de diálogo con este fragmento del estupendo cuento “Prólogo a nada”: Es la trampa en la que cae quien escribe: acomodar lo que no tiene revés ni derecho, mentirse para entender lo que no le cabe en la cabeza ni en la vida, inventarle una trama, un diseño, una forma específica a lo que es un accidente, un incendio, una mancha de sangre”.

Pues sí, de eso y otras cosas platiqué con Luis Jorge. Disfruto conocer el proceso de escritura de libros cuyas páginas me atrapan. Y Figuras humanas sin duda lo hizo.

El oficio de escritor, de primera mano

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(VERSIÓN ÍNTEGRA DEL TEXTO PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO EL CULTURAL, DEL PERIÓDICO LA RAZÓN, EL SÁBADO 3 DE DICIEMBRE DE 2016)

Lo publicado en México a lo largo de un año permite subrayar, así mínimamente, afinidades compartidas e inflexiones particulares. En el marco de la FIL Guadalajara hice 13 preguntas, las mismas, a 21 autores que estrenan título. La idea fue poner frente a frente acentos complementarios en cuanto a si la literatura sirve para algo, qué distingue a un escritor de un aficionado e incluso qué libro es ideal para llevar al baño.

La lista incluye 11 sellos editoriales. Nombres consagrados como los de Fabio Morábito, Carmen Boullosa, Santiago Roncagliolo, Ethel Krauze y Antonio Ortuño alternan con plumas nuevas que pisan firme, entre ellas, las de Alejandra Costamagna y Gerardo Cárdenas. Del conjunto de respuestas destaco la coincidencia casi total de que un libro no transforma la geografía, pero sí puede reescribir una biografía. En cambio, existen muchos matices sobre la influencia de la era digital en las letras de cada uno. Aquí, el oficio de escritor contado por 21 de ellos, junto con el libro que cada uno presenta en la FIL.

CUESTIONARIO

  1. ¿La literatura debe “servir” para algo?
  2. ¿Qué propondrías (eslogan o concepto) para una campaña nacional de lectura?
  3. ¿Cuál es tu metáfora preferida sobre escribir?
  4. ¿Qué define quién es un escritor: la obra, la publicación, los premios?
  5. ¿A qué autor envidias?
  6. ¿Cómo ha cambiado tu escritura a partir de la era digital?
  7. ¿Qué le criticarías a tus libros si fueras tu enemigo implacable?
  8. ¿Qué dirías en un anuncio clasificado para vender tus servicios como escritor?
  9. ¿Libro que te hizo reír a carcajadas?
  10. ¿Palabra que más odias?
  11. ¿Placer culpable?
  12. ¿Lectura ideal para el baño?
  13. ¿Lo que le urge a la FIL?

 

ALBERTO CHIMAL, incluido en Próximamente en esta sala. Antología de cuentos de cine (Cal y Arena)

  1. Sí, pero no en el sentido de aleccionar. Si tiene suerte ayuda a plantear preguntas.
  2. Decir que leer textos nos prepara para leer el mundo. Y a nosotros mismos.
  3. Es poner en claro quién se es.
  4. Puede ser un inepto o quedar inédito para siempre, pero escritor es quien adopta escribir como parte de su vida.
  5. A quienes hayan escrito la Biblia y otros libros antiquísimos. Sólo ellos han tenido compensación por todo lo que hayan vivido.
  6. Cambió antes de la llegada de Internet. Las computadoras me permitieron escribir como no me dejaban hacerlo las máquinas.
  7. No lo que dicen quienes se creen mis enemigos. Diría que son demasiados. Que son demasiado tercos. Que yo lo soy.
  8. “Se crean personajes, tramas y sorpresas”.
  9. Todos los de Edward Gorey.
  10. Desesperanza.
  11. Ciertas malas películas.
  12. Uno de curiosidades literarias: The Reader’s Bathroom Reader.
  13. Espacio.

 

ALEJANDRA COSTAMAGNA, Imposible salir de la tierra (Almadía)

  1. Quizá para abrir preguntas, para ampliar el mundo en el que vivimos.
  2. Un eslogan del tipo “Leer no da cáncer”.
  3. La frase del dramaturgo chileno Juan Radrigán: “Hay que escribir como si te fueran a matar mañana”. La escritura casi como respiración.
  4. Escritor es quien con palabras es capaz de rastrear un mundo.
  5. A ninguno, la envidia puede producir cáncer. Admirar, a Natalia Ginzburg.
  6. Se ha modificado el proceso: al escribir, la tiranía de lo inmediato se pelea con la antigua concentración.
  7. El ninguneo es infinitamente peor que la mala crítica. No diría nada sobre mis libros.
  8. Nunca haría algo así.
  9. Cómo me hice monja, de César Aira.
  10. Tanqueta.
  11. La siesta post-desayuno.
  12. La Constitución Política de Chile de 1980, la de la dictadura, que actualmente rige.
  13. Nunca había venido. Me emociona presentar mi primer libro “mexicano”.

 

­­ALEJANDRO PÁEZ VARELA, Oriundo Laredo (Alfaguara)

  1. Sí. Debe ser una puerta alternativa a la otra, gigante: la de la ignorancia.
  2. “Lee. Si no lees, puedes hasta ser Presidente de México”.
  3. Se escribe porque se debe. Pero no sé si sea “metáfora”.
  4. No es escritor el que publica ni el que gana premios, sino quien transmite ideas a través de la escritura.
  5. A Primo Levi y a otros que como él han estado en el momento preciso y han exhibido al mundo como, es con la esperanza de que ese mundo no se repita.
  6. Quizá ahora, al hacer periodismo digital, no me limito en el uso de palabras de uso diario que en la prensa tradicional menospreciaba o rechazaba, que asustan cuando están escritas.
  7. Haberlos publicado.
  8. “Artesano que vive del sudor de sus dedos busca trabajo”.
  9. Ninguno.
  10. Empoderar.
  11. Fumar.
  12. Todos.
  13. Le sobran.

 

ALEJANDRO ROSAS, coautor de Érase una vez México 3 (Planeta)

  1. Sí, para divertir, despertar dudas, confrontar principios. Falla un libro que no te mueve.
  2. “Si quieres cambiar tu historia personal, lee”.
  3. Es hablar con los muertos.
  4. Quien tiene la disciplina de sentarse para retar a la creación desde su propio sentir es un escritor. Ya otra cosa es ser bueno o no.
  5. A Philip Roth.
  6. Me he vuelto menos barroco. Hace 10 años usaba demasiados adjetivos, hoy escribo con más contundencia.
  7. Que tengo una cierta autocomplacencia, prefiero los textos cortos. Diría que debo apostar por desarrollar mis ideas con más profundidad.
  8. “Jamás la historia se atrevió a tanto”.
  9. Instrucciones para vivir en México, de Jorge Ibargüengoitia.
  10. ¿?
  11. Ver mucha televisión.
  12. Prefiero el periódico.
  13. Que tiene demasiadas actividades simultáneas y que en las presentaciones se leen textos. Habría que ir a charlar.

 

ANAMARI GOMÍS, La vida por un imperio (Ediciones B)

  1. Te enseña sobre la naturaleza humana, sobre realidades que de otro modo no conocerías.
  2. “Lee para entender mejor el mundo”.
  3. Es un diálogo con las varias personas que te pueden habitar.
  4. Es quien logra conectar con el lector y no sólo desde la literatura. Por ejemplo, me apasiona Francisco González Crussí, patólogo y escritor.
  5. A Philip Roth.
  6. No le encuentro ángulos negativos. Antes tenía que reescribir mucho, hoy todo es más cómodo.
  7. Que a veces de pronto digo “ya, que se acabe la novela” y mis finales pueden quedar precipitados.
  8. En mis textos siempre hay una imagen carnavalesca.
  9. Domar a la divina garza, de Sergio Pitol, aunque no es el último.
  10. Fallecer. Ahora todo el mundo fallece, nadie se muere.
  11. Netflix.
  12. Ninguno. Prefiero jugar Township, que tengo en mi iPhone.
  13. Al contrario, siempre rebasa mi imaginación.

