Entre sectas y marchitas

“Siempre es la de los otros la que es una secta”, dice el Alfaqueque, protagonista de la novela La transmigración de los cuerpos, de la bestia narrativa que responde al nombre de Yuri Herrera (Periférica).

La cita viene a cuento porque en temas como la postura política, los mexicanos nos convertimos en pequeños Torquemadas: con ligereza calificamos de sectario (sospechoso, amenazante o de plano imbécil) a quien piensa distinto a nosotros. Hay que echarlo a la hoguera, porque sólo nuestras ideas concentran la verdad. Y así pasamos el fin de semana, jodiéndonos entre sectas y marchitas, igual que los inquisidores de hace siglos, a los que creemos haber trascendido.

Los que fueron a la marcha contra los que no fueron a la marcha.

Los que han ido a otras marchas y a ésta, no.

Lo que han ido a otras marchas y también a ésta.

Los que no van a ninguna.

Los conscientes contra los inconscientes y a la visconversa.

Me parece increíble tener que defender tanto mi derecho a marchar como mi derecho a no hacerlo cuando así me parezca, con base en mis ideas. Y asumo también la obligación de respetar lo que otros decidan, sin llamarlos en automático vendepatrias, acomodaticios, chairos o traidores. O sea, sectarios, como dice el personaje de la novela de Yuri Herrera.

Carajo, ahora resulta.

PD Por cierto: lean la novela de Herrera. No tiene desperdicio.

12 comentarios en “Entre sectas y marchitas”

    1. No me toca a mí decir si lo soy o no. Lo que sí puedo garantizar (y este blog y las mismas redes sociales pueden demostrarlo o negarlo) es que no voy por todas partes anunciando que mi postura es la buena, que todos los demás se van al infierno.

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      1. Pues claro, pero incluso en el sectarismo hay grados. La pertenencia (o pretensión de pertenencia) a grupos es innata. Luego podemos discutir qué es secta y qué no lo es. Pero, como en casi todo, los juicios son relativos.

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            1. Sí, seguramente es así. En todo caso, si he de instalarme en algún lugar prefiero en el “tengo razón en el hecho de que tú puedes también tener razón” que en el “creo que no se puede tolerar tu forma de pensar”.

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  1. “Divide y vencerás” dice el viejo adagio romano, el cual se aplica hoy en día con sorprendente eficacia.
    Y claro está, lejos de mí el no querer que haya veredas diferentes ni, mucho menos, debate entre ellas; peor como bien dices, hoy en día sólo se ataca, no se admite la posibilidad de que el otro tenga, al menos, un pedacito de razón.

    Abrazos.

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