Archivo de la categoría: lingüística

Me encanta meterme de cabeza en aficiones raras como etimologías y lexicografía.

Decir “fuego” en bonito

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Busco información para un libro en el que estoy trabajando y doy con una serie de expresiones o figuras poéticas del náhuatl clásico, en las que se concentra la posibilidad metafórica de esa lengua: para decir lo que nosotros nombramos con una palabra, los aztecas usaban una imagen.

La que sigue me fascina. Ofrezco tanto el original (por desgracia no tengo idea de la pronunciación), como una traducción al español. Pero lo más importante no es la traducción, sino el significado, casi una adivinanza: de esta forma llamaban al fuego. Ahí queda, como un instante de belleza para el día.

“Ayauhtli itzon, poctli itzon”.

Su cabellera es la niebla, su cabellera es el humo.

(Carlos Montemayor (coord.), Diccionario de náhuatl en el español de México, UNAM, p. 354).

 

De dónde viene “ser un aviador”

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Yo quiero en otra vida (si no se puede en ésta) ser un aviador. O una. Da igual. No de los que pilotan aviones y hacen piruetas en el aire, sino de los que cobran sin trabajar, sin aparecerse por la oficina de gobierno en la que dicen estar empleados. Me dedicaría a leer, eso sí, con una chamarra como la de la foto.

Ese uso mexicano del oficio lo consigna el Diccionario de la Real Academia: “Aviador. Honduras y México. Persona que tiene una sinecura” y, a la vez, define Sinecura como “empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo”. ¿De dónde viene, pues, nuestra actual acepción jodida?

En mi necia búsqueda de etimologías encuentro que dice Carmen Galindo en El lenguaje se divierte, publicado por el ISSSTE hace años: “Después de la Segunda Guerra Mundial, las dependencias gubernamentales recibían a nuestros veteranos de guerra (aviadores) y les daban un empleo. Cada oficina debía amparar a algunos (de ellos)”. No ofrece fuentes, pero suena verosímil.

Lo único que quiero en esta vida es aviar. Y vestirme de verde.

Da click aquí para ir al blog de Gerardo Mendive, con otra explicación del origen de la expresión.

A

Borges y Sábato: estas palabras significan lo contrario de lo que significaban

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Verano de 1975. Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato llevaban más de dos décadas sin hablarse, enemistados por sus respectivas posturas políticas. La revista argentina Gente les propuso reunirse y conversar. Ambos aceptaron. Platicaron sobre, idiomas, traducciones, de títulos de libros. Aquí, un pequeño fragmento de esa plática:

“[…] Jorge Luis Borges: —Me acuerdo de una frase feliz de Paul Groussac. Decía que Sarmiento sabía el latín y sospechaba el griego…
Ernesto Sábato: —Suele decirse: Fulano domina varias lenguas’. Generalmente, uno no domina ni la de uno.
B.: —Más bien está dominado por ellas…
S.: —Además, entre las lenguas hermanas hay pequeñas sutilezas devastadoras. El tiempo hace que las palabras deriven hacia significados opuestos: ‘nimio’ era ‘grande’; ahora es ‘pequeño’.
B.: —’Cold’ (frío, en inglés) quería decir antiguamente lo contrario: ‘calor”‘ Pasó el tiempo y se olvidaron de su significado. Sabían que tenía algo que ver con la temperatura, pero no si era ‘frío’ o ‘caliente’.
S.: —Claro. ‘Cold’ se parece mucho a ‘caldo’, que es ‘caliente’. La raíz común es el sánscrito”.

Me intriga la posibilidad que plantea Borges sobre la etimología de “cold”, aunque no he encontrado dónde sustentarla. Lo que es un hecho incuestionable es la etimología de “nimio”: viene del latín “nimius” y significaba excesivo, demasiado. El sentido actual de insignificante, minúsculo viene de “una mala inteligencia de frases como cuidado nimio“, señala Joan Corominas en su Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana (Gredos). Por su parte, el Diccionario de Etimologías de Chile (en línea) señala que el cambio de significado podría deberse a una asociación popular de tipo etimológico basada en el latín “minimus”, pequeño, en palabras como “mínimo”.

Además de la fascinación que me generan las etimologías y ésta, de nimio, es preciosa, me quedo también con esta otra joya, de Borges: Uno no domina una lengua, más bien es dominado por ella(s). Qué lujo, oír conversar a Borges con quien fuera, incluso Sábato.

Da click aquí para ir a la entrevista aparecida en la revista Gente en 2004.

Ofrezco una disculpa (¿o la pido?)

