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Me gustan los Bad Boys (no los Bad Hombres)

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Asumo un sesgo en mi preferencia sexual: me encantan los hombres no decentes, intensos, mal portados. En la revista S1ngular de febrero se publica este texto mío, que había titulado “Por qué me gustan los hombres rudos” y la revista llamó “¿Por qué nos encantan los Bad Boys?”. Sólo añado: sí, hay diferencia entre un Bad Boy y un Bad Hombre. El primero es un caramelo de adrenalina. El segundo, un estereotipo construido en la mente pequeñita del Mister Orange. Dicho esto, aquí va un fragmento del texto:

Hace poco descubrí mi fascinación por la zona oscurita de ciertos sujetos. Es decir, esa región masculina siempre me ha fascinado; ahora me refiero a una cierta tenebra del alma. Digo que recientemente me enteré de mi debilidad por tipos que mi hermana llamaría pésimos partidos (por indomables), pero que mi mejor amiga, aunque es gay, se come con la mirada mientras comenta: claaaro que saldría con él. Es que los hombres en estado salvaje son el colmo de atractivos.

A lo largo de los años he tenido relaciones pasajeras con señores poco recomendables, entre ellos, un cubano vividor que me recuerda la canción de Tony Zenet: “Era malo, pero palabra que fue el mejor”. Con todo, no me había dado cuenta de la adrenalina adictiva que disparan. Yo, que soy una mujer sensata (Ok, no) justo ahora ando perdida por un adolescente con canas. Y no estoy en un páramo de soledad. Millones de mujeres en el mundo nos rendimos ante un incorregible. ¿Por qué?

Es sexy a morir
El llamado bad boy es un nómada sin control. Nunca sé qué esperar de él y eso resulta un imán. Encima es seguro de sí mismo y sabe venderse: subraya su rebeldía, así que tal vez no se quite la mezclilla ni el pelo largo. O sí. James Bond es un individuo arrojado, imperdonablemente esquivo, a pesar del traje perfecto. El asunto es que, con lino o jeans, esa vena bravía lo hace muy deseable, porque me imagino que va a ser un lujo en la cama. Y lo es, siempre y cuando sea capaz de equilibrar la tosquedad con un buen shot de ternura. Si además suma inteligencia, el combo es tremendamente seductor. Mejor dicho: seductor-nivel-no-va-más.

Su magnetismo tiene sustento en razones evolutivas. Según el neurocientífico Billi Gordon, doctor de la Universidad de California en Los Ángeles y columnista de la revista Psychology Today, las abuelas de mis abuelas preferían al vigoroso Homo Erectus (ay) que al niño bueno: daba mayor garantía de tener hijos fuertes y de proveer comida, protección. Al repetir la conducta millones de veces, a lo largo de generaciones, el principio quedó grabado en mi cerebro como los surcos de un disco LP: se convirtió en instinto. Aunque yo no busque un padre para mis criaturas me sigo derritiendo por él. Viva la evolución.

Quiero descifrarlo
El espécimen con barba de varios días me resulta tan enigmático como un problema de álgebra, pero mucho más divertido. No me conformo con definirlo como alguien que desdeña las normas y tiende al riesgo. Me intriga por inescapable.

Para seguir leyendo sobre por qué un hombre poco recomendable es todo lo contrario de un vaso de leche tibia y cómo la evolución tiene más explicaciones sobre el asunto, busca el artículo en S1ngular de febrero.

 

 

 

Entre la mala leche y el amor contemporáneos

Xavir Villaurrutia (1903-1950)

Cada mes publico en la revista Santo y seña (tanto en su versión impresa como digital) la sección El bonito arte de (per)versificar, toda ella dedicada a poesía. Recomiendo libros, comento noticias sobre el tema y siempre (siempre) incluyo versos. Éste es el texto del mes de agosto. Salud.

“Las aguas no nos dejan descansar, llueve cada tarde como la primera vez. Por eso, y aunque no tenga nada que ver, este agosto conviene leer poesía de Los Contemporáneos.

UNO (Y DOS)
Atascón de la mejor literatura
Entre 1920 y 1940, once escritores osados, críticos y desadaptados cambiaron para siempre la historia del arte mexicano. Es decir que fueron autodidactas, leyeron a autores extranjeros “no clásicos”, los tradujeron, ejercieron la crítica, ensayaron nuevas formas literarias. Los llamaron excéntricos y corruptores, pues varios de ellos eran homosexuales. Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Jorge Cuesta, José Gorostiza y Gilberto Owen, por mencionar algunos, integraron el grupo Los Contemporáneos, centralísimo en la historia cultural de México no sólo por su voracidad intelectual, sino porque puso al arte mexicano a dialogar con el internacional, al tú-por-tú.

Bueno, pues hasta el 4 de septiembre se exhibe en Bellas Artes la exposición Los Contemporáneos y su tiempo, que aborda la trascendencia de ese “grupo de soledades”, en palabras de Torres Bodet. Compuesta por 294 piezas que comprenden fotografías, grabados, guiones, revistas, grabaciones, primeras ediciones, dibujos y pinturas, deja ver cómo rebasaron lo literario y tocaron con fortuna el teatro, la música, las artes plásticas, el cine. Además del atasque de buena poesía que representa, la muestra incluye conferencias, paseos literarios y películas. Toda la información está en http://www.museopalaciobellasartes.gob.mx

TRES
Amar, esa cólera secreta
El pasado marzo habría cumplido 113 años Xavier Villaurrutia, mi contemporáneo favorito (y cuya foto ilustra esta entrada). Los temas centrales de su trabajo fueron el erotismo y la muerte, los cuales abordó con la destreza de un cirujano entrenado en abrir venas por la mitad. Este fragmento de “Amor Condusse Noi Ad Una Morte” pertenece al portentoso libro Nostalgia de la muerte.

“Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia […]”.

CUATRO
Cupido mataría por haber escrito esto
Hablaba inglés y francés, además de español. Viajaba muchísimo. Leía sin parar. Se llamó Gilberto Owen y es, quizá, el menos conocido entre Los Contemporáneos. El largo poema “Sindbad, el mareado”, que narra la aventura de un amante, incluye este verso, que sin duda envidiaría un cierto niño alado: “Si no es amor, ¿qué es esto que me agobia de ternura?”.

CINCO
Malalechez poética
Para insultar (sobre todo para eso) se necesita inteligencia y finura
. Salvador Novo, contemporáneo también, las tenía de sobra. Así que cuando Diego Rivera lo llamó “maricón”, Novo le dedicó poemas satíricos, como éste, en el que se burla de su fealdad y de la urgencia sexual de su exesposa, Lupe Marín, quien al divorciarse de Rivera se casó con el también poeta contemporáneo Jorge Cuesta. Sí, la poesía-poesía admite el sarcasmo.

“Marchóse a Rusia el genio pintoresco
a sus hijas dejando –si podría
hijas llamarse a quienes son grotesco
engendro de hipopótamo y arpía.

