De leones que matan mirando y demás linduras

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Aquí va una narración tremendamente aleccionadora y chulamente contada:

«El león mata mirando. Primero se acerca despacio… en silencio, porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira más que por la fuerza, por la sorpresa. Después la queda viendo. La mira a su presa. Así (el Viejo Antonio arruga el entrecejo y me clava los ojos negros). El pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás, mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve el mismo, mira lo que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que, en su mirarlo del león, es pequeño y débil. El animalito no se pensaba si es pequeño y débil, era, pues, un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y, mirando que lo miran, el animalito se convence, él solo, de que es pequeño y débil. Y en el miedo que mira que lo mira el león tiene miedo. Y entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos, así como cuando nos agarra el agua en la montaña, en la noche, en el frío. Y entonces el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando».

(El Viejo Antonio, subcomandante insurgente Marcos, Editorial Eón).

Anoche platiqué con mi amigo Arturo. Nos conocimos siendo adolescentes, al interior de un grupo religioso radical en el cual militamos. Después, cada cual por razones personales y sin comunicarnos, salimos del grupo. Nos perdimos la pista pero años después nos reencontramos. Resultó que ambos estudiamos Letras, ambos estamos en una búsqueda interior, ambos practicamos yoga como parte de ella. Ayer recordábamos esos años de religiosidad como limitantes, asfixiantes. Coincidimos en que el camino de introspección que seguimos hoy, cada quien por su lado, nos reporta mucha más paz.

Antes de irme a dormir, leyendo, encontré esto del león y el animalito. De inmediato lo conecté con esa conversación: las religiones te enseñan a verte en los ojos de su Dios, a concebirte pequeño y débil, a tener miedo. En buena medida matan tu voluntad. Ya no transcribí el resto del cuento pero luego habla del topo, animal que mira siempre hacia adentro de sí y, por lo tanto, es invulnerable a la mirada del león. Creo que la búsqueda que Arturo y yo emprendimos hace tiempo es justo ésa: a través de yoga, introspección y meditación voltear los ojos hacia adentro para encontrar nuestra verdadera mirada, para no depender de visiones externas. No sé si al final lo logre pero el intento ha resultado muy enriquecedor y me gusta compartirlo con un amigo tan querido.

Publicado por Julia Santibáñez

Me da por leer y escribir. Con alta frecuencia.

8 comentarios sobre “De leones que matan mirando y demás linduras

  1. mirar hacia adentro. a veces creo que es lo único que nos hace libres…

    recuerdo un relato que habla de un maestro del sueño, donde el paciente y el analista están conectados mediante imágenes. El analista le enseña a la paciente que es invidente, hasta que ella aprende a ver las figuras básicas y en un lago logra ver por primera vez ver su rostro.

    yo creo que un cerebro que logra adentrarse en otro con total libertad nos enseña a imaginar y hacernos parte de esa libertad que tanto vamos buscando…

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    1. Así es, y también menos críticos, menos tolerantes («si yo tengo LA VERDAD, las demás formas de pensar están necesariamente mal»), menos conectados en el cuerpo, lo que termina haciendo que estemos menos conectados con nosotros mismos…

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  2. 1) Escalofriante la narración (y más sorpresa aun al ver que era de Marcos). No importa si el león mata mirando o no o lo que siente el animal que va a ser devorado; pero como dice Borges (lo cual he usado en algún post mío) «Conviene» (¿y por qué no pueden escribirse cursivas en los comentarios?) creerlo así. Hay una belleza poética en la imagen que hace que la verdad pase a un segundo plano.
    2) La imagen de las nubes en las patas del león es maravillosa.
    3) Con el tema de la religión mucho no me voy a meter, ya que estoy tranquilo y quiero seguir así. Ya sabes lo que pienso y hoy no tengo ganas de decir groserías.
    4) El yoga y la meditación son dos fuentes inagotables de bienestar. No hay otra forma de expresarlo y no hace falta perder mucho más tiempo en ello. Creo que hasta los mismos maestros de esas disciplinas están de acuerdo en que no es necesario una gran cantidad de palabras para explicarlo. Veamos el Zen, sin ir más lejos.
    5) Me causa un enorme placer el relacionar cosas (perdón por el término, pero de este modo abarco la generalidad) que parecen, prima facie, disímiles (a veces, como en este caso, no tanto); me gusta hacerlo y, por supuesto, me gusta leerlo. Así que no caben dudas de que he disfrutado del post.
    Cariños.

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    1. Celebro que te gustara la narración. A mí me fascina la forma como está contada y sí, de acuerdo en que la belleza poética «mata» lo demás. En cuanto a la religión, en otro momento hemos comentado el asunto: estamos en lo mismo, no hay mucho que añadir, de igual manera coincidimos en que la yoga y la meditación son caminos de bienestar sin desperdicio alguno. En estos tiempos la yoga está de moda en México (creo que también en el mundo), de manera que mucha gente la practica más «como deporte», es decir, por bajar de peso, marcar los músculos, etc. Y no sólo me refiero a personas que acaban de empezar a hacerla, sino de gente que incluso lleva años en ella. Eso me enoja, me frustra, me parece un sinsentido, pero bueno, ni hablar: cada quien su mente. Y en cuanto a relacionar conceptos, es un enorme placer encontrar conexiones donde aparentemente no las hay, forma parte del gran gusto de «entender», cualquier cosa que eso signifique.

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      1. Lo de la religión lo obvié porque, sabiendo que opinamos de manera similar (no sé si lo mismo, eso lo iremos averigüando), me pareció redundante otras palabras mías.
        Me gustó eso de «entender» así, entre comillas.
        Cariños.

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