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Mañana, oh multitudinarios lectores, este cuerpecito mío estará en la Feria del Libro de Pachuca. Ahí hablará de poesía y otras minucias munificentes (linda palabra, ¿qué querrá decir?), por lo cual le será imposible dedicar su amanecer a subir la Playlist colectiva. Así, pide al respetable una disculpa, o más bien muchas, es decir, pide le den sus disculpas, o sea, le otorguen su perdón o, mejor dicho, siempre necia de las palabras y según cree leer en Moreno de Alba (ver más abajo), como ella es la ofensora ofrece las disculpas, que no las toma. En fin, para que todos queden contentos da y recibe las más amplias, más anchas, albures aparte.

Da click aquí para ir al artículo “Pedir y dar disculpas”, de José G. Moreno de Alba, en el libro Minucias del lenguaje, FCE

Y para compensar un poco el desencuentro musical que el viernes próximo reparará, hoy comparte esta canción que le zumba las ideas: “Simply falling”, de Iyeoka, cantante estadounidense de origen nigeriano que no tiene madre, la pobrecita. La conocí gracias a los buenos oficios de mi querida Inés López de Arriaga. Vaya, pues, con su voz, esa música y el “now I can’t break away from this fire that we started”. Ea.

Mi nueva palabra favorita: barahúnda

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Me tropiezo con ella y, como pasa en las películas, el accidente detona una inmediata historia de amor. Le veo todas las virtudes y ningún defecto, me sorprendo repitiendo su nombre por el deleite de saberlo mío, quiero contarle a todos lo que me pasa, como si fuera yo la primera enamorada que habita el mundo.

Barahúnda significa “desorden, confusión, griterío”, dice el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas. Añade que su primer uso se registra en 1330 y es de origen incierto. “Sólo consta que es palabra oriunda de la Península”, similar al portugués barafunda, y que pasó al italiano: baraonda. Y el Diccionario de la Real Academia apunta que también puede escribirse sin “h”, es decir, baraúnda, y que significa“confusión grande, con estrépito y notable desorden”. Confieso que me gusta de todas formas, pero la prefiero con esa “h” que la adorna como una flor en el pelo. Es decir, no sólo suena bellísimo ba-ra-ún-da sino que también refiere a algo muy parecido el amor por el que vale la pena estar de paso: desordena, implica agitación y caos.

Lo dicho: estoy enamorada.

El escritor y poeta y querido tocayo Julio Trujillo me comparte este texto suyo publicado en Letras Libres, a propósito de los baraúndos. Háganse en favor de leerlo.

Da click aquí para ir a la entrada sobre la palabra Apocatástasis, que fue mi amor por un tiempo.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Despampanante, otro de mis amores (yo, tan promiscua).

 

“Antología” es, en realidad, una palabra muy cursi

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Pues sí, qué remedio querer darle una pátina de rudeza.

Antología viene del griego anthos, flor y logeia, colectar. Es decir que una antología era, en principio, una colección de flores. Luego el sentido se amplió para abarcar una colección de poemas y, finalmente, una colección de obras literarias. Por cierto, la misma raíz se encuentra en la palabra krysanthemon, cristantemo, que se forma con anthemon khrysos, oro, es decir, crisantemo significa “flor de oro“.

Como adoro la etimología de las palabritas ahí van esas dos, cursis a morir, para alegrar el viernes.

 

Fuente: Krystyna M. Libura y Gabriel López Garza, Sorpresas en palabras, Ediciones Tecolote, 2006.

¿Cómo es un dolor lancinante?

Imagen: Kimded http://kimded.deviantart.com/art/Pain-from-within-168500190
Imagen: Kimded
http://kimded.deviantart.com/art/Pain-from-within-168500190

Estoy corriendo, tapada de trabajo, sin casi tiempo para subir alguna entrada, pero no puedo dejar de compartir esta belleza de adjetivo que descubrí mientras leía de madrugada (ay, mi querido insomnio) La velocidad de la luz, tremenda novela del español Javier Cercas publicada por DeBolsillo:

“lancinante: Dicho de un dolor muy agudo” (DRAE). El pasaje en cuestión en la novela dice: “… desplazada a un segundo plano por la lancinante ignominia…” (p. 109). Y sí, la conclusión a la que llega el personaje de Rodney es como la hoja de un cuchillo recién afilado.

*Se va dando saltitos, llevando entre las manos su nueva palabra, cursimente feliz por el hallazgo.

¿De dónde viene la palabra “bikini”?

