El cuento de la personaja adolescente

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Había una vez, en un país no tan lejano, una personaja que vivía en la ciudad (de acuerdo: no vivía en el bosque como las princesas de los cuentos, pero ella decía que así estaba bien). Era bellísima, alegre y ocurrente. Habitaba en un pseudocastillo con su madre que, a diferencia de las madres de otros cuentos, no era una reina, tampoco poderosa, ni vieja y sabia: decía ser una mujer que leía con obsesión, sonreía bastante y por las mañanas y por las noches confirmaba que su hija era el más bello motor de su vida. A diario agradecía verla crecer feliz.

Un día, a la personaja se le ocurrió ser adolescente y eso, ya se sabe, complica cualquier cuento. Éste no es la excepción: la personaja empezó con desgarros de crecimiento, con algunas decepciones, con incertidumbres. De pronto ya no dormía con tanta placidez, el semblante se le nublaba (vaya, empezó a trazar su camino hacia la vida adulta). La madre, tan inexperta ella, hacía lo que se le ocurría para aliviar los males pero, sobre todo, quería que supiera de qué manera la amaba hasta el tuétano, cuánto hubiera querido ahorrarle las lesiones, cuán segura estaba de que saldría adelante. También su semblante se le nublaba porque se dolía del dolor de la personaja…

(Continuará…)

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

10 comentarios sobre “El cuento de la personaja adolescente

  1. Me gustó el comienzo del cuento, prometedor, habrá que ver si la buena voluntad de la madre basta para satisfacer a la princesita que se empeña en ser adolescente, que mira que son ganas con lo tranquilos que estamos todos cuando son niñas.

    A ver si logro aprender algo, que de rey tengo poco, pero de admirado y venerado padre sí, hasta que se empeñen en hacerse adolescentes y pase a ser el malvado padrastro de las narices 🙂

    Besos ojito.

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    1. Por fortuna la personaja no ha convertido a su madre en la malvada del cuento ni cosa parecida (al menos hasta ahora). Se adoran y llevan excelente relación, pero la personaja está pasando momentos complicaditos, ése es el asunto. En fin, esperamos que pase pronto…
      Beso

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  2. Entonces paciencia y comprensión con la personaja. Y como es casi seguro que la madre -que ríe y lee mucho- la tiene, la solución llegará tan de súbito como las lluvias del Monzon. En cuanto a Coetzee, palabras mayores…

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    1. La madre de este cuento no se caracteriza por su paciencia, así que ruega a Coetzee, a los monzones tropicales y a los dioses del panteón completo se la suministren cuanto antes…

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      1. Tampoco yo soy precisamente paciente… aunque me ayuda mucho una frase que oí hace mucho y que dice así: Cuando más importante es la paciencia, es cuando se está a punto de perderla…
        Saluditos…

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