 

ANTONIO CALERA-GROBET, Rambler (Colección Imaginaria)

  1. No ayuda a cambiar el mundo, pero sí puede cambiar la vida.
  2. Diría que la literatura no es lo más inteligente ni lo más bello que ha creado el hombre, sino lo que nos retrata a partir de miserias. Usaría uno de mis lemas: “Antes del fin de este mundo, escribiremos otro”.
  3. Es una transcripción de la vida misma. Se trata de vivir y con ello hacer un relato que se pueda leer.
  4. Un escritor aparece cuando un lector lo encuentra.
  5. A André Breton.
  6. Intervengo mis textos con mayor fluidez y publico más.
  7. Mis primeros libros intentaban comprobarle al medio literario que yo podía escribir. Desde el principio debería haber escrito lo que quisiera.
  8. “Me puedes leer porque yo soy tú”.
  9. Correr, de Jean Echenoz.
  10. Conciudadano.
  11. Soy culpígeno.
  12. Alguno de E. M. Cioran.
  13. Debería ser un templo a la lectura, para convertir a la gente en lectora y no en compradora de libros.

 

ANTONIO ORTUÑO, Agua corriente (Tusquets)

  1. Para ampliar las miras de quien lee. Para confrontarlo y ofenderlo y divertirlo y, quizá, lograr que salga de un libro menos bruto de lo que entró.
  2. No creo en los eslóganes.
  3. Es disparar en la oscuridad. Como dijo la Pantera Rosa.
  4. Escritor es un tipo que viaja con la maleta llena de sus propios libros y duerme en sillones. Hasta que aprende.
  5. Envidiar me parece megalomanía. Por mis escritores favoritos siento cariño y gratitud.
  6. Soy feliz corrigiendo en pantalla en vez de trabajar con 200 versiones en papel. Por lo demás, mi escritura ha cambiado por motivos ajenos a la tecnología.
  7. Para ser mi enemigo implacable primero necesito hacerme una lobotomía.
  8. “¿Odia a todos? Nosotros también. Llámenos. O mejor no”.
  9. Leviatán.
  10. Radical.
  11. Champaña.
  12. Ninguno.
  13. Comenzar.

 

CARMEN BOULLOSA, El libro de Ana (Alfaguara)

  1. Su virtud mayor es su inutilidad. Los esclavos sirven, la literatura subleva, perturba, da placeres y etcéteras inútiles.
  2. Leer es sicoactivo, como un toque, un viaje o una cuba, pero no te lleva al bote y no da crudas. Es adictivo, provoca efectos secundarios y daños colaterales.
  3. Escribir es tocar el silencio.
  4. Lo determina definirse a sí mismo, para sí mismo y antes que ninguna otra palabra, como escritor.
  5. A mí, en mis treinta. Por casi todo.
  6. Soy de huesos del siglo pasado y tardo en reaccionar al ambiente (para bien y para mal). Cuando me pase, sabré qué contestar.
  7. Que los haya escrito yo.
  8. “No la contrates, no va a hacer lo que le pidas sino lo que le dé su gana”.
  9. La última guerra, de Amado Nervo.
  10. Trump.
  11. Comerycomer.
  12. Cátulo.
  13. Una playa nudista.

 

ETHEL KRAUZE, El país de las mandrágoras (Alfaguara)

  1. Permite narrarnos la vida e imaginar futuros posibles.
  2. “Leer es el segundo paso. Escríbete primero”.
  3. Escribir es un hilo donde se ensartan historias.
  4. Todo ser humano posee el don de la palabra, pero escritor es quien tiene el compromiso de dotarla de verdad.
  5. A quien escribe con fórmulas que no se me ocurrirían, como Hisako Matsubara en la novela Samurai.
  6. La velocidad es positiva, pero implica una engañosa idea de facilidad. Escribir a mano es más afín a la creación literaria, porque se hace con el cuerpo.
  7. Que escribo oscuramente, casi no se encuentra felicidad en mi obra.
  8. “No vendo mi primogenitura por un plato de lentejas”.
  9. Por qué los hombres nunca recuerdan y las mujeres nunca olvidan, de Marianne Legato.
  10. La frase “Me choca”.
  11. Las galletas de chocolate.
  12. Contemporaneidad de los presocráticos.
  13. Retomar su vocación original: relacionar a autores y lectores.

 

FABIO MORÁBITO, Madres y perros (Sexto Piso)

  1. Conocer indirectamente a autores que no hemos leído, como Kafka, modifica nuestra manera de imaginar. No sé si para bien.
  2. Subrayaría que leer es importante, pero no fundamental.
  3. Es una línea desde la cual mirar, una barrera que detiene la marea caótica del mundo, del cual comprendemos una pequeña parte.
  4. Al escritor lo define el lugar desde donde piensa el mundo. Eso cuaja en un estilo filológico, lingüístico.
  5. A Juan José Saer, por su novela El Entenado.
  6. Escribir en computadora tiene ventajas, pero al ofrecer una versión pulcra del texto fácilmente nos hace creer que vamos bien.
  7. Me reclamaría que no he salido de lo que soy.
  8. “Se fabrican máscaras. Elija la que más le convenga”.
  9. A los 20 años: La cantante calva, de Ionesco.
  10. Aleluya.
  11. El que siento cuando le ocurre algún infortunio a alguien que envidio.
  12. Los autores contemporáneos que nos abochornan por malos.
  13. Actos menos convencionales.

 

GENEY BELTRÁN, selección y prólogo de Elena Garro. Una antología (Cal y Arena)

  1. Tiene repercusiones sociales. Incluso contra la voluntad de sus autores, los libros pueden servir para algo más que expresar temperamentos.
  2. Mejor usar ese presupuesto para reabastecer bibliotecas y crear librerías de barrio.
  3. “La poesía es un árbol sin hojas que da sombra”, de Juan Gelman.
  4. Quien aspira a trastocar el mundo interior de quien lo lee es un escritor.
  5. Muerto, a Shakespeare. Vivo, a Coetzee. En ambos casos, por su don para desarrollar problemas morales a través de la imaginación.
  6. Leo más en Internet y en e-book. Pero no estoy consciente de que se haya alterado mi escritura.
  7. He escrito como resultado de una transformación interior, que alguien podría confundir con un simple desahogo vital.
  8. “Se rentan pesadillas”.
  9. El asno de oro, de Apuleyo.
  10. Coadyuvar.
  11. Ver futbol americano.
  12. ¿??
  13. Menos sometimiento a los intereses de las grandes editoriales.

 

GERARDO CÁRDENAS, Silencio del tiempo (Abismos)

  1. Sí, para hacer soñar al lector.
  2. Diría: “No le creas a las redes sociales. Abre un libro y verifícalo”. Si la gente leyese más habría votado distinto.
  3. Es picar piedra.
  4. Lo determina su compromiso con las letras, pero el escritor es independiente de los libros que hace.
  5. Vivo, a Stephen King, por fecundo. Muerto, a Shakespeare, por su manejo del lenguaje.
  6. No creo que haya cambiado. La técnica de expresar algo en 140 caracteres se aprende, igual que se aprende escribir una novela.
  7. Un crítico dijo que en mis primeros libros no me soltaba. Coincido.
  8. “Autor con experiencia: escribe rápido, corrige poco y come mucho”.
  9. Lamb: The Gospel According to Biff, de Christopher Moore.
  10. Odio.
  11. Las donas de chocolate.
  12. Algo de Cioran.
  13. Centrarse en las novedades editoriales.

