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Me gustan los Bad Boys (no los Bad Hombres)

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Asumo un sesgo en mi preferencia sexual: me encantan los hombres no decentes, intensos, mal portados. En la revista S1ngular de febrero se publica este texto mío, que había titulado “Por qué me gustan los hombres rudos” y la revista llamó “¿Por qué nos encantan los Bad Boys?”. Sólo añado: sí, hay diferencia entre un Bad Boy y un Bad Hombre. El primero es un caramelo de adrenalina. El segundo, un estereotipo construido en la mente pequeñita del Mister Orange. Dicho esto, aquí va un fragmento del texto:

Hace poco descubrí mi fascinación por la zona oscurita de ciertos sujetos. Es decir, esa región masculina siempre me ha fascinado; ahora me refiero a una cierta tenebra del alma. Digo que recientemente me enteré de mi debilidad por tipos que mi hermana llamaría pésimos partidos (por indomables), pero que mi mejor amiga, aunque es gay, se come con la mirada mientras comenta: claaaro que saldría con él. Es que los hombres en estado salvaje son el colmo de atractivos.

A lo largo de los años he tenido relaciones pasajeras con señores poco recomendables, entre ellos, un cubano vividor que me recuerda la canción de Tony Zenet: “Era malo, pero palabra que fue el mejor”. Con todo, no me había dado cuenta de la adrenalina adictiva que disparan. Yo, que soy una mujer sensata (Ok, no) justo ahora ando perdida por un adolescente con canas. Y no estoy en un páramo de soledad. Millones de mujeres en el mundo nos rendimos ante un incorregible. ¿Por qué?

Es sexy a morir
El llamado bad boy es un nómada sin control. Nunca sé qué esperar de él y eso resulta un imán. Encima es seguro de sí mismo y sabe venderse: subraya su rebeldía, así que tal vez no se quite la mezclilla ni el pelo largo. O sí. James Bond es un individuo arrojado, imperdonablemente esquivo, a pesar del traje perfecto. El asunto es que, con lino o jeans, esa vena bravía lo hace muy deseable, porque me imagino que va a ser un lujo en la cama. Y lo es, siempre y cuando sea capaz de equilibrar la tosquedad con un buen shot de ternura. Si además suma inteligencia, el combo es tremendamente seductor. Mejor dicho: seductor-nivel-no-va-más.

Su magnetismo tiene sustento en razones evolutivas. Según el neurocientífico Billi Gordon, doctor de la Universidad de California en Los Ángeles y columnista de la revista Psychology Today, las abuelas de mis abuelas preferían al vigoroso Homo Erectus (ay) que al niño bueno: daba mayor garantía de tener hijos fuertes y de proveer comida, protección. Al repetir la conducta millones de veces, a lo largo de generaciones, el principio quedó grabado en mi cerebro como los surcos de un disco LP: se convirtió en instinto. Aunque yo no busque un padre para mis criaturas me sigo derritiendo por él. Viva la evolución.

Quiero descifrarlo
El espécimen con barba de varios días me resulta tan enigmático como un problema de álgebra, pero mucho más divertido. No me conformo con definirlo como alguien que desdeña las normas y tiende al riesgo. Me intriga por inescapable.

Para seguir leyendo sobre por qué un hombre poco recomendable es todo lo contrario de un vaso de leche tibia y cómo la evolución tiene más explicaciones sobre el asunto, busca el artículo en S1ngular de febrero.

 

 

 

Entre la mala leche y el amor contemporáneos

Xavir Villaurrutia (1903-1950)

Cada mes publico en la revista Santo y seña (tanto en su versión impresa como digital) la sección El bonito arte de (per)versificar, toda ella dedicada a poesía. Recomiendo libros, comento noticias sobre el tema y siempre (siempre) incluyo versos. Éste es el texto del mes de agosto. Salud.

“Las aguas no nos dejan descansar, llueve cada tarde como la primera vez. Por eso, y aunque no tenga nada que ver, este agosto conviene leer poesía de Los Contemporáneos.