Ella necesitaba su refresco
y para procurárselo pedía
que le repiquetearan el gregüesco,
con dedo, poste, plátano o bujía.

Simbólicos tamales obsequiaba
en la su cursi semanaria fiesta,
y en lúbricos deseos desmayaba.
Pero bien pronto, al comprender que esta
consolación estéril resultaba,
le agarró la palabra a Jorge Cuesta”.

Da click aquí para ir al sitio de Santo y seña.

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Hay que quitarle al sexo el ‘deber ser’: Alma Delia Murillo

Alma Delia con su criatura
Alma Delia con su criatura

Tiene ojos que brillan y manos que hablan, una inteligencia desbordante, muchas lecturas y la intensidad de un explorador (¿un kamikaze?) bajo la piel de periodista. Cada sábado publica una leidísima columna en el periódico digital SinEmbargo.mx. Además, Editorial Planeta acaba de lanzar Las noches habitadas, su primera novela, que escribió como quien se lanza al vacío antes de revisar si lleva puesto el arnés. Lo hizo tan bien, que en el intento también creó cuatro personajes que respiran, cuatro mujeres creíblemente humanas. Y es que Magdalena, Carlota, Dalia y Claudia transitan la vida como si fuera la primera vez. Las cuatro padecen insomnio y las cuatro, en su relación consigo mismas y con los hombres, en el sexo, en el amor y el desamor, están aprendiendo a desvestirse de culpas, miedos y disimulos, para luego encontrarse en el espejo. Sus historias son honestas, miran de frente.

Aquí, la primera parte de la plática que tuve con Alma Delia para SoHo.

Algo vivo Soy una atascada de la condición humana. En la novela quise hablar del alma, explorar las contradicciones que todos tenemos. A ratos las cuatro protagonistas son encantadoras pero luego las odias, son solidarias y son unas cabronas, se divierten aunque también se azotan. Ésa era mi meta, crear algo vivo.

Somos este animal Las noches habitadas toca temas universales como la soledad, el deseo, la orfandad, pero también aborda temas específicos de la realidad mexicana de clase media y media alta, donde se vive un juego esquizoide. Hacia afuera todos aparentan estar bien, simulan todo el tiempo, pero en realidad están muy trastornados. Estas mujeres son la voz de ese segmento, se atreven a decir: por dentro somos este animal.

Renunciar al godinismo El libro surgió por idea de Gabriel Sandoval, director literario de Planeta. Él había leído mi columna en SinEmbargo y le gustaba. La primera vez que me reuní con él, yo llevaba unos cuentos como idea de lo que se me antojaba hacer. Le gustaron, pero dijo: “No, haz una novela”. Firmamos el contrato sin tener libro. Yo trabajaba todo el día en la industria de la moda, así que me lo aventé de noche, a ratos. Como tenía poco tiempo para escribir sentía mucha ansiedad. Pensaba: “Hay un contrato firmado, una fecha de entrega y no he escrito nada”. Casi me cuesta la cordura. Por fin en octubre pasado renuncié a mi trabajo, al godinismo, y me pude dedicar sólo a escribir. Entonces lo disfruté de verdad. Aunque la inseguridad siguió ahí.

Demasiado denso Si me pidieran hacer la crítica más dura de mi novela diría que es demasiado azotada, demasiado intensa, espesa. Que todo sea tan denso puede ser hartante.

Sexo sin “deber ser”
 En Las noches habitadas quise contar historias reales y no ideales. Quise quitarle al sexo el deber ser, creo que es necesario hacerlo. Por ejemplo, hay una historia de amor incestuoso (ojo, es de amor, no de abuso) y una relación lésbica que se disfruta mucho.

Reírse a solas De los siete a los 14 años viví en un internado de niñas. A los 19 me independicé y hasta ahora he postergado la maternidad, no sé si voy a ser madre. Es decir que llevo muchos años viviendo sola. Si bien la soledad tiene su lado cool y bohemio, también tiene un lado terrible. Para no enloquecer, el remedio ha sido reírme siempre. Me río mucho, de tonterías, cosas que pienso. Me gusta mucho correr y a veces de la nada me tengo que detener por un ataque de risa.

Lo primero que me dicen estas palabras…

¿Orfandad?
Todos

¿Sexo?
Libertad

¿Soledad?
Doloroso

¿Miedo?
Alimento

¿Fornicar?
¡Yeah!

(Primera de dos partes)

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo. Da click aquí para ir a la entrada original)

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

Dibujo: M. C. Escher
Dibujo: M. C. Escher

Con la excusa de la Feria del Libro de Madrid, el periódico ABC le hizo esa pregunta a 24 escritores de diversas generaciones. Y también les pidió responder: ¿en qué novela te gustaría vivir? El ejercicio me recordó las #Tuitentrevistas que hemos hecho en SoHo, donde por Twitter les formulamos una pregunta distinta a varios escritores y contrastamos sus respuestas. Da click aquí para ir a una de ellas y consulta el número 4 de SoHo para la #Tuitentrevista que hicimos en la FIL 2013.

Lo le dijeron los autores al ABC va de lo divertido a lo fantasioso y aterriza en lo entrañable. Porque sí, quienes amamos los libros solemos entendernos con un personaje, al que a partir de la lectura llevamos a todas partes entre la ropa y cuyos lentes nos ponemos con frecuencia para ver el mundo. O descubrimos que desde el principio los teníamos puestos. Como lectora obsesiva no me aguanto las ganas de contestar: el personaje que me hubiera gustado ser es Beatriz Viterbo (claro, antes de morir), del cuento “El Aleph” de Borges, para tener siempre a mi alcance un Aleph, “donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Y la novela en la que me gustaría vivir es Peter Pan, de James Matthew Barrie, con su mezcla poderosa de fantasía y atmósfera fiera.

Aquí van algunas de las respuestas que dieron los escritores preguntados. A varios no los conozco, así que me limito a poner mis respuestas favoritas de los que viven en mis libreros (perdón, no se me antoja citar a alguien de quien no he leído ni una línea).

¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

 

Rodrigo Fresán “Muchos. Calculo que hay diferentes personajes para diferentes edades físicas o épocas psicológicas de cada uno. Pero puesto a quedarme con uno me quedo con el que abarca diferentes edades y épocas: el Billy Pilgrim de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut”.­

Leila Guerriero “Tengo la leve sensación de haber respondido alguna vez esta pregunta y haber dicho ‘Ninguno’. Y lo primero que pienso es eso –’ninguno’-, supongo que porque los personajes de las novelas que más me gustan son personas bastante torturadas o complejas. Pero, obligada a escoger, querría ser algo bastante obvio: un personaje de alguna novela de aventuras, de esos capaces de destripar un lobo y dos mamuts antes del desayuno, de vérselas con una tormenta en alta mar, gente viajera e indómita capaz de no asustarse con lo peligroso y lo inesperado”.

Juan Gabriel Vázquez “Probablemente, Marlow, el narrador de las novelas de Conrad. Ver lo que ha visto, vivir lo que ha vivido, y además contarlo tan bien…”.

