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No sé qué se me rompe por dentro

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Mi mamá, 84 flagrantes años, se va a vivir a una residencia de personas mayores (eufemismo para asilo de ancianos). Y yo no sé qué se me rompe por dentro.

Tomó la decisión porque las rodillas le tiemblan de más y las escaleras de su casa tienen mirada traidora. Porque recientemente se ha caído varias veces. Porque hace poco, cuando se sintió muy mal y pensó que era un infarto, se sintió más sola que nunca. Y se asustó. Tomó la decisión porque la edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa. Así decía aquella canción que estaba de moda cuando ella era fuerte, cuando yo no me imaginaba que la boca se curvaba por la edad. Hoy, guapa y valiente pero cada vez más chiquita, decide que lo mejor es renunciar a vivir sola. Y los hijos y los nietos nos sentimos más tranquilos, pero yo no sé qué se me rompe por dentro.

Hace días fui a visitarla con mi adolescenta-que-se-desborda-de-vida.  Al despedirse, se dieron un abrazo muy largo. Me pareció que cambiaban estafeta. Y no sé qué se me rompió por dentro.

Mi primera vez en una ambulancia

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Nunca me había subido a una. Esta vez acompaño a mi mamá al hospital, junto con sus 84 orgullosos años. Creemos que puede ser un infarto porque tiene muy fuerte dolor de pecho y abdomen, debilidad extrema. Voy sentada a su lado, le acaricio la mano mientras le toman signos vitales. No habla. Ella tiene dolor y yo tengo mucho miedo, pero trato de controlarme. También mi hermana, que viene al lado y mi hermano, que nos sigue en el auto. Cuando todo parece normal me relajo un poco cruzando palabras con Iván, el doctor en turno. Éste es su trabajo pero los fines de semana es voluntario de la Cruz Roja. “Me encanta, es como un vicio”. Yo estoy a años luz del disfrute adrenalínico.

Llegamos al hospital, la revisan, estudios y más estudios. El olor de un hospital enferma a cualquiera, pero qué bueno que existan. Por fin, de madrugada la dan de alta. El diagnóstico es una úlcera severa. Por Fortuna no voy a recordar este primer viaje en ambulancia como espantoso. Lo que es un hecho es que espero que sea el último.