Al fin y al cabo no estoy tan mal

 

Imagen: Pinhead, de la película Los que traen al infierno
Imagen: Pinhead, de la película Los que traen al infierno

En los años 20 del siglo pasado, el escritor Macedonio Fernández decía que la Municipalidad de Buenos Aires debía pagar todos los días a un señor horrible, un esperpento, para que todos los días se paseara por la calle Florida y los demás, al verlo, dijeran: “Bueno, al fin y al cabo no estoy tan mal”, cuenta Martín Caparrós en El hambre.

Así yo. Hoy que apenas tengo tiempo de respirar por tanto trabajo, pienso en cuando me acababa la vida en una oficina, entre juntas estúpidas y presupuestos inacabables que me taladraban las neuronas, y repito: de veras, no estoy tan mal.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

16 comentarios sobre “Al fin y al cabo no estoy tan mal

  1. Tendemos a magnificar nuestros males, tal vez porque lo que sentimos más vivamente es lo nuestro. Pero todo es relativo y, por desgracia, también puede empeorar… aunque esperemos que no sea así.

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    1. Claro, porque la que se desvela y trae ojeras y toda suerte de agonías soy yo, verdad? Buaaaaaa!!
      Ok, procuraré recuperar la compostura: gracias, querido, pero en realidad quisiera un poco menos de trabajo y algo más de tiempo para la poesía, si no es mucho pedir.
      Abrazo que intenta ser sereno pero no muy le sale

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      1. ¡Deja de quejarte, qué después estás insoportable con las correcciones y tus inseguridades! Ay, señor… a ustedes no se les puede dar nada… nunca se conforman, che.

        Te abrazo hasta que te calmes.

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