UNO (Y DOS)
Atascón de la mejor literatura
Entre 1920 y 1940, once escritores osados, críticos y desadaptados cambiaron para siempre la historia del arte mexicano. Es decir que fueron autodidactas, leyeron a autores extranjeros “no clásicos”, los tradujeron, ejercieron la crítica, ensayaron nuevas formas literarias. Los llamaron excéntricos y corruptores, pues varios de ellos eran homosexuales. Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Jorge Cuesta, José Gorostiza y Gilberto Owen, por mencionar algunos, integraron el grupo Los Contemporáneos, centralísimo en la historia cultural de México no sólo por su voracidad intelectual, sino porque puso al arte mexicano a dialogar con el internacional, al tú-por-tú.

Bueno, pues hasta el 4 de septiembre se exhibe en Bellas Artes la exposición Los Contemporáneos y su tiempo, que aborda la trascendencia de ese “grupo de soledades”, en palabras de Torres Bodet. Compuesta por 294 piezas que comprenden fotografías, grabados, guiones, revistas, grabaciones, primeras ediciones, dibujos y pinturas, deja ver cómo rebasaron lo literario y tocaron con fortuna el teatro, la música, las artes plásticas, el cine. Además del atasque de buena poesía que representa, la muestra incluye conferencias, paseos literarios y películas. Toda la información está en http://www.museopalaciobellasartes.gob.mx

TRES
Amar, esa cólera secreta
El pasado marzo habría cumplido 113 años Xavier Villaurrutia, mi contemporáneo favorito (y cuya foto ilustra esta entrada). Los temas centrales de su trabajo fueron el erotismo y la muerte, los cuales abordó con la destreza de un cirujano entrenado en abrir venas por la mitad. Este fragmento de “Amor Condusse Noi Ad Una Morte” pertenece al portentoso libro Nostalgia de la muerte.

“Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia […]”.

CUATRO
Cupido mataría por haber escrito esto
Hablaba inglés y francés, además de español. Viajaba muchísimo. Leía sin parar. Se llamó Gilberto Owen y es, quizá, el menos conocido entre Los Contemporáneos. El largo poema “Sindbad, el mareado”, que narra la aventura de un amante, incluye este verso, que sin duda envidiaría un cierto niño alado: “Si no es amor, ¿qué es esto que me agobia de ternura?”.

CINCO
Malalechez poética
Para insultar (sobre todo para eso) se necesita inteligencia y finura
. Salvador Novo, contemporáneo también, las tenía de sobra. Así que cuando Diego Rivera lo llamó “maricón”, Novo le dedicó poemas satíricos, como éste, en el que se burla de su fealdad y de la urgencia sexual de su exesposa, Lupe Marín, quien al divorciarse de Rivera se casó con el también poeta contemporáneo Jorge Cuesta. Sí, la poesía-poesía admite el sarcasmo.

“Marchóse a Rusia el genio pintoresco
a sus hijas dejando –si podría
hijas llamarse a quienes son grotesco
engendro de hipopótamo y arpía.

Ella necesitaba su refresco
y para procurárselo pedía
que le repiquetearan el gregüesco,
con dedo, poste, plátano o bujía.

Simbólicos tamales obsequiaba
en la su cursi semanaria fiesta,
y en lúbricos deseos desmayaba.
Pero bien pronto, al comprender que esta
consolación estéril resultaba,
le agarró la palabra a Jorge Cuesta”.

Da click aquí para ir al sitio de Santo y seña.