 

JOSÉ HERNÁNDEZ, Che. Una vida revolucionaria I (Sexto Piso)

  1. Como el arte en general, la literatura ha permitido nuestra subsistencia. Es lo que nos hace humanos.
  2. Exploraría la creación de librerías de barrio atendidas por gente de la colonia, donde consultar y comprar libros.
  3. Es un poco sobrevivir a la muerte.
  4. Quien logra desentrañar el proceso azaroso e incomprensible de pensar es un escritor.
  5. A Cortázar, por acucioso. A los escritores de ciencia ficción, por crear mundos. A David Lodge, por su humor.
  6. Antes mis historietas eran artesanales. Ahora el proceso es cercano a la forma de hacer cine: dibujo escenas sueltas, luego las uno para armar el discurso.
  7. Mi falta de estructuración cuando empiezo a hacer un libro.
  8. “Monos al minuto”.
  9. Best Seller, de Fontanarrosa.
  10. Pedo.
  11. La canción “Claridad”, de Menudo.
  12. El que esté en turno.
  13. Dejar de ser una pasarela de políticos que presentan libros.

 

JOSÉ MANUEL RECILLAS, Atrévete a mirar, tú, que no quieres (UAEM)

  1. No resuelve problemas, pero abre la ruta hacia un viaje.
  2. Llevar poesía a mercados y escuelas, para tocar a la gente de zonas marginadas.
  3. En esta época estridente, la literatura es un mensaje susurrado, cercano al silencio.
  4. Es quien hace que un texto llegue a otra persona, no importa si es reconocido, grande o mediocre.
  5. A César Vallejo, a Friedrich Hölderlin.
  6. La computadora facilita corregir, pero estoy volviendo a la pluma y el papel. La mano tiene mucho que ver al escribir.
  7. Que como autor dé culto a la forma y mantenga la fe en el amor como tema absoluto.
  8. “Escribo poemas de amor, por si los necesita”.
  9. La más reciente novela de Manuel Andrade, inédita.
  10. Procrastinación.
  11. Comerme los pellejitos de los dedos.
  12. Quizá los poemínimos de Efraín Huerta.
  13. Dar más espacio a editoriales independientes y a escritores de calidad, no consagrados.

 

LILIANA COLANZI, Nuestro mundo muerto (Almadía)

  1. No tiene una utilidad. En ello radica su potencial político.
  2. Una frase que encontré por ahí: “Yo leo, tú lees, Bruce Lee”.
  3. Es tener una antena que intenta sintonizar la música del universo.
  4. Una mirada capaz de ver más allá de los clichés es lo que distingue a un escritor.
  5. Admiro lo que William Faulkner o Philip K. Dick consiguieron a partir de (o a pesar de) sus adicciones, pero no envidio la miseria de la adicción.
  6. Paso mucho tiempo sumergida en ese océano de fantasías delirantes que es Internet, sin el cual no puedo escribir.
  7. Cuando pienso que Rimbaud revolucionó la poesía a los 17 años y se había jubilado a los 21, no puedo evitar deprimirme un poco.
  8. “Pinto casas a domicilio”.
  9. No recuerdo ninguno.
  10. Que me digan “niña”. ¡Tengo 35 años!
  11. “Stalkear” a la gente.
  12. Las redes sociales.
  13. Es la primera vez que voy, quiero descubrirla.

L.M. OLIVEIRA, Árboles de largo invierno (Almadía)

  1. Para imaginarnos en los zapatos del otro, despertar conciencias. Lo que me incomoda es que se defienda que debe servir para una sola cosa.
  2. “El vicio que no querrán quitarte”. Malísimo, hay mejores formas de promover la lectura.
  3. Esto de Hemingway: “No hay nada que decir de la escritura. Es sólo sentarte a la máquina y sangrar”.
  4. El que conoce el oficio y lo demuestra. No basta con rezar para ser religioso, se necesita creer en Dios.
  5. A Truman Capote, por A sangre fría.
  6. Con Internet nunca estás solo. Esa distracción es un cambio para mal, pero ayuda a limpiar.
  7. La estúpida prisa. Hay que aprender a caminar despacio.
  8. “Prosa sin prisa. Absténgase si requiere versos, me gustan pero no me cuadran”.
  9. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
  10. Coadyuvar.
  11. Amaretto.
  12. Instrucciones para vivir en México, de Jorge Ibargüengoitia.
  13. Amaretto.

 

MAGELA BAUDOIN, La composición de la sal (Almadía)

  1. No debe servir para nada. Creo, como César Aira, que deja soñadores improductivos.
  2. Dirigir la campaña a los adultos, que son quienes definen los hábitos de lectura. Cuando hay libros alrededor es natural leer.
  3. Lo que dijo Oscar Wilde: para escribir basta con tener algo que decir y decirlo, lo cual no es fácil.
  4. Sentarse a escribir y, más imprescindible aún, sentarse a leer define a un escritor.
  5. A Anthony Burgess, por la novela Poderes terrenales.
  6. Siempre he escrito en computadora, así que para mí ha sido un devenir natural.
  7. Todo. Los enemigos perfectos no perdonan.
  8. “Mentirosa profesional con 43 años de experiencia”.
  9. Don Quijote.
  10. Expresiones como “escritor comprometido”.
  11. Leer, porque le quito tiempo a quienes amo.
  12. No puedo, me parece un placer masculino. Quizá me pierdo algo importante.
  13. Nunca he ido. Me entusiasma la vitrina colosal que supone.

 

MAURICIO MONTIEL, Los que hablan. Fotorrelatos (Almadía)

  1. Para inventar mundos que no conocemos y que terminaremos por extrañar.
  2. “La lectura te da más vidas que un gato”.
  3. Acudo a una frase de Kafka: escribir es “como un camino en otoño: tan pronto como se barre, vuelve a cubrirse de hojas secas”.
  4. Sólo lo puede definir su escritura: la publicación, los premios y los lectores son un telón de fondo necesario.
  5. A Franz Kafka, porque supo ver el funcionamiento perverso del macrocosmos desde su microcosmos praguense.
  6. Para bien: mi escritura ha ganado concisión y precisión gracias a los proyectos literarios que he desarrollado en Twitter.
  7. Adjetivación y cierta tendencia al exceso de metáforas.
  8. “Se diseñan vidas ajenas a la medida”.
  9. La chica del tren de Paula Hawkins (no lo terminé).
  10. Imposible.
  11. Mal cine de terror.
  12. No leo en el baño.
  13. Renovación.

 

SANDRA FRID, La danza de mi muerte (Planeta)

  1. Sí, para comprender mejor a los demás.
  2. Haría énfasis en que puede ser muy divertido. Si alguien se acerca así a la literatura puede acabar siendo un gran lector.
  3. Es intuición y nostalgia.
  4. Escritor es quien se toma en serio el oficio, quien verdaderamente se dedica a trabajar el párrafo escrito.
  5. Mi favorito absoluto es John Banville.
  6. Empecé a escribir a mano, luego pasaba a máquina. Ha cambiado para bien: si hoy tengo que incrustar un párrafo o decidir que el capítulo 5  se convierte en el 16 lo hago en segundos. Es una fortuna.
  7. Que a veces me entran las prisas por acabar.
  8. Diría que tomo con mucha responsabilidad la investigación para escribir novela histórica.
  9. Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia.
  10. Injusticia.
  11. El chocolate.
  12. Ninguno.
  13. Los módulos de información no tienen información.

