Crónica del segundo día en la selva

IMG_0430
Todas las fotos: Julia Santibáñez

Centro Las Guacamayas en las márgenes del río Lacantún, Reserva de los Montes Azules, más selva lacandona. 1 p.m.

Ha llovido todo el día. La humedad no pide permiso para esponjarme el cabello, para ondular las hojas de Ciudad Real, libro de Rosario Castellanos que estoy leyendo. La presagiaban las más de dos horas de carretera a mitad de la selva: el cielo no dejó de llorar ni un momento. Con este tiempo es imposible tomar el paseo en lancha. Nos dedicamos entonces a disfrutar la fantástica cabaña frente al río, el sonido de la lluvia, los abrazos, la laxitud de no tener nada por hacer, porque no se puede hacer nada. Hablando de la cabaña, además de contar con la mejor vista del lugar está decorada ex profeso con muchas flores hermosas, todo sorpresa de quien más me quiere ante mi inminente cumpleaños. Imposible no sentirme reina del mundo mientras acurruco en él y me quedo dormida.

Un poco antes de las tres, el cielo abre y deja de llover. Entonces retomamos el plan inicial: nos subimos a la lancha. El río Lacantún es enorme, de unos 150 metros de ancho. En sus orillas pesadas de vegetación y orientados por César, el guía, durante tres horas vemos guacamayas, un tucán solitario, ceibas, incontables garzas, monos aulladores haciendo honor a su nombre, iguanas, un cocodrilo, varios martines pescadores. Para mí lo más destacable es el paisaje en su conjunto: transmite una paz que no es fácil explicar. Recuerdo el libro Beauty and the Soul, de Piero Ferrucci: el ser humano necesita la naturaleza, está en su código de siglos como la referencia más perfecta de belleza, proporción, orden. Entrar en contacto con ella expande el alma, da plenitud. Quizá sea por eso que estos días siento mi pisada más liviana.

IMG_0393

IMG_0383

IMG_0404

IMG_0416

IMG_0413IMG_0406

2 pensamientos en “Crónica del segundo día en la selva”

  1. el 2011 me llevo a todos esos lugares que describes en estos instantes. Pase una noche en las Guacamayas y el mono aullador me arrullo todo el tiempo. El recorrido es intenso, son inevitables tantas cosas, incluso llegar a esa pequeña región de Guatemala, donde no se requiere de nada para poder cruzar de un lado a otro y luego la magia de todo ese entorno que uno definitivamente desea regresar a cada rato a retomar sus pasos. Si con la muerte eso sucede el día que me llegue se que seré muy feliz.

    Me gusta

    1. Coincido por completo. El adjetivo que usas, “intenso”, no puede ser más preciso: así es exactamente. Yo no me había adentrado en la selva y me fascinó la experiencia. La repetiría mil veces!!

      Me gusta

Añade tus palabrasaflordepiel

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s