Seducción sensorial en lengua turca (Crónicas desde Turquía 1)

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Foto: Julia Santibáñez

Aquí estoy, de regreso de los confines de la geografía turca, esa tierra cargada de historia, al mismo tiempo europea y asiática, portento de seducción sensorial.

Cuesta explicar lo que me pasa por dentro, lo sensible que traigo la piel después de lo vivido junto a quien más me quiere. Vengo olorosa a especias, a cúrcuma y azafrán, con el regusto del espeso yogurt turco, tratando de no olvidar ese dulcísimo té de manzana y la delicia de su baklava, dulce de nuez y pistache. Tengo los ojos desbordados por esa tierra de cuento, por su cielo “increíblemente delicado” según dijo el preciso Gautier, por las ruidosas calles estambulitas que dan al Bósforo, llenas de vendedores ambulantes de jugo de granada y mujeres vestidas de negro y cubierto el rostro por la violenta burka. Vengo seducida por la imposible Santa Sofía, fusión de iglesia bizantina y mezquita musulmana, resumen visual de esa Constantinopla-Estambul que presume haber sido eje de tres imperios, pero también regreso alucinada por las piedras lunares de Capadocia, por las terrazas de roca blanca de Pamukkale, por las impresionantes ruinas de Éfeso. Aún oigo la voz del muezzin llamando a la oración por los altavoces de cada mezquita, la sonoridad de esa lengua en algo cercana al árabe pero rota por estallidos de “ks” y “ch”. Mis dedos guardan la sensación de los muchos kilims, la perfección de la cerámica de Iznik, la aspereza de las murallas derruidas de Bizancio. Y, como el mejor marco de cada instante, el abrazo de quien más me quiere, su mano en mi hombro, la caricia en mi mejilla. No puedo pensar en un privilegio mayor, porque no existe.

Gracias, amigos, por esperarme. Iré desgranando instantáneas de esto para lo que no encuentro nombre.

19 comentarios en “Seducción sensorial en lengua turca (Crónicas desde Turquía 1)”

  1. Interrogaste los paisajes, te respondieron las sensaciones, miraste la ciudad y el territorio con ojos de niña curiosa y buena, te gusta escribir y lo transmites. Yo sigo tus pasos con la mente con la que leí “Las Ciudades Invisibles”, y con la confrontación con mis deseos de estar allá o en tu mente experiencial. Gracias por las cosas bellas

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    1. Me encantaría poder transmitir algo de lo vivido pero las palabras se quedan tan cortas. Sin embargo, necia como soy, lo intentaré, sí. Gracias por leer estas líneas, Guillergalo…

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  2. Restalla mi lengua como látigo ante la enumeración sabrosa que presagia futuras descripciones. Me has puesto aromáticos hasta los pensamientos. Tus líneas rezuman entusiasmo, paisaje, tacto: sensaciones. ¡Bienvenida, con nuevos bríos, a la geografía habitual!

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    1. Gracias mil, queridísima Verónica, por recibirme de brazos abiertos con tus palabras. Y sí, las sensaciones me tienen algo desbordada, tendré que tratar de poner algo de orden en este caos interior.
      Abrazos renovados

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  3. He recreado mi viaje a Turquía con tus palabras, las cascadas de algodón de Pamukale, la tierra de hadas de Capadocia y esa ciudad como hay otra, Estambul. Increíble experiencia que hay que tratar de ver aunque sea una vez.
    Gracias por compartir y bienvenida

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    1. Qué alegría que recordaras tu propia experiencia. Estoy segura que se queda pegada a la piel durante años, ¿no es así?
      Gracias por la bienvenida. El viaje fue más que fantástico pero sabe muy bien estar de regreso en casa.
      Abrazos

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  4. Me preparo para viajar contigo, deseosa de leer ese tiempo desgranado en el que te has alimentado de felicidad. Soñare con ir también allí algún día con el que más me quiera y atesorar hermosos recuerdos. Te leo.

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  5. No nos cansaremos de darte la bienvenida. Lo único que temo es que, de tan subyugada que te noto, estés pensando en instalarte allí. Llegué un poquito tarde porque sé que andas por aquí; porque si es por el feed…
    En fin; seguiré hacia arriba. Se extrañaban estas entradas que transmiten como ninguna tantas sensaciones y emociones.
    Cariños renovados.

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    1. Gracias emocionadas, Borgeano querido. Sin duda sí se antoja quedarse una temporada por allá, para beberse lento todo lo que esa cultura despierta pero la vida sigue aquí, je, y para ser franca también tenía ganas de volver con mi adolescenta, que mientras tanto disfrutaba como enana en un campamento. Ya ves, la eterna contradicción de tener el corazón eternamente dividido.
      Abrazo reloaded

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