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Hay que quitarle al sexo el ‘deber ser’: Alma Delia Murillo

Alma Delia con su criatura
Alma Delia con su criatura

Tiene ojos que brillan y manos que hablan, una inteligencia desbordante, muchas lecturas y la intensidad de un explorador (¿un kamikaze?) bajo la piel de periodista. Cada sábado publica una leidísima columna en el periódico digital SinEmbargo.mx. Además, Editorial Planeta acaba de lanzar Las noches habitadas, su primera novela, que escribió como quien se lanza al vacío antes de revisar si lleva puesto el arnés. Lo hizo tan bien, que en el intento también creó cuatro personajes que respiran, cuatro mujeres creíblemente humanas. Y es que Magdalena, Carlota, Dalia y Claudia transitan la vida como si fuera la primera vez. Las cuatro padecen insomnio y las cuatro, en su relación consigo mismas y con los hombres, en el sexo, en el amor y el desamor, están aprendiendo a desvestirse de culpas, miedos y disimulos, para luego encontrarse en el espejo. Sus historias son honestas, miran de frente.

Aquí, la primera parte de la plática que tuve con Alma Delia para SoHo.

Algo vivo Soy una atascada de la condición humana. En la novela quise hablar del alma, explorar las contradicciones que todos tenemos. A ratos las cuatro protagonistas son encantadoras pero luego las odias, son solidarias y son unas cabronas, se divierten aunque también se azotan. Ésa era mi meta, crear algo vivo.

Somos este animal Las noches habitadas toca temas universales como la soledad, el deseo, la orfandad, pero también aborda temas específicos de la realidad mexicana de clase media y media alta, donde se vive un juego esquizoide. Hacia afuera todos aparentan estar bien, simulan todo el tiempo, pero en realidad están muy trastornados. Estas mujeres son la voz de ese segmento, se atreven a decir: por dentro somos este animal.

Renunciar al godinismo El libro surgió por idea de Gabriel Sandoval, director literario de Planeta. Él había leído mi columna en SinEmbargo y le gustaba. La primera vez que me reuní con él, yo llevaba unos cuentos como idea de lo que se me antojaba hacer. Le gustaron, pero dijo: “No, haz una novela”. Firmamos el contrato sin tener libro. Yo trabajaba todo el día en la industria de la moda, así que me lo aventé de noche, a ratos. Como tenía poco tiempo para escribir sentía mucha ansiedad. Pensaba: “Hay un contrato firmado, una fecha de entrega y no he escrito nada”. Casi me cuesta la cordura. Por fin en octubre pasado renuncié a mi trabajo, al godinismo, y me pude dedicar sólo a escribir. Entonces lo disfruté de verdad. Aunque la inseguridad siguió ahí.

Demasiado denso Si me pidieran hacer la crítica más dura de mi novela diría que es demasiado azotada, demasiado intensa, espesa. Que todo sea tan denso puede ser hartante.

Sexo sin “deber ser”
 En Las noches habitadas quise contar historias reales y no ideales. Quise quitarle al sexo el deber ser, creo que es necesario hacerlo. Por ejemplo, hay una historia de amor incestuoso (ojo, es de amor, no de abuso) y una relación lésbica que se disfruta mucho.

Reírse a solas De los siete a los 14 años viví en un internado de niñas. A los 19 me independicé y hasta ahora he postergado la maternidad, no sé si voy a ser madre. Es decir que llevo muchos años viviendo sola. Si bien la soledad tiene su lado cool y bohemio, también tiene un lado terrible. Para no enloquecer, el remedio ha sido reírme siempre. Me río mucho, de tonterías, cosas que pienso. Me gusta mucho correr y a veces de la nada me tengo que detener por un ataque de risa.

Lo primero que me dicen estas palabras…

¿Orfandad?
Todos

¿Sexo?
Libertad

¿Soledad?
Doloroso

¿Miedo?
Alimento

¿Fornicar?
¡Yeah!

(Primera de dos partes)

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo. Da click aquí para ir a la entrada original)

#LunesDeMonos Cómo reírse de escritores y lectores durante 200 días

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En este #LunesDeMonos no propongo un cartón, sino una espléndida colección de cartones.