Enrique Vila-Matas “Alguien parecido a Nick Carraway, el narrador de El gran Gatsby. Me fascina ese momento en el que hablando de una de las fiestas de su vecino, Nick escribe: ‘A mí me habían invitado de verdad'”.

Juan Marsé “El joven Jim Hawkins o el pirata John Long Silver de La isla del tesoro, cualquiera de los dos”.

Santiago Roncagliolo “Me habría encantado ser un cazador de vampiros en Drácula, de Bram Stoker. Pero también me habría sentido bien en cualquier cuento de Edgar Allan Poe. Me encantan las historias góticas y terroríficas. Solo pediría no morir al final”.

Agustín Fernández-Mallo “Gregor Samsa. En primer lugar porque este año se cumplen 100 años de la edición de La metamorfosis y el bueno de Samsa sigue tan vivo e interesante como siempre. En segundo lugar porque siempre he pensado que oculta algo, no nos lo ha contado todo. El gran secreto de la literatura del siglo XX y lo que llevamos de XXI”.

 

¿En qué novela te hubiera gustado vivir?

 

Luna Miguel “Si tuviera que pasar una temporada en algún lado lo haría en Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y, probablemente, me enamoraría mucho y de manera desmedida del poeta García Madero. También me gustaría darle un abrazo a las Font, y beber con todos esos poetas mexicanos locos a los que tanto admiro”.

Juan Gabriel Vázquez “A los 10 años me hubiera gustado vivir en Los tres mosqueteros. A los 20, en Rayuela. A los 30, en El gran Gatsby. A los 40, en la que estoy escribiendo: escribimos, entre otras cosas, para abrir un espacio donde podamos vivir a la medida de nuestras curiosidades y nuestros apetitos”.

Rodrigo Fresán “Es difícil decirlo. ¿Qué elegir? ¿Confort o apasionamiento? Tal vez me inclinaría por un par de casas de naturaleza muy opuesta: la de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y la de la infancia del Habla, memoria, de Vladimir Nabokov, entendida, esta última, como corresponde, más como novela que como memoir”.

Agustín Fernández-Mallo “Naturalmente, en todas las novelas que me gustan. Por ejemplo, en Las aventuras de Tom Sawyer. Ilustra como nadie el paraíso que es la infancia, donde aún no tenemos noción del paso del tiempo, así que una tarde de pesca en un río es verdaderamente infinita.

Y tú, ¿qué respondes a estas preguntas?

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(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

“Somos felices cuando creamos algo, no cuando vamos de compras”: Lipovetsky

Foto: Cortesía Anagrama
Foto: Cortesía Anagrama

El reconocido filósofo francés estuvo en México para promover su nuevo libro La estetización del mundo y platiqué con él. Es provocador y, sí, muy interesante. Dice que el arte ha salido de los museos para tomar la calle y los escaparates. Que si antes sólo los artistas tenían oportunidad de crear, hoy todo el mundo puede escribir, cantar o hacer un video, en lo que significa una democratización positiva del arte. Que el capitalismo no es el sistema infernal que prostituye todo lo que toca. Son los lentes a través de los cuales Gilles Lipovetsky propone leer el mundo de hoy.

Sociólogo y filósofo francés, es uno de los estudiosos más importantes de la sociedad actual. Luego de libros importantes para entender la realidad contemporánea, como La era del vacío y El imperio de lo efímero, recientemente estuvo en México para presentar su nuevo volumen, La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico (Anagrama), hecho en conjunto con Jean Serroy. Tuve oportunidad de conversar con él al respecto. En pocas palabras, el volumen matiza la crítica casi unánime hacia el capitalismo, que lo condena como un sistema que a través del hiperconsumo empobrece la vida y pervierte el arte. En cambio, Lipovetsky plantea que la sociedad capitalista incorpora la exigencia estética (es decir, el consumidor quiere productos bellos, que toquen su sensibilidad), la exigencia utilitaria (que además funcionen) y la económica (sus creadores quieren buenas ganancias por ellos, además de que sin cesar lanzan productos mejorados que desplazan a los anteriores).

Es decir, de acuerdo con el filósofo francés hoy no es clara la frontera entre economía, moda y arte, porque el individualismo despierta el gusto estético y seduce a través del diseño de productos atractivos. Antes de 1950, por decir algo, lo importante era la “función”, no interesaba tanto que los productos fueran bellos. Ahora el paradigma es distinto: todo, desde los lentes de sol hasta los coches, las plumas y el papel de baño tienen un diseño atractivo, para vender deben seducir. Esa combinación entre rentabilidad y valores estéticos tiene puntos en contra: por ejemplo, el consumo como único satisfactor de vida genera personas frustradas e insatisfechas. Sin embargo, también tiene ángulos positivos, como la democratización del arte. Hoy se reconoce que todo el mundo tiene una sensibilidad, no sólo los artistas encumbrados. “Dejemos de satanizar el consumo pero tampoco lo hagamos un dios”, dice.

Aquí, cuatro extractos de la conversación que tuvimos en torno al libro.

La seducción de elegir

El sistema capitalista ofrece la libertad de escoger. Algunos insisten en que esa libertad es peligrosa y sí, implica riesgos, pero no de forma sistemática. Junto a las fashion victims, los adictos al consumo y el servilismo de los adolescentes por los tenis de moda está la opción que tenemos todos de decidir dónde ir de vacaciones, por ejemplo. Cada quien puede elegir el lugar que prefiera. Además, el individualismo provoca menos presión social que la que había en épocas pasadas.

Hoy uno se viste como quiere, puede crear su propio universo y la crítica no tiene la importancia de antes, cuando había un juicio real. En cierta forma, en la actualidad la presión por consumir es más fuerte porque roza todos los ámbitos, todo se puede comprar, pero en un nivel de más detalle es menos fuerte. Es, al mismo tiempo, ambas cosas. Aunque el individuo está obsesionado por comprar y el consumismo lo invade, puede comprar lo que quiera. Ése es un rasgo complejo de la hipermodernidad.

Un mundo cada vez más estético

Estoy convencido de que, en el futuro, el diseño estará aún más presente en todos los productos de consumo. Veo tres tendencias a corto plazo, que ya se anuncian: 1. La gente demandará que los productos sean cada vez más bellos, es decir, habrá una mayor universalización de la demanda estética. 2. La creación carecerá por completo de un eje, distintas tendencias van a coexistir. En parte ya lo vemos, todos los estilos son posibles: lo japonés minimalista, el kitsch y el barroco viven lado a lado. Ninguno es más válido que el otro. Hay marcas de moda muy estrictas en su propuesta, pero también hay otras muy eclécticas. 3. El mercado creativo ya no se limitará a Europa o Estados Unidos, como hasta hace poco. Hoy hay Fashion Weeks en muchos países, además de que diseñadores y cineastas hacen un trabajo destacado en México, en China, en Corea. La creación estética se ha planetarizado.