 

SANTIAGO RONCAGLIOLO, La noche de los alfileres (Alfaguara)

  1. Hace pensar. Con eso ya es más útil que la mayoría de cosas.
  2. Mostraría el video de Peña Nieto en la FIL, incapaz de recordar un título, y su conferencia de prensa con Trump. Diría: “¿Ves cómo acabas si no lees?”.
  3. Se parece más a la enfermedad que a una vocación.
  4. La obra. Escritor es quien escribe incluso si nadie lo sabe, igual que puedes ser carpintero en secreto.
  5. A Bolaño. Ha publicado ocho libros desde su fallecimiento. Espero estar igual de activo cuando muera. O antes.
  6. La escritura no ha cambiado nada, sólo tengo más contacto con los lectores.
  7. Me critican que mis novelas sean fáciles de leer.  A mí me parece bien que se lean fácilmente y se digieran con dificultad.
  8. “Especialista en perdedores y sicópatas”.
  9. Lionel Asbo, de Martin Amis.
  10. Supletoria.
  11. Dean Koontz, un autor de terror malo que me encanta.
  12. Dean Koontz. Pero no dejo sus libros en el baño de visitas. Tengo una reputación.
  13. Exportar el modelo.

 

VALERIA LUISELLI, Los niños perdidos (Sexto Piso)

  1. Un libro puede producir muchos pequeños cambios mente por mente, pero el deber del escritor es escribir bien, no transformar el mundo.
  2. Enfocaría los esfuerzos en los maestros, en cómo enseñarles a transmitir el gozo de la lectura.
  3. Una idea de Joseph Brodsky: la economía en el lenguaje tiene que ver con darte cuenta de la gravedad física, el peso de las palabras en un sentido narrativo.
  4. Escritor es quien dedica su vida a escribir.
  5. No envidio, pero admiro a Alma Guillermoprieto, a László Krasznahorkai, a Anne Carson.
  6. El mundo digital entró a mi vida más o menos en 2004, cuando estaba trabajando en mi primer libro, Papeles falsos. No veo cambio, porque mi escritura nació al mismo tiempo.
  7. Prefiero no dar ideas a mis enemigos.
  8. “Vendo mis libros. Entrega a domicilio”.
  9. Incidences, de Daniil Kharms.
  10. Coadyuvar.
  11. Es secreto.
  12. El periódico.
  13. Playa.

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Lo ligero es increíblemente pesado: Lipovetsky

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Vieran el gusto que me dio platicar de nuevo con él.
Vivimos la era de la ingravidez, de teléfonos celulares de pocos gramos y laptops delgadísimas, donde el entretenimiento habita lugares intangibles que se llaman Facebook, Netflix y Spotify, mientras nuestra memoria se aloja en una Nube que nunca se manifiesta en lluvia. Sin embargo, la ligereza se ha convertido en el paradigma más pesado, más esclavizante, que se expresa a través de nuevas necesidades creadas, la programación de la obsolescencia y la imposición de infinidad de obligaciones sociales, que elegimos por voluntad.

Hace unas semanas se transmitió por TV UNAM la entrevista que le hice en agosto al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky sobre estos temas, a propósito de la publicación de su nuevo libro De la ligereza (Editorial Anagrama).

Les agradecería que le echaran ojo y me dijeran qué les parece, tanto lo positivo como lo negativo. Gracias de antemano.

Da click aquí para ir a la entrevista.

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Lipovetsky estuvo relajado y me hizo sentir ídem. Eso sí, en la foto no se ve el aironazo que hacía en la terraza del Hotel Condesa D.F.

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Sí, acabé feliz.

Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.
Un instante del backstage, para que quede registro del maquillista que hizo su santa voluntad en mi cara.

Borges y Sábato: estas palabras significan lo contrario de lo que significaban

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Verano de 1975. Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato llevaban más de dos décadas sin hablarse, enemistados por sus respectivas posturas políticas. La revista argentina Gente les propuso reunirse y conversar. Ambos aceptaron. Platicaron sobre, idiomas, traducciones, de títulos de libros. Aquí, un pequeño fragmento de esa plática:

“[…] Jorge Luis Borges: —Me acuerdo de una frase feliz de Paul Groussac. Decía que Sarmiento sabía el latín y sospechaba el griego…
Ernesto Sábato: —Suele decirse: Fulano domina varias lenguas’. Generalmente, uno no domina ni la de uno.
B.: —Más bien está dominado por ellas…
S.: —Además, entre las lenguas hermanas hay pequeñas sutilezas devastadoras. El tiempo hace que las palabras deriven hacia significados opuestos: ‘nimio’ era ‘grande’; ahora es ‘pequeño’.
B.: —’Cold’ (frío, en inglés) quería decir antiguamente lo contrario: ‘calor”‘ Pasó el tiempo y se olvidaron de su significado. Sabían que tenía algo que ver con la temperatura, pero no si era ‘frío’ o ‘caliente’.
S.: —Claro. ‘Cold’ se parece mucho a ‘caldo’, que es ‘caliente’. La raíz común es el sánscrito”.

Me intriga la posibilidad que plantea Borges sobre la etimología de “cold”, aunque no he encontrado dónde sustentarla. Lo que es un hecho incuestionable es la etimología de “nimio”: viene del latín “nimius” y significaba excesivo, demasiado. El sentido actual de insignificante, minúsculo viene de “una mala inteligencia de frases como cuidado nimio“, señala Joan Corominas en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana (Gredos). Por su parte, el Diccionario de Etimologías de Chile (en línea) señala que el cambio de significado podría deberse a una asociación popular de tipo etimológico basada en el latín “minimus”, pequeño, en palabras como “mínimo”.

Además de la fascinación que me generan las etimologías y ésta, de nimio, es preciosa, me quedo también con esta otra joya, de Borges: Uno no domina una lengua, más bien es dominado por ella(s). Qué lujo, oír conversar a Borges con quien fuera, incluso Sábato.

Da click aquí para ir a la entrevista aparecida en la revista Gente en 2004.

Lleva 80 años muriéndose

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El pelotón de fusilamiento le agujereó el traje y, con él, la carne, pero no se murió. Es decir, hoy hace 80 años empezó a morirse pero todavía no termina la labor minuciosa. Como dijo alguna vez Gonzalo Rojas: “Los poetas no se mueren. Quedan encantados“. Algo así con Federico García Lorca, el poeta de la música, el músico de los versos, el que dicen que afirmó: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse y que forman algo así como un misterio”.

Lleva 80 años muriéndose y le faltan muchos más.

Da click aquí para ir a la entrada García Lorca y Belén, heridos de amor

 

La luna para desayunar

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Vuelvo a Anaïs, que a cada paso me va aclarando lo que pienso y siento, como en este pasaje de hoy:

“Dejo ir todo lo que no puedo transformar en una maravilla. La realidad no me impresiona. Solo creo en la embriaguez, en el éxtasis, y cuando la vida ordinaria me encadena, escapo, de una manera u otra. No quiero más prisiones […] Yo elijo siempre la luna para desayunar. No aguanto los aspectos monótonos de la vida”.

-Anaïs Nin, Incesto (1932-1954) en Diarios amorosos, Siruela, p. 326

Dice Kawabata que el odio es una forma de amor

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Acabo de terminar de releer Lo bello y lo triste, novela del japonés Yasunari Kawabata. La había leído hace un par de años y me había gustado. Ahora que me reencuentro con la narrativa del nipón me doy cuenta de que me gusta muchísimo. Es de una sutileza desarma, pero al mismo tiempo tiene la fuerza de una estampida de bestias.

Narra el reencuentro de Oki y Otoko, quienes hace 20 años se amaron. Ella tenía entonces 16 años, él estaba casado y tenía un hijo. Los amantes se separaron y ahora, al volver a verse, las cosas son distintas, porque en el escenario está también Keiko, la joven alumna de pintura de Otoko, quien quiere vengar el agravio cometido hace décadas contra su maestra. Moviendo los hilos, astuta y controladora, seductora y niña, la chica controla la historia y la lleva hacia un desenlace tremendo que, sin embargo, Kawabata narra con una limpieza absoluta. La sensualidad que rodea al obi o ceñidor del quimono me fascina, lo mismo que las escenas eróticas donde la chica no quiere que el hombre bese su pezón derecho. Y lo impecable de su prosa, bueeeeno.

