A la memoria del poeta y amigo, Antonio Rivero Taravillo Tomo el libro del anaquel y sigo la huella del lápiz irregular. Revivo el sofoco. “No quiero que mis ojos maten corazones. No entiendo cómo los ojos de una niña pueden matar un corazón, sería terrible. ¡Un ojo que mata un corazón!, no entiendo. TeníaSigue leyendo «LAS QUESADILLAS SIN QUESO (Y SUBRAYAR LIBROS)»