La calidad es un buen negocio

Vivimos en un sistema de superproducción cultural. Se filma y se publica más que nunca, pero pocos se hacen ricos con lo que crean. Hay tanta producción que un libro que no tiene éxito pierde visibilidad pronto y, en el mejor de los casos, lo consume un público pequeño. El mercado es desafiante, nadie lo controla. Pero el asunto tiene otro ángulo: está la necesidad de formar el gusto de la gente, enseñarle distintas opciones, y ésa es tarea de la familia, la escuela, los medios, el Estado. No se le puede pedir a un sistema de mercado que se preocupe por la cultura. No es su lógica. Las empresas quieren ganar dinero y eso no me parece indigno: es su objetivo. Por otro lado, no todo lo que vende bien es malo. Por ejemplo, las películas excelentes suelen ser un negocio redondo. Otro caso es Apple: una gran calidad resulta en números extraordinarios. Y ahí hay un reto que sí involucra al capitalismo: hacer entender a quienes toman las decisiones económicas que la calidad es positiva para el negocio, que funcionan bien los productos buenos y, además, atractivos.

Todo el mundo es artista

Creo necesario analizar las sociedades no sólo a partir de alta cultura, sino sobre todo de la cultura media. Ésa es la importante, porque toca a millones. En ese sentido, en la sociedad capitalista actual todo el mundo se ha vuelto artista. Cualquiera escribe, canta, toma fotos y hace video en busca de la felicidad que no encuentra yendo de compras. En cambio, desde Platón la alta cultura es un fenómeno de minorías. No sé si un día Heidegger sea leído por las masas, pero hoy interesa a unos pocos. ¿Es escandaloso? No estoy seguro, la alta cultura siempre ha sido de élite. La violencia y la injusticia sí son escandalosos, y también el hecho de no poder decir lo que uno quiera. En cambio, lo que sí me molesta es que la vida de una persona se dedique sólo a comprar y seguir la moda, es desagradable porque el ser humano no se reduce a su ángulo consumista. Hay que favorecer las aspiraciones creativas de la gente, hacerle ver que la creación aporta bienestar. Y no hablo sólo de quienes hacen grandes obras, sino de cualquiera. En ese sentido, la sociedad individualista favorece la expresión personal y sus productos la hacen posible: hoy están al alcance de todos cámaras, sintetizadores, guitarras, hasta la autoedición. Eso es muy positivo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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La improbable amistad de Jaime López y Camilo Sesto

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Camilo Blanes, conocido como Camilo Sesto, es el colmo de lo cursi, lo meloso. Y por eso me gusta. Seguro influye que me acompañó en varias tardes de enamoramiento adolescente, con aquello de “Me acostumbré a tus besos y a tu piel color de miel, a la espiga de tu cuerpo, a tu risa y a tu ser”. Aunque mis entendederas de los 13 o 15 años no me dieran para mucho.

Pues en esta edición de la revista SoHo, dedicada a la música, Jaime López publica un texto sin desperdicio: “A la salud del amigo Sesto”. Jaime me es, a partes iguales y desbordadas, querido como persona y admirado como artista: músico fundamental en la historia del rock nacional, antropólogo urbano audaz e inteligente, loco genial (lo digo para los lectores de otros países, porque los mexicanos que necesiten que se los presente, mejor que saquen pasaporte gringo). En el texto de SoHo una vez más se jala las greñas y rompe el molde: reivindica a Camilo Sesto, dice que le encanta, lo defiende, pues, con esa pluma suya tan sonora, de la que tomo un mínimo fragmento: “Quién no cayó en el profundillo albur secundariano, más bien preparatoriano, de los años 70 del siglo pasado que a quematripa disparaban al cautivo incauto los sacrosantos cábulas bluedemoniacos del callejón sin saliva en el formato de una simple trivia que cuestionaba: “¿Quién es la madre de Camilo Sesto?” “Pos Mama Sesta, güey”.” Y luego la frase con la que cierra el artículo: “La poesía no se crea ni se destruye, sólo se trastorna”.

De veras, recomiendo mucho el texto. Es una pequeña maravilla textual a la salud de esa amistad que no había imaginado posible.

PD Mañana es sábado de Playlist colectivo. Si quieres participar responde aquí la pregunta: ¿qué canción te recuerda a alguien que ya no está contigo?

La codicia que generan unas pantaletas inmensas

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La ley de Herodes es el libro de 11 cuentos que el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia publicó en 1967. Agudo, dotado de humor preciso y nunca gratuito, incluye uno que se titula “What Became of Pampa Hash?”, así, en inglés. Narra la aventura de un hombre obsesionado por las pantaletas de una gringa seductora y superlativa, que está de paso por México. De ahí el título anglo.

La Caja de Cerillos Ediciones y Conaculta acaban de publicar una nueva edición del cuento. De 32 páginas y pasta dura, es un botón del delicioso humor de Ibargüengoitia, quien tiene “el muy serio don de hacernos pensar en medio de una carcajada”, dice Jorge F. Hernández en el prólogo. Pero además está gráficamente intervenido por Alejandro Magallanes, ese loco creativo de muchas manos, que lo mismo dibuja, ilustra, conceptualiza y crea mundos estéticos.

Aquí, un pequeño fragmento del libro, en el que la gordura de la extensa Pampa Hash cobra dimensiones mitológicas: “Sus dimensiones eran otro inconveniente. Por ejemplo, bastaba dejar dos minutos un brazo bajo su cuerpo, para que se entumeciera. La única imagen histórica que podía ilustrar nuestra relación es la de Sigfrido, que cruzó los siete círculos de fuego, llegó hasta Brunilda, no pudo despertarla, la cargó en brazos, comprendió que era demasiado pesada y tuvo que sacarla arrastrando, como un tapete enrollado”.

En serio, el libro es una joya que hay que leer, saborear y acariciar. Y así como el deseo del narrador se dispara por las descomunales panties, también las pantaletas de Magallanes (es decir, las que él dibuja) generan la codicia de tener precisamente esta nueva edición.

 

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Entregarse a un duro placer

 

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Fotos: Henri Cartier-Bresson http://www.magnumphotos.com

Leo que Henri Cartier-Bresson llega a México. Bueno, no él, sino su obra, que es lo más él de él: para coincidir con los 80 años de su primera visita a México, una exposición que reúne su trabajo acaba de inaugurarse en Bellas Artes.

