La tormenta no existe sin la calma

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“En lo más crudo del invierno entendí que dentro de mí había una primavera invencible”. Encuentro esta frase de Albert Camus, incluida en de El mito de Sísifo, mientras hojeo la edición francesa de la revista Psychologies, cuya edición mexicana dirigí un par de años con enorme, enorme gusto. Lo conecto con lo que pasó anoche, mientras llovía como de concurso, mientras los truenos y rayos no me dejaban dormir: pensé que en el fondo de esa tormenta estaba también la quietud, la noche apacible. Y a la inversa.

En general me gusta ver sólo el lado amable, pero no existe solo, comprende también su gemelo perverso. Yo podría ser tanto más feliz y tener tanto más bienestar si asumiera de origen el paquete completo, si pudiera reprogramar mi cabeza para no clavarme demasiado ni en buenas ni en malas noticias, es decir, mantener la paz independientemente de lo que pase afuera. Con lo fácil que suena.

12 pensamientos en “La tormenta no existe sin la calma”

  1. Situarse más allá del mecanismo dual de nuestra mente es difícil.
    Encontrar un centro permanente de estabilidad y comprensión lleva años de práctica. Nadie nacemos con ese don. Y, si a eso añadimos los conflictos entre mente y corazón, la cosa aún se pone más difícil. Qué te voy a explicar qué no sepas…
    Hay que tomárselo con paciencia… y humor (muchas veces)…

    Abrazos

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  2. Me gusta especialmente está entrega. Lo tomaré muy en cuenta. Y bueno… me antojaste una lectura de Camus. Saludos, querida Julia. Por cierto, no he podido retuitearte porque algo hay mal en mí o en mi teléfono, que no Melo permite pero siempre estoy ahí, pendiente de tus comentarios. Ciao!

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  3. Si pudieses reprogramar tu cabeza para eso, dejarías de ser tú, lo cual no creo que te guste. Supondría que te mantendrías al margen de, por ejemplo, injusticias que ocurren a tu lado. dejarías de sentir como sientes, pues el sentimiento requiere de implicación, de empatía hacia el que está cerca.
    Yo soy pesimista redomado, no siempre lo fui, pero los años me han convertido en lo que soy ahora. Alguien dijo que un optimista no es más que un pesimista mal informado. Yo diría que es alguien afortunado, alguien al que ese lado positivo de la vida le ha tocado más que a otros. Cuando tienes dentro de ti esa “primavera invencible”, simplemente es porque la tormenta no ha sido suficientemente fuerte y quizás no siempre sea así.
    Lo triste es que no se suele ser consciente del regalo que se nos ha dado y, por eso, muchas veces no lo vivimos con la intensidad que merece.

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    1. Esta vez disiento, Gonzalo querido. Reprogramar la mente para no engancharse ni con lo bueno ni con lo malo no significa, desde el punto de vista budista, mantenerte ajeno al mundo o a lo que te rodea, sino liberarte del apego. Me parece que son cosas distintas. Y en cuanto al pesimismo/ optimismo: soy optimista, es decir, en general veo el lado positivo de la vida. Y créeme, no me voy a poner a dar detalles ahora, que me he llevado muy buenos golpes, tremendos manotazos. Es decir, me parece que si soy optimista no es porque haya tenido una vida rosa, sino creo que, al menos en parte, lo que importa más para mi bienestar no es tanto lo que me pasa, sino las historias que me cuento sobre lo que me pasa, es decir, en alguna medida depende de mí.
      En fin, no quiero convencerte de nada, sólo dar mi punto de vista.
      Saludos.

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      1. Yo tampoco pretendo convencer a nadie Julia. Sigo pensando que al liberarte del apego, como dices, eliminarías mucho sentimiento de tu vida. Claro que hablo desde mi punto de vista.
        Por otro lado, creo que todo árbol llega a caer si se le dan los suficientes hachazos. Claro está que no todos los árboles son igualmente robustos.
        Un abrazo.

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  4. Ay, estas sincronías me fascinan (me refiero a algo que comencé a perfilar para el blog). Ver el todo en esta cultura de las partes no es algo que se de todos los días y siempre pensé que eras una de las personas que más se acercaba a esta forma de pensamiento (aún lo hago, de todos modos, así que imagínate lo que pienso del resto). Como soy de los que prefieren las tormentas, la lluvia, los rayos y los truenos (cuanto más fuertes, mejor) creo que una tormenta es precisamente uno de los mejores momentos para ver la realidad como un todo. Una tormenta es indivisible; una tormenta ES y nada más. No existe nada que pueda considerarse lo contrario a una tormenta. La calma no lo es; eso es otra cosa totalmente diferente.

    Cariños, mi tormenta perfecta.

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    1. Porque estoy en son de paz profunda no discutiré, sólo me limito a apuntar mi descato: insisto en mi idea de que una tormenta lleva dentro (¿está embarazada?) de la calma. Además de que me parece ciertísima, es de una poesía que no veas.
      Abrazos, mi calma non plus ultra.

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