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Vivir es el paso de un extraño por el mundo

La poesía espera en donde no se la aguarda por su nombre. Mientras busco un pasaje específico en “la malditísima”novela  Under The Volcano,  de Malcolm Lowry (Germán Labrador dixit), me topo con esto, que en su momento subrayé pero ahora me golpea como si fuera la primera vez que lo leo:

“What was life but a warefare and a stranger’s sojourn? Revolution rages too in the tierra caliente of each human soul. No peace but that must pay full too to hell—”.

(“¿Qué era la vida sino un combate y el paso por el mundo de un extraño? También la revolución ruge en la tierra caliente del alma de cada hombre. No hay paz que deje de pagar pleno tributo al infierno”. Traducción de Raúl Ortiz y Ortiz ).

Algo así. Qué iluminado desde el dolor, Lowry.

 

 

 

Si lees a profundidad, tu escritura mejora

Una vez, el pintor francés Matisse mostraba a una señora uno de sus cuadros, donde aparecía una mujer desnuda. La señora protestó: “Así no son las mujeres”, a lo que el pintor replicó: “Esto no es una mujer, señora. Esto es un cuadro”.

Aplica igual en la escritura. Las palabras vaciadas en una página  no son la vida, sino una realidad aparte, creada por el escritor a partir de cierta selectividad de ambientes, ritmos, palabrasa, emociones. En ese proceso de elegir se cifra el éxito o fracaso de una obra.

El próximo sábado arrancaré a dar el taller “Lee bien para escribir mejor”. En él aprenderemos a analizar las muchas capas que tiene un texto literario de autores como Julio Cortázar y Ana García Bergua y, a partir de ello, enriquecer la escritura creativa de los participantes.

El taller dura seis sesiones sabatinas, de 10 a 12 horas en Sanborns Patriotismo, en la Ciudad de México. La información de cómo inscribirte está en la imagen que ilustra este post.

Ven, no sólo disfrutarás más lo que lees. También te volverás más apetecible para tus lectores.

 

 

Descubro a Mario Levrero. Y no me la acabo.

Foto: GDA (tomada de El País)

Está lloviendo (es por fuera: hay buen tiempo aquí dentro). Leo por primera vez cuentos de Mario Levrero, escritor uruguayo que me traje en la maleta desde Montevideo. Es algo así como un delirio difícil de poner en verbos, así que tengo que acudir a adjetivos pálidos para tratar de comunicar lo que quiero: Levrero es adrenalínico, surrealista, esquivo.

Va un bocado: “[…] Podría inventar una historia, con suma facilidad. Algo de un calamar, su encuentro con Julia. Voy a saltar: no voy a saltar. Luis, el hombre que vendió su casa para pagar deudas de juego. Julia, la mujer que vendió su juego para pagar deudas de casa. Yo, el hombre que vendió a Luis y vendió a Julia. Casi lo olvido: debo matar a alguien […]”.

Es el cuento “Ejercicios de natación en primera persona del singular”, en la antología Espacios libres, publicada por Irrupciones Grupo Editor. Tiene (y no) una historia, pero sobre todo es un edificio de instantes caóticos que funcionan bien juntos. Me recuerda el Diario de un loco, de Gogol: por las grietas del discurso se cuela una luz fosforescente.

Estoy complementando con las Conversaciones con Mario Levrero, que amablemente me regaló en Uruguay su autor, Pablo Silva Olazábal (Lolita Editores). Entre varias riquezas encuentro esto: “¿Es razonable la vida? ¿Por qué un autor debe explicar un texto, si no tenemos respuestas para las preguntas más sencillas? […] No hay ningún cuadro, ninguna manifestación artística que sea para ser entendida. El arte es para que lo integres a tu vida como una experiencia más” y a propósito del final de su novela El alma de Gardel (que no conozco), Levrero le dice al editor del texto, ya firmado el contrato: “No hay nada que hacer. El final es como es. Yo tampoco lo entiendo, pero es así y te aseguro que no hay otro posible”.

Qué cosa, este tipo. No me la acabo.