Desde su creación, en 1925, la revista The New Yorker estableció una indiscutible tradición de publicar buen humor gráfico (bueno en el sentido de “eficaz, que hace reír”, no en la bostezante acepción moralina). En especial me alegra que uno de sus temas recurrentes sean los libros, los escribidores y también sus cómplices perfectos: los leedores. Y esto no sorprende, dada la vocación literaria de la publicación por cuyas páginas han desfilado autores de primer nivel (Ernest Hemingway, John Updike y Julian Barnes, entre ellos) y han aparecido textos que se han convertido en referente de las letras contemporáneas.

Pues la excelente noticia es que ahora llega a mis manos una compilación de casi 200 cartones librescos titulada Los libros en The New Yorker. Están divididos en cuatro categorías: Autores, Editores, Lectores, Libreros. O sea, la crema y nata del mundillo literario. Publicado por la editorial española Libros del asteroide (qué nombre más musical se fueron a poner) y distribuida en México por los amigos de Sexto Piso, es un deleite de principio a fin. Hay sarcasmo, guiños de complicidad, travesura, humor negro. Además, la traducción (a cargo de Miguel Aguayo) está bien lograda. Ahí está el escritor que le dice a su hijita que ya está acostada: “Ahora cierra los ojos y duérmete o papá te leerá un poco más de su novela”. Y el tipo que, tratando de ligar a una mujer que lee en el parque, se adelanta: “¡Qué coincidencia! Estás leyendo el mismo libro que yo pensaba leer”. Y también el editor que le dice a un autor sobre manuscrito: “Como novela no funciona, pero nos gustaría publicarlo como calendario de mesa”.

Es humor en serio, es decir, ingenioso, divertidísimo, agudo. No sé cómo no había salido antes, pero qué bueno que ya existe.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

Dibujo: M. C. Escher
Dibujo: M. C. Escher

Con la excusa de la Feria del Libro de Madrid, el periódico ABC le hizo esa pregunta a 24 escritores de diversas generaciones. Y también les pidió responder: ¿en qué novela te gustaría vivir? El ejercicio me recordó las #Tuitentrevistas que hemos hecho en SoHo, donde por Twitter les formulamos una pregunta distinta a varios escritores y contrastamos sus respuestas. Da click aquí para ir a una de ellas y consulta el número 4 de SoHo para la #Tuitentrevista que hicimos en la FIL 2013.

Lo le dijeron los autores al ABC va de lo divertido a lo fantasioso y aterriza en lo entrañable. Porque sí, quienes amamos los libros solemos entendernos con un personaje, al que a partir de la lectura llevamos a todas partes entre la ropa y cuyos lentes nos ponemos con frecuencia para ver el mundo. O descubrimos que desde el principio los teníamos puestos. Como lectora obsesiva no me aguanto las ganas de contestar: el personaje que me hubiera gustado ser es Beatriz Viterbo (claro, antes de morir), del cuento “El Aleph” de Borges, para tener siempre a mi alcance un Aleph, “donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”. Y la novela en la que me gustaría vivir es Peter Pan, de James Matthew Barrie, con su mezcla poderosa de fantasía y atmósfera fiera.

Aquí van algunas de las respuestas que dieron los escritores preguntados. A varios no los conozco, así que me limito a poner mis respuestas favoritas de los que viven en mis libreros (perdón, no se me antoja citar a alguien de quien no he leído ni una línea).

¿Qué personaje te hubiera gustado ser?

 

Rodrigo Fresán “Muchos. Calculo que hay diferentes personajes para diferentes edades físicas o épocas psicológicas de cada uno. Pero puesto a quedarme con uno me quedo con el que abarca diferentes edades y épocas: el Billy Pilgrim de Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut”.­

Leila Guerriero “Tengo la leve sensación de haber respondido alguna vez esta pregunta y haber dicho ‘Ninguno’. Y lo primero que pienso es eso –’ninguno’-, supongo que porque los personajes de las novelas que más me gustan son personas bastante torturadas o complejas. Pero, obligada a escoger, querría ser algo bastante obvio: un personaje de alguna novela de aventuras, de esos capaces de destripar un lobo y dos mamuts antes del desayuno, de vérselas con una tormenta en alta mar, gente viajera e indómita capaz de no asustarse con lo peligroso y lo inesperado”.