Me queda rondando esta frase, puesta en boca de Keiko: “Supongo que en una mujer hasta el odio es una forma de amor”. Creo que no lo he vivido así, pero no sé. ¿Será? En cualquier caso, recomiendo mucho la novela.

El fin del mundo aguarda en un hotel de paso

Captura de pantalla 2016-06-21 a las 11.15.16El fin del mundo no está cerca. Es decir, no está cerca,  ya está aquí. Lo sabe la mosca que un cruel tiene por mascota para arrancarle las alas, para quitarle las patas. También lo sabe el niño que juega en la frontera de Israel con un paraguas amarillo, pretendiendo que es un arma. Y el amante que alguien arma y desarma, y teme que un día lo reemplacen por un modelo de última generación. Sobre todo, lo sabe el amante que visita hoteles de paso, tristes hoteles de paso, y desde ahí señala: “Las llamas del infierno son una imposibilidad. Existen a manera de metáfora. Quienes las concibieron usaron ese eufemismo con el propósito de designar las camas de los hoteles de paso cuando un hombre solitario, sin sueño posible, piensa en:

a) la ausencia de la mujer perdida

b) la ausencia de la mujer ansiada

c) la presencia de una mujer que no es la aludida ni en a) n i en b)”.

Y sí, qué Hollywood ni que nada: estar a solas en un hotel de paso bien encarna el auténtico, el más apocalíptico fin del mundo, sin estallidos ni efectos en cámara lenta pero sí desgarramientos, mucha sangre, música trepidante y, acaso, algún ángel caído entre los escombros.

El amor antes y después del final del mundo, libro reciente del escritor mexicano José Luis Enciso, es un rosario de cuentos eficaces, agudos, que exploran los diferentes registros del deseo desde la imaginación (¿hay mejor resorte contra la desesperanza?). El autor sabe usar la pluma para poner acentos de sorpresa, para subrayar la ironía que toda devastación conlleva, para crear ritmo en relatos que no dan tregua. Como los sobrevivientes, él y ella, que se besan con voracidad, que lamen “las costras de mugre y lodo del otro”, que no logran escapar de los fantasmas. O como el amante que está solo en un hotel y para quien, de todas las soledades, “la blanca es la peor. Los glaciares saben de eso. Las sábanas de los hoteles de paso, también”.

¿Es importante imaginar qué pasa antes y después del fin del mundo? Sí, según este libro, sí. Y mucho.

Obsesión por la textura, la música interna y el perfume de cada palabra

 

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“Sensación de estar frente a la literatura, o mejor, de ver funcionar una maravillosa máquina de hacer literatura. Habla lento, con extraños cortes en el interior de la frase. Absurdamente, yo me sentía tentado a arrimarle las palabras, como si él se detuviera porque no las encontraba. Siempre él traía por fin una palabra distinta a la que yo imaginaba, más bella y más exacta que la mía”. Lo dice un muy joven Ricardo Piglia sobre su encuentro con Borges, en Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama), esos espléndidos cuadernos del alter ego de Piglia.

Claro, la vocación de Borges por la textura, la música y el perfume de cada palabra habrá entintado su manera de hablar, tanto como distingue su obra. Me recuerda aquel cuasimandamiento de Dylan Thomas, “Love the words” y su obsesión, su desquiciamiento por la sonoridad y la multiplicidad de sentidos de las palabras. Da click aquí para ir a la entrada Dylan Thomas: Feroz declaración de amor por las palabras.

Me voy pensando en eso que impresionó al muchacho Piglia: difícilmente se puede crear algo de proporciones como las de Borges o Thomas sin la obsesión por el material con que se crea, como pasará con un escultor que conoce y ama y teme y explora y vibra las posibilidades del mármol.

Acabo de firmar contrato para un nuevo libro (y tengo gusto y susto)

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“El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel […] La obligación del escritor es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga en gana […] “. Son palabras de William Faulkner.

Es cierto, el narrador o el poeta tienen ventaja sobre un cineasta o un escultor, que dependen de la confluencia de muchos factores, de grandes recursos, de materiales difíciles de conseguir. En cambio, quien escribe se basta con una hoja y un lápiz. En esos dos elementos sencillos descansa su trabajo, el que le obsesiona, el que alimenta sus neurosis y pudores, el que le da una dirección, aunque muy probablemente nunca viva de esas palabras garabateadas en un papel.

Lo digo cuando acabo de firmar el contrato para publicar un nuevo libro de poesía. Y sí, estoy feliz, emocionada, pero también tengo miedo, todas las inseguridades del mundo.

 

 

Por qué la jodida necesidad de escribir

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Me encuentro esta cita de Paz que anoté en un cuaderno viejo y me gusta toda, pero en especial esta línea: escribo para detener el instante y para echarlo a volar. Por eso no dejo de escribir, por la jodida y voraz y bendita necesidad de exprimir al máximo cada segundo:

“He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener al instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y para sobrevivir”. -Octavio Paz, prólogo a La casa de la presencia

 

De cómo este escritor se parecía a un escorpión

 

Malcolm Lowry
Malcolm Lowry
Anoche, en la madrugada, terminé de leer Under the volcano (Bajo el volcán), novela del escritor inglés Malcolm Lowry. Es un golpe tras otro de estilo, de imágenes, de poesía en prosa, de trama, de cabrón ritmo para hablar del infierno (con ecos de Dante y de Fausto), de personajes. En otro momento quiero escribir sobre algunas de las muchas cosas que sacuden de este portento de novela, pero hoy dejo aquí un fragmento que se me atora en la garganta como una piedra, por terrible y bello.

Cuando el personaje del Cónsul, en su ininterrumpida borrachera, ve un escorpión en la pared, comenta:

“A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beautiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway” y más tarde, al ver otro escorpión muerto, señala: “Maybe the scorpion, not wanting to be saved, had stung itself to death”. ( Capítulos 6 y 12, pp. 196 y 352 respectivamente en mi edición de Harper Perennial).

(Aquí, una traducción que encontré en Internet y que es, al menos, decorosa. Es de Raúl Ortiz y Ortiz: “Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo […] Tal vez, como el escorpión no quería que lo salvaran, se había matado con su propio aguijón”).

El Cónsul es tan parecido a ese animal, tan idéntico en su afán autodestructivo. Y Lowry, el autor, también lo fue. Los tres asumen como propia la afirmación: “What if courage here implied admission of total defeat?”. (“¿Qué ocurriría si aquí la valentía entrañara admitir la derrota total?”).

Villoro: El periodismo le da sentido a lo que no lo tiene

Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)
Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)

Leo que a Juan Villoro le dieron el Premio Periodismo Diario Madrid, por su trabajo sobre temas de la cultura hispanoamericana, además del Premio José Emilio Pacheco, en la Feria del Libro de Mérida. Anda muy celebrado, pues.

La suya es una pluma sólida tanto en la arena literaria como en la periodística, pero desde hace tiempo su trabajo como cronista y ensayista es el que más me interesa. Cuando fue mi maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM leí sus novelas El disparo de Argón y El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, además de los cuentos de La noche navegable. Lo disfrutaba mucho como narrador. Recientemente me gustó su Conferencia sobre la lluvia y el volumen de cuentos Los culpables, pero de algunos años para acá me he decantado por su trabajo periodístico con aroma a literatura: me gustan mucho los textos que publica en SoHo Colombia, en El Malpensante, en Etiqueta negra, en Letras Libres.

Hace unos años leí algo que le dijo en Argentina a Leonardo Tarifeño, magnífico periodista y querido amigo. Busco la cita en Internet y, claro, ahí está: “El gran desafío de la crónica consiste en construir un relato que haga tolerable lo intolerable y darle sentido a aquello que no lo tiene”. Ese es el periodismo que de verdad me apasiona y me parece retador: no el de la coyuntura (si el Presidente dijo A o B, si hoy vendrá X político de visita al país), sino el que rasca en las entrañas y expone con lucidez y análisis temas como la teatralidad del narcotráfico, como en este texto suyo: La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo. Me parece que esa es una de sus enormes virtudes. Y aunque a veces creo que se excede desempeñando un papel de opinionólogo, es un tipo brillante y mesurado que con frecuencia arroja luces sobre lo que pasa en el país y en el mundo.

