Mujer tras una burka (Crónicas desde Turquía 3)

 

Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez

Me impresiona su imagen, tan sombra. La había visto en Londres, pero más bien como excepción. Aquí en Estambul parece la norma con su manto negrísimo que cubre cabello, cabeza y cuerpo, incluido el rostro. Apenas queda una línea libre para los ojos y a veces ni eso: los cubre una especie de malla. Los sentidos, por tanto, se ven sofocados. Oye y huele entre los algodones del velo, el cuerpo está apagado para el aire, el sol o la caricia espontánea, para comer levanta la burka con una mano e introduce el bocado con la otra. Me pregunto qué vida lleva en su uniforme oscuro, cómo es su manera de estar en el mundo.

La misma no-visibilidad se replica en el ámbito religioso. En las mezquitas que visité, al frente cerca del Mihrab (nicho que indica la dirección de La Meca, hacia donde se reza y que en alguna medida correspondería al altar cristiano) está la zona de oración de los hombres. Luego viene un pasillo ancho para el tránsito y los turistas. Al fondo, tras una celosía de madera, el breve espacio para ella. En las calles se la ve siempre con otras mujeres y a veces hombres, nunca sola. Debe estarle prohibido. Además leo en un periódico la declaración reciente del Viceprimer ministro, Bülent Arinç: la mujer no debe reírse en público ni ser “invitadora” en sus actitudes, sino cuidar “la castidad”.

No lo entiendo y me esfuerzo por no leerla con lentes occidentales. Quizá lo que para mí es discriminación en su mundo sea superioridad, hecho incuestionable o hasta fuente de poder callado. Puede ser.

Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez
Foto: Julia Santibáñez

17 comentarios en “Mujer tras una burka (Crónicas desde Turquía 3)”

  1. Es de llamar la atención que lo que a nuestros ojos asombra, para muchos turcos sigue siendo solo un arraigo a sus tradiciones (especialmente en lo religioso), con cierto grado de occidentalización y moderación con respecto a países más fundamentalistas.
    Que impresión debe ser vivirlo, como deduzco de tus palabras.
    Un abrazo.

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    1. Claro, para ellos es cuestión cotidiana y a nosotros nos para los pelos de punta (o nos esforzamos para que no nos pase). Y eso que desde 1923 es un país laico. Muy interesante, en todo caso, cuestionar nuestras propias ideas de la “normalidad”.
      Abrazo fuerte

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  2. Hasta hace unas décadas en el occidente usábamos mantilla cubriendo la cabeza para entrar en las iglesias, se decía que era una forma de respeto, pero no era más que sumisión de una mujer que, en mi país, hasta llegar la democracia, era tratada como menor de edad a cargo del padre o del marido. “Señora de..” era el título que tuvo mi madre, mi abuela…El burka es la anulación de las sensaciones, la prisión ambulante, el no ser una misma. Al margen de mi subjetiva visión occidental y de que la portadora de velo lo haga de un modo voluntario (mis abuelas tampoco eran obligadas), los derechos de las mujeres donde impera el Islam no son los mismos, dudo que el burka implique superioridad. Me ha encantado como lo has mostrado y las fotos son bien representativas del asunto. Un abrazo.

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    1. Por principio estoy contigo, querida Libelia, “prisión ambulante” es una buena forma de explicar nuestra forma occidental de ver el asunto. Sin embargo, tratando de no juzgar desde una posición irreductible, me atrevo a pensar si en alguna medida puede significar algo positivo para las mujeres que la usan. Por supuesto, es apenas aventurar una idea.
      Abrazos

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  3. Yo sólo puedo decirte que, cuando lo vi me sentí profundamente incómoda. Es posible que lo lleven porque desean hacerlo, pero me parece que es convertirlas en unos seres que no se ven, que pasan a la invisibilidad.
    Lo has explicado muy bien, Julia y las fotos son muy explicativas.
    Un abrazo de regreso…!

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    1. Parece una suerte de uniforme que borra sus rasgos individuales y, en efecto, las convierte en seres invisibles. Sí, coinicido contigo en que me incomoda.
      Abrazo, querida María

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  4. También estuve en la Mezquita Azul y vi el lugar tras las celosías de madera. En el aeropuerto pasan por una ventanilla adicional para que otra mujer vea el rostro bajo el velo y así acrediten identidad. El empleo del burka en los países radicalizados como Afganistán es obligatorio bajo pena de azotes y hasta de muerte…creo que hasta el chador llega mi comprensión, el tejido enrejado que cubre los ojos en el burka es lo único permitido para poder mirar? el exterior…
    Saludos desde Argentina.

