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Desnudez para saborear el sábado

www.billbrandt.com
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“El deseo imperecedero que crece de manera transparente me brinda un atisbo de la eternidad”, dice el protagonista del libro El novelista miope, del mexicano José Gordon.

Es un buen acompañamiento para estas fotos de desnudos del británico Bill Brandt, que fragmentan el cuerpo y subrayan la belleza de cada territorio, eterno en su fragilidad.

Me encantan como para saborear el sábado.

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Aquí la razón de por qué amo las ventanas

Fotos: Gail Albert Halaban www.gailalberthalaban.com
Fotos: Gail Albert Halaban
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Qué privilegio, meterse en la intimidad de alguien a través de lo que un cristal transparenta. “Las ventanas horadan lo compacto del cemento y, tras ellas, asoma la fragilidad de alguna que otra vida repentinamente descubierta por la fotógrafa”, dice una nota de Diana Fernández Irusta para el periodico La Nación, sobre la artista de la foto Gail Albert Halaban.  Colaboradora de The Guardian, The New York Times y Le Monde, Gail Albert lleva años dedicada a captar ventanas, en especial de París y Nueva York. La acabo de descubrir y me tiene loca. En su sitio web, donde comparte fotos y videos, cita a Baudelaire: “Lo que podemos ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que se percibe tras el vidrio de una ventana”. La cita me hace click: el arte encuadra un cacho de realidad y deja fuera todo el resto.

Suerte de ojo con luz interior (como quería Platón), cada hueco intencional en la pared subraya la tensión entre adentro y afuera. La potencia. Alrededor del siglo XV, el humanista Leon Battista Alberti dijo que la pintura debía ser una ventana abierta el mundo. Desde ahí el mundo echó mano de la curiosidad y el morbo para asomarse a la realidad a través de los cristales del arte. De forma literal, la fotógrafa de Washington penetra esos vidrios y muestra pedacitos de historias.

Me regalo estas imágenes para saborear el día.

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Esos “turgentes y temblones”

Fotos: Waclaw Wantuch www.waclawwantuch.com
Fotos: Waclaw Wantuch http://www.waclawwantuch.com

Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. “Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles“, cantó Tomás Segovia.

Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.

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Hacer fiestas con el cuerpo

Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/
Foto: Allen Birnbach http://www.birnbachfigureworks.com/blog/

“Lo más importante es este momento en movimiento. Es necesario darle peso, relevancia, hacerlo vital. Evitar que se cuele entre las manos, inadvertido”, dicen que decía Martha Graham. En buena medida, el bailarín hace justo eso: arma una fiesta con brazos y piernas, llena de sentidos el aire, lo carga de intención. Se me antoja recordarlo en estos días, para ir a contracorriente del discurso jodido que condena la corporalidad para priorizar la espiritualidad. No, señores, no somos almas presas en un cuerpo. Somos almas que toman (o no) el privilegio de expresarse a través de un cuerpo, de hacer fiestas cotidianas con él.

Hace tiempo no subía entradas de fotografía. Ahí está este lujo de Allen Birnbach. Provecho.

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Contrastitos y contrastotes

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Foto: Andreas Kuehn, Stone, Getty Images

En estos días mi papá cumple 32 años de haberme dejado las manos vacías y, cursi como soy, no deja de punzarme su ausencia. A veces me descubro siendo la adolescente ingenua que le pide al pie de la cama de hospital que por favor no se vaya, la adulta igualmente ingenua que espera que regrese para oír su risa, sentarme en sus rodillas, volver a sentir que todo está bien.

Por otro lado, me encuentro en un momento rico a nivel personal, con la certeza de un abrazo que me derrite, de un amor que me desordena aunque es todo lo anticonvencional que puede ser, con el alma revuelta y la admiración que estreno cada día, porque cada día es el primero de esta historia.

Y ahí, entre ambos, transcurre el juego cotidiano de contrastes grandes y chicos que intento disfrutar lo más posible.

 

Palabra del día: Despampanante

Foto: José Luis Escobedo
Foto: José Luis Escobedo

Dicen los rumores (y nadie puede desmentirlos, porque no hay testigos), que Adán y Eva se paseaban desnudos por el Edén y todo era sublimemente perfecto, como en película de Disney antes de que aparezca el malo. Pero como dijo José José: “Hasta la belleza cansa”. Entonces, un día inventaron el pecado y ahí se jodió la cosa: el Mismísimo los expulsó del Paraíso y cubrió sus partes innobles con hojas de parra (pampinus, en latín).