Raquel Welch, cartel de la película Hace un millón de años (1966)
Raquel Welch, cartel de la película Hace un millón de años (1966)

Me encanta la ociosidad de conocer el origen de las palabras, así que aquí va ésta.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos continuó haciendo experimentos con bombas atómicas, ahora en el atolón Bikini de las Islas Marshall, en el Océano Pacífico. El sitio estuvo bajo poderío japonés por años, pero en 1944 fue conquistado por los estadounidenses, básicamente porque estaba alejado de rutas de aire y agua. Así, previo desalojo de los pobladores, en 1946 se dejaron caer sobre Bikini dos bombas del tamaño de la arrojada en Nagasaki. La condena mundial fue importante, dado que no había pasado ni un año desde las dos bombas lanzadas sobre Japón.

En ese mismo año, el ingeniero francés Louis Réard creó un traje de baño femenino de dos piezas que ofendió a las buenas conciencias (siempre dispuestas a ello) porque mostraba el ombligo. Fue tal el escándalo que ninguna modelo quiso lucirlo en la presentación en París, de modo que Réard tuvo que contratar a una bailarina de cabaret para ello.

Le llamó, irónicamente, bikini.

(Con información tomada del libro La fascinante historia de las palabras, de Ricardo Soca).

Completa: Mi palabra favorita es _______

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Hace unos días, en Twitter @Tania_Tagle mencionó que sus palabras preferidas son escarlata y carmesí. Contesté que la mía es burbuja, porque es juguetona y ligera, muy como lo que nombra. Y mi querida Sandra Lorenzano añadió que su favorita es apapacho. Luego se sumaron algunos más, aportando las suyas. Sugerí entonces que deberíamos hacer un “diccionario” de palabras que amamos. Es decir, en principio no se trata de que me guste el significado de una voz (predecibles como somos, seguro amor, mamá y amistad tendrían hartos votos), sino que disfrute la palabra en sí, su sonoridad.

Para echar a andar el proyecto, lanzo desde aquí la pregunta abierta: ¿cuál es tu palabra preferida? Aquí abajo, la lista que vamos armando entre todos.

  1. @MuyRelaxMX A
  2. Gerardo Cardenas Abrevadero
  3. Gilberto Cadena Agua
  4. Alejandro Gustavo Aguamanil
  5. Liliana Espinoza Alborada
  6. Vic Guanajuato Alférez
  7. Carlos Carranza Alhelí
  8. @addypalval Alegría
  9. Poetas Nuevos Amor
  10. @F4U_4 Amor
  11. David Miklos Anábasis
  12. @Josdamet Andariego
  13. Inés Lara Recamier Antojo
  14. @cantusinmas Apachurro
  15. Sandra Lorenzano Apapacho
  16. María Spazzia Aquelarre
  17. Nat Arándano
  18. José Árbol
  19. Alfonso Argüelles Arrebato
  20. @SoyUnAxolotl Astrolabio
  21. @65Murillo Aura
  22. @LaLore04 Bermejo
  23. @tintaguinda Besable
  24. @sesucraiz Bingo
  25. @YoLaMerita Borbotón
  26. Ricardo Ruiz Brisa
  27. María Teresa Hernández Buganvilla
  28. @LaMozquitaZurda Buganvilia
  29. Julia Santibáñez Burbuja
  30. @miradadelaluna Burdel
  31. @padron_lupita Caleidoscopio 
  32. @AdrianoDeLucio Canela
  33. Maru Moreno Carajo
  34. @AdrianoDeLucio Caramelo
  35. @Tania_Tagle Carmesí
  36. Nieves As Charola
  37. @michrade Chiquear
  38. Ana Victoria Taché Chocolate
  39. José de Jesús Montoya Chulada
  40. @ulisesrodriguez Cómplice
  41. Rriveramelo Concomitancia
  42. RafaUniversidad Crisálida
  43. Sandra Frid y Camarero Cristal
  44. Cristina Liceaga Cuentagotas
  45. @danielabr3 Desasosiego
  46. @gruelik Duermevela
  47. Mar Entropía
  48. Andrés Grillo Epifanía
  49. Rafael Carballo Esdrújula
  50. @losamorososleen Fandango
  51. Alejandro Romero Fascinación
  52. @mechediazortega Felicidad
  53. @Gurudaskaur Fruición
  54. Alberto Diéguez Hojarasca
  55. @GabrielaVGE Imaginación
  56. @antonioliho Impermanente
  57. @ursulacamba Imponderable
  58. @LocutoraSexy Irreductible
  59. Borgeano Jade
  60. @gruelik Jacaranda 
  61. José (no tengo tu apellido) Lapislázuli
  62. @SansSobriquet Libélula
  63. Heidi Montenegro Locomotora
  64. Carolina Enríquez Lontananza
  65. Dulce Villaseñor Luciérnaga
  66. Sylvanna Barona Luego
  67. Ligia Urroz Magnanimidad
  68. Dania Castañón Mandrágora
  69. @merodeadormty Meliflua
  70. Mónica Soto Niebla
  71. Carlos Herrera Nigromante
  72. Gabriela Cervera Paradigma
  73. Javier Martinez Staines Parteaguas
  74. Laura García Arroyo Parvada
  75. Patricia Bremauntz Paupérrimo
  76. @quico70 Pirueta
  77. Maite Valle Pluscuamperfecto
  78. @miguelangeljg10 Poesía
  79. Pedro Ernesto Vargas Prosopopoeya
  80. @bohemiankid_16 Púrpura
  81. Betty Villicaña Quimera
  82. @artpliz Reconocer
  83. @hmatuk Reconocer
  84. Paulo Montesco Reminiscencia
  85. @dmorenochavez Revuelo
  86. @LOMMX Serendipia
  87. Julieta Cardona Sicalipsis
  88. @fdvg Siesta
  89. Gabriella Morales-Casas Suave
  90. Marcela Sánchez Greene Tajador
  91. Carla Érika Ureña Tapioca
  92. @yazeruk Turgente
  93. Alejandro Rosas Ungüento
  94. Susana Salazar Uva
  95. @CaroPloutarxos Variopinto