Juan Gabriel Vázquez “Probablemente, Marlow, el narrador de las novelas de Conrad. Ver lo que ha visto, vivir lo que ha vivido, y además contarlo tan bien…”.

Enrique Vila-Matas “Alguien parecido a Nick Carraway, el narrador de El gran Gatsby. Me fascina ese momento en el que hablando de una de las fiestas de su vecino, Nick escribe: ‘A mí me habían invitado de verdad'”.

Juan Marsé “El joven Jim Hawkins o el pirata John Long Silver de La isla del tesoro, cualquiera de los dos”.

Santiago Roncagliolo “Me habría encantado ser un cazador de vampiros en Drácula, de Bram Stoker. Pero también me habría sentido bien en cualquier cuento de Edgar Allan Poe. Me encantan las historias góticas y terroríficas. Solo pediría no morir al final”.

Agustín Fernández-Mallo “Gregor Samsa. En primer lugar porque este año se cumplen 100 años de la edición de La metamorfosis y el bueno de Samsa sigue tan vivo e interesante como siempre. En segundo lugar porque siempre he pensado que oculta algo, no nos lo ha contado todo. El gran secreto de la literatura del siglo XX y lo que llevamos de XXI”.

 

¿En qué novela te hubiera gustado vivir?

 

Luna Miguel “Si tuviera que pasar una temporada en algún lado lo haría en Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, y, probablemente, me enamoraría mucho y de manera desmedida del poeta García Madero. También me gustaría darle un abrazo a las Font, y beber con todos esos poetas mexicanos locos a los que tanto admiro”.

Juan Gabriel Vázquez “A los 10 años me hubiera gustado vivir en Los tres mosqueteros. A los 20, en Rayuela. A los 30, en El gran Gatsby. A los 40, en la que estoy escribiendo: escribimos, entre otras cosas, para abrir un espacio donde podamos vivir a la medida de nuestras curiosidades y nuestros apetitos”.

Rodrigo Fresán “Es difícil decirlo. ¿Qué elegir? ¿Confort o apasionamiento? Tal vez me inclinaría por un par de casas de naturaleza muy opuesta: la de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y la de la infancia del Habla, memoria, de Vladimir Nabokov, entendida, esta última, como corresponde, más como novela que como memoir”.

Agustín Fernández-Mallo “Naturalmente, en todas las novelas que me gustan. Por ejemplo, en Las aventuras de Tom Sawyer. Ilustra como nadie el paraíso que es la infancia, donde aún no tenemos noción del paso del tiempo, así que una tarde de pesca en un río es verdaderamente infinita.

Y tú, ¿qué respondes a estas preguntas?

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(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

“Somos felices cuando creamos algo, no cuando vamos de compras”: Lipovetsky

Foto: Cortesía Anagrama
Foto: Cortesía Anagrama

El reconocido filósofo francés estuvo en México para promover su nuevo libro La estetización del mundo y platiqué con él. Es provocador y, sí, muy interesante. Dice que el arte ha salido de los museos para tomar la calle y los escaparates. Que si antes sólo los artistas tenían oportunidad de crear, hoy todo el mundo puede escribir, cantar o hacer un video, en lo que significa una democratización positiva del arte. Que el capitalismo no es el sistema infernal que prostituye todo lo que toca. Son los lentes a través de los cuales Gilles Lipovetsky propone leer el mundo de hoy.