Justo de ahí deriva el significado primario de des-pampanante, que se forma con el prefijo negativo des- y el sustantivo pampinus: una persona despampanante es la que sorprende y desconcierta porque está desnuda, es decir, carece de hojas de parra para cubrirse. Entonces, la atenta señorita que ilustra esta entrada es, sí, despampanante. A ver quién me contradice.

Fuente: Joan Corominas, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos.

Da click aquí para ir a la entrada sobre Supérstite.

 

Hacer fotografías con la propia historia (Galería de imágenes)

Fotografías: Flo Fox http://www.flofox.com
Fotografías: Flo Fox
http://www.flofox.com

“You don’t make a photograph just with a camera. You bring
to the act of photography all the pictures you have seen,
the books you have read, the music you have heard,
the people you have loved”.
-Ansel Adams

Da click aquí para ver un video sobre Flo Fox

Por casualidad me encontré en Internet esta historia, de una fotógrafa espontánea de Nueva York. Se llama Flo Fox. Nació ciega de un ojo, cerca de los 30 años comenzó a ver borroso con el otro y pronto fue diagnosticada con esclerosis múltiple, enfermedad que la tiene en silla de ruedas. Además, padece cáncer de pulmón. Lo increíble es que cuando tenía 26 años se compró una cámara fotográfica y hoy, 40 años después, sigue trayéndola consigo a diario, para captar lo que encuentra a su paso en la ciudad. Desde 1999 sufre parálisis de las extremidades, pero su ojo sigue viendo encuadres y escenas, de modo que da instrucciones a quien la cuida para que tome las fotos. Su trabajo forma parte de la colección permanente del Museo Smithsonian, entre otros, y ha sido expuesto en varios países.

Sus imágenes me encantan por poderosas, por exactas y cargadas de humor, porque hay una historia detrás del lente. Es puro Storytelling. Si esto no es pasión por vivir, no sé qué es.
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Escribir el mundo con luces y sombras

Fotos: Sebastiao Salgado
Fotos: Sebastião Salgado

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado es captado por la cámara del cineasta alemán Wim Wenders y, al mismo tiempo, Salgado fotografía a Wenders. Ese ir y venir de miradas me parece uno de los momentos más simples pero poderosos de La sal de la tierra, documental sobre los 40 años de trabajo de Salgado, realizado por Wenders y por Juliano Ribeiro Salgado, hijo del artista. Premiado en Cannes, abarca desde su temprana juventud como economista y su primer proyecto fotográfico, Otras Américas (1977), hasta el más reciente: Génesis (2004-2014).

De una increíble belleza visual, la película se arma con fotos y más fotos, además de escenas testimoniales del trabajo de campo detrás de muchas, entre ellas las que ilustran esta entrada. El argumento es sencillo: el artista habla a la cámara mientras va narrando los distintos momentos de su obra y las emociones que lo han acompañado a través de años de viajar por todo el mundo. Por un lado revela lo contagioso que es el odio, el animal feroz que es el ser humano y la conclusión inescapable “Nadie merece vivir”, mientras por otro es una celebración de la belleza del planeta, en cuyo fondo se oye la voz del artista que dice: “Soy tan parte de la naturaleza como el oso o el árbol caído”. Así, en blanco y negro (tanto literal como metafóricamente hablando) La sal de la tierra toca mente y emociones sin dar concesión. Fui con mi adolescenta a ver el documental y me emocionó que saliera tan tocada por el poder de la imagen, tanto, que quiere empezar a tomar fotos “en serio”. Y es que el hecho de que alguien sea capaz de escribir el mundo con luces y sombras, como Salgado define el trabajo del fotógrafo, me parece brutalmente hermoso.

