Cuando me muera

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“-¿Cómo te gustaría morir?

-Ojalá que cuando Dios me llame esté yo haciendo el amor o tocando la guitarra en el stage“.

Eso dijo el músico de origen mexicano Carlos Santana, personaje extraordinario, en una entrevista que, “por genuina, fue de agradecerse”, dice el periodista Octavio Rivera. La leo en un ejemplar viejo de la desaparecida revista Gente. Y si bien toda la charla deja aroma a espiritualidad (que no es mi tema favorito), la verdad se disfruta mucho.

Ante la misma pregunta, seguro yo no diría “cuando Dios me llame”, pero sí coincidiría en ojalá esté yo haciendo el amor, perdida en un abrazo que valga por muchas muertes. Como segunda parte, mi respuesta seguramente añadiría un largo listado: ojalá esté abrazando fuerte a mi hija, esté platicando con mi familia y amigos, esté poniendo punto final a un poema, esté embebida en un paisaje boscoso… Aunque, pensándolo bien, no importaría tanto ese instante si el resto de la vida lo dediqué a eso. A lo que realmente vale la pena.

28 comentarios en “Cuando me muera”

  1. Mínimamente que no me encuentre entre cañitos y tubos en todos los orificios de mi cuerpo, en una pulcra y sombría cama rodeada de médicos cínicos “dr hause”!! En cualquier otra situación sería mejor! No creo que sea necesario quedarse hasta muy tarde…también es triste ser el último de la fiesta…Ya mis seres queridos les avisé que ni se les ocurra ninguna resucitación médica, por favor, un abracito, una mano fuerte alcanza: lo bello es lo que hemos vivido… (si pudimos vivir eligiendo vivir bien) saluditos a todxs! Genio Santana!

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    1. Lo que dices amplía el tema: ya no sólo el cuándo sino también el cómo, el escenario. Comparto al 100 por ciento tu deseo de no estar en un aséptico hospital, rodeada de desconocidos. Mejor (si se puede elegir) en casa, con seres queridos y un buen abrazo para cerrar la función. Ojalá los hados nos escuchen…
      Saludos

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      1. Estoy de acuerdo en que será bueno elegir el momento de partir, SIN violencia, de mutuo acuerdo con la sociedad. Quizás hasta pondría un disco de Santana y después de una fiestesilla, adiós y gracias a la vida.
        Nos lo permitirán los políticos?

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    1. En efecto, es una de esas cosas a las que uno no les da pensamiento, pero que resultan hondas y aleccionadoras. Por qué esperarnos hasta ese momento, cuando ya no habrá mucho más que hacer? Mejor vivir hoy teniéndolo en mente y exprimir cada día.
      Saludos

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  2. En mi caso, espero que cuando la muerte me llame, pueda recibirla con los brazos abiertos, sin arrepentimientos, porque he vivido como he querido y queriendo lo que he vivido.
    En la saga de Los confines de Liliana Bodoc, (que super-recomiendo por cierto) el segundo libro “Los días de la sombra” hace una descripción muy bella de la muerte y de su función en la vida. Tanto que uno termina por sentir ternura hacia ella.
    cariños

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    1. Pues no conozco la obra (ni a la autora) pero me gusta pensar en la muerte como parte de la vida, buena filosofía cercana a la idea del eterno retorno: necesitamos morir para reiniciar el ciclo de vida.
      Un abrazo

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  3. Pues teniendo en mente a la otra persona yo diría “unos minutos DESPUÉS de hacer el amor; al menos por una cuestión de buen gusto. Pero la idea es válida. Después… déjame afilar el lápiz y comenzaré a hacer mi propia lista (me gustaron mucho los puntos que pusiste tú). Dicho sea de paso: me hiciste recordar aquella entrada mía de hace un tiempo, cuando había encontrado en mis diarios una serie de listas que llevaba por título “1001 razones para no suicidarse” Recuerdo que tú la leíste porque hasta recuerdo parte de tu comentario (estabs de acuerdo con un par de puntos y creo que agregabas uno o dos más). Bien, bajo de la palmera y me despido. Sigo bajando de entrada en entrada.
    Y no, no es deprimente para ser domingo por la noche.
    Abrazote de larga, larga vida.

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    1. Ok, ok, concedo el punto: dejémoslo en “después de”. Y sí, recuerdo tu entrada, me trajo a la memoria también la canción de Sabina que dice “más de cien mentiras para no cortarse de un tajo las venas”. Diría: “de nuevo coincidimos” pero no desperdiciaré palabras para aplaudir el lugar común. Lo dejo en: “qué bien que volvemos a encontrarnos en terrenos mutuos”.
      Abrazote

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