Por qué me gustan las erratas

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Sí, las amo, las disfruto y las defiendo, tanto las imputables a errores de dedo (me parece sublime que los dedos sean falibles), como las que provoca el autocorrector de Word o del celular.

Apenas ayer una errata volvió a mejorarme un texto: quise escribir “De pronto se aparece el Minotauro” y el autocorrector del iPhone mandó “De pronto se aparece el Minitauro”. Nunca mejor dicho.

Aquí, una columna sobre el tema, que me publica hoy el periódico Sin Embargo.

Y aquí, el enlace a un texto del blog negritasycursivas.wordpress.com, con un caso exquisito de una errata en portada, que sobrevivió muchos años.

Y el enlace que recomiendan los amigos de negritasycursivas.wordpress.com sobre un libro dedicado al tema.

Otro enlace a un texto sobre erratas, en el blog Habladuría.

 

Lo defectuoso vale más que lo perfecto

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Abrazar lo endeble. Subrayar la fragilidad.

El pensamiento japonés no deja de deslumbrarme. Hace unos meses compartí aquí varias entradas sobre lo fascinante de su cultura, la práctica cotidiana de la poesía, su respeto por el otro. Hablé también sobre el Wabi-sabi, ese gesto japonés que encuentra perfección en lo imperfecto. Hoy me encuentro con esta belleza de palabra: Kintsukuroi. 

Se llama así al arte de reparar con polvo de oro un objeto de cerámica roto. En Occidente, un jarro que se fractura pierde todo su valor. En cambio, los japoneses aprecian más aquél cuyas piezas fueron unidas de nuevo, de manera muy visible, con el metal precioso: el jarrón restaurado es más caro porque tiene una historia. Es decir, el kintsukuroi valora la fragilidad intrínseca de las cosas, la belleza de sus defectos. Otro tanto, creo, pasa con la gente: ayer platicaba con una amiga muy querida sobre cómo cuando el otro se atreve a exponer su debilidad, entonces puedo conectar con él y lo valoro más en su coraje de seguir adnando. Al final, yo misma quiero no esconder mis cicatrices de vida porque entiendo que en ellas descansa mi valor.

Da click aquí para ir a un artículo sobre el Kintsukuroi y la resiliencia.

Da click aquí para ir a la entrada Ocho palabras que le urgen al español.

Palabra del día: Apocatástasis

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Dice el DRAE que la palabrita viene del griego y significa “Retorno de todas las cosas o de cualquiera de ellas a su primitivo punto de partida”. O sea, borrón y cuenta nueva. Como la pizarra cubierta de cera en la que los romanos escribían con un punzón: para borrar lo escrito, calentaban la cera o la raspaban hasta dejarla lisa de nuevo. Luego, en el siglo XVII, John Locke dijo que la mente de un recién nacido es una Tabula Rasa, una tablilla vacía en la que escribir. Algo así, la apocatástasis.

