Celebro el Día Nacional del Libro con este portentoso soneto portentoso

Nunca he tenido afanes destructivos, pero a veces envidio a quienes con ellos escupen la bilis.

Para celebrar el mejor invento del ser humano, el libro, dejo aquí este soneto de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), poeta mexicana de altura descomunal cuyo nacimiento se celebra hoy (incluso en el Doodle de Google).

El humor y la agudeza están, de nuevo, entretejidos en la firma de Juana Inés, pero es el cuchillo que forma y fondo proponen el que de veras se vuela las bardas: decirle a un examado que ni para odiarlo es bueno.

Soneto
Prosigue en su pesar, y dice; que aun no quisiera aborrecer tan indigno sujeto, por no tenerle así aún cerca del corazón

“Silvio yo te aborrezco; y aun condeno
el que estés, de esta suerte, en mi sentido;
que infama el hierro al Escorpión herido,
y a quien lo huella mancha inmundo el cieno:

Eres como el mortífero veneno;
que daña, a quien lo vierte inadvertido;
y en fin eres, tan malo, y fementido,
que aun para aborrecido, no eres bueno.

Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco,
aunque con susto me lo contradice;
por darme yo la pena que merezco;

Pues, cuando considero, lo que hice;
no sólo a ti, corrida te aborrezco;
pero a mí, por el tiempo que te quise”.

(Sor Juana Inés de la Cruz, “Soneto”, Inundación Castálida, México: Instituto Mexiquense de Cultura, 1995, p. 197)

 

6 comentarios en “Celebro el Día Nacional del Libro con este portentoso soneto portentoso”

  1. “Eres como el mortífero veneno;
    que daña, a quien lo vierte inadvertido;
    y en fin eres, tan malo, y fementido,
    que aun para aborrecido, no eres bueno”
    Es extraordinaria como un cuchillo afilado y certero, recordemos su onomástico leyendola. Gracias como siempre. Abrazos Querida.

    Le gusta a 1 persona

  2. Sor Juana siempre ha sido una de mis favoritas.
    Recuerdo la frustración cuando, muy niño, había poemas que simplemente no entendía, a pesar de comprender (casi todas) las palabras y de estar profundamente subyugado por su musicalidad.

    Fue leer la parte que le dedica la también mejicana Rosario Castellanos en su única obra teatral, la delirante “el eterno femenino” et facta est lux:
    comencé a encontrarle sentido. Dejó de ser abstracción inalcanzable para convertirse en ejercicio para más adentrarme en la lengua de Cervantes y aún más importante, vislumbrar el potencial de la retórica en sus formas más altas.

    Soy más de bibliotecas, por razones que no estoy aquí a repetir, más uno de los libros de los que he hecho siempre tesoro y del que no me separaría nunca son sus obras completas, publicadas por esa colección impresionante de la Porrúa, “sepan cuántos…”.

    Gracias por traer a Sor Juana y perdona el uso excesivo de tu espacio.
    Que valga pa’ todas las veces.

    Le gusta a 2 personas

    1. Entrañable, la historia de tu relación con Sor Juana. Llegarle por intermediación de Castellanos no es poca cosa. Es fascinante cómo algunos autores nos tienden puentes para llegar a otros. En mi caso, por medio de Castellanos y su enoorme “Lamentación de Dido”, me acerqué a leer la historia de Dido y Eneas.
      Abrazo y beso tronado

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