Archivo de la etiqueta: lingüística

Ofrezco una disculpa (¿o la pido?)

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Mañana, oh multitudinarios lectores, este cuerpecito mío estará en la Feria del Libro de Pachuca. Ahí hablará de poesía y otras minucias munificentes (linda palabra, ¿qué querrá decir?), por lo cual le será imposible dedicar su amanecer a subir la Playlist colectiva. Así, pide al respetable una disculpa, o más bien muchas, es decir, pide le den sus disculpas, o sea, le otorguen su perdón o, mejor dicho, siempre necia de las palabras y según cree leer en Moreno de Alba (ver más abajo), como ella es la ofensora ofrece las disculpas, que no las toma. En fin, para que todos queden contentos da y recibe las más amplias, más anchas, albures aparte.

Da click aquí para ir al artículo “Pedir y dar disculpas”, de José G. Moreno de Alba, en el libro Minucias del lenguaje, FCE

Y para compensar un poco el desencuentro musical que el viernes próximo reparará, hoy comparte esta canción que le zumba las ideas: “Simply falling”, de Iyeoka, cantante estadounidense de origen nigeriano que no tiene madre, la pobrecita. La conocí gracias a los buenos oficios de mi querida Inés López de Arriaga. Vaya, pues, con su voz, esa música y el “now I can’t break away from this fire that we started”. Ea.

“Antología” es, en realidad, una palabra muy cursi

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Pues sí, qué remedio querer darle una pátina de rudeza.

Antología viene del griego anthos, flor y logeia, colectar. Es decir que una antología era, en principio, una colección de flores. Luego el sentido se amplió para abarcar una colección de poemas y, finalmente, una colección de obras literarias. Por cierto, la misma raíz se encuentra en la palabra krysanthemon, cristantemo, que se forma con anthemon khrysos, oro, es decir, crisantemo significa “flor de oro“.

Como adoro la etimología de las palabritas ahí van esas dos, cursis a morir, para alegrar el viernes.

 

Fuente: Krystyna M. Libura y Gabriel López Garza, Sorpresas en palabras, Ediciones Tecolote, 2006.

Completa: Mi palabra favorita es _______

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Hace unos días, en Twitter @Tania_Tagle mencionó que sus palabras preferidas son escarlata y carmesí. Contesté que la mía es burbuja, porque es juguetona y ligera, muy como lo que nombra. Y mi querida Sandra Lorenzano añadió que su favorita es apapacho. Luego se sumaron algunos más, aportando las suyas. Sugerí entonces que deberíamos hacer un “diccionario” de palabras que amamos. Es decir, en principio no se trata de que me guste el significado de una voz (predecibles como somos, seguro amor, mamá y amistad tendrían hartos votos), sino que disfrute la palabra en sí, su sonoridad.

Para echar a andar el proyecto, lanzo desde aquí la pregunta abierta: ¿cuál es tu palabra preferida? Aquí abajo, la lista que vamos armando entre todos.