Me fascinan sus imágenes en blanco y negro, que dibujan momentos a partir de la intuición. Uno de los fotógrafos más notables del siglo XX, llamado “el ojo del siglo” y padre del fotorreportaje según algunos, Cartier-Bresson decía que la autenticidad es la mayor virtud de un fotógrafo. Por ello se oponía a usar flash y a arreglar la escena o a los modelos: “Siempre espero obtener la foto de la cual digan: ‘Eso es verdad. Ha sabido verlo'”. En otro momento casi anticipó la explosión de la imagen a partir de los smartphones: “Cualquiera puede hacer fotos. Justamente porque nuestro oficio está abierto a todo el mundo continúa siendo, pese a su fascinante facilidad, extremadamente difícil”. Sus palabras me hacen sentido: aunque cada día se suben 200 millones de fotos a Facebook, la mayoría se pierde en el lugar común y la obviedad. Otro día, hablando sobre el futuro de la fotografía, dijo: “Mientras los seres humanos sigan viviendo y sigan existiendo problemas verdaderos, vitales, importantes, y alguien tenga ganas de expresarlos con simplicidad, con sinceridad, con alegría y sentido del humor, habrá un lugar para los fotógrafos, igual que para los poetas y los novelistas”.

El librito del que recupero estas citas incluye 12 entrevistas que el artista concedió a distintos medios. Publicado en 2014 por la editorial catalana Gustavo Gili y disponible en México, se llama Henri Cartier-Bresson, Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998. En él se describe como “un maniático”, profundamente obsesionado por captar la vida sin retocarla. Aunque tiene muchos fragmentos deliciosos, me quedo con éste: “Uno de mis amigos me dijo: ‘En el fondo, tú no trabajas, tú te entregas a un duro placer'”. No sé si haya mejor manera de definir la pasión por lo que uno hace.

Aquí abajo, una pequeña muestra de su obra.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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¿Sentir un poema con el cuerpo? Sí (qué rico)

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Que alguien le dedique un buen texto a las nalgas es de aplaudirse. Ricardo Castillo, autor mexicano, tuvo la idea de decir: “[…] las nalgas de una mujer/ son incomparablemente mejores que las de un hombre,/ tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;/ son más importantes que el sol y Dios juntos […]”. Bueno, pues Castillo será el gurú del Festival de Poesía Interdisciplinar Del sueño a la Realidad, que arranca hoy en San Luis Potosí. Contará con la participación de 23 poetas nacionales e internacionales, quienes hasta el sábado jugarán y conjugarán poemas con música, video y pintura en una propuesta novedosa y rica. Entre ellos estarán el poetoide o poeta eSLAMero Rojo Córdova, el músicopoeta Pávido Návido y Rosario Loperena, fotógrafa que hace videopoemas.Esto me contó Rocío Cerón, conocida poeta mexicana que dirige este proyecto.
¿Cómo nace este Festival?

Partimos de la idea de que somos seres multiperceptuales, entendemos el mundo a través de los cinco sentidos y traducimos entre ellos. Por ejemplo, cuando vas a un concierto oyes la música pero también la sientes, la conviertes en palabras, sensaciones y hasta colores. En el festival buscamos hacer que la poesía sea una experiencia que percibas a través de los sentidos, no sólo a través de la página escrita.¿Qué actividades incluirá?

Habrá conciertos en los que al mismo tiempo convivirán música, experimentación sonora, improvisación de artes visuales con tinta china más lectura de poesía. Lo que ocurra ahí no volverá a suceder, serán actos únicos. También haremos Clínicas de Imaginación Poética, es decir, talleres en los que la gente podrá jugar con palabras, divertirse con ellas. Y luego se repartirán 120 mil separadores con poemas, para al final cerrar con un concierto de la banda de rock Chamanes.¿Cómo puede seguirlo quien no esté en San Luis Potosí?

Desde la página de Facebook de Más libros, Mejor futuro podrán imprimir gratis los separadores y además habrá detrás de cámaras y streaming de las actividades.

Por cierto, el poema “Las nalgas” termina diciendo que son “un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,/ una bendición de la naturaleza,/ el origen de la poesía y del escándalo”. Me pregunto cómo sonarán esos versos en una mezcla de música, experimentación sonora y visual. Seguro, muy bien.

Humor 2.0

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Mi querido amigo Andrés Grillo me manda desde Bogotá el más reciente número de la revista SoHo Colombia, madre de nuestra SoHo México. Edición dedicada a la caricatura, incluye textos sobre Quino, una entrevista a Liniers por Leila Guerriero y el cartón favorito de Alberto Montt, además de una estupenda entrevista a Maitena, del propio Grillo, con la noticia de que la argentina prepara un libro con lo mejor de su trabajo erótico, poco conocido hasta ahora. En sus páginas también encuentro esta caricatura genial del ecuatoriano Bonil sobre los niños de la era digital, que seguro no saben la dirección de su casa pero no olvidan su cuenta de gmail, en la que “viven” la mayor parte del tiempo. Me desarma por aguda y tierna. Vaya combo para este #LunesDeMonos.

De cuando las ganas me poseen (y lo que pasa)

 

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Hoy no es miércoles sino, por esta vez, #ViernesDePoesía. Y aquí va un pequeño poema mío que recién apareció en el número 5 de la revista Salto al Reverso. Gracias a Crissanta y a todo el equipo editorial por publicarlo. Un gusto siempre estar en esas páginas. Sirva como buen augurio del año.

La primera clase de sexo

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Una mujer en sus treintas quiere que alguien le enseñe a coger (bueno, como es española dice “follar”), que la encamine en la teoría y la práctica de un buen brinco. Hace tanto que no se da un revolcón que ya se le olvidó cómo se hace, así que pone un anuncio en el periódico: “Chica de 30 años, ni tonta ni fea, busca un profesional que le enseñe”. Le responde un hombre que le asegura ser el mejor y promete ningún tipo de involucramiento emocional y la devolución del dinero si no se convierte en una experta en la cama.

Es el cuento “La nadadora”, de la española Eugenia Rico (qué cosa de apellido, lo mucho que promete) y está incluido en la antología Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos, publicada por Editorial Berenice. La acabo de comprar en una librería de viejo y este cuento bien logrado es el primero que leo al azar. Como es muy improbable que vayas corriendo a la librería, lo encuentres y lo leas, aquí van un par de líneas disfrutables. Son sobre la primera “clase”, que tiene lugar en el despacho del instructor: “Se puso a la práctica enérgica de algo que no sé cómo se llama pero debe tener algún nombre rico, porque es como cuando Aladino frotaba la lámpara, sólo que él frotaba incansable como esperando que yo le concediera un deseo, y cuando se cansaba su lengua, se ayudaba con unas manos suaves que no le habría supuesto yo a primera vista. Y a mí un sudor se me iba y otro se me venía. Le pregunté si no podríamos seguir al día siguiente, que a mí me parecía que como primera lección no había estado nada mal. Él ni me contestó, siguió a lo suyo […]”.

Evito citar más, no quiero convertirme en spoiler de las letras eróticas, pero me quedo con la fantasía femenina, que aunque sea lugar común resulta profundamente apetecible: pagarle a alguien para que te enseñe a coger porque tú no sabes. Y repaso la primera instrucción del maestro: que tú misma recorras con el dedo la distancia entre la oreja y el tobillo, pasando por todos los recovecos posibles. Suena como una gran idea para estos días de frío.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Mis mejores libros 2014

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Entre los demasiados libros de los que hablaba Gabriel Zaid, todo lector desaforado (como yo) escoge unos y deja fuera otros, muchísimos. Como uno sólo puede hablar de los pocos que leyó, hoy propongo mencionar los títulos que me marcaron en este 2014. Hay novela, cuento, ensayo, poesía. Figuran autores hispanoamericanos pero también de otras latitudes, como Polonia y Reino Unido. Algunos son novedades y otros tienen años de haber sido publicados. El único criterio de selección fue que los leí este año y que, en cada caso, tuve que interrumpir varias veces la lectura para paladear un pasaje lleno de verde y gorjeos.