Da click aquí para ver dos tráilers del documental:

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Muestrario de páginas en blanco

Fotos: Anacleta Palmer http://anacletapalmer.blogspot.mx
Fotos: Anacleta Palmer
http://anacletapalmer.blogspot.mx

Tenía tiempo de no pasar por la espléndida revista de fotografía online mambomag.com. Siempre que lo hago encuentro algo hermoso que traer a casa, para abrazarlo y hacerlo mío. Esta vez es el trabajo de la española Anacleta Palmer, artista residente en Chile. Fotógrafa en la mano derecha y diseñadora en la izquierda, combina ambas para crear la serie De cuerpo ausente. Se trata de imágenes descontextualizadas en torno al tema de la ausencia, del no-cuerpo, trabajadas con luz natural y sí, manipuladas para proponer “[…] un tesoro de lagunas y ausencias,/ un muestrario completo de páginas en blanco” (versos que tomo prestados del poema “Cosas que no tendremos” de la española Josefa Parra). Me encanta.

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Tapiz oaxaqueño con sonidos y sabores

Fila superioro: collar diseñado por el artista Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central; fila media: mujeres vendiendo chapulines asados en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca; fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole (especie de salsa hecha de aguacate/palta y chile), tamal de mole con pollo, mezcal que se acompaña de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana

Recién llegada del estado de Oaxaca, al sur de México, traigo los ojos llenos de paisajes, el cuerpo impregnado de sabores y olores. Es difícil encontrar palabras para hablar de la riqueza artística y gastronómica de esta tierra, sus tradiciones de siglos, el sincretismo de fuerte sabor indígena (sobre todo zapoteco y mixteco), presencia mestiza y también una creciente población extranjera fascinada por sus aires y su gente. La imagen que más se acerca es la de un tapiz, como éste que intenté hacer porque me parece más justo dejar hablar a las fotos, que espero reflejen en algo la locura deliciosa de pasear por ese suelo. Aquí, la breve explicación del tapiz superior.

Fila superior: collar diseñado por el artista istmeño Francisco Toledo; detalle del mareo barroco de la iglesia de Santo Domingo; marimba nocturna en la plaza central.

Fila media: mujeres vendiendo chapulines en el mercado de la ciudad; vista panorámica del valle de Oaxaca desde la zona arqueológica de Dainzú.

Fila inferior: aretes antiguos del Istmo de Tehuantepec, al sureste del estado; plato oaxaqueño compuesto por guacamole y chapulines fritos, tamal de mole con pollo, mezcal que se bebe acompañado de gajos de naranja y sal de gusano de maguey; doña Josefina, Rosita y doña Hermelinda, tres generaciones de mujeres de Teotitlán del Valle, dedicadas al arte de hilar tapetes de lana.

Y aquí, la del tapiz de abajo.

Fila superior: una de las cientos de cactáceas de la zona; familiares y amigos de un difunto van a visitar su tumba a los nueve días de su muerte, para llevarle flores, brindar y comer “con él”; descomunal muñeca tehuana que anuncia una tienda.

Fila media: tapetes de lana en Teotitlán del Valle; tienda de artesanías donde los molinillos de chocolate vencen la gravedad; cruz hecha con “milagritos” que se le ponen a los santos para agradecer sus favores.

Fila inferior: vista desde San Agustín Etla.

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42 kilómetros en bici por la Oaxaca más entrañable 

Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú
Vista del valle de Oaxaca desde Dainzú

Recorrer tal distancia por pueblos y brechas de Oaxaca se dice fácil. Hoy hice ese trayecto y sin decir que estuvo de muerte, sí reconozco que fue pesado, pero la experiencia lo valió por completo. Así lo viví.

Guiados por Pablo, amable y emprendedor oaxaqueño que ha encontrado en las bicicletas una forma de ganar dinero y además promover la cultura local, los turistas que contratamos el tour salimos del pueblo San Jerónimo Tlacochahuaya, a unos 20 minutos de la capital. Éramos Danielle y Yogun, pareja de holandeses, quien más me quiere y yo, acompañados también por Ellen, holandesa que se volvió loca por Oaxaca (y por un oaxaqueño) y vive aquí hace años. La cita fue a las 8:30 am. Primero hicimos una media hora de camino a la zona arqueológica de Dainzú, pequeña pero con una vista impresionante del valle. Luego pedaleamos hora y media por el campo, hasta el pueblo Teotitlán del Valle, famoso por sus tapetes de lana. Ahí nos recibió en su casa la señora Josefina, quien nos dio de desayunar memelas (tortillas recién hechas en comal de leña, con queso, frijoles, lechuga, grasa de cerdo y salsa) y quesadillas de quesillo con epazote, más pan del pueblo acompañado de atole (bebida caliente hecha de maíz). Delicioso de verdad, además de vigorizante.

