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Rulfo: los reglazos que lo empujaron a escribir

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“[…] De los seis a los doce años sólo vi muertos en mi casa. Asesinaron a mi padre, a los hermanos de mi padre, a los abuelos: era una casa enlutada”, dijo Juan Rulfo en una entrevista para la revista mexicana Proceso (29/ septiembre/1980). Añadió, explicativo: “Después de la Revolución quedaron muchas gavillas, bandas, que entraban al pueblo a matar, a robar”.

Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recupero esta entrada de hace tiempo. Inmenso autor de Pedro Páramo, que García Márquez llamó “la novela más bella que se ha escrito desde el nacimiento de la literatura en español” y del libro de cuentos El llano en llamas, poesía narrativa que bucea como nunca se había hecho en el lenguaje mexicano, su talento se alimentó de lecturas de infancia.

“Leía mucho, me tocó la época de los cristeros. La abuela no nos dejaba salir de casa, que estaba frente a un cuartel. El cura dejó su biblioteca guardada en mi casa. Me habitué a la lectura: si me pagaran por leer estaría del otro lado. Pero ya en la escuela, en la primaria, nos dejaban composiciones. Me daba mucha flojera escribir. Yo me hacía tonto. Improvisaba, no escribía. Hasta que me dieron unos reglazos”.

Los lectores hispanoamericanos deberíamos hacer un monumento a esa regla que sirvió de acicate.

 

Joyce Carol Oates, en el 11 Festival de Literatura en San Miguel de Allende

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Lo primero que le leí fue Zombie, allá por 1999: al meterme en la piel de un asesino serial, la novela me horrorizó en la misma medida en la que me fascinó. Luego he leído colecciones de relatos y apenas alguna otra novela de Carol Oates, entre los alrededor de 100 libros que a sus 77 años tiene publicados. En su vasta producción hay altibajos, pero ella se sostiene como una de las narradoras estadounidenses contemporáneas con obra sólida, según esta opinión de mi siempre admirado Rodrigo Fresán. Ganadora de muchos premios literarios y eterna nominada a muchos más, junto con Juan Villoro es parte del programa estelar del 11 Festival Internacional y Feria del Libro de San Miguel de Allende, Guanajuato, que arranca mañana, miércoles 10 de febrero, y termina el domingo 14.

Organizado por The San Miguel Literary Sala, se trata de un evento bilingüe inglés-español que incluye conferencias magistrales de Carol Oates y Villoro, entre otros. Además habrá presentaciones de libros, mesas redondas, venta de libros e impartición de más de 80 talleres literarios por parte de Rosa Beltrán, Armando Vega-Gil, Ignacio Padilla, Liliana Blum, Élmer Mendoza y Jorge Fernández Granados, por mencionar algunos de los 60 escritores participantes en el evento.

Aquí, la agenda de conferencias magistrales, mismas que se transmitirán en línea por www.sanmiguelwritersconference.org:

Luis Alberto Urrea, miércoles 10 de febrero, 1:30–3:00 pm. Autor mexicano-americano y bicultural. Autor de 13 libros, celebrado por la crítica.

Scott Simon, miércoles 10 de febrero, 6:00–7:30 pm. Locutor de la edición de fin de semana en la Radio Nacional de los Estados Unidos. Autor de seis libros, el más reciente de los cuales se titula (y es) Inolvidable.

Gail Sheehy, jueves 11 de febrero, 1:30–3:00 pm. Su libro Passages fue considerado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos uno de los 10 libros más influyentes de nuestros tiempos. En 2014 publicó su autobiografía, titulada Atreverse.

Elizabeth Hay, jueves 11 de febrero, 6:00–7:30 pm. Autora canadiense condecorada y ganadora de múltiples reconocimientos, entre los cuales se cuenta el Premio Giller.

John Perkins, viernes 12 de febrero, 11:00 am–12:30 pm. Activista internacional, autor de Confessions of an Economic Hit Man y fundador de la Alianza Pachamama.

Lisa See, viernes 12 de febrero, 1:30–3:00 pm. Autora de nueve novelas, todas ellas recomendadas en las páginas de The New York Times.

Juan Villoro, viernes 12 de febrero, 6:00–7:30 pm. Escritor y periodista mexicano, miembro del Colegio Nacional y ganador del Premio Herralde por su novela El testigo, entre otros numerosos reconocimientos.