Bueno, pues digo que me parece una ilusión total. Nada regresa exactamente a su punto de partida, todo está enriquecido (¿contaminado?) por experiencias. Por supuesto, en especial yo, que voy de aquí para allá con mi bagaje de vivencias, recuerdos felices, cicatrices, expectativas. Así, aunque me gusta el sonido de apocatástasis, descreo de su significado. Yo, tan complicadita para eso de creer.

Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

#MiércolesDePoesía Versos de la infancia de la lengua española

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Los judíos que fueron expulsados de España en 1492 formaron nuevas comunidades en Italia, el sur de Francia, Portugal, Marruecos, entre otros países. Llamados sefardíes, en su exilio llevaron consigo (y conservaron casi intactos) los inicios del idioma español. Esa “nueva vieja” lengua se llamó, también, sefardí.

Plagada de sonidos en “u”, es dulcísima y parece frágil pero lleva dentro un savia poderosa, que la ha hecho perdurar hasta hoy. Y, claro, si una lengua está viva, los poetas que la hablan la usarán para expresarse. En este #MiércolesDePoesía viene de visita Clarisse Nicoïdski (1938-1996), nacida en Lyon, Francia, pero quien fue una reconocida poeta en lengua sefardí que incluso influyó en el argentino Juan Gelman.

La editorial mexicana Sexto Piso acaba de publicar su obra poética reunida por primera vez en su totalidad, bajo el título El color del tiempo. Poemas completos. Es una edición bilingüe sefardí-español (traducción de Ernesto Kavi), con lo que uno puede deleitarse con la sonoridad de ese idioma congelado en el tiempo. Aquí va la traducción de un poema que me gusta por delicado, casi transparente y, abajo, el original sefardí.

“esto

es sólo para ti para mí

no le diremos nada

nada a nadie

nos vamos a detener

bien quietos

como si no pasara nada

entre tú

y yo

¿y quién va a ver

mi mano

tu mano

mandarse un beso

que ni la boca ve

y quién va a oír

la loca mudez

de nuestro amor?”

*

“estu

es sólu para ti para mí

no lis diziremus nada

nada a ningunu

mus vamus ditiner

bien quietus

comu si no si pasava nada

intri ti

intri mí

y quén va ver

mi manu

tu manu

mandarsi un bezu

qui ni la boca veyi

y quén va sintir

la loca mudez

di muestru amor?”

De dónde viene el chocolate

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Cada tanto abro el libro fantástico coordinado por Carlos Montemayor, Diccionario del náhuatl en el español de México (UNAM/ GDF), y me fascino con lo que encuentro. Hoy me hundo en la riquísima historia de la palabra chocolate, dulce al que soy adicta.

Como resultado de la conquista de Tenochtitlán (1521), ésta y otras voces pasaron del náhuatl al español y de éste, al mundo. Aunque hay controversia por su etimología, Montemayor propone que viene de xócotl, fruta, y atl, agua. Con ella se designó la bebida de cacao consumida por los aztecas como remedio para algunas dolencias y, luego, adoptada por los españoles, aunque todo indica que la voz no surgió en la época prehispánica: sus primeros registros son de 1580. Hoy se refiere a la pasta de cacao mezclada con diversos ingredientes para darle distintos sabores, que se come en tabletas, en repostería o disuelta en agua o leche. Vive con casi idéntica grafía en muchas lenguas, éstas entre ellas (Google mediante, espero no estar cometiendo ningún error bestial):

Inglés: chocolate
Francés: chocolat
Italiano: cioccolata
Portugués: chocolate
Euskera: txokolatea
Catalán: xocolata
Alemán: Schokolade
Rumano: ciocolată
Polaco: czekolada
Danés: chokolade
Holandés: chocolade
Turco: çikolata
Sueco: choklad
Bosnio: čokolada
Albanés: çokollatë

Además de vivir en las mesas, también habita en el habla mexicana: muchos refranes aluden a él. Aquí, algunos que yo misma he oído o dicho:

Como agua para chocolate. Estar muy enojado, como el agua que debe estar hirviendo para que, al echar la tablilla de chocolate, ésta se disuelva fácilmente.

Si como lo menea lo bate, ¡qué rico chocolate! Piropo (?) que se aplica a mujeres sensuales, para sugerir sus talentos amatorios.

Una sopa de tu propio chocolate. Se aplica a quienes cometen acciones que antes criticaron.

Me late… ¡chocolate! Expresión con la que una persona dice estar de acuerdo en algo.