Después doña Josefina, en un español impecable aunque su lengua es el zapoteco, nos mostró junto con su mamá, doña Hermelinda, el largo proceso de hacer tapetes de lana, negocio de la familia. Limpian la lana, la lavan, la cardan y la hacen hilo, mismo que luego pintan con tintes naturales obtenidos de insectos (grana cochinilla), frutos fermentados (granada y zapote negro), flores (cempasúchitl) y semillas (nueces fermentadas). Toda una clase de química intuitiva aplicada a los textiles. Increíble la creatividad y el duro trabajo que implica. Y luego don Porfirio, esposo de Josefina, nos enseñó cómo tejen los tapetes en el telar, en un proceso en el que para hacer un tapete mediano puede invertir dos semanas. Y todo ello para recibir unos 600 pesos (48 dólares americanos). Tremenda lección de humildad para los turistas que al ver artesanía de inmediato sentimos la tentación de regatear. Ahí compramos tapetes, morrales, mantas de lana. Luego retomamos las bicis, bajo un sol tremendo, y otras dos horas en bici nos llevaron a Tlacolula, donde visitamos el mercado local, con su caos fantástico de colores y olores. Comimos mangos, queso, chapulines y pan del pueblo, para luego visitar la iglesia barroca, cuya cúpula espectacular recuerda la de Santo Domingo, en la capital. Entonces nos despedimos y regresamos en taxi a la ciudad de Oaxaca al filo de las 3 de la tarde.

Mientras escribo esto, con las piernas cansadas y mucho sol en la piel, sigo fascinada de haber conocido un poco más de este México profundo que no sale en televisión, pero que es el que más orgullo me da. Por gente trabajadora y de ojos limpios como Pablo, Josefina, Hermelinda, Porfirio y sus hijas estoy enamorada de este país.

Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Doña Josefina prepara las tortillas que comeremos en el desayuno.
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
Desayunando en casa de doña Josefina: Oziel, Ellen, Pablo, Yogun, Danielle (y yo, detrás del lente)
El menú: memelas hechas al momento y pan dulce del pueblo.
Doña Josefina y su mamá, doña Hermelinda (quien sólo habla zapoteco), emplean la rueca para hacer el hilo de lana.
Doña Josefina muele el insecto grana cochinilla para obtener el tinte rojo, como desde hace siglos en México.

 

Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Don Porfirio, con sus hilos de muchos colores, nos demuestra cómo usa el telar.
Puesto de chile de agua en el mercado de Tlacolula
Transporte de mercancías en equilibrio en el mercado de Tlacolula
Una vendedora transporta sus mercancías a la manera tradicional en el mercado de Tlacolula.
Cúpula barroca de la iglesia de Tlacolula
La bellísima cúpula  barroca de la iglesia de Tlacolula recuerda la de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca.

 

Entregarse a un duro placer

 

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Fotos: Henri Cartier-Bresson http://www.magnumphotos.com

Leo que Henri Cartier-Bresson llega a México. Bueno, no él, sino su obra, que es lo más él de él: para coincidir con los 80 años de su primera visita a México, una exposición que reúne su trabajo acaba de inaugurarse en Bellas Artes.

Me fascinan sus imágenes en blanco y negro, que dibujan momentos a partir de la intuición. Uno de los fotógrafos más notables del siglo XX, llamado “el ojo del siglo” y padre del fotorreportaje según algunos, Cartier-Bresson decía que la autenticidad es la mayor virtud de un fotógrafo. Por ello se oponía a usar flash y a arreglar la escena o a los modelos: “Siempre espero obtener la foto de la cual digan: ‘Eso es verdad. Ha sabido verlo'”. En otro momento casi anticipó la explosión de la imagen a partir de los smartphones: “Cualquiera puede hacer fotos. Justamente porque nuestro oficio está abierto a todo el mundo continúa siendo, pese a su fascinante facilidad, extremadamente difícil”. Sus palabras me hacen sentido: aunque cada día se suben 200 millones de fotos a Facebook, la mayoría se pierde en el lugar común y la obviedad. Otro día, hablando sobre el futuro de la fotografía, dijo: “Mientras los seres humanos sigan viviendo y sigan existiendo problemas verdaderos, vitales, importantes, y alguien tenga ganas de expresarlos con simplicidad, con sinceridad, con alegría y sentido del humor, habrá un lugar para los fotógrafos, igual que para los poetas y los novelistas”.