Más que dar mi opinión sobre ellos preferí mencionar brevemente qué me gustó y luego dejarlos hablar, o sea, citar un fragmento luminoso, en el que se cuele entre letras la luz fresca de cada uno. Como dice el genial Liniers sobre los libros que ama: más que acompañarme, estos “ya se esconden adentro de mí”.

  1. Alan Pauls, La historia del pornógrafo (Anagrama). Novela intimista con varias capas, hondas y llenas de ecos. “¿Con qué cara me enfrentaré a ti? Me miro al espejo y lo que allí veo es un fantasma; no, peor que eso: la sombra de un fantasma que fue un hombre, un hombre al que tú amaste casi sin conocerlo”.
  2. Fabio Morábito, El idioma materno (Sexto Piso). Colección de pequeños ensayos sobre la lectura y la vocación de escribir, en los que cada palabra se saborea. “El subrayador se vuelve un segundo autor del libro, extrae de éste el libro que él hubiera querido escribir, entra en controversia con el libro que lee, al que somete a una implacable cacería de frases subrayables”.
  3. Idea Vilariño, Poesía completa (Cal y Canto). La escritora uruguaya ofrece versos de amor y desamor como quien regala una combustión que quema los dedos, pero se disfruta. “Buscamos/ cada noche/ con esfuerzo/ entre tierras pesadas y asfixiantes/ ese liviano pájaro de luz/ que arde y se nos escapa/ en un gemido”.
  4. Jerzy Andrzejewski, Las puertas del paraíso (Conaculta). Deslumbrante novela-reto polaca sobre la Cruzada de los niños fue traducida al español por Sergio Pitol. De veras vale la pena. “La satisfacción de los sentidos no sacia el deseo, de un deseo saciado surgen cien nuevos aún más imperiosos, los actos nacidos de los deseos más puros agonizan en la infamia, tal vez no existen los deseos puros, la necesidad de violencia y de crueldad trastorna la naturaleza del hombre”.
  5. Eduardo Galeano, Bocas del tiempo(Siglo XXI). Compendia la hondura de Galeano en relatos y pequeñas cápsulas, como pildoritas que ayudan a andar. “[…] el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje”.
  6. Rodrigo Fresán, Trabajos manuales(Planeta Biblioteca del Sur). La pluma precisa del escritor argentino propone cuentos lúcidos, con cara y cuerpo de ensayos. “El final de un libro es como un suspiro. Por eso Forma suspira cada vez que termina un libro. Llegar a la última página produce una suerte de triste felicidad. Felicidad por saberlo todo sobre una historia y por sentirse capaz de creer en personajes con una intensidad con la que nunca se creerá en las personas. Tristeza porque la historia no sigue. Entonces sólo queda volver a empezar”.
  7. Valeria Luiselli, La historia de mis dientes(Sexto Piso). Esta novela singular se avienta al vacío y se pone de pie como si nada, con todos los huesos intactos. Trata sobre un cantador de subastas. “Se sentía tan disminuido que intentó suicidarse colgándose de una rama de aquel árbol pequeñísimo. Fracasó por poco”.
  8. Julian Barnes, Niveles de vida (Anagrama). Tres relatos aparentemente inconexos, el tercero de los cuales cohesiona el libro y sacude: es la expresión acendrada del dolor de perder al ser amado. “En un acto social al que mi mujer y yo solíamos asistir juntos, un conocido se me acercó y dijo simplemente: ‘Aquí falta alguien’. Me pareció correcto, en ambos sentidos”.
  9. Evelio Rosero, Los ejércitos (Tusquets). Novela demoledora sobre la violencia, colombianamente mexicana. “Nosotros aquí seguiremos esperando a que esto cambie, y si no cambia ya veremos, o nos vamos o nos morimos, así lo quiso Dios, que sea lo que Dios quiera, lo que se le antoje a Dios, lo que se le dé la gana”.
  10. Carlos Velázquez, La marrana negra de la literatura rosa(Sexto Piso). Cuentos marcados a fuego por una de las mejores plumas del escenario mexicano actual. “Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vajillas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano”.
  11. (o, lo que es lo mismo, 10 + 1) Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE). Cascada de poemasque hacen cada día más ancho y mucho más pleno. “Habítame, penétrame./ Sea tusangre una como mi sangre./ Tu boca entre a mi boca./ Tu corazón agrandeel mío hasta estallar./ Desgárrame./ Caigas entera en mis entrañas./Anden tus manos en mis manos./ Tus pies caminen en mis pies, tus pies./Árdeme, árdeme […]”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

Andrés Neuman: entre poemas, porno y demencia

Foto: Bechus
Foto: Bechus

Curtido al pie de la letra, el escritor argentino-español estuvo en México para presentar Vendaval de bolsillo, su más reciente libro de poesía (publicado por Almadía). Conversamos con él al respecto.

Le gusta el té verde y los abrigos grandes. Sé lo primero porque pide uno antes de sentarse a conversar; lo segundo, porque lo he visto varias veces con prendas enormes para su cuerpo delgado, casi adolescente. Agilísimo de mente (aunque ya no tan joven, según se queja), responde con la soltura de quien ha ensayado cada respuesta. Preciso, habla como si redactara y como si hacerlo le divirtiera cantidad.
Nacido en Buenos Aires, el adolescente Neuman se mudó a Granada con sus padres, músicos argentinos emigrados. Ahí, donde estudió literatura y empezó a escribir, vive actualmente con su esposa, también poeta. Es autor de novela (entre ellas Bariloche, publicada a sus 22 años y finalista en el Premio Herralde de Novela, y El viajero del siglo, Premio Alfaguara 2009) y cuento (el libro más reciente es El fin de la lectura, publicado por Almadía con un soberbio diseño de Alejandro Magallanes, como el Vendaval de bolsillo que presenta hoy). También ha escrito aforismo (notable el reciente título Barbarismos) y poesía.
A sus 37 años suma 24 libros publicados, lo que no es poco, y además lleva sobre las espaldas lo que en su momento dijo Roberto Bolaño de él: “[Está] tocado por la gracia. Ningún buen lector dejará de percibir en sus páginas algo que sólo es dable encontrar en la alta literatura, aquella que escriben los poetas verdaderos”. Con ese bagaje y la publicación cotidiana de miniensayos en su blog, se proyecta con uno de los más sólidos autores hispanos de hoy.
A punto de arrancar la entrevista, un gesto lo pinta de cuerpo entero. Mientras pongo sobre la mesa dos grabadoras, una de ellas con poca pila, él aprovecha: “¿Tengo que responder en estéreo? Voy a tratar de contestar distinto a cada una, es como una metáfora de mis contradicciones: la izquierda registra lo que yo digo y la derecha, lo que quise decir”. Luego se arranca a platicar. Aquí, algunos fragmentos de la conversación.