Y entre las cientos de referencias artísticas al tema destaco la suculenta novela Como agua para chocolate (Suma de Letras), de Laura Esquivel, luego vuelta película por Alfonso Arau. Ubicada a principios del siglo XX, narra los amores de una pareja, frustrados porque ella es la hija menor de la familia y la costumbre dicta que se quede soltera para cuidar a su madre. La historia se entreteje con el contexto del México revolucionario y enraizadas tradiciones culinarias (por cierto, la bellísima fotografía es de Emmanuel Lubezki, ganador del Oscar este año por Birdman, y en 2014, por Gravity).

En fin, que me encanta atestiguar la riqueza y pervivencia de esa tradición náhuatl en México y en el resto del mundo.

Da click aquí para ver el tráiler original de la película:

Da click aquí para ver la película completa:

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Esta palabra le urge al español (y a mí)

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Me pasó de nuevo: encontrarme con alguien cuyo rostro me resulta conocido pero no sé su nombre. Estaba en el salón de belleza cortándome el cabello y entró una mujer alta, de miembros delgados y ojos tristes. En cuanto me vio se acercó a mí: “¡Julia, qué gusto verte!”. Es incómodo saludar a alguien teniendo el pelo recogido con pinzas, envuelta en una bata de plástico, pero lo fue más porque no tenía idea de quién era. Me preguntó por mi hija y por mi trabajo en la editorial. No supe si hacer evidente mi torpeza y preguntar de dónde nos conocíamos, o fingir que sabía perfecto de quién se trataba. Al final opté por lo segundo (luego me arrepentí): contesté, le pregunté vaguedades y nos despedimos.

Aunque la experiencia pudiera dispararme hondas reflexiones sobre mi torpeza social, salí del salón de belleza con menos cabello y pensando una de esas minucias lingüísticas que amo: necesito una palabra que describa esa sensación de duda. Me puse a buscar y no encontré nada en español, pero sí en lengua escocesa: Tartle nombra “el momento de vacilación al saludar a alguien, porque uno no recuerda su nombre.” No tengo remedio.

También en la cama nos visita la lingüística

Cartón: Kemchs
Cartón: Kemchs

El humorista mexicano Kemchs da en el clavo con este cartón sobre el escenario que aterra a tantos, a partir de lo que en lingüística pomposamente se llama metaplasmo o “alteración de un sonido dentro de una palabra”. Es mi capsulita de humor para aligerar el arranque de semana.

Éste es el idioma más cachondo

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Me encantan las lenguas, he estudiado varias y podría dedicar el resto de mi vida a aprenderlas todas. Para este #MiércolesDePoesía va un pequeño poema juguetón que celebra una de mis favoritas, por razones que distan de ser académicas. Ustedes disculparán.

“En portugués

tú falas

yo falo.

Cómo no amar esa lengua

en la que todos falamos”.

Probadita de picardía mexicana

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Estoy disfrutando una barbaridad el libro Dichos y refranes de la picardía mexicana, de Armando Jiménez (Editorial Diana). Compendio de vocablos, dicharachos y juegos verbales del habla nacional, refleja el doble sentido tan típico nuestro, con alusiones sexuales en todos los tonos y colores. Aquí cinco ejemplos divertidos que entresaco (sin albur), con todo y explicación para lectores de otros países:

1. “Si al cabo me lo has de dar, no me lo des a desear”: para qué me haces sufrir si al fin te me vas a entregar.

2. “No muevas tanto la cuna que vas a despertarme al niño”: dedicado a la mujer que mueve mucho las caderas al caminar.

3. “Mujer que con curas trata, poco amor y mucha reata”: “reata” como sinónimo de pene, alude a la sabida actividad sexual de los sacerdotes.

4. “No es lo mismo dos tazas de té, que dos tetazas”: se explica solo.

5. “Es mucho jamón para un par de huevos”: piropo para una mujer guapa y “buena” (de buenez, no de bondad), sobre todo de clase social alta, que pasa frente a un peladito.

Seguiré informando sobre este tema del doble sentido, fascinante y divertido a morir.

Lost in Translation: “Yucatán” en realidad significa “No te entiendo”

Mapa: Nicolás Sanso (1657)
Mapa: Nicolás Sanso (1657)

 

Encuentro esta anécdota interesante en ese cofre del tesoro que es el libro de Simon Garfield, En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus). Ya lo he citado en varias ocasiones y ahí voy de nuevo porque cada tanto regreso a él. Y que luego alguien me diga que las etimologías son aburridas:

“En 1519, cuando se disponía a desembarcar en México, [Hernán] Cortés invitó a varios nativos a su barco para conversar a bordo y preguntarles el nombre del lugar cuyo oro se disponía a saquear. Uno respondió: ‘Ma c‘ubah than’, lo que Cortés y sus hombres entendieron como Yucatán, y así lo pusieron en el mapa. Justo cuatrocientos cincuenta años después, expertos en dialectos mayas estudiaron la historia (que, en cualquier caso, puede que sea apócrifa) y descubrieron que ‘Ma c‘ubah than’ en realidad significa ‘No te entiendo'”.

