Caminando por Buenos Aires me fascina encontrar muestras varias de humor e inventiva en los nombres de tiendas, cafés y restaurantes locales, en contraste con lo que acostumbro ver en la capital mexicana. Por comparar conceptos similares hablaré de Palermo Soho, en la capital porteña, y la colonia Condesa, en el D.F. Ambas son zonas bohemias, de moda, llenas de cafés, restaurantes, bares y tiendas con cierto toque alternativo.
En la Condesa, por un lado y según mi memoria dominan los anglicismos motivados por la inundación estadounidense: una cafetería que en la puerta luce «Society», una panadería que se llama «La cupcakería» o un local de ropa de nombre «Astral Freaks». Por otro figuran descripciones con algún destello simpático pero sin demasiado esfuerzo: «El milagrito boutique», «Vicios ocultos», «El kafecito». En Palermo encuentro una mínima presencia de anglicismos pero, en cambio, juegos de palabras con el inglés: «Ay not dead» (en vez de «I’m not dead») o «Carla Dí Sí» (eco de «District of Columbia» abreviado y pronunciado justamente igual: «D.C.»). Además y sobre todo, un abanico de frases divertidas en español que sugieren una intención lúdica: «Calma chicha», «Cero es tres», «Margarítalo», «Zooilógico» o «Agarrate Catalina» (sin acento, pues si en mexicano se pronunciaría «agárrate», aquí la sílaba tónica cae en «agarráte»).
En suma, aventuro que si en México se suele acudir al recurso fácil del anglicismo para nombrar una boutique o cafetería, aquí la distancia física con los EUA (y la probable escasa simpatía hacia ese idioma) generan mayor uso de la creatividad en español para el mismo fin.
Parafraseando aquella conocida frase «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos» en este aspecto quizá podría decir: «Bendita Argentina, tan cerca de Dios (ay, se me coló el Papa!!) y tan lejos de los Estados Unidos».