La poesía no es un lujo
Lo que vuelve heroico a un ciudadano en momentos de crisis, sea o no escritor, es que haga algo interesante con la supervivencia, que trate de convertirla en un discurso. Por ejemplo, este libro incluye el poema “Necesidad del canto”, dedicado al autor bosnio Izet Sarajlic. Un verso señala: “poeta es quien consigue pese a todo empezar de cero siempre”. Y es que él dijo una de las cosas más conmovedoras que yo he oído nunca. Mientras le mataban a sus hermanos y a su esposa en la guerra civil de los Balcanes, él sostenía que sólo quería escribir poemas de amor, es decir, quería hacer algo conmovedor con el hecho brutal de haber sobrevivido.
Ese mismo poema dice que “la palabra no es un gesto apacible de verano”. Y lo creo. Quien piensa que en momentos de emergencia social o política es frívolo hablar de poesía no entiende qué es cultura: no es un lujo ni vacaciones para la clase alta, sino un vehículo de mejor supervivencia y explicación de los fenómenos dolorosos, incluyendo los violentos. Y eso sin importar de qué hable el poema.

Mirón de ellas (y ellos)
Me fijo mucho en el cuerpo femenino, soy muy mirón. No tengo un lugar favorito, no soy vigilante de escotes ni de pies, a la oriental. Para mí, una parte del cuerpo es atractiva en relación con las otras, mientras el problema del erotismo mainstream es el descuartizamiento.
 También veo mucho el cuerpo de los hombres, para mirarme a mí mismo en ellos. Me encantaría ser bisexual, sería más interesante desde el punto de vista literario, pero soy aburridamente heterosexual. Entonces, cuando miro a un hombre lo hago para tratar de aprenderme. Pienso: ¿qué verán las mujeres en él?

La demencia del escritor
Es condición del ser humano hablar solo, todos hablamos solos. Si no lo haces no puedes acceder a ningún tipo de razonamiento, la única diferencia es que el escritor trata de convertirlo en un oficio. Quien escribe no hace nada distinto en el diálogo con sus voces interiores. En realidad, cada “yo” es una multitud y todo el mundo tiene heterónimos, como Fernando Pessoa, pero no todo el mundo publica libros aprovechándose de semejante demencia.

Los centímetros cuadrados de un poema
Cuando no escribo, mis pasatiempos son el futbol, el ajedrez, el billar y caminar, estas actividades tienen que ver con una tensión entre movilidad y quietud. En eso se parecen a escribir. Al caminar, la cabeza está concentrada: nos desplazamos con el cuerpo pero nos centramos con la cabeza. El billar es un tablero fijo en el que las bolas están en movimiento, mientras el ajedrez es una batalla cruentísima de movimientos imperceptibles y el futbol es ver a 22 señores corriendo mientras tomo una cerveza. Por su parte la poesía, como el mismo título de este libro, Vendaval de bolsillo, es una gran movilización interna en un espacio muy reducido. Todo puede suceder en los centímetros cuadrados de un poema.

Vivir dos veces
La poesía exacerba las emociones tanto en el poeta como en el lector de poemas. Gracias a ella ambos temen más, se arriesgan más, padecen más y gozan más, es decir, cualquier dato de la realidad les suscita una reacción emocional vívida. Como dice uno de mis barbarismos: “Leer es la acción y el efecto de vivir dos veces”. Al leer no sólo se reacciona más ante la realidad, sino incluso ante la ficción, porque igual se puede construir una emoción a partir de una novela, una película o una canción. En todos esos casos la ficción puede ser inventada, pero las emociones que despierta son profundamente reales.

Alimentarse de la muerte
La ficción se alimenta de las vidas que no tenemos, mientras la emoción poética se alimenta de las vidas que hemos perdido. Nos nutrimos monstruosamente de las cosas que nos duelen, es como si nuestra vida fuera un sistema de capas y cada muerte sufrida nos volviera más densos. A veces pienso que la vida consiste en sobrevivir a un bombardeo: se te muere alguien, se te enferma alguien y tú vas caminando entre las bombas, preguntándote cuándo te va a tocar a ti.

Lo que me interesa del porno
Muchas cosas me llaman la atención, por ejemplo, cómo la noción de compañía ha cambiado con la tecnología y la irrupción de nuevos imaginarios sexuales. Es evidente que la pornografía tiende a ser patriarcal y reductora, pero también hay una periferia de porno hecho por mujeres como Érika Lust, además de una teoría del porno escrita por y para mujeres. También me fascina el fenómeno de la porn star que se convierte en directora, es muy metafórico: el objeto se vuelve sujeto. Además, la poesía se relaciona con nuestra intimidad, nuestros deseos, fantasías y temores, así que me resulta extraño que no haya conducido con más frecuencia a la pornografía. No hablo de poesía pornográfica, que no tiene interés, sino de poesía que hable sobre ella. Es decir, si el porno tiene tantas aristas, ¿por qué no hacer poemas sobre él? En este libro intenté uno, aunque de lo más educadito.

(Originalmente publicado en la revista SoHo de diciembre)

 

Los que le hacen el amor a las palabras

Fernando Rivera Calderón y Eduardo Casar con el Cronopio, llegado del más allá
Fernando Rivera Calderón y Eduardo Casar con el Cronopio, llegado del más allá

 

Aunque llegué a la FIL apenas ayer, ya tengo grabados en la mente momentos que quisiera guardar en un cajón para no perderlos, como el poeta y narrador Andrés Neuman aceptando que no le gusta enseñarle a nadie lo que está escribiendo, porque si lo critica podría desalentarlo de seguir (“la inseguridad siempre está presente”) y quizá haya un acierto “debajo” de eso que hoy es fallido.

O el novelista argentino Martín Caparrós portando un pin que dice simple, pero poderosamente “43”.

O la dupla del poeta Eduardo Casar y el músico-escritor Fernando Rivera Calderón llenando a reventar de adolescentes el enorme auditorio para hablar de Cortázar y divertirse a fondo con él, en la que Laura García llamó “la mejor clase de literatura que he oído jamás”. Y coincido: la literatura no tiene que ser solemne para ser grande.

O el novelista argentino Rodrigo Fresán afirmando que prefiere arriesgarse al escribir y fracasar, que quedarse del lado “seguro” de un estilo demasiado limpio.

O la investigadora mexicana Margo Glantz afirmando que Sor Juana nunca quiso ser santa, sino sabia, y con eso abrió puertas a la literatura moderna.

O el texto de Benito Taibo en el programa de la Feria, que anuncia: “Creemos en los libros […] Somos lo que hemos leído; por el contrario, seremos la ausencia que los libros dejaron en nuestras vidas”.

