Escritores suicidas: palabras póstumas

Alexandre Gabriel Decamps, The suicide

En los primeros días de este 2013 el diseñador español Manuel Mota, director creativo de la marca de vestidos nupciales Pronovias, se suicidó hiriéndose en el pecho con un cuchillo. Dejó cartas de despedida para su novio, su familia, la policía. La noticia me recuerda los años en los que trabajé en moda nupcial y, en consecuencia, seguía con afán los hermosos diseños de Mota. También me lleva a pensar cómo enfrenta un ser creativo la decisión irrevocable de matarse. ¿Y un escritor? Hecho de y para las palabras, ¿qué huella decide dejar tras de sí?: ¿cartas?, ¿poemas?, ¿diarios?, ¿nada?.

Grandes escritores suicidas hay cantidad (Woolf, Plath, Sexton, Mishima, Hemingway, más recientemente Wallace…) pero no hablaré de ellos en general, sino de los que han dejado escritos que permiten atisbar en esos momentos tan supremamente solos. Aquí, una pequeña selección:

ALFONSINA STORNI: poeta argentina nacida en Suiza, en 1935 es operada de cáncer de mama. Al año siguiente se entera del suicidio del escritor uruguayo Horacio Quiroga, a quien le había unido una relación personal además de profesional. Le dedica versos que anuncian lo que sería su propio final, tres años después: “Morir como tú, Horacio, en tus cabales/ Y así como en tus cuentos, no está mal;/ Un rayo a tiempo y se acabó la feria…”. En octubre de 1938, agobiada por el cáncer, Storni viaja a Mar del Plata, donde se ahoga por voluntad propia. Tenía 46 años. Deja este poema a manera de despedida, para ser publicado en el periódico La Nación:

“[…] Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste:
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides. Gracias… Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…”.

No está de más añadir que ese mismo año mueren, también por propia mano y en el Cono Sur, la hija de Horacio Quiroga y el escritor argentino Leopoldo Lugones.

CESARE PAVESE: narrador y poeta italiano, a lo largo de su vida sufre múltiples derrotas sentimentales que le dejan muy marcado, además de enfrentar la cárcel y diversos reveses. En agosto de 1950 toma un puñado de somníferos, se acuesta en la habitación de su hotel en Turín y encuentra la muerte. Había escrito en su diario: “No más palabras. Un gesto. No escribiré más”. En pocos días cumpliría 42 años.

ALEJANDRA PIZARNIK: poeta argentina, tras una larga historia de depresiones e intentos de suicidio, en septiembre de 1972 aprovecha unos días de descanso otorgados por el hospital psiquiátrico en el que está internada por depresión e ingiere barbitúricos que la llevan a la muerte. Tenía 36 años. Si bien en este caso no son palabras dejadas a propósito para ser halladas tras su muerte, en una dedicatoria a Julio Cortázar, su gran amigo, había dejado entrever su deseo de morir:

“Julio, fui tan abajo. Pero no hay fondo
Julio, creo que no tolero más las perras palabras
La locura, la muerte. Nadja no escribe. Don Quijote tampoco.
Julio, odio a Artaud (mentira) porque no quisiera entender tan sospechosamente bien sus posibilidades de la imposibilidad.
PS Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, oh Julio) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio —que fracasó, hélas*)”.

JERZY KOSINSKI: autor de origen polaco, acusado de plagio y aquejado por problemas de salud y sequedad creativa, en mayo de 1991 tomó pastillas para dormir, las pasó con un trago de vodka, se metió a la bañera y se puso una bolsa de plástico alrededor de la cabeza. Iba a cumplir 58 años. Su nota póstuma decía: “Me voy a dormir un rato más largo de lo normal… Llámenlo Eternidad”.

*Hélas: expresión francesa que puede traducirse “¡qué lástima!”.

