Crónica del primer día en la selva

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Todas las fotos: Julia Santibáñez

Ejido Las Nubes. Reserva de los Montes Azules, corazón de la selva chiapaneca. 9 p.m. Es una noche de absoluta negritud sólo interrumpida por unas pocas estrellas (las nubes esconden el resto y la Luna está de asueto). Eso sí, varias luciérnagas quieren iluminar los pasos. El rugido del río Santo Domingo, distante unos 30 metros, domina el sonar de los grillos. Nada más se oye. Dicen los sabios locales que los grillos son estrellas remolonas que se lamentan por haber caído. Si es así, por aquí cerca hay una constelación en desgracia.

Traigo los ojos llenitos de verde, las piernas cansadas y el corazón, contento. Quien más me quiere y yo caminamos unas tres horas en la selva, entrando a alguna cueva, maravillándonos con formaciones rocosas, con el río enojado, las cascadas irrepetibles. A cambio de “una propina”, Leonel fue nuestro guía autonombrado. Se desplazaba ágil entre raíces y piedras mientras nos hablaba de su cosecha de frijol atacada por una plaga, de algunas niñas que a los 13 años “ya les anda por casarse”, de los problemas entre ejidatarios. Quien más de quiere, de piernas fuertes y dotado de una empatía inconsciente, iba pegado a Leonel, escuchando, platicando pero cuidándome cariñoso, ayudándome a pasar otra piedra con moho. Yo a veces me rezagaba a propósito, para abrazar algún árbol o fascinarme con otro estallido de verde.

Regresamos al campamento un rato antes de la imponente puesta del sol, apenas a tiempo para agradecer la jornada. Luego a descansar un poco, cenar y planear acostarnos temprano. Para llegar aquí a buena hora, hoy arrancamos al amanecer: estamos a seis horas de distancia de San Cristóbal de las Casas. Mañana nos adentraremos otras dos horas en la reserva, de modo que volveremos a levantarnos con el día. Antes de dormir, en palabras del subcomandante Marcos, “acostamos el cansancio y el amor… el hombre y la mujer gastándose en el cuerpo y creciendo en el corazón en un rincón de la madrugada. Silencio se estaba la noche”.

(Por supuesto, en Las Nubes no había señal de celular ni de Internet, de modo que apenas subo al blog esto, escrito hace dos días).

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3 comentarios en “Crónica del primer día en la selva”

    1. En época de aguas debe ser aún más alucinante el color verde y la vitalidad de los ríos, de la vegetación. Tendré que probarlo, jeje, y entonces, decidir cuál me gusta más…

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