  1. @MuyRelaxMX A
  2. Gerardo Cardenas Abrevadero
  3. Gilberto Cadena Agua
  4. Alejandro Gustavo Aguamanil
  5. Liliana Espinoza Alborada
  6. Vic Guanajuato Alférez
  7. Carlos Carranza Alhelí
  8. @addypalval Alegría
  9. Poetas Nuevos Amor
  10. @F4U_4 Amor
  11. David Miklos Anábasis
  12. @Josdamet Andariego
  13. Inés Lara Recamier Antojo
  14. @cantusinmas Apachurro
  15. Sandra Lorenzano Apapacho
  16. María Spazzia Aquelarre
  17. Nat Arándano
  18. José Árbol
  19. Alfonso Argüelles Arrebato
  20. @SoyUnAxolotl Astrolabio
  21. @65Murillo Aura
  22. @LaLore04 Bermejo
  23. @tintaguinda Besable
  24. @sesucraiz Bingo
  25. @YoLaMerita Borbotón
  26. Ricardo Ruiz Brisa
  27. María Teresa Hernández Buganvilla
  28. @LaMozquitaZurda Buganvilia
  29. Julia Santibáñez Burbuja
  30. @miradadelaluna Burdel
  31. @padron_lupita Caleidoscopio 
  32. @AdrianoDeLucio Canela
  33. Maru Moreno Carajo
  34. @AdrianoDeLucio Caramelo
  35. @Tania_Tagle Carmesí
  36. Nieves As Charola
  37. @michrade Chiquear
  38. Ana Victoria Taché Chocolate
  39. José de Jesús Montoya Chulada
  40. @ulisesrodriguez Cómplice
  41. Rriveramelo Concomitancia
  42. RafaUniversidad Crisálida
  43. Sandra Frid y Camarero Cristal
  44. Cristina Liceaga Cuentagotas
  45. @danielabr3 Desasosiego
  46. @gruelik Duermevela
  47. Mar Entropía
  48. Andrés Grillo Epifanía
  49. Rafael Carballo Esdrújula
  50. @losamorososleen Fandango
  51. Alejandro Romero Fascinación
  52. @mechediazortega Felicidad
  53. @Gurudaskaur Fruición
  54. Alberto Diéguez Hojarasca
  55. @GabrielaVGE Imaginación
  56. @antonioliho Impermanente
  57. @ursulacamba Imponderable
  58. @LocutoraSexy Irreductible
  59. Borgeano Jade
  60. @gruelik Jacaranda 
  61. José (no tengo tu apellido) Lapislázuli
  62. @SansSobriquet Libélula
  63. Heidi Montenegro Locomotora
  64. Carolina Enríquez Lontananza
  65. Dulce Villaseñor Luciérnaga
  66. Sylvanna Barona Luego
  67. Ligia Urroz Magnanimidad
  68. Dania Castañón Mandrágora
  69. @merodeadormty Meliflua
  70. Mónica Soto Niebla
  71. Carlos Herrera Nigromante
  72. Gabriela Cervera Paradigma
  73. Javier Martinez Staines Parteaguas
  74. Laura García Arroyo Parvada
  75. Patricia Bremauntz Paupérrimo
  76. @quico70 Pirueta
  77. Maite Valle Pluscuamperfecto
  78. @miguelangeljg10 Poesía
  79. Pedro Ernesto Vargas Prosopopoeya
  80. @bohemiankid_16 Púrpura
  81. Betty Villicaña Quimera
  82. @artpliz Reconocer
  83. @hmatuk Reconocer
  84. Paulo Montesco Reminiscencia
  85. @dmorenochavez Revuelo
  86. @LOMMX Serendipia
  87. Julieta Cardona Sicalipsis
  88. @fdvg Siesta
  89. Gabriella Morales-Casas Suave
  90. Marcela Sánchez Greene Tajador
  91. Carla Érika Ureña Tapioca
  92. @yazeruk Turgente
  93. Alejandro Rosas Ungüento
  94. Susana Salazar Uva
  95. @CaroPloutarxos Variopinto

Lo defectuoso vale más que lo perfecto

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Abrazar lo endeble. Subrayar la fragilidad.

El pensamiento japonés no deja de deslumbrarme. Hace unos meses compartí aquí varias entradas sobre lo fascinante de su cultura, la práctica cotidiana de la poesía, su respeto por el otro. Hablé también sobre el Wabi-sabi, ese gesto japonés que encuentra perfección en lo imperfecto. Hoy me encuentro con esta belleza de palabra: Kintsukuroi. 