En fin, todo esto para decir que me da gusto que su pluma sea reconocida. Claro, como si a él le interesara mi opinión.

 

 

“Compartido es el placer”

Imagen: Stefan Kuhn
Imagen: Stefan Kuhn

En el siglo I antes de Cristo, Tito Lucrecio Caro se aventó la puntada de decir que la mujer tiene placer sexual. Es decir, el hecho de que busque el sexo no sólo obedece a un impulso natural: lo puede disfrutar. Las religiones y la ciencia tardaron muchos siglos en aceptar eso que Lucrecio no puso en duda, tremendamente adelantado a su tiempo. Va este fragmento de su libro De naturaleza, nomás por el gusto de celebrar que es viernes y que sí, el placer es de dos:

“Y no siempre la mujer suspira de amor fingido cuando abraza el cuerpo del varón y con su cuerpo lo junta y sujeta, mojando besos con chupar de labios; porque de corazón lo hace muchas veces y, buscando compartir el gozo, acucia para recorrer la amorosa pista. Y no de otro modo pájaros, vacas y bestias, ovejas y yeguas se pondrían debajo del macho, si no es porque, así que entran en celo, se enardecen sus partes rebosantes, y a los amorosos respingos gozosas responden. […] Eso nunca lo harían si no supiesen el gusto que se dan, capaz de dejarlos atados. Por tanto, digo y repito como hasta ahora, compartido es el placer”.

-Tito Lucrecio Caro, La naturaleza, Libro IV, 1193-1207, traducción de Francisco Socas, Gredos, 2010.

Da click aquí para ir a la entrada “He extirpado el miedo de Caronte”, también sobre Lucrecio

Los (varios) autores del Quijote

Don Quijote, de Gustav Doré
Don Quijote, de Gustav Doré

Con esta entrada se cierran los tres meses de comentar cada jueves aquí algún rasgo del Quijote y de ilustrar cada entrada con alguna imagen que el arte ha ofrecido sobre el Caballero de la Triste Figura. Hablé de cómo el Quijote se construye a la Dulcinea que le conviene, de la finura que emplea para insultar, de en qué año llegaron a México los primeros ejemplares de la novelade por qué la locura le es necesaria al Quijote (y a nosotros), compartí un texto de Ricardo Bada sobre Altisidora como posible antecedente de la Lolita de Nabokov y de los muchos libros que viven dentro del Quijote, entre otros temas.

Apenas fueron 12 entradas, de modo que quedaron fuera muchísimos asuntos que me hubiera encantado abordar, entre ellos los distintos tiempos que contiene la novela (cronológico vs narrativo), la oralidad de Sancho (presente en refranes pero no sólo) y los recursos lingüísticos empleados en construir la narración. Extraliterariamente también me hubiera gustado comentar algo sobre el mito del pretendido ignorante que fue Cervantes, que según algunos no se enteró del portento que estaba creando. Nada más estúpido. En fin. No pretendo ser, ni de lejísimos, experta en el tema, sólo soy una lectora curiosa que disfruta de meterse en los entresijos de lo que lee.

En esta última entrada comparto la que me parece la más impresionante representación gráfica del Quijote y los mundos que lo habitaban: ésta de Gustav Doré. Y al mismo tiempo quiero hablar brevemente sobre Cide Hamete Benengeli, el “historiador arábigo” que funciona como una especie de coautor de la novela y que permite asomarse a la exacta maquinaria narrativa que la subyace. En el capítulo 9 de la primera parte, el narrador del Quijote menciona que Hamete Benengeli es el autor de la historia del caballero andante y que él, el narrador, la encontró en unos cartapacios traducidos del árabe. Es decir, se le advierte al lector que nunca lee directamente el original, sino siempre está ante la traducción, adaptación y lectura comentada de un texto que no conoce.

Cervantes emplea así el recurso habitual en esa época de presentar el relato como la versión de un manuscrito inédito escrito en otra lengua. De modo que apenas en la página 87 (de un total de 1106 en mi edición, la del IV Centenario preparada por Alfaguara) hay ya cuatro autores: Cervantes, el narrador y Hamete Benengeli, más el morisco que tradujo los manuscritos hallados por el narrador. Y a lo largo de las páginas se suman los personajes, mismos que cuentan aventuras y añaden historias paralelas, citan poemas, cruzan comentarios. Por otro lado habría que añadir que el Quijote menciona varias veces su confianza de que un escritor pondrá por escrito sus hazañas, con lo que Hamete Benengeli podría fungir como una invención del propio Quijote quien, a la vez, sería criatura de aquél. De hecho, es de notar que la novela cierra con una suerte de diálogo entre Hamete Benengeli y su pluma, la cual señala: “Para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para en uno”. Esto que parece juego de palabras es apenas la punta del iceberg de la complejidad estructural y la polifonía narrativa del Quijote, mismas que no estorban ni agobian al lector no especializado, pero que fascinan a quienes rascan un poco bajo las palabras.

Hasta ahí. Dejo el tema apenas apuntado y añado el enlace a un artículo, por si a alguien le interesa ahondar más en él: Los autores ficticios del Quijote, de Jesús G. Maestro

Muchas gracias a quienes se sumaron a la iniciativa de leer (releer) la novela entre enero y abril, cuando se recuerdan 400 años de la muerte de Cervantes. Aquí va la lista final de lectores, que desde México, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Canadá y España se asomaron conmigo a las aventuras quijotescas:

  1. Alberto Diéguez Blog: http://www.desafectos.wordpress.com
  2. Alberto Reyes
  3. Alexander
  4. Alida Pérez @salaida
  5. Alma Delia Murillo @AlmaDeliaMC
  6. Borgeano Blog: http://www.elblogdearena.wordpress.com
  7. Camarero Blog: http://www.juliocesarsrg.wordpress.com
  8. Carlos Carranza
  9. Cristina Liceaga Blog: http://www.cristinaliceaga.com
  10. Elena Díaz de León @chelen_dlz
  11. Enrique Soto @quico70
  12. Esdbeidy Mendoza @EsMendozai
  13. Gabriela Cervera @gcerveravalee
  14. Gerardo Cárdenas Blog: http://www.gerardo1313.wordpress.com
  15. Héctor Rodríguez @leonRod79
  16. Jairo Zambrano Blog: http://www.notasuelta.wordpress.com
  17. Jorge Murillo @georgemurillo
  18. José de Jesús Montoya
  19. José Luis Alcaraz pppk2@yahoo.com.mx
  20. Julia Santibáñez Blog: http://www.palabrasaflordepiel.com
  21. Laura Morán Iglesias Blog: http://www.lauramoraniglesias.wordpress.com
  22. Laura Martínez-Belli @MartinezBelli
  23. Maira @mai_baudouin
  24. Marcelo Osorio Blog: https://poetasnuevos.wordpress.com/
  25. María Rosas
  26. Mariana Pineda
  27. Miguel Garza Ayala miguelgarzaayala@gmail.com
  28. Noemia @poemia45 Blog: http://noemiaescritos.blogspot.com
  29. Pablo A. Martínez
  30. Pedro Saad
  31. Ramiro Beltrán @rabeltm
  32. Ricardo Ruiz
  33. Slechugavega (ups, sigo sin tener tu nombre)
  34. Teresa Echeverría
  35. Tonatiuh López Blog: http://www.tonatiuhlopez.wordpress.com
  36. Vate Lechuza vatelechuza.wordpress.com

En especial agradezco a quienes estuvieron comentando y aportando materiales y puntos de vista: Carlos Carranza, Cristina Liceaga, Alma Delia Murillo, Julio César SRG y Gerardo Cárdenas. Fue una ricura compartir andanzas con ustedes.