Panel Multicultural, sábado 13 de febrero, 11:00 am–12:30 pm. Conferencistas magistrales de Canadá, Estados Unidos y México dialogarán sobre Migración: historias, ideologías, arte y gente.

Joyce Carol Oates, sábado 13 de febrero, 6:00 – 7:30 pm. Símbolo literario y legendaria autora americana de infinidad de libros, galardonada con el Premio Pulitzer, el National Book Award y el Premio O. Henry, entre otros.

Kirk Ellis, domingo 14 de febrero, 6:00 – 7:30 pm. Destacado guionista y ganador de dos premios Emmys y un Globo de Oro por la miniserie John Adams de HBO.

Y, aquí, el sitio web del evento:

http://creativecrossroadsofamericas.org/es/

Esta fiesta de las letras se sustenta sobre la frase que dicen que dijo Carol Oates: “Leer es la única forma de deslizarnos, de forma involuntaria y frecuentemente indefensa, dentro de la piel, la voz y el alma de otra persona”. Oh, sí.

Decirle “periodista” a la Premio Nobel de Literatura, ¿es una ofensa?

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Estoy leyendo La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich. Publicado por Debate, es el recuento crudo, sin aderezos ni azúcar, de las mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial como francotiradoras, conductoras de tanques, pilotos, enfermeras, soldados. Este primer libro de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015 está armado como un collage de testimonios, a partir de las más de 500 entrevistas que Alexiévich realizó. Así, dice, “los rostros se borraban, sólo quedaban las voces”. Y esas voces hablan de la iluminación, el espacio y los olores del conflicto vivido por ellas. Responden a preguntas como: ¿Qué siente una persona ante la absurda idea de que puede matar a otra? ¿Con qué palabras se narra tener el pelo empapado de sangre de heridos? ¿Con cuáles ver que una mamá ahoga a su bebé, que llora de hambre, porque no tiene cómo alimentarlo? ¿Qué se rompe por dentro cuando un moribundo cuya pierna fue arrancada de cuajo pide que lo entierren con ella? ¿Qué fue lo más difícil cuando terminó la guerra y hubo que recuperar la normalidad, pero se había perdido todo referente de qué era “normal”?

Es lo primero que leo de Alexiévich. El suyo es un trabajo espléndido de recopilación, escritura y edición, con el enorme logro de hacer un monumento polifónico al coraje y el dolor humanos. El otorgamiento del Nobel se basa, me parece, en ese bucear en las honduras emocionales con los ojos abiertos y los oídos igual, para luego vaciarlo en lenguaje, en sonidos atravesados por silencios. “El camino del alma para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El ‘cómo fue’ no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha visto y qué ha comprendido? […] Los sentimientos son más vivos, más fuertes que los hechos”, dice en alguna parte del libro.

Recuerdo que cuando le dieron el Nobel, algunos puristas se rasgaron las vestiduras, diciendo que la labor de Alexiévich es más periodística que literaria. Ahora que la leo pienso que ahí están nombres como Truman Capote, John Banville, Ryszard Kapuscinski y Martín Caparrós, quienes han transitado de una a otra arena con soltura. Al final, poner una frontera que divida periodismo de literatura me parece ocioso. Pedante. Limitado. Si un texto se vale del lenguaje y la forma para sacudir, si permite asomarse al incendio que ocurre dentro del otro, si revela y emociona, si multiplica las contradicciones en vez de resolverlas, entonces es literatura. Así que no creo que sea ninguna ofensa afirmar que el Nobel de Literatura se lo dieron a una periodista. Como señala la argentina Leila Guerriero: “Periodismo es un género literario que trabaja sólo con materia prima obtenida de la realidad”. Pues eso.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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#FILGuadalajara “Lo que me importa es cómo me gustaría escribir”: Enrique Vila-Matas

Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)
Vila-Matas y Trujillo (Foto: Sala de Prensa, FIL)

Para explicar por qué ejerce el oficio de buscar palabras, desde la FIL el autor español soltó dos joyas que me quedan resonando.

“Alguna vez leí sobre un niño que se negaba a hablar. Preocupados, sus padres ordenaron hacerle todos los estudios imaginables y los especialistas encontraron que no había ninguna razón médica para su silencio. Es decir, no hablaba aun pudiendo hacerlo. Así creció. Sus padres se acostumbraron a comunicarse con él sin palabras y todos en paz. Por fin, cuando tenía 35 años un día le sirvieron un helado y dijo: ‘Este helado está horrendo’. En cuanto pudo reponerse, la madre le preguntó cómo era posible, por qué llevaba todos estos años sin hablar. Él dijo, simplemente: ‘Antes todo estaba perfecto’. Por eso escribo, por eso escribimos: porque no todo es perfecto”.