El librito del que recupero estas citas incluye 12 entrevistas que el artista concedió a distintos medios. Publicado en 2014 por la editorial catalana Gustavo Gili y disponible en México, se llama Henri Cartier-Bresson, Ver es un todo. Entrevistas y conversaciones 1951-1998. En él se describe como “un maniático”, profundamente obsesionado por captar la vida sin retocarla. Aunque tiene muchos fragmentos deliciosos, me quedo con éste: “Uno de mis amigos me dijo: ‘En el fondo, tú no trabajas, tú te entregas a un duro placer'”. No sé si haya mejor manera de definir la pasión por lo que uno hace.

Aquí abajo, una pequeña muestra de su obra.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

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Fiesta erótica en blanco y negro

Fotos: www.waclawwantuch.com
Fotos: http://www.waclawwantuch.com

“Tu desnudez expuesta/ entera/ como el pan en la mesa”, escribía el poeta boliviano Eduardo Mitre. Así también los cuerpos que fotografía el polaco Waclaw Wantuch, en una fiesta erótica que, por paladear, olvida el lenguaje. Con estos versos e imágenes el #MiércolesDePoesía se hace presente.

 

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Adelantarse a ser árbol

 

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He dicho antes (creo) que en otra vida espero convertirme en árbol. Me gustan, admiro su solidez y su capacidad de adaptación, sus ganas de vivir, la virtud de mirar siempre hacia arriba. Adoro su corteza inamovible, bajo la cual late calladamente la savia. Quiero pensar que un día compartiré esas cualidades. De momento, con esta foto me queda claro que alguien tuvo la idea antes que yo.

La ingenuidad de escribir lo que pienso

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Quien más me quiere y yo caminamos por las calles coloniales de la ciudad de Guanajuato, en el estado mexicano del mismo nombre. Como estamos de vacaciones en cuerpo y alma, no tenemos rumbo fijo. Nos lleva la inercia de los pasos. Al igual que muchos destinos turísticos, Guanajuato está llena de contrastes. Es una ciudad hermosa, rebosante de historia y de cultura, aunque también de autos y turistas, como nosotros mismos. En cualquier caso, se disfruta en cada piedra.

De pronto, en el parque central, vemos a dos chicos muy jóvenes con un cartel que lanza esta pregunta: “Soy emo, y que?” (sic). Los “emos” son una tribu urbana, derivada del punk, que hace pocos años surgió en México. De postura pesimista, entre los rasgos que los caracterizan están los piercings, la ropa negra y el cabello que cubre los ojos. Pues eso: “Soy emo, y que?”, dicen. No sé qué respuesta esperan, así que mientras pienso les pido permiso de tomarles una foto. Algo dudosos, ni niegan ni aceptan. Lo hago. Parece darles lo mismo. Les preguntamos qué buscan comunicar con el cartel y contestan que la gente los agrede con frecuencia, que algunos incluso les dicen que ojalá se mueran, aunque aquí en el parque la única reacción que parecen despertar es indiferencia. “Queremos que nos respeten. Sólo eso”. Me parece una petición justa, pero creo que más bien es uno de esos gritos de identidad que todos damos de diversas maneras para que nos identifiquen con el grupo social al que queremos pertenecer pero, sobre todo, para oírnos a nosotros mismos siendo “parte de algo mayor”. La diferencia es que lo que piensan, ellos lo ponen por escrito en un gesto naïve. Quizá es la misma ingenuidad que yo misma uso al escribir lo que pienso. No somos tan distintos.

La foto que aligera el alma

Foto: Robert Jahns www.nois7.com
Foto: Robert Jahns http://www.nois7.com

Ando un poco decaída. Necesito aligerarme el ánimo, colgarlo de globos y echarlo un rato a volar. Entonces recuerdo esta imagen del alemán Robert Jahns, que dice lo que me faltan palabras para expresar.

Sirva de inspiración para arrancar la semana.

 

“¿Por qué no cobro por hablar sucio?”