Y, más que nunca, luego de hundirme de nuevo en la lectura subrayo las palabras de Sansón Carrasco a la muerte del caballero andante: “[…] se advierte/ que la muerte no triunfó/ de su vida con su muerte“. El Quijote está más vital que nunca.

Daniel Sada: la sobadera de voces en la orgía

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Acabo de terminar este portento de libro. Qué tenebra de tema, la violencia en México, contada con qué jugadera de palabras. El lenguaje del juego, de Daniel Sada (Anagrama) cuenta la historia de la familia Montaño, en el norte de Mágico (trasunto de México). Luego de cruzar de mojado a Estados Unidos exactamente 18 veces, el padre, Valente, ha juntado un dinerito y decide poner una pizzería en su pueblo, misma que atenderán él, su esposa, y sus hijos, Candelario y Martina. Pero los capos del narco acaban de llegar al pueblo y traen con ellos los carrotes, las armas, los muertos. Así, la sangre resultante.

Había leído poemas y cuentos de Sada, escritor mexicano nacido en Mexicali (1953-2011), pero es la primera novela suyo que conozco y qué cosa de libro. El tremendismo del asunto y el rumoreo del estilo. No tiene madre ni, creo, hijos. En la contraportada dice Francisco Goldman sobre él: “Sada es a Rulfo lo que Beckett a Joyce, sólo que al revés. El minimalismo de Beckett era su respuesta al insuperable maximalismo de Joyce. Y el maximalismo de Sada fue la respuesta de éste al insuperable minimalismo de Rulfo”. Híjole, sí.

Transcribo aquí dos fragmentos que muestran lo impresionante de la pluma de Sada: la violencia narrada desde el deslumbre y la sobadera de voces en la orgía del estilo. 

“También cierta vez llegaron a la pizzería cuatro hombres empistolados. Dos de ellos, los más gordos, lucían gafas oscuras y bigote tupido antiguo, en cambio los otros dos no estaban bien rasurados y eran flacos como varillas. Los cuatro traían sombrero y caminaban como pavos reales. Bueno, pues ellos se sentaron y ordenaron pizzas así y asá. […] Luego así nomás sobrevino el levantón repentino de los cuatro. Se estaban yendo y… ¡la cuenta! Valente quiso interponerse, pero delante de la clientela el más gordo de los sombrerudos proclamó con chisguetes de saliva: ¿A poco nos vas a cobrar, hijo de tu puta madre? Y agregó: ¿Qué es lo que quieres?, ¿que te meta dos plomazos? Valente se quedó mudo-atónito. Notoria inmovilidad de estatua. Estatuas también Yolanda y Martina. Estatuas los empleados. Estatuas los clientes. Mundo perplejo, sin aliento. Mundo: escoria”. p. 54

“Pues que se desangrara el tal por cual, que sintiera el efecto de una saña bien diabla, hasta que ya de plano lo creativo acabara en ensombrecimiento, entonces el balazo más adecuado ¡pronto!, ya para despachar a ese cretino. Y los litros de sangre derramada en medio del jardón. El césped embarrado de rojura, cual pinturreo que mana y brilla y arde y los gritos de Íñigo, invariables y nadie todavía que lo callara, hasta que el mero-mero, por enfado, accionó su pistola no sin antes decirle que abriera bien la boca y contra el paladar el fuego tremebundo, despedidor de cuánto: vencedor adecuado, resultón“. p. 173

 

“Decir lo que quisieridísimis”

Sancho Panza, por J. Gilbert (1860)
Sancho Panza, por J. Gilbert (1860)

Para reírse de alguien o algo hay que tener elegancia. Cuanta más clase, mejor la broma, como evidencia este fragmento del capítulo 38 de la Segunda Parte del Quijote, uno de mis favoritos, en el que la dueña Dolorida se presenta ante caballero y escudero, y Sancho usa sus mismos recursos para retacharle la burla:

“[…] Sosegados todos y puestos en silencio, estaban esperando quién le había de romper, y fue la dueña Dolorida con estas palabras:

-Confiada estoy, señor poderosísimo, hermosísima señora y discretísimos circunstantes, que ha de hallar mi cuitísima en vuestros valerosísimos pechos acogimiento, no menos plácido que generoso y doloroso, porque ella es tal, que es bastante a enternecer los mármoles y a ablandar los diamantes y a molificar los aceros de los más endurecidos corazones del mundo; pero antes que salga a la plaza de vuestros oídos (por no decir orejas), quisiera que me hicieran sabidora si está en este gremio, corro y compañía el acendradísimo caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza.

—El Panza—antes que otro respondiese, dijo Sancho— aquí está y el don Quijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos”.

Ese “quisieridísimis” es una perla, aplicarle un aumentativo a un verbo no tiene nombre. Me encanta. Además, en pocas líneas este pasaje encarna ese rasgo tan disfrutable del Quijote: el humor cabroncito. Es decir, en las páginas de la novela no hay bobadas del tipo payaso-de-circo, totalmente predecibles. Éste es un humor fino, inteligente, acusado. Aunque el Quijote no tuviera más virtud que ésta, por ésta sola valdría la pena leerlo completo.

La próxima semana termina el reto que propuse en este blog, de leer las dos partes del Quijote para abril, cuando se celebran 400 años de la muerte de Cervantes. Carlos Carranza, mi querido acompañante en la relectura del libro, esta semana comparte un enlace a la Biblioteca Virtual de Patrimonio Bibliográfico del Gobierno de España. Contiene un montón de ediciones del Quijote y también muchos libros sobre el Quijote y sobre Cervantes, varios de ellos descargables gratuitamente, como esta biografía de Cervantes. Gracias de nuevo, querido Carlos. Algunos co-lectores no han comentado su lectura, ojalá lo hagan en estos últimos días. No se requieren comentarios sesudos, basta con hablar de lo que uno va encontrando, lo que le mueve, lo que le gusta, lo que le impresiona, lo que le disgusta. Pero, como dije desde el primer día, el principal afán es gozar del Quijote desde la costuras, sin mayor compromiso que ése.

Buen juevesidísimis santísimis.

#MiércolesDePoesía Por qué me tardo en contestar una llamada

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Quienes pasan seguido por este espacio quizá recuerden que uno de mis poemas favoritos en la vida es La mancha de púrpura, del zacatecano Ramón López Velarde. Bueno, pues hoy comparto unos espléndidos versos de mi querido Fernando Fernández, que presumen ecos de aquel poema pero con un juego que entenderán los maduritos(as) que, como yo, usaron una contestadora de mensajes y conservaron en ella la voz codiciada. Claro, no hay tema menor cuando lo aborda un poeta como Fernández.

Por cierto, háganse el favor de pasar por su blog Oralapluma y su programa de radio de novedades editoriales A pie de página (lunes, 3 p.m., por Horizonte 107.9 FM). Ambos son un regalo de inteligencia de un impecable difusor de cultura y Lector, así, con mayúscula. Ahora sí, buen #MiércolesDePoesía.

“Explica la tardanza en contestar una llamada”

En medio de un acorde y de un jardín de tus vocales
o debajo de la forma de una música en tu nombre
y en tu idioma cantado de preguntas,
retener tu voz, Aminta, aquí, en la grabadora
y no llamarte en días y días.

(Mientas tanto, claro, pasa el lunes, y el martes, y el miércoles).

-Fernando Fernández, El ciclismo y los clásicos, Parentalia, 2012.

Cinco indiscreciones de escritores

Foto: Shutterstock
Foto: Shutterstock

Devotos de las palabras, obsesivos de lecturas que les habitan la cabeza, 21 autores nacionales y extranjeros de novela, poesía, novela gráfica y entrevista nos dijeron si roban libros o no y qué harían si encontraran una bodega llena de ediciones pirata suyas, entre otras chuladas.

