Lo que yo llamo magia

Fotos: Grete Stern
Fotos: Grete Stern

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), 1 p.m. Veníamos a ver la exposición de Adriana Varejão pero aún no está abierta al público. Entramos a la muestra temporal de fotografía “Grete Stern. Los sueños. 1948-1951”, que se inaugura hoy y de la que no sabíamos. La mampara introductoria ya me atrapa: en 1948, Stern es invitada a colaborar en la revista del corazón Idilio, publicada por el gigante brasileño Editora Abril. Su labor consiste en ilustrar la sección “El psicoanálisis le ayudará”: en ella, el sociólogo Gino Germani interpreta sueños enviados por las lectoras e ilustrados por Stern con fotomontajes. La mancuerna abarca unas 150 colaboraciones. No sólo las imágenes tienen hondura simbólica: también son originales y están muy bien realizadas con recursos caseros.

Yo misma inserta en el mundo de las revistas, la idea me parece genial y la ejecución, sorprendente. Las fotos hacen una denuncia del papel sometido de la mujer en la época, de sus miedos, de su crueldad, de la manipulación de la que es objeto y que acepta. La gran ironía es que las incluyera una publicación del corazón, es decir, una que explota los roles tradicionales y refuerza el estereotipo de esposa-amante-madre, siempre en espera del hombre perfecto/los hijos bellísimos que la inserten en la sociedad, que conviertan su vida en un cuento de hadas, despierten la envidia ajena.

Al recorrer la exposición recuerdo de inmediato algo que subí hace poco a este blog. Me refiero a un post sobre una exposición en el MET de Nueva York, que mostraba ejemplos de manipulación de imágenes antes de 1990, cuando se perfeccionó el retoque digital (da click aquí para ver entrada “Sí, éramos humanos antes de Photoshop”). Aquí en el MALBA encuentro en original la foto de Stern que incluí en aquel post, misma con la que abro esta entrada. Se trata de una mujer/lámpara que decora la casa y es activada por una mano masculina. Vista sólo como muestra de pericia técnica, la imagen es fantástica, pero con el contexto añadido de crítica social e interpretación del sueño cobra una dimensión mucho más rica y compleja, abre nuevas posibilidades de lectura.

El azar quiso que yo encontrara esta muestra sin saber que existía ni que abría hoy aquí, en Buenos Aires. Eso es lo que yo llamo magia particular.

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10 pensamientos en “Lo que yo llamo magia”

  1. Pues yo aquí, cruzado de brazos y haciendo pucheros… Aquí están construyendo el museo de arte contemporáneo (supongo que les pondré las mayúsculas cuando lo terminen y vea lo que hay adentro; es decir, cuando se las merezca). ¡Una ciudad turística de un millón de habitantes y recién ahora se dan cuenta de que hace falta un museo digno! Eso de que “hace falta” es un decir: indispensable, debería decir.
    Por el momento, al gran arte, lo sigo viendo por internet.

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    1. Como no “sirve para nada” ni le da la vuelta al Producto Interno Bruto de un país, el arte no suele estar entre las prioridades de los gobiernos. Una de las grandes ventajas de la globalización es, justo, poder acceder a museos del mundo. Cuando abran el de tu ciudad puedes celebrar haciendo un performance a la entrada (dí que sí!!)

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