Links relacionados:

http://www.los-poetas.com/j/bioastorni.htm

http://www.filmica.com/jacintaescudos/archivos/006964.html

http://www.actuallynotes.com/Biografia-Cesare-Pavese.htm

http://cvc.cervantes.es/literatura/libros_cortazar/libros_firmados04.htm

http://www.artsandopinion.com/2007_v6_n6/routh-3.htm

19 pensamientos en “Escritores suicidas: palabras póstumas”

  1. La muerte tiene permiso, pero que mejor forma de acabar con su permiso, decidiendo el día, la hora y el instante mismo de ella. En cada uno, las frases, los versos, las cartas y las palabras están llenas de intensidad, sí, para escribir así uno tiene que hacer un pacto que incluya el suicidio, yo estoy dispuesto hacerlo (creo querida, que lo que tengo que hacer es trabajar mucho y escribir más, un día seré disciplinado y robare más). Todos ellos geniales y sus propuestas aún más….su suicidio no fue una traición para sus vidas sino una continuidad en ese laberinto de las letras que nos lleva a coincidir con ellos, todos los días. Un abrazo fuerte.

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    1. Sí, la muerte tiene permiso (título también del genial cuento de Edmundo Valadés) y es interesante y transgresor ver el suicidio como una afirmación total de la voluntad. De acuerdo en que estos escritores no se traicionaron sino fueron congruentes con su historia, con su pluma. Ni hablar, es un tema fuerte.
      Abrazo

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  2. Hace algunos años, cuando viví en EE.UU. y tenía otro blog, nos contactábamos con un muchacho que tenía un blog titulado Suicidiario, donde el tema único era precisamente el que tocas en tu post: artículos relacionados con escritores suicidas. Lo busqué y sólo aparece la portada, pero no el contenido. Poco después conocí al autor del blog, quien me regaló su primer libro de poemas (el que aun conservo).
    Tengo mi pequeñísima historia con el tema del suicidio, que no tocaré aquí; pero opino igual que Carlos. La cuestión es llegado el momento pero, por eso mismo, nada puede decirse ahora.
    Te dejo dos enlaces a fotos de la costa de Mar del Plata, donde se encuentra el monumento a Alfosina, frente a la playa donde se internó, definitivamente, en el mar.

    Interesantísimo post, digno de ser continuado en algún momento.
    Cariños.

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    1. Gracias por las fotos, sirven para hacer un cuadro mental del lugar. Pues sí, el suicidio como voluntad total es un gran tema, que por alguna razón alternativamente interesa, da miedo, seduce, ahuyenta. No tengo ninguna experiencia cercana con él pero me apeteció asomarme a lo que escritores habían expresado sobre su decisión. Habrá que seguir indagando, seguro hay muchos otros…
      Abrazo

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      1. Alguna vez pensé (sobre todo basado en el blog de ese amigo del que te conté y ante su negativa a intentarlo) en escribir un libro sobre el tema, ya que hay, en muchos casos, además de las cartas o notas de despedidas, mucho material en los propios textos de los autores.
        Como bien dices, es un tema que, sobre todo, da miedo al mismo tiempo que seduce.
        Cariños.

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          1. La idea sigue dando vueltas por ahí, pero de ideas tengo el ropero lleno. Lo que debo aprender es a sentarme y a escribir. El miedo a la crítica me lleva a dejar todo por la mitad (esto tiene relación con lo que hablamos ayer y alguna vez creo que lo hicimos más extensamente). Tengo que sobreponerme a esa idea de que no sirve lo que hago. Cuando logre hacerlo, creo que me irá bien o, al menos, estaré satisfecho con haberlo intentado.
            Ésa fue, también, la intención del post del primero de enero. Hasta ahora vengo cumpliéndolo en el blog, en algunas cositas en Falsaria, y poco y nada en lo importante: la novela que comencé y dejé y unos cuentos.
            si te fijas en el diccionario, sobre la palabra “Procrastinador” hay una foto mía.
            Cariños.

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            1. Pues a sacar el polvo y dejar de lado esas inseguridades que, como casi todas, son bobas y totalmente injustificadas. Lo dice una lectora que espera ansiosa esa novela que está en el horno.
              Abrazo

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              1. 🙂 Pues muchas gracias por el apoyo, siempre es bueno escuchar cosas así (a los inseguros todo empujón nos sirve). En realidad tengo muchas ganas de poner manos a la obra, sólo debo organizarme un poco y, de paso, rogar a los dioses del azar que el entorno se quede quieto y no me sacuda el piso cual terremoto chileno.
                Cariños.

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