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Se dedican a cumplir fantasías de otros a partir de voces que hablan quedo, gimen, simulan deseo. Son profesionales del sexo por teléfono. En un trabajo impecable, hermoso a nivel fotográfico y con muchas capas a nivel periodístico, el fotógrafo Mr. Toledano captó a varios de ellos. Además, acompañó cada foto de una pequeña cita. Por ejemplo, la mujer cuya imagen abre este post se dijo un día: “¿Por qué no intento cobrar por hablar sucio, en lugar de hacerlo gratis?”. Así empezó en este negocio que “eleva” su autoestima.

El portafolio me deja pensando que si bien nunca he llamado a un hot line, no soy tan distinta de los clientes habituales de estos personajes: la imaginación también es mi principal afrodisiaco.

Screen shot 2014-10-15 at 5.32.19 PM“Quien me llama no sabe cómo soy, cómo me veo. Sólo se imagina que estoy ahí para cumplir sus deseos […] Le pongo carne a la muñeca de sus fantasías”.

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.26.09 PM“[El sexo por teléfono] es un coctel de testosterona alimentado por adicción a la pornografía, soledad y la necesidad de oír una voz femenina”.

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.30.24 PM“Las mujeres que llaman quieren que les hable, que las lleve a otro mundo”.

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.28.42 PM“Tengo una voz muy aguda, soy de carácter sumiso e infantil. Todo eso lo reflejo al hablar con clientes […] Hago que se imaginen a una chica siendo abusada por su maestro de historia: ‘¡Ay, profesor, eso es muy grande! ¡Me va a lastimar!”.

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.27.55 PM“A veces recibo llamadas perturbadoras. Un cliente me confesó haber cometido abuso sexual incestuoso, otro me pidió hacerle sexo oral a mi hermanito y tres se han suicidado estando conmigo al teléfono”.

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.31.20 PM“Trabajé muchos años en una empresa, contestando llamadas de clientes descontentos. Esto es similar, es darle servicio al cliente. Pero se van con más que una sonrisa”.

 

Aquí cabe el mar

Imagen: CSIRO
Imagen: CSIRO

“¿Cómo pueden meter todo el mar en una fotografía?”, se pregunta el escritor Pablo Raphael (no sé dónde lo dice, porque encuentro la cita en una vieja libreta y fue lo único que anoté).

Yo también me pregunto cómo le hacen. Y cómo puede ser que aprieten el bosque entero en aquella foto, las pirámides en otra y, en última instancia, quepa el planeta entero en una imagen tomada en el espacio. ¿Cómo meten sus millones de personas, casas, ovejas y abejas, lagos y bicicletas? Parece cosa de ciencia ficción.

Lo que significa “mujer bella” en 25 países

Antes y después
La periodista en su foto original y embellecida con Photoshop en Marruecos
Esta entrada no habla de futbol, ni del Piojo Herrera, ni del partido de México contra Holanda. Disculpas anticipadas.
 

¿Qué define el atractivo? ¿Si una persona es hermosa para mí, lo es también para alguien en Ruanda, en Italia, en Indonesia, en la Patagonia, en Japón? Evidentemente no. Con la inquietud de ver plasmados los estándares culturales de belleza femenina en el mundo, la periodista estadounidense Esther Honig mandó una foto suya sin retoque a aficionados de Photoshop en 25 países, junto con una sola petición: “Hazme bella”. Imaginaba que habría diferencias entre cada propuesta, pero no esperaba que fueran tan acusadas y que en algunas le costara trabajo reconocerse. Llamó Antes y después al conjunto de fotos, un extracto del cual presento aquí porque me parece interesantísima esta exploración de la diferencia. Por supuesto, la belleza es subjetiva y está marcada por cánones culturales, momentos históricos y gustos particulares. No hay “un” concepto de lo que es atractivo, sino tantos como ojos lo buscan, como dice Umberto Eco en su enciclopédica Historia de la belleza (Lumen): “La belleza nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros según la época histórica y el país […] distintos modelos de belleza coexisten en una misma época […]”. Vaya que en estas fotos sorprende (y emociona) constatarlo. (da click aquí para ver la nota completa)

Alemania
Alemania
Argentina
Argentina
Australia
Australia
Bangladesh
Bangladesh
Estados Unidos
Estados Unidos
Grecia
Grecia
India
India
Kenia
Kenia
Marruecos
Marruecos
Reino Unido
Reino Unido
Serbia
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El viaje entre dos aleteos