Sociólogo y filósofo francés, es uno de los estudiosos más importantes de la sociedad actual. Luego de libros importantes para entender la realidad contemporánea, como La era del vacío y El imperio de lo efímero, recientemente estuvo en México para presentar su nuevo volumen, La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico (Anagrama), hecho en conjunto con Jean Serroy. Tuve oportunidad de conversar con él al respecto. En pocas palabras, el volumen matiza la crítica casi unánime hacia el capitalismo, que lo condena como un sistema que a través del hiperconsumo empobrece la vida y pervierte el arte. En cambio, Lipovetsky plantea que la sociedad capitalista incorpora la exigencia estética (es decir, el consumidor quiere productos bellos, que toquen su sensibilidad), la exigencia utilitaria (que además funcionen) y la económica (sus creadores quieren buenas ganancias por ellos, además de que sin cesar lanzan productos mejorados que desplazan a los anteriores).

Es decir, de acuerdo con el filósofo francés hoy no es clara la frontera entre economía, moda y arte, porque el individualismo despierta el gusto estético y seduce a través del diseño de productos atractivos. Antes de 1950, por decir algo, lo importante era la “función”, no interesaba tanto que los productos fueran bellos. Ahora el paradigma es distinto: todo, desde los lentes de sol hasta los coches, las plumas y el papel de baño tienen un diseño atractivo, para vender deben seducir. Esa combinación entre rentabilidad y valores estéticos tiene puntos en contra: por ejemplo, el consumo como único satisfactor de vida genera personas frustradas e insatisfechas. Sin embargo, también tiene ángulos positivos, como la democratización del arte. Hoy se reconoce que todo el mundo tiene una sensibilidad, no sólo los artistas encumbrados. “Dejemos de satanizar el consumo pero tampoco lo hagamos un dios”, dice.

Aquí, cuatro extractos de la conversación que tuvimos en torno al libro.

La seducción de elegir

El sistema capitalista ofrece la libertad de escoger. Algunos insisten en que esa libertad es peligrosa y sí, implica riesgos, pero no de forma sistemática. Junto a las fashion victims, los adictos al consumo y el servilismo de los adolescentes por los tenis de moda está la opción que tenemos todos de decidir dónde ir de vacaciones, por ejemplo. Cada quien puede elegir el lugar que prefiera. Además, el individualismo provoca menos presión social que la que había en épocas pasadas.

Hoy uno se viste como quiere, puede crear su propio universo y la crítica no tiene la importancia de antes, cuando había un juicio real. En cierta forma, en la actualidad la presión por consumir es más fuerte porque roza todos los ámbitos, todo se puede comprar, pero en un nivel de más detalle es menos fuerte. Es, al mismo tiempo, ambas cosas. Aunque el individuo está obsesionado por comprar y el consumismo lo invade, puede comprar lo que quiera. Ése es un rasgo complejo de la hipermodernidad.

Un mundo cada vez más estético

Estoy convencido de que, en el futuro, el diseño estará aún más presente en todos los productos de consumo. Veo tres tendencias a corto plazo, que ya se anuncian: 1. La gente demandará que los productos sean cada vez más bellos, es decir, habrá una mayor universalización de la demanda estética. 2. La creación carecerá por completo de un eje, distintas tendencias van a coexistir. En parte ya lo vemos, todos los estilos son posibles: lo japonés minimalista, el kitsch y el barroco viven lado a lado. Ninguno es más válido que el otro. Hay marcas de moda muy estrictas en su propuesta, pero también hay otras muy eclécticas. 3. El mercado creativo ya no se limitará a Europa o Estados Unidos, como hasta hace poco. Hoy hay Fashion Weeks en muchos países, además de que diseñadores y cineastas hacen un trabajo destacado en México, en China, en Corea. La creación estética se ha planetarizado.