1. ¿En qué personaje te gustaría convertirte?

David Miklos En el Bartleby de Herman Melville, para decir: “Preferiría no hacerlo”.

Jorge Zepeda Patterson En Jon Stark, de Game of Thrones. Debe de ser padrísimo tener un lobo dentro.

Liniers En Sal Paradise de En el camino, de Kerouac. Lo leí a los 18 años, edad perfecta porque entonces representó la promesa de que al crecer yo podría viajar, tener mujeres, tomar drogas. En cambio, si lo lees a los 40 te recuerda todo lo que no hiciste.

Mónica Maristáin Yo, de hecho soy García Madero, de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.

Rogelio Guedea Casi soy Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno, de Salinger. Como él, tuve una adolescencia loca, pero de gran ingenuidad.

Jorge F. Hernández En Ignatius J. Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, para comer hot dogs en Nueva Orleans por el resto de mis días.

Jorge Alberto Gudiño En el Quijote, porque vive mezclando ficción y realidad.

Rowena Bali En Ada, de Ada o el ardor, de Nabokov; en Teresa, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; en María, de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll; en Antínoo, de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar: todos ellos, por la forma como fueron amados.

  1. ¿Qué libro hubieras querido escribir?

Alberto Chimal La naranja mecánica, de Anthony Burgess. Es tremendo por la trama y el lenguaje y también por su célebre capítulo 21, que fue cortado tanto en muchas ediciones como en la película de Stanley Kubrik. Ahí, el protagonista se da cuenta de que está envejeciendo y debe incorporarse a la vida adulta. Es muy conmovedor.

Irvine Welsh El código Da Vinci, de Dan Brown. ¡Sería millonario!

Liniers Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Es de los libros que no te hacen más culto, sino mejor persona.

David Miklos A Field Guide To Getting Lost, de Rebecca Solnit. Es un gran libro de ensayo.

Alberto Montt La Biblia. Sería putrimillonario, dirían que Dios me inspiró, podría acostarme con niños y todas esas cosas lindas que pasan en la Iglesia.

Laura García Océano mar, de Alessandro Baricco. Es de los libros que más me han hecho detener la lectura y quedarme pensando.

Gabriela Jáuregui El libro de cuentos Samuel Johnson Is Indignant, de Lydia Davis. Soy muy fan de ella.

  1. ¿Cuál es tu insulto preferido para otro escritor?

Laura Martínez Belli “Escribe como Paulo Coelho”.

Jorge Alberto Gudiño “Es un completo analfabeto”. Nos lo dijeron a mí y a mi editor.

Luigi Amara “Cacalibri”. Lo usaban los romanos para referirse a alguien que literalmente cagaba libros porque hacía muchos, todos descuidados.

Rocío Cerón “Es un autor menor”.

Gabriela Jáuregui “Que te chupe la falla lacaniana”. Es de Severo Sarduy, mi ídolo.

Alberto Chimal “Fementido, canalla”, del Quijote.

Laura García “Es un escritor ñoño”.

Paola Tinoco “Fulanito puede entrar a mi biblioteca, porque sé que no va a tocar los libros”.

José “Monero” Hernández Me fusilaría a Groucho Marx: “He leído un libro extraordinario. Y, ciertamente, no es el tuyo”.

4. ¿Cuál fue el primer libro que robaste?

Jorge F. Hernández Charlotte’s Web, de E. B. White, mientras estudiaba primaria en los Estados Unidos. Fui un gran ratero de libros hasta que mi maestro, Luis González, me dijo que no era honroso hacerlo si uno es un escritor publicado.

Rocío Cerón No lo hice, pero debería haberme quedado una primera edición de Blanco, de Octavio Paz.

Julio Trujillo He robado varios, entre ellos las cartas de José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, de la librería Tomo 17, que cerró hace años. En realidad pensaba pagarlo, pero en la caja había mucha gente y me desesperé, entonces me lo guardé e intenté salir. La dueña me gritó en público. No fue el primero, pero sí el último.

Irvine Welsh Docherty, de William McIlvanney, lo robé de una librería en Edinburgo. Tenía unos 13 años.

Alma Delia Murillo Era niña y vi en casa de una tía Colmillo blanco y El llamado de la selva, de Jack London, en una misma edición. No me aguanté.

  1. ¿Qué harías si encontraras una bodega con libros pirata tuyos?

Jorge F. Hernández Me pondría parche, perico al hombro y garfio. Luego repartiría todos gratis.

Irvine Welsh Diría: ¿por qué pierden tiempo en eso, si mis libros están tan baratos en Amazon?

Luigi Amara, Rowena Bali, Rocío Cerón, Alberto Chimal, Jorge Alberto Gudiño, José “Monero” Hernández, Liniers, Mónica Maristáin, Laura Martínez-Belli, Alma Delia Murillo, Julio Trujillo, Jorge Zepeda Me pondría feliz, porque significaría que se venden, que funcionan.

Alberto Montt Los vendería más baratos que la editorial. Sería la única forma de ganar plata con mis libros.

(Originalmente publicado en el suplemento Punto y comas, de periódico Sinembargo.  Da click aquí para ir al artículo completo).

Esa corriente subterránea de palabras

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Busco algo en mi biblioteca y me encuentro con otro libro. Lo abro en una de las esquinas dobladas. Casi diría que me emociono, anticipando. Leo:

“RUBÉN

Traga Rubén no brinques Rubén sóplate Rubén no te orines en la cama Rubén no toques Rubén no llores Rubén estáte quieto Rubén no saltes en la cama Rubén no saques la cabeza por la ventanilla Rubén no rompas el vaso Rubén, Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén no pintes las paredes Rubén di los buenos días Rubén deja el yoyo Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén amárrate la trenza del zapato Rubén haz las tareas Rubén no rompas los juguetes Rubén reza Rubén no te metas el dedo en la nariz Rubén no juegues con la comida no te pases la vida jugando la vida Rubén.

Estudia Rubén no te jubiles Rubén no fumes Rubén no salgas con tus amigos Rubén no te pelees con tus amigos Rubén, Rubén no te montes en la parrilla de las motos Rubén estudia la química Rubén no trasnoches Rubén no corras Rubén no ensucies tantas camisetas Rubén saluda a la comadre Paulina Rubén no andes en patota Rubén no hables tanto, estudia la matemática Rubén no te metas con la muchacha del servicio […]”. –Luis Britto García, “Rubén”, Rajapalabra, UNAM, 1993

Con el texto, sugerentísimo, regresa el recuerdo de la lectura: eran los años 90, yo tomaba clase con Eduardo Casar en la Facultad de Filosofía y Letras. Casar, quien desde entonces se me volvió amigo indispensable, nos dejó leer ese libro. Lo compré y en una hora ahorcada entre clases me fui a las islas de CU. En pasto seco, una pareja ávida a pocos pasos y un grupo ruidoso más lejos, empecé a leer. Me fascinó cómo Britto García jugaba, se divertía armando relatos breves con verbos, o con adivinanzas, marcas publicitarias, telegramas o rezos. De pronto el mundo se borró, los amantes y los desmadrosos dejaron de importar y sólo tuve cabeza para el malabareo de palabras. Qué maravilla de trabajo inútil. Devoré el libro, lo subrayé, tomé notas, le doblé las esquinas a un montón de páginas. Se convirtió en uno de mis favoritos, lo releí varias veces. Luego, con los años, se me olvidó, perdido entre los muchos libros que cargo de mudanza en  mudanza. Creo que no había vuelto a él desde entonces y creo también que no había vuelto a oír el nombre del autor.

Ahora que lo retomo, me doy cuenta de que hace poco escribí un poema con una forma similar a la de este cuento, a partir de imperativos. La propuesta de Britto García me anduvo por dentro unos 20 años y un día afloró. Es increíble cómo los libros me crean corrientes subterráneas bajo la piel, aunque no me entere.