Palabra del día: agnosia

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) lo define como: “Alteración de la percepción que incapacita a alguien para reconocer personas, objetos o sensaciones que antes le eran familiares”. Es decir, de pronto uno mira un jabón y no sabe si es alimento, cosmético o artículo de oficina. O a mitad de la comida se queda observando el tenedor que descansa junto a la mano y se siente totalmente perdido: ¿para qué es? ¿Para peinarse? ¿Para inmovilizar a una mariposa? O va a la cocina por un vaso de agua y encuentra en bata a un hombre desconocido… que le dice que es su pareja. O a mediodía siente algo incómodo en el vientre y no entiende de qué se trata, no puede nombrarlo “hambre” porque no tiene palabras para ello.

Se me ocurren pocas situaciones tan aterradoras como ésa: perder toda referencia, ser incapaz de leer el mundo, desconocer las letras que forman el propio nombre. Como ese sueño que tuve hace al menos 15 años pero resultó tan angustiante que no se me olvida: de pronto mi mano derecha no era mía pero no sabía de quién era y por qué estaba pegada a mi cuerpo.

6 comentarios en “Palabra del día: agnosia”

  1. Es muy común el no encontrar, a veces, una simple palabra (esa sensación de “lo tengo en la punta de la lengua…”) y es terriblemente frustrante. Sufrir esa patología deber ser espantoso; no se me ocurre otro término. Existe un documental –conducido por el ex Monty Python, John Cleese– llamado The Face. En él, y como su nombre lo indica, se analiza el rostro humano en todas sus facetas (diseño, por qué consideramos a un rostro hermoso y a otro no, etc.). En uno de los capítulos, se tratan un par de patologías como la que describes. Recuerdo dos casos: el de un hombre que no puede reconocer los rostros de sus dos hijos (y sólo de sus dos hijos) y el de un muchacho que, debido a un accidente de automovilístico, no reconoce el rostro de su madre. Ésta, haciendo gala de entereza, cuenta cómo su hijo, alguna vez le dijo que “prefería la comida de la señora que cocinó ayer” cuando se trataba, demás está decirlo, de la misma mujer.
    Lo aterrador de esto es que se trata de casos producidos por accidentes, es decir casos en donde uno nada puede hacer para prever o minimizar su efecto.

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    1. Qué miedo, de verdad, es como el infierno vivido a diario: la incapacidad de nombrar lo que uno pasa/ siente/ piensa/ desea, la falta absoluta de palabras. Y lo que dices: no hay forma de prevenirlo. Ufff, me dan ganas de meterme abajo de la cama ahora mismo.
      Abrazo

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