Lo dijo aquí en la FIL el autor catalán Enrique Vila-Matas, en conversación con el también escritor Julio Trujillo. Es una de las formas más plásticas que conozco para explicar el oficio. Y el recién galardonado con el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015 también dijo al presentar su novela Marienbad eléctrico, publicada por Almadía: “Escribo por la necesidad de romper viejos preceptos literarios. No quiero ser arrogante, pero el objetivo fundamental en todo lo que escribo es trazar nuevas escrituras. Es decir, no me importa tanto cómo escribo, sino cómo me gustaría escribir”.

Son el tipo de joyas que me llevo de la Feria.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

(Lo que piensa la necia que escribe este blog)

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Y ahí sigo, en la edición y recontraedición del libro que tengo metido entre los ojos. En un afán de exactitud debería decir “tengo neciamente metido entre los ojos”, porque desde hace meses no hay día en que no lo piense, lo revise, lo trabaje, lo acaricie, lo odie. Y vuelta a empezar. Pero parto de la convicción de que sí, como Kerouac, un día he de encontrar esas palabras precisas.

10 novelas favoritas sobre el amor

Dibujo: Sara Herranz
Dibujo: Sara Herranz @sara_herranz

¿Amor que empieza? ¿Que devora? ¿Compartido? ¿No correspondido? ¿Fracasado? Aquí hay una lectura para cada caso. Estas novelas transitan por las inmediaciones del enamoramiento, la pasión, el amor, el desenamore. Y vuelta a empezar. Van de la más sutil a la más desgarrada pero, eso sí, esquivan la cursilería. Tienen humor, hondura. Son mi Top Ten en cada caso y estas citas demuestra por qué.

1. Atracción: El amor es una droga dura “No encuentro ninguna razón aparentemente objetiva para explicar por qué estoy seducido por Nora, excepto que su belleza me conmueve, me emociona, me hace delirar, me provoca erecciones múltiples, me estimula, me deprime, me subleva, me obnubila, me atosiga, me ahoga, me asfixia […]”. Cristina Peri Rossi, El amor es una droga dura (Seix Barral)

2. Primer beso: El sabor de un hombre “Recuerdo ese primer beso, esa sensación de empequeñecimiento repentino: de golpe soy tan pequeña que me hundo en él, me sumerjo en su garganta húmeda. Toda yo estoy en su boca, como si fuera un bocado. Él me toma y me traga, y en esa cálida oscuridad en la que caigo, siento que desaparezco en su interior. Me diluyo y él me absorbe, como si ya no fuéramos a separarnos jamás”. Slavenka Drakulic, El sabor de un hombre (Anagrama)

3. Primer encuentro sexual: Canción de tumba “Mónica y yo nos conocimos hace cuatro años. Nos metimos a la cama durante horas sin apenas intercambiar nuestros nombres y mucho antes de haber tenido una conversación coherente. El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad. El sexo —el más perfecto y simple al que se puede aspirar, como beber agua pura sin pagar la botella de pet— nos reveló que habría entre nosotros un lazo visceral más sólido que cualquier otro compromiso que tuviéramos con el mundo. Un vínculo tan hondo que, en mis pesadillas, se parece al incesto”. Julián Herbert, Canción de tumba (Mondadori)

4. Enamoramiento: Rayuela “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. […] Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos”. Julio Cortázar, Rayuela (Alfaguara)

5. Erotismo: La pasión turca “Nos desprendemos de las ropas con tal ferocidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel […] Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, al paroxismo, que es una aleación, un extravío recíproco, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en sí, distinto ya del otro nuevamente. Qué pena volver; sería un buen momento para morir”. Antonio Gala, La pasión turca (Planeta)

6. Amor no correspondido: Un amor “La posesión física a él le importaba relativamente poco. Si, por ejemplo, una enfermedad la hubiera obligado a no hacer nunca más el amor, en el fondo él se habría alegrado. Se imaginaba, por ejemplo, que ella hubiera sido atropellada por un tranvía y hubiese perdido una pierna. ¡Qué estupendo habría sido! Ella inválida, separada para siempre del mundo de la prostitución, del baile, de las aventuras, ya no asediada por nadie. Sólo él seguiría adorándola. Tal vez ésa fuera la única posibilidad de que ella, aunque sólo fuese por gratitud, empezara a quererlo”. Dino Buzzati, Un amor (Gadir)

