Palabra del día: Hipocondríaco (y lo que dice Woody Allen al respecto)

Escena de Hannah y sus hermanas

El Diccionario de la Real Academia señala que la palabra viene de hipocondría: “Afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud“. Viene del griego y se forma con hypo, debajo y khóndros, cartílago, dice el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas. Y es que antiguamente el hipocondrio era la “región del cuerpo situada debajo de las costillas falsas”, es decir, los costados del abdomen, donde según la creencia de la época se alojaba la tristeza, la angustia.

Es decir, el hipocondríaco es el sufre de hipocondria, la melancolía que reside en los costados del abdomen. Ya en el siglo XVII denominaba a quienes sufrían depresión y para el XIX la palabra designaba a quienes creían enfermarse por cualquier motivo.

La nota contemporánea la brinda Woody Allen, quien abordó el asunto en Hannah y sus hermanas (entre otras películas) y en 2013 escribió un artículo sobre hipondría para The New York Times, en el que más bien dice ser un alarmista porque sus enfermedades son reales y hace guiños como éste: “Cuando salgo a caminar a Central Park o voy a Starbucks por un latte quizá pase rápidamente a sacarme un electrocardiograma o una tomografía computarizada, como medida precautoria. Mi esposa dice que es un tontería y afirma que al final todo se reduce a la genética. Mis padres fueron longevos pero se rehusaron terminantemente a heredarme esos genes, porque creían que la herencia suele echar a perder a los hijos”.

Vualá.

 

 

10 comentarios en “Palabra del día: Hipocondríaco (y lo que dice Woody Allen al respecto)”

  1. Da la sensación de que la melancolía está en la raíz (aunque sólo sea etimológica) de todos nuestros males. Así que, como en mi caso es genética (como la hipocondría de Allen), queda claro que no tengo cura.
    Bueno es saberlo…

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  2. La ironía de Allen es sólo comparable a la de Groucho Marx o a la de Mark Twain; no hay muchos más que puedan hacer uso de esa forma del humor sin caer en el ridículo.
    Por suerte no soy hipocondríaco, eso sería sumar demasiado a mis incontables dolores. Y me han dicho que los hipocondríacos son peligrosos cuando caen de canto ¿será verdad?

    Abrazo.

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      1. No sé si vale la pena el costo. Por lo pronto podemos encontrar por ahí –para esos momentos de verdadero padecer– algunas páginas con citas de esos tres individuos que nombré. Seguro que nos ayudarán a sentirnos mejor (y además salen mucho más barato que un psicoanalista).

        Besos.

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