Archivo de la etiqueta: palabras

Palabra del día: Supérstite

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 10.14.15

Me la topo por accidente (¿hay algo que no lo sea?). Me atrae su elegancia esdrújula, el cuello largo, las facciones finas. Busco qué significa y me parece más guapa: “supérstite. adj. Que sobrevive” (DRAE). Se usa en derecho para referirse al cónyuge viudo. No me interesa la acepción jurídica, sino la que alude a la supervivencia de amor, porque sí, a veces en el amor también se sobrevive apenas. A penas.

Añado la palabrita al Diccionario Daniosko de la Lengua: “supérstite adj. Que aguanta la respiración bajo el agua y llega a la otra orilla, aunque luego se dé cuenta de que no valía la pena, que era mejor morir a mitad del río caudaloso”.

Da click aquí para ir a la entrada sobre la palabra Azar.

 

 

 

Los orificios de los escritores y otras joyas

 

Imagen 3

Leo en un blog: “Me interesa conocer más sobre los orificios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos”. La aseveración me hace imaginar a un respetado autor en postura incómoda, exponiendo sus partes innobles al enguantado autor del blog. Repaso la frase y me doy cuenta de que en realidad dice: “Me interesa conocer sobre los oficios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos”. Ambas posibilidades suenan bien, para qué negarlo.

Esta semana, mientras entrevistaba a Martín Caparrós, leo mal una cita de su libro, en voz alta, como parte de una pregunta. En vez de decir “Los obesos son los malnutridos —los más pobres— del mundo más o menos rico” digo “Los obsesos son los malnutridos”. Caparrós se ríe y, cuando me hace notar el equívoco, también yo, pero concluimos que aplican las dos lecturas: los obesos como obsesos, los obsesos siendo obesos.

En una junta de trabajo, luego de que una colega atractiva propone una línea de acción, un ejecutivo tieso y engolado responde “te secundo”. Yo entiendo, por un instante, “te fecundo” y lo visualizo jadeando encima de ella, preocupado porque alguno de sus millones de muchachos por fin logren el milagro de la concepción (“para eso es el sexo, para tener hijitos, ¿qué no?”).

Pienso que lo que llamo comúnmente lapsus es, en realidad, mi mente que me hace el favor de expandir el mundo para mí.

Lo que significa “compañero” según el Diccionario Daniosko de la Lengua

Imagen 1La etimología oficial de compañero significa “el que come del mismo pan”, según el Diccionario Etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas (Gredos). Es el que parte su pan, símbolo de comunión física y espiritual: es el que cree que comerse la hogaza completa no lo hace más feliz ni lo sacia más.

No me disgusta comer sola, es más, a veces busco hacerlo para leer mientras tanto, pero celebro poder acompañarme de mi gente querida: compartir antier la mesa con mi casi-hermana Rocío, ayer con mi hermosa adolescenta, hoy con mi amiga Fabiola y mañana con quien más me quiere es todo un lujo. Es decir que según mi glosario subjetivo, el Diccionario Daniosko de la Lengua, ser compañera significa “tener toda la Fortuna en los tiempos que corren, de soledades impuestas, de divorcio de los hijos, de parejas que no se encuentran las manos, de cojera de amigos”.

Si se callase el ruido

Imagen 1

(da click en el enlace para escuchar la canción)

El cantante y compositor español Ismael Serrano me acompaña a arrancar el fin de semana. Aunque “Si se callase el ruido” originalmente es sobre una problemática social, también aplica a la más universal de todas por ser la más íntimo: el amor.

“No te dejará dormir este estrépito infinito/
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos./
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar/
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.//

[…]

Si se callase el ruido/
oirías la lluvia caer/
limpiando la ciudad de espectros,/
te oiría hablar en sueños/
y abriría las ventanas.//
Si se callase el ruido/
quizá podríamos hablar/
y soplar sobre las heridas,/
quizás entenderías/
que nos queda la esperanza.// […]”

 

La mancha de púrpura de tu deslumbramiento

Imagen 2

Aquí va uno de mis poemas preferidos de la vida: “La mancha de púrpura”, del mexicano Ramón López Velarde. Lo leí por primera vez hace unos 20 años y me pareció de una sonoridad impresionante, cuajado de luz y tenebroso al mismo tiempo, de hondo perfume. Cada vez que lo releo me sigue deslumbrando, es un auténtico monumento. Así inauguro éste, el primer #MiércolesDePoesía del mes.

“Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos,
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.
Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!; mas en mi duelo
el afán de mirarte, se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha una ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento”.

Mi adolescenta y las palabras como anuncio de vuelo

20140504-121441.jpg

Mi personaja, mi guerrera favorita, mi preciosa, la misma que vale su peso en oro, escribió esta frase en la pared de su cuarto: “A veces tienes que caerte para aprender a volar”. Me fascina ver que usa palabras como piedras sobre las cuales poner el pie para cruzar el río, como suelo firme para no dejarse llevar por la corriente, no ceder ante la inercia. Me encanta lo que implica, el hecho de que vea sus cicatrices de vida como anuncio de algo mejor.

Decir que la admiro es poco. Es mi heroína absoluta. Y además se me concede el privilegio único de verla levantar vuelo a pesar de lo húmedo de sus alas.

 

 

La palabra se forma en un sitio tibio y rojo

Imagen 1

Día libre a mitad de la semana: abro los ojos tarde, abrazo a quien más me quiere y jugamos entre las sábanas. Es una transgresión multiplicada. Aunque a estas horas ya estaría en la oficina, hoy celebro la mañana con todos los sentidos. Se me forma dentro un río de palabras.

Luego leemos juntos, nos abstraemos en mundos diversos pero tocándonos las rodillas. Yo me hundo en la novela de Cristina Rivera Garza, El mal de la taiga (Tusquets) y encuentro este fragmento, profético: “Recuerdo los labios, el movimiento sutil de sus labios. Recuerdo, sobre todo, la manera en que se cerraban y abrían, en cámara lenta. Como si cada palabra tomara años en hacerse allá adentro, en algún sitio tibio y rojo de sus órganos, para salir, luego, a toda prisa, desasida de sí”.