7. Posesión: La mujer justa “Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería por entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió”. Sándor Márai, La mujer justa (Salamandra)

8. Amor compartido: Un acto de amor “Ningún hombre ha amado a una mujer sin imaginársela en los brazos de otro. Ningún marido es feliz —verdadera, genitalmente feliz, con una felicidad que le llega al alma en cuanto marido— hasta que no tiene pruebas positivas de que otro hombre se la está follando”. Howard Jacobson, Un acto de amor (Miscelánea Editores)

9. Caducidad: El amor dura tres años “Un mosquito vive un día; una rosa, tres días. Un gato, trece años. El amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente un año de aburrimiento. El  primer año, uno dice: ‘Si me abandonas, me mato’. El segundo año, uno dice: ‘Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré’. El tercer año, uno dice: ‘Si me abandonas, invito el champán'”. Frédéric Beigbeder, El amor dura tres años (Anagrama)

10. Amor que mira hacia atrás: Hablar solos “Cuando veo a dos besándose, creyendo que se aman, creyendo que durarán, hablándose al oído en nombre de un instinto al que dan nombres elevados, cuando los veo acariciarse con esa avidez molesta […] cuando veo a dos idiotas ejerciendo impunemente su deseo a plena luz, como si yo no los mirase, no sólo siento envidia. También los compadezco. Compadezco su futuro podrido […] y les sonrío de costado, como si hubiera vuelto de una guerra que ellos dos no imaginan que está a punto de empezar”. Andrés Neuman, Hablar solos (Alfaguara)

 

#MiércolesDePoesía Feroz declaración de amor por las palabras

El poeta galés Dylan Thomas
El poeta galés Dylan Thomas

Enamorarse de las palabras, hechas aparentemente de blanco y negro pero capaces de contener todas las cosas que hacen peligrosa y grande y soportable la vida. Esa fue la clave de vida de este poeta mayor.

En el verano de 1951, un estudiante se acercó al poeta Dylan Thomas (1914-1953) y le hizo cinco preguntas sobre el oficio de los versos. El maestro y escritor tomó en serio la petición y escribió lo que hoy se conoce como “Notas sobre el arte de la poesía”. Robo un pequeño fragmento para este #MiércolesDePoesía, primero en el original en inglés (si tienes oportunidad, regálate esa lectura) y, abajo, con una decorosa traducción al español. Por esta declaración se sabe que las palabras se enamoraron perdidamente de Thomas.

“I should say I wanted to write poetry in the beginning because I had fallen in love with words. The first poems I knew were nursery rhymes, and before I could read them for myself I had come to love just the words of them, the words alone. What the words stood for, symbolised, or meant, was of very secondary importance; what mattered was the sound of them […] I fell in love —that is the only expression I can think of— at once, and am still at the mercy of words […] And, when I began to read the nursery rhymes for myself, and, later, to read other verses and ballads, I knew that I had discovered the most important things, to me, that could be ever. There they were, seemingly lifeless, made only of black and white, but out of them, out of their own being, came love and terror and pity and pain and wonder and all the other vague abstractions that make our ephemeral lives dangerous, great, and bearable […] I knew that I must live with them and in them, always […]”.

Da click aquí para leer el texto completo en inglés

“En un principio quise escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. La poesía para niños fue la primera que conocí y aún antes de ser capaz de leer solo una línea me enamoré de las palabras, de las palabras en sí mismas. Lo que representan, su simbología o significado real, era secundario para mí. Lo que contaba era la música […] Me enamoré a primera vista. Y estoy todavía a merced de las palabras […] Cuando comencé a leer poesía infantil yo solo y, más adelante, todo tipo de versos, comprendí que había descubierto la cosa más importante del mundo para mí. Estaban ahí, aparentemente muertas, hechas sólo de negro y blanco; pero fuera de eso, fuera de su ser, mutaban en amores y temores y piedad y dolor y maravilla y todas las otras sensaciones que hacen peligrosa, grande y soportable nuestra efímera vida. […] comprendí que debía vivir con ellas y en ellas para siempre […]”.

Da click aquí para leer el texto completo en español, traducido por Pedro J. Albertelli, publicado en la Revista Sur 283