No sé si la historia sea cierta. Lo que no dudo es que es hermosa y divertida.

 

 

 

Los orificios de los escritores y otras joyas

 

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Leo en un blog: “Me interesa conocer más sobre los orificios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos”. La aseveración me hace imaginar a un respetado autor en postura incómoda, exponiendo sus partes innobles al enguantado autor del blog. Repaso la frase y me doy cuenta de que en realidad dice: “Me interesa conocer sobre los oficios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos”. Ambas posibilidades suenan bien, para qué negarlo.

Esta semana, mientras entrevistaba a Martín Caparrós, leo mal una cita de su libro, en voz alta, como parte de una pregunta. En vez de decir “Los obesos son los malnutridos —los más pobres— del mundo más o menos rico” digo “Los obsesos son los malnutridos”. Caparrós se ríe y, cuando me hace notar el equívoco, también yo, pero concluimos que aplican las dos lecturas: los obesos como obsesos, los obsesos siendo obesos.

En una junta de trabajo, luego de que una colega atractiva propone una línea de acción, un ejecutivo tieso y engolado responde “te secundo”. Yo entiendo, por un instante, “te fecundo” y lo visualizo jadeando encima de ella, preocupado porque alguno de sus millones de muchachos por fin logren el milagro de la concepción (“para eso es el sexo, para tener hijitos, ¿qué no?”).

Pienso que lo que llamo comúnmente lapsus es, en realidad, mi mente que me hace el favor de expandir el mundo para mí.

Soy totalmente analfabeta (Crónicas desde Turquía 4)

Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez

Es muy poco lo que puedo captar del idioma turco, apenas las palabras cuya escritura es similar al español: dijital, veteriner, fabrika, interneti, gargara, lavabo. Luego descubro que incluye muchos términos del francés, aunque escritos como suenan: por ejemplo, el toilette francés aquí es tuvaletcoiffure se convierte en kuäför, chic en Şik y champagne en Şampanya (la Ş se pronuncia sh). Me parece simpática la adaptación de voces relativas a temas glamorosos. Como siempre, la admiración de un pueblo por otro se plasma en su lengua: durante años, los turcos aspiraron asemejarse a la cultura francesa, de manera que tomaron sus términos “elegantes” y los hicieron propios.

El turco es una lengua uraloaltaica, lo que la emparenta con el finés, el húngaro y el lapón. Durante el Imperio Otomano se escribió con alfabeto árabe, pero con la fundación de la República de Turquía por Mustafá Kemal (Atatürk), en 1928 vino la llamada Revolución del alfabeto, que adaptó la lengua a los caracteres romanos. No he encontrado un diccionario, así que la barrera del lenguaje no sólo me imposibilita la comprensión de los letreros de una tienda, un periódico, el menú de la comida y hasta los destinos del tren, sino también me impide el placer de conversar con los taxistas, cantera de sabiduría local. Son poquísimos los choferes que hablan inglés pero hoy estoy de suerte: Fatih, nuestro conductor, se expresa con decoro, así que lo bombardeo con preguntas. Quiero saber las horas de los rezos de hoy, cómo comen ellos la especie de chile (ají) que adorna muchos platillos, desde qué edad las mujeres usan burka, cómo se pronuncia la letra ç. Y aquí me desarma con una respuesta: “No se complique, el turco se pronuncia tal como se escribe, sin más”. Vaya, haberlo sabido antes…

Cuando por fin compro un diccionario descubro que eso no resuelve el conflicto: ni así entiendo esto escrito en un monumento. Claro, al ser una lengua aglutinante, el turco puede concentrar en una sola palabra prefijos, infijos y sufijos, lo vuelve casi imposible encontrar en el diccionario una palabra según su orden alfabético.

Lo analfabeta no me lo quita nadie. Auch.