Foto: Tatyana Druz
Foto: Tatyana Druz

(da click en el enlace para oír el fragmento)

Quien más me quiere me regala el muy reciente disco de Calle 13, Multiviral, que arranca con Eduardo Galeano leyendo un texto suyo. Todo el álbum es un coctel de inteligencia, ritmo pegajoso, buenas letras, corazón, pero en especial me emociona esto de la pluma del uruguayo, que define la humanidad a partir de ese gesto tan instintivo, que nos puede poner al borde del abismo pero también nos rescata del hoyo: el abrazo. Aquí está el mejor Galeano:

“Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje”. -Eduardo Galeano, “El viaje”, Bocas del tiempo (Siglo XXI)

Ojalá que, de manera consciente, haga transcurrir cada día abrazando a mi gente, queriéndola con el cuerpo. Nada valdría más la pena.

Balbuceos de ti por la tarde

Foto: Didi Andreeva
Foto: Didi Andreeva

Aquí un breve poema en prosa, para celebrar otro #MiércolesDePoesía:

El eco de tu caricia me acompaña en el sillón de las seis de la tarde. Tu fantasma que sólo yo siento me respira el cuello, me lame los dedos con balbuceos de ti y es como un rumor quedo pero insistente que socava el centro del mundo para hallarle sentido a esta tarde, en que tu sombra mancha de sangre mi ropa (y sólo yo la veo).

-Julia Santibáñez

Piel liviana para los besos

Fotos: Antonio de Ron
Fotos: Antonio de Ron

Descubro a este fotógrafo español en el fantástico sitio de la revista Mambo; al buscar más sobre él veo que suele colaborar en el blog de The 21 magazine, ambas recomendables. De 30 años y nacido en Galicia, Antonio de Ron dice odiar los flashes y trabajar siempre con luz natural, lo que da una calidez especial a su trabajo. En su portafolio encuentro estos desnudos realizados hace poco, verdadera celebración de la piel “liviana para los besos”, como dice aquel verso de Gonzalo Rojas.

El cuerpo es, de por sí, un regalo para los ojos, pero la gasa que juega a revelarlo y esconderlo aumenta su poder de seducción.

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Sebastião Salgado y el vínculo con otros

Fotos: Sebastião Salgado
Fotos: Sebastião Salgado

Es el tipo de artista que me fascina. Su trabajo no sólo es técnicamente impecable y estéticamente hermoso, sino que además toca fibras internas, sacude el polvo que se acumula por dentro. Estas fotos de Sebastião Salgado son muestra de ello: bellísimas, me permiten asomarme a un mundo que aunque parece distinto al “mío”, al final es en todo similar. Los retratados son personas como yo, sienten el dolor igual, se emocionan, desean, buscan ser aceptados, se angustian, tienen ilusiones, imaginan.

En una entrevista publicada recientemente en El País, el fotógrafo brasileño dijo que cuando hace años quiso fotografiar a las comunidades indígenas de su país, encontró que son muy desconfiadas de los occidentales. Para conseguir su objetivo pasó mucho tiempo entre ellos, les explicó lo que quería hacer y acabó tanto escuchando sus historias como contándoles otras que les interesaban “porque me lo pedían”. Es decir, encontró que la palabra es vínculo entre seres humanos.

Al final es más lo que nos une que lo que nos separa.

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Así se ven los invisibles

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“Los pobres son como los animales. Parece como si estuvieran hechos de otras sustancias”, dice la terrible Bernarda en La casa de Bernarda Alba, portento teatral de Federico García Lorca. Pues no, no son distintos. Aunque para los demás no existan, lo cierto es que se alegran, anhelan, abrazan y lloran igual que los demás. El fotógrafo británico Lee Jeffries lleva años captando a estos sin rostro, registrando la intimidad de su vida al borde del precipicio. Jeffries era fotógrafo de deportes hasta que un día vio a una chica que dormía en la calle, junto a un contenedor de comida. Al querer tomarle una foto, se despertó. Él dudó entre huir o pedir disculpas, pero optó por lo segundo. Empezaron a conversar y de esa plática nació la vocación de retratar a los habitantes de la calle.

Cada una de estas imágenes tiene una narrativa propia, detrás de cada mirada hay una historia que estremece. Me parece bellísimo que el artista los capte con respeto, sin dramatismo, como los seres humanos dignos que son. Estos son los invisibles.

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