Hoy, en BAzar de Letras, Francisco Tario en voz de Alejandro Toledo

A las 6:30 pm de hoy, martes 4, se transmite el programa BAzar de Letras en el que platico con Alejandro Toledo, responsable de la Antología de Francisco Tario que acaba de publicar Cal y Arena. Es una delicia escuchar a Alejandro hablar de ese escritor esquivo, incierto y dueño de un estilo que de verdad no tiene madre, por las atmósferas que crea en pocas líneas, por su manejo de los adjetivos. Desde que lo descubrí hace un par de años, Tario me explora el seso de cotidiano con cosas como esta granada de mano: “Todos, al morir, debiéramos tener enfrente un espejo”.

Da click para escuchar aquí el programa a las 6:30 PM hora de México (al ser radio por Internet se puede oír en cualquier país).

Y a partir de mañana a mediodía, en ese mismo enlace puedes oír el Podcast tanto de ese programa como de los anteriores de BAzar de Letras, es decir, las conversas que he tenido con Eduardo Casar, Alberto Ruy Sánchez, Ana García Bergua, Luis Bugarini, José “Monero” Hernández, Luis Jorge Boone, Liliana Blum, José Eugenio Sánchez, Verónica Gerber y con Moramay Kuri sobre el lanzamiento de la revista cultural Inundación Castálida.

Qué lujo el mío sentarme a echar palabras con invitados de ese calibre. No me mido.

 

Una banda de escorpiones me persigue

Hace noches tuve de visita a este escorpión (¿alacrán?). Mi hija lo vio quieto sobre una pared, sin hacer ruido, esperando con ese garbo que no pide perdón. Me aterra y me fascina esa belleza terrible (perdón por la doble redundancia).

Por alguna razón, últimamente he tenido muy cerca a personas de ese signo y una banda de escorpiones se me ha aparecido también en un sueño y en lecturas, como en este pasaje soberbio de la colombiana Laura Restrepo, de su novela Pecado, donde habla un sicario sobre una zona peligrosa de la ciudad: “Ahora El Cardo es un moridero, un penúltimo círculo del infierno. Un roquedal infestado de alacranes que copulan y se multiplican alevosamente, prendiéndose los unos de los otros hasta formar esculturas inquietas, arrecifes vivos que el viento descuelga en racimos de los muros de piedra”. Qué imagen más brutal.

Y, claro, esto del inglés Malcolm Lowry, en ese monumento que es Under The Volcano: “A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beutiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway”. [Aquí va una traducción que encontré en Internet, sin nombre del traductor: “Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo”].

Escribí hace tiempo un poema inspirado en esta cita de Lowry y otro, donde figura un alacrán. Ahora estoy trabajando un tercer poema sobre ellos. Ya que una banda de escorpiones me persigue, algo debo decir al respecto.

Éste es mi problema feliz

Entre todas las cosas que pueden pasarme están los malos problemas, negros de todos los colores y esa otra especie, los problemas felices, los que igual me estresan, pero en bonito. Metida en uno de esos estoy.

Además de que trato de sobrevivir a un desbordamiento irrefrenable de trabajo, en las últimas semanas mi biblioteca se ha visto incrementada con muchos libros, a la mayor parte de los cuales me muero por hincarle el diente. Hay novela, cuento, poesía, novela gráfica y ensayo. Además, varios de ellos los recibí como regalo de amigos queridos, lo que les añade interés. Tendría que pasarme el próximo mes metida en mi cama leyendo sin parar, lo cual me haría demasiadamente feliz.

Carajo, de veras es injusto que no me paguen por leer.

 

Escribir sobre las grietas que llevamos dentro: Ana García Bergua

Foto sin crédito, tomada de http://www.literalmagazine.com

En cada uno de sus cuentos hay siempre historias, más de una. Está la evidente, la gritona, pero también una soterrada, que a veces se asoma pero otras tantas apenas se sugiere, aunque con frecuencia mueva los hilos de la trama.

En la más reciente emisión de BAzar de letras, programa de radio que conduzco en la estación en línea Código CDMX, platiqué con la escritora mexicana Ana García Bergua, a propósito de su libro de cuentos La tormenta hindú y otras historias, publicado por Editorial Textofilia. Habló sobre por qué le gusta escoger personajes corrientes y comunes: porque esconden los desequilibrios más inesperados, las grietas más perversas. También conversamos sobre cómo sus cuentos son de una sencillez muy trabajada.

Da click aquí para oír el programa completo.