Té sabor melancolía en Estambul (Crónicas desde Turquía 2)

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Foto: Julia Santibáñez

En la tarde holgazana camino las calles adoquinadas del centro de Estambul. A lo lejos se adivina el Bósforo, ese río que parece mar y que de un lado tiene a Europa y del otro, a Asia. Cómo no considerarlo ombligo del mundo. A mi lado, letreros incomprensibles refuerzan la sensación de extranjería, que en el fondo me gusta. La lengua turca es por completo ajena a las que conozco, escrita con símbolos distintos y llena de diéresis, a veces varios como en “Müdürlügü” (que significa “dirección”).

Frente a un puesto de tés a granel, quien más me quiere y yo nos detenemos a tomar una taza de té de frutas. Es una delicia total. Mientras, recuerdo que según Orhan Pamuk en Estambul. Ciudad y recuerdos (DeBolsillo), las calles de la ciudad “[respiran] opresión, pobreza y amargura”, fruto del dolor por la caída del imperio otomano, en 1918. No puedo decir que perciba amargura, pero sí melancolía. Todo remite a esa época de esplendor, en especial los principales sitios turísticos, desde Santa Sofía pasando por la Mezquita Azul y el Palacio de Topkapi, ecos de capital imperial. A ratos parece que el cuello se tuerce de tanto mirar ese ayer desmesurado. Sin embargo, este té de melancolía acompañado de dulces típicos me asienta en el hoy de esta ciudad dual.

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Foto: Julia Santibáñez

 

Andrés Neuman, peligroso autor de un diccionario salvaje

Foto: EFE
Foto: EFE

Quien va por la vida definiendo beso como “Palabra articulada simultáneamente entre dos hablantes” debe alarmarnos. El que reformula autoestima como “Montaña rusa de un solo pasajero” y libro como “Soledad plural” revela su amenaza en esos gestos mínimos, el riesgo que supone para quien lo frecuente.

Ahí se muestra como un ser concebido en noches de juego y de orgía de palabras. Indica haber crecido con amigos irreverentes, agudos e intuitivos, antisociales que buscan la amistad de los lenguajes que viven en el habla cotidiana. Ama las metáforas y habla en versos, pero sobre todo lleva un bárbaro escondido bajo la piel. Ese individuo inquietante se llama Andrés Neuman y es escritor. Nacido en Argentina y radicado en España hace décadas, presentó hace no mucho ni poco su libro Barbarismos.

Se trata de un diccionario personal, subjetivo, divertido a ratos, en el que las palabras se sueltan el pelo y salen de juerga. El problema es que, sin tenerlo todavía en mis manos y enterándome de él por fragmentos (que Neuman publicó en su blog Microrréplicas y la editorial Páginas de Espuma, en su sitio), ya me enciende las alarmas. Me asusta que, al leerlo, la gente crea que el lenguaje puede ser divertido, que resulta liberador repensar las voces diarias y sacarlas a bailar, que hasta puede enamorarse de nuevo de alguna, como es inminente en estos casos:

abecedario. Pensamiento muy poco a poco.

biblioteca. Muchedumbre que espera su turno de palabra.

escritor. Individuo que fracasa en el intento de ser exclusivamente lector.

goleador. Individuo que celebra lo que merecieron otros.

leer. 1. Acción de viajar hasta donde uno se encuentra. || 2. Acción y efecto de vivir dos veces.

noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse.

querer. Extraño afecto hacia alguien que no es uno mismo.

zoofilia. Doctrina que predica el amor entre semejantes.

Su propuesta (la del libro) lleva el germen maldito de la poesía cotidiana. Su sonrisa (la del autor) es capaz de contagiar a otros el vicio por la paradoja. Su mala compañía (la de ambos) puede arrastrar ingenuos a los sótanos del microrrelato. Sin duda se trata de un libro amenazante.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

 

Lo que significa “compañero” según el Diccionario Daniosko de la Lengua

Imagen 1La etimología oficial de compañero significa “el que come del mismo pan”, según el Diccionario Etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas (Gredos). Es el que parte su pan, símbolo de comunión física y espiritual: es el que cree que comerse la hogaza completa no lo hace más feliz ni lo sacia más.

No me disgusta comer sola, es más, a veces busco hacerlo para leer mientras tanto, pero celebro poder acompañarme de mi gente querida: compartir antier la mesa con mi casi-hermana Rocío, ayer con mi hermosa adolescenta, hoy con mi amiga Fabiola y mañana con quien más me quiere es todo un lujo. Es decir que según mi glosario subjetivo, el Diccionario Daniosko de la Lengua, ser compañera significa “tener toda la Fortuna en los tiempos que corren, de soledades impuestas, de divorcio de los hijos, de parejas que no se encuentran las manos, de cojera de amigos”.