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    1. Claro, qué buen aporte, querida bellaespiritu: no se me había ocurrido cómo hacían para acreditarse en migración. Lo que dices hace el sentido y añade riqueza al asunto, gracias. Sí, tu interrogación es totalmente pertinente: “¿mirar? el exterior”. Uf, por más lo que intento, me cuesta un mundo tratar de abrir la mente y no juzgar.
      Abrazo hasta esa tierra muy querida

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  5. ¡Hola, Danioska!
    ¡Bienvenida, mujer! (Un mucho tarde esta bienvenida, lo sé, pero siempre con cariño).
    ¡Qué te puedo decir! No me importa si mis ojos son occidentales. Creo que son humanos. Una mujer, más bien millones vestidas así es como si fueran una vergüenza, algo que hay que esconder, una mancha en el universo. Los hombres que así las visten tratan mejor a sus animales que a sus mujeres. No puedo estar de acuerdo, lo poco de humanidad que me queda me lo impide.
    (Por cierto, maravillosas “fotos” las que nos has regalado).
    Un abrazo.

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    1. Como digo arriba, por principio comparto totalmente tu escándalo, Enrique querido, pero por otro lado me resulta interesante quitarme los lentes habituales y tratar de leer desde otra óptica. Me gusta como ejercicio retador.
      Gracias siempre por pasar por aquí y comentar…
      Abrazo

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  6. Sabes mi postura ante estas cosas y como no tengo un corazón tan grande como el tuyo no puedo siquiera permitirme ese “tal vez” tan esperanzador tuyo. Entonces me llamaré a silencio sobre el tema de la entrada (aunque sigo disfrutando de la lectura. No es paradoja, es mero hedonismo literario).
    Aprovecho, entonces, y ya que lo tengo aquí mismo, para agradecerte D.; por haberme presentado, en aquella entrada de los “Premios sin premio” a Enrique Boeneker. Otro sitio donde lo estoy pasando de maravilla. Gracias por acercarme a él.
    Cariños occidentales, que si fueran de los otros no contaríamos el cuento.

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    1. Je, no, querido, nada de “corazón grande”. Como le comentaba al propio Enrique, me gusta intentar ponerme en otros zapatos como esfuerzo imaginativo y, hasta cierto punto, liberador de mis propios prejuicios. Por supuesto que, igual que a ti, me molesta, me incomoda y escandaliza verlas así vestidas. Sin embargo, no deja de resultarme interesante su visión: de ese modo se “protegen” de las miradas codiciosas de los hombres, “evitan” ser vistas sólo como objetos sexuales. En fin, todo un mundo nos separa…
      Y en cuanto al blog de Enrique, sí, es un gran hallazgo. Me da mucho gusto poner en contacto a dos buenos amigos como ustedes.
      Cariños, como dices, muy occidentales!

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  7. “…una fuente de poder callado.”
    El origen del kamasutra tiene una respuesta a eso me parece. Eso podría ayudar a comprender también un poco el por qué de la importancia de la castidad.
    Más que hacerme reflexionar acerca del pensamiento islámico, me ha hecho dar cuenta de que a las cosas hay que cuestionarlas desde un puesto de vista libre de prejuicios, desde cero, para poder comprenderlas un poco mejor.

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    1. Claro, el sexo femenino como fuente de poder tiene muchas lecturas y justo es motivo (me parece) de tanto temor masculino. Lo ideal sería poder liberarnos de prejuicios, como mencionas, pero es difícil quitarnos los lentes que tenemos integrados. Se intenta, por supuesto, pero es casi imposible lograrlo.
      Saludos y gracias por pasar

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  8. En enfoque de la crónica es ejemplar: respetuoso y con la normal incertidumbre… El atuendo parece -no lo sé a seguridad- no estar dictado por el impuesto religioso, y en ese caso ha de ser norma más o menos social, más o menos cultural llevadera o acatada. Pero todolo humano es obra y resultado de la cultura y, claro, lo futuro o pasado siempre produce choque. Ese choque es admiración o perplejidad. La mujer, el hombre, es un decantado o producto -bajo mi criterio- de la evolución cultural, como lo religioso,como toda idea. El juicio o prejuico es un asunto nuestro y bastante natural. Pero para comodidad, sí, la nuestra…
    Un abrazo, Julia.

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