
Con el poeta chileno Raúl Zurita, en el XXIV Encuentro Internacional de Escritores,
Feria Internacional del Libro de Monterrey, 2019.
He platicado tendidamente con varias y varios, aunque nunca imaginé que una grabadora nos iba a convocar o que glosaríamos un platillo al sazón de mezcales. Me han hecho la semana. Varias semanas.
Para sentirme escritora tuve que publicar varios libros. El primero salió en 97, pero me puse por primera vez el traje a partir del cuarto, Rabia de vida. En 2024 estrené el undécimo con mi nombre: Pulso ad_herido, bajo el sello Bonilla Artigas. En cualquier caso, como la poesía paga mal y no se me da pedir becas para lidiar con verbos y escucharlos rugir, desde los 19 hasta hoy he chambeado como editora, periodista, gestora cultural, a veces en contacto con autores y autoras extranjeras que aglomeran mi admiración (o mi fetichismo). Quienes me dictan mejor con sus palabras.
En la FIL 2014 me cité con Rodrigo Fresán para conversar sobre La parte inventada, novela de factura avasallante, que cuestiona mis presupuestos. Cuando terminamos la entrevista me agradeció con tal generosidad que me quedé sin aire, como después de un balonazo. Otros días me he levantado con el pie derecho para entrevistar a Leila Guerriero en un cafecito de Coyoacán, a Martín Caparrós en Polanco, a Olvido García Valdés en la FIL y a Evelio Rosero en Gandhi. Paseé en mi coche por la UNAM a Claudia Piñeiro, me puse a platicar con Monika Zgustova y he entrevistado varias veces a Gilles Lipovetsky, tanto para TVUNAM como para prensa escrita, además de partir mariscos soberanos con él y Paola Tinoco. En 2019 me invitaron de la Feria del Libro de Monterrey a tener una charla pública con Raúl Zurita. Sus versos ya me conmovían los adentros; luego de conocerlo entiendo mejor por qué marcan mi costilla más frágil.
En 2016, Farándula, de Marta Sanz, venía de ganar el Premio Herralde de Novela. Lo presenté con ella en el Centro Xavier Villaurrutia. En esta pasada FIL, juntas hablamos de Los íntimos, recuento (con oficio y humor autodirigido) sobre sus dos vidas que corren paralelas: la cotidiana, la literaria. En esas páginas habla de su «nómina de ilustres», de verse junto a Carmen Martín Gaite, Caitlin Moran, Annie Ernaux. Dice: «Qué, qué increíble que todo esto me haya sucedido a mí […] Puede que este cronicón apunte hacia el complejo, la incredulidad, la sensación de quedarme fuera o de poder ser defenestrada». De Marta, célebre mía, tomo la idea de hacer este recuento personal de asombros, que parten de sospechas similares a las suyas. Bueno, pues viene al caso porque acabo de sumar un privilegio más: ser vista a través de la cámara de Daniel Mordzinski. Que me prestara sus ojos para mirarme desde ese lugar. Fueron años de esperarlo.
Otro día voy a contar mi suerte descomunal al toparme con Knut Hamsun, Rosario Castellanos, Clarice Lispector. Ok, este párrafo es mentira. Todo lo demás, por suerte, puritita verdad.
(Originalmente publicado en mi columna La Utora, en el periódico mexicano La Razón).