La calidad es un buen negocio

Vivimos en un sistema de superproducción cultural. Se filma y se publica más que nunca, pero pocos se hacen ricos con lo que crean. Hay tanta producción que un libro que no tiene éxito pierde visibilidad pronto y, en el mejor de los casos, lo consume un público pequeño. El mercado es desafiante, nadie lo controla. Pero el asunto tiene otro ángulo: está la necesidad de formar el gusto de la gente, enseñarle distintas opciones, y ésa es tarea de la familia, la escuela, los medios, el Estado. No se le puede pedir a un sistema de mercado que se preocupe por la cultura. No es su lógica. Las empresas quieren ganar dinero y eso no me parece indigno: es su objetivo. Por otro lado, no todo lo que vende bien es malo. Por ejemplo, las películas excelentes suelen ser un negocio redondo. Otro caso es Apple: una gran calidad resulta en números extraordinarios. Y ahí hay un reto que sí involucra al capitalismo: hacer entender a quienes toman las decisiones económicas que la calidad es positiva para el negocio, que funcionan bien los productos buenos y, además, atractivos.

Todo el mundo es artista

Creo necesario analizar las sociedades no sólo a partir de alta cultura, sino sobre todo de la cultura media. Ésa es la importante, porque toca a millones. En ese sentido, en la sociedad capitalista actual todo el mundo se ha vuelto artista. Cualquiera escribe, canta, toma fotos y hace video en busca de la felicidad que no encuentra yendo de compras. En cambio, desde Platón la alta cultura es un fenómeno de minorías. No sé si un día Heidegger sea leído por las masas, pero hoy interesa a unos pocos. ¿Es escandaloso? No estoy seguro, la alta cultura siempre ha sido de élite. La violencia y la injusticia sí son escandalosos, y también el hecho de no poder decir lo que uno quiera. En cambio, lo que sí me molesta es que la vida de una persona se dedique sólo a comprar y seguir la moda, es desagradable porque el ser humano no se reduce a su ángulo consumista. Hay que favorecer las aspiraciones creativas de la gente, hacerle ver que la creación aporta bienestar. Y no hablo sólo de quienes hacen grandes obras, sino de cualquiera. En ese sentido, la sociedad individualista favorece la expresión personal y sus productos la hacen posible: hoy están al alcance de todos cámaras, sintetizadores, guitarras, hasta la autoedición. Eso es muy positivo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

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La improbable amistad de Jaime López y Camilo Sesto

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Camilo Blanes, conocido como Camilo Sesto, es el colmo de lo cursi, lo meloso. Y por eso me gusta. Seguro influye que me acompañó en varias tardes de enamoramiento adolescente, con aquello de “Me acostumbré a tus besos y a tu piel color de miel, a la espiga de tu cuerpo, a tu risa y a tu ser”. Aunque mis entendederas de los 13 o 15 años no me dieran para mucho.

Pues en esta edición de la revista SoHo, dedicada a la música, Jaime López publica un texto sin desperdicio: “A la salud del amigo Sesto”. Jaime me es, a partes iguales y desbordadas, querido como persona y admirado como artista: músico fundamental en la historia del rock nacional, antropólogo urbano audaz e inteligente, loco genial (lo digo para los lectores de otros países, porque los mexicanos que necesiten que se los presente, mejor que saquen pasaporte gringo). En el texto de SoHo una vez más se jala las greñas y rompe el molde: reivindica a Camilo Sesto, dice que le encanta, lo defiende, pues, con esa pluma suya tan sonora, de la que tomo un mínimo fragmento: “Quién no cayó en el profundillo albur secundariano, más bien preparatoriano, de los años 70 del siglo pasado que a quematripa disparaban al cautivo incauto los sacrosantos cábulas bluedemoniacos del callejón sin saliva en el formato de una simple trivia que cuestionaba: “¿Quién es la madre de Camilo Sesto?” “Pos Mama Sesta, güey”.” Y luego la frase con la que cierra el artículo: “La poesía no se crea ni se destruye, sólo se trastorna”.

De veras, recomiendo mucho el texto. Es una pequeña maravilla textual a la salud de esa amistad que no había imaginado posible.

PD Mañana es sábado de Playlist colectivo. Si quieres participar responde aquí la pregunta: ¿qué canción te recuerda a alguien que ya no está contigo?