O el narrador mexicano Carlos Velázquez comentando entre cervezas y pulpo atropellado que está por terminar su siguiente novela, que le ha costado meses de entre 8 y 10 horas diarias de escritura porque “tiene un lenguaje muy difícil”.

De verdad es emocionante atestiguar la pasión de esta bola de locos que aman las palabras, las cortejan, buscan seducirlas y, un día, si tienen suerte, les hacen el amor.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Los mejores tuits sobre la marcha en México

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El hartazgo contra la impunidad que tiene al país empapado en sangre y exigiendo justicia por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa llevó ayer a muchos miles de personas (las cifras van desde 30 hasta 500 mil) a marchar desde tres puntos distintos de la capital hasta llegar al Zócalo. Además hubo manifestaciones en 26 estados de la República y en más de 25 ciudades del extranjero. Es, seguramente, la mayor manifestación organizada en la historia de México. Muchos autores se sumaron a ella con acciones y palabras, y desde Twitter hicieron oír su voz. Al ser éste un blog de libros, aquí va un recuento de los mejores tuits “de autor”.

La cobertura

Durante cinco horas, @elwesomx cubrió las movilizaciones. La opinión, las emociones y la información de Enrique Hernández Alcázar @ehalcazar, Marisol Gasé @marisolgase y Fernando Rivera Calderón @monocordio fueron un lujo necesario.

El rimado

Jorge F. Hernández @FJorgeFHdz

Los emotivos

Ana Clavel @anaclavel99

Paco Ignacio Taibo @Taibo2

Piolo Juvera @PioloJuvera

 Venimos a dar la cara antes de que nos la arranquen. #TodosSomosAyotzinapa
Álvaro Enrigue @AlvaroEnrigue

Alberto Chimal @albertochimal

Mónica Nepote @neponita

El original

Daniel Saldaña París @ds_paris

Los informativos

Muchos escritores fueron tuiteando (o retuiteando a otros) con información al momento, como Carla Faesler @CarlaFaesler, Jorge Volpi @jvolpi y hasta Valeria Luiselli @ValeriaLuiselli, esta última desde Nueva York.

 

Los de opinión

Vivian Abenshushan @zingarona Una marcha inmensa, incalculable, la más potente, la más tumultuosa que ha habido en México. Los granaderos no lo soportaron, obvio.

Antonio Ortuño @AntonioOrtugno Allá van los elementos de la Subsecretaría de Encapuchados Malévolos a cumplir su pantomima. Lo esencial son las enormes marchas pacíficas.

Miguel Cane @AliasCane Piénsalo: Qué pueden quitarnos, que no nos hayan quitado ya? #RompeElMiedo

David Miklos @dmiklos Ya El Universal y Reforma en línea dejan ver lo que se imprimirá mañana. Más patético el segundo que el primero.

 

Da click aquí para leer más sobre la marcha

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

Poema útil si sabes lo jodido que es amar a alguien

Dibujo: Gordon Punt
Dibujo: Gordon Punt

Ella tiene 24 años, es colombiana, se llama María Gómez y acaba de ganar el Premio Loewe de Poesía, pero nada de eso interesa en realidad. Lo importante es esto que escribió y que resulta útil para explicar lo jodido que es cuando amas a alguien y te quedas solo, a la intemperie. O, lo que es lo mismo, cuando sobrevives una “Catástrofe” (título del poema). Salud…

“Venías de repente/ y no pude escaparme./ Te vi de lejos y estabas ya tan cerca/ que no alcancé a correr/ ni a refugiarme./ Llegaste como la tormenta./ Fuiste trueno/ relámpago/ aguacero./ Sacudiste los cimientos de mi casa/ Y me dejaste a la intemperie/ sin paraguas/ con el pelo mojado/ sin las botas/ sin abrigo./ Sola yo contigo/ con tu nombre/ que se adueñó de mis palabras/ con tus manos que se robaron mi tacto/ con tus ojos que se llevaron mi mirada./ Sola yo contigo/ Y tú sin mí […]”.

-María Gómez, “Catástrofe”, Después del horizonte, Editorial Caza de Libros

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

Lo que viene siendo un poema de madera

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“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”, escribió Pablo Neruda en Confieso que he vivido.

Lo cita Ricardo Miranda en una conmovedora crónica en la revista SoHo de este mes. En ella habla de Rodrigo Parra, chileno de Isla Negra, hogar de Neruda por años. En “Historia de un capitán y su barco en tierra”, el autor narra cómo este expublicista convirtió su casa en un navío, lo llamó La Nave Imaginaria y consiguió que la Armada chilena le diera certificado de navegabilidad y permiso de zarpe… aunque esté en tierra. Es decir, este niño de 43 años se niega a dejar de lado los juegos de piratas y construye un buque para habitar su aventura. Su envidiable Nave Imaginaria es algo así como un poema de madera, que a Neruda le hubiera hecho sentido.

Hoy mi casa me parece menos juguetona que nunca.

Actualización 23 de julio de 2014: El propio Rodrigo Parra, protagonista de esta historia, pasó por este espacio y dejó un comentario que puedes ver abajo y que agradezco en el alma. Da click aquí para ir al sitio web de la Nave Imaginaria. Salve, capitán.

El libro del dibujante que es un nerdstar

Cartón: Liniers
Cartón: Liniers
El creador de Macanudo, Liniers, es un argentino curioso, alguien a quien no le gusta quedarse con la duda de: “¿y si…?”. Por eso, además de publicar diariamente su tira en La Nación de Argentina, prueba otras áreas expresivas. Un día se preguntó: “¿Qué se sentirá tener una empresa editorial?”. Fue y la creó, bajo el nombre de La Editorial Común. Otro día quiso saber cómo es subirse al escenario. Se puso de acuerdo con su amigo, el músico Kevin Johansen, y se inventó el happening: mientras Johansen toca una canción, Liniers la “dibuja”. Han dado ya muchos conciertos, algunos en México, y a veces cambian de gorra: Liniers toca y Johansen dibuja. “En vez de ser un rockstar, soy un nerdstar”, dice de sí mismo. “Son cosas que hago para no aburrirme. Pero muchas veces ni siquiera sé si las voy a hacer bien o mal. Los recitales de Kevin podrían haber terminado en un fracaso. Sin embargo eso no me detiene. La falta de autocrítica es muy importante”, dijo en una entrevista en 2012, de paso por este país.
Ahora, la editorial mexicana Sexto Piso publica el cuarto volumen de Macanudo, compuesto por tiras incisivas, divertidas, a veces delirantes, siempre acertadas. El maestro del humor gráfico, heredero de Quino, hace reír a partir de reflexiones sobre la vida cotidiana, aparentemente sencillas pero con hondura. Una de sus tiras parece resumir su postura de vida: caminar es aburrido si se puede volar.
Publicar su libro es una de esas felices ocurrencias de Sexto Piso, que celebro.
(Entrada originalmente publicada en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio web de la revista SoHo)
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