Se llama así al arte de reparar con polvo de oro un objeto de cerámica roto. En Occidente, un jarro que se fractura pierde todo su valor. En cambio, los japoneses aprecian más aquél cuyas piezas fueron unidas de nuevo, de manera muy visible, con el metal precioso: el jarrón restaurado es más caro porque tiene una historia. Es decir, el kintsukuroi valora la fragilidad intrínseca de las cosas, la belleza de sus defectos. Otro tanto, creo, pasa con la gente: ayer platicaba con una amiga muy querida sobre cómo cuando el otro se atreve a exponer su debilidad, entonces puedo conectar con él y lo valoro más en su coraje de seguir adnando. Al final, yo misma quiero no esconder mis cicatrices de vida porque entiendo que en ellas descansa mi valor.

Da click aquí para ir a un artículo sobre el Kintsukuroi y la resiliencia.

Da click aquí para ir a la entrada Ocho palabras que le urgen al español.

Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

#MiércolesDePoesía Versos de la infancia de la lengua española

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Los judíos que fueron expulsados de España en 1492 formaron nuevas comunidades en Italia, el sur de Francia, Portugal, Marruecos, entre otros países. Llamados sefardíes, en su exilio llevaron consigo (y conservaron casi intactos) los inicios del idioma español. Esa “nueva vieja” lengua se llamó, también, sefardí.

Plagada de sonidos en “u”, es dulcísima y parece frágil pero lleva dentro un savia poderosa, que la ha hecho perdurar hasta hoy. Y, claro, si una lengua está viva, los poetas que la hablan la usarán para expresarse. En este #MiércolesDePoesía viene de visita Clarisse Nicoïdski (1938-1996), nacida en Lyon, Francia, pero quien fue una reconocida poeta en lengua sefardí que incluso influyó en el argentino Juan Gelman.

La editorial mexicana Sexto Piso acaba de publicar su obra poética reunida por primera vez en su totalidad, bajo el título El color del tiempo. Poemas completos. Es una edición bilingüe sefardí-español (traducción de Ernesto Kavi), con lo que uno puede deleitarse con la sonoridad de ese idioma congelado en el tiempo. Aquí va la traducción de un poema que me gusta por delicado, casi transparente y, abajo, el original sefardí.

“esto

es sólo para ti para mí

no le diremos nada

nada a nadie

nos vamos a detener

bien quietos

como si no pasara nada

entre tú

y yo

¿y quién va a ver

mi mano

tu mano

mandarse un beso

que ni la boca ve

y quién va a oír

la loca mudez

de nuestro amor?”

*

“estu

es sólu para ti para mí

no lis diziremus nada

nada a ningunu

mus vamus ditiner

bien quietus

comu si no si pasava nada

intri ti

intri mí

y quén va ver

mi manu

tu manu

mandarsi un bezu

qui ni la boca veyi

y quén va sintir

la loca mudez

di muestru amor?”

Esta palabra le urge al español (y a mí)

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Me pasó de nuevo: encontrarme con alguien cuyo rostro me resulta conocido pero no sé su nombre. Estaba en el salón de belleza cortándome el cabello y entró una mujer alta, de miembros delgados y ojos tristes. En cuanto me vio se acercó a mí: “¡Julia, qué gusto verte!”. Es incómodo saludar a alguien teniendo el pelo recogido con pinzas, envuelta en una bata de plástico, pero lo fue más porque no tenía idea de quién era. Me preguntó por mi hija y por mi trabajo en la editorial. No supe si hacer evidente mi torpeza y preguntar de dónde nos conocíamos, o fingir que sabía perfecto de quién se trataba. Al final opté por lo segundo (luego me arrepentí): contesté, le pregunté vaguedades y nos despedimos.

Aunque la experiencia pudiera dispararme hondas reflexiones sobre mi torpeza social, salí del salón de belleza con menos cabello y pensando una de esas minucias lingüísticas que amo: necesito una palabra que describa esa sensación de duda. Me puse a buscar y no encontré nada en español, pero sí en lengua escocesa: Tartle nombra “el momento de vacilación al saludar a alguien, porque uno no recuerda su nombre.” No tengo remedio.