Esta palabra le urge al español (y a mí)

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Me pasó de nuevo: encontrarme con alguien cuyo rostro me resulta conocido pero no sé su nombre. Estaba en el salón de belleza cortándome el cabello y entró una mujer alta, de miembros delgados y ojos tristes. En cuanto me vio se acercó a mí: “¡Julia, qué gusto verte!”. Es incómodo saludar a alguien teniendo el pelo recogido con pinzas, envuelta en una bata de plástico, pero lo fue más porque no tenía idea de quién era. Me preguntó por mi hija y por mi trabajo en la editorial. No supe si hacer evidente mi torpeza y preguntar de dónde nos conocíamos, o fingir que sabía perfecto de quién se trataba. Al final opté por lo segundo (luego me arrepentí): contesté, le pregunté vaguedades y nos despedimos.

Aunque la experiencia pudiera dispararme hondas reflexiones sobre mi torpeza social, salí del salón de belleza con menos cabello y pensando una de esas minucias lingüísticas que amo: necesito una palabra que describa esa sensación de duda. Me puse a buscar y no encontré nada en español, pero sí en lengua escocesa: Tartle nombra “el momento de vacilación al saludar a alguien, porque uno no recuerda su nombre.” No tengo remedio.

23 pensamientos en “Esta palabra le urge al español (y a mí)”

  1. Hola, un gusto leerte, a mi me pasa muchas veces no recuerdo nombres y rostros, por lo regular yo no pregunto “quien eres” sigo la corriente, me pongo a recordar todo el día quien seria esa persona jejejeje…. Saludos

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  2. Ya he vivido experiencia semejante a la que señalas, Danioska, pero en el otro sentido, o sea, yo era la persona que saludaba a una chica que me miraba con cara de asombro, dejando muy evidente que no tenía la más somera idea de la clase de relación que pudiéramos tener los dos.
    Sin embargo, ella, ni tonta ni perezosa, rápidamente me preguntó: «¿sigues allá…?» ¿Qué respuesta querría obtener? Era obvio que buscaba, en mi misma respuesta, una pista que aclarara su desconocimiento sobre mi persona: ¿en la universidad donde estudiamos juntos? ¿en la cárcel donde cumplimos pena hacía ocho años? ¿en el manicomio donde me mantuvieron atado durante casi dos interminables años, y ella me curaba las lastimaduras de los vendajes?
    Me encanta jugar con esas ambigüedades.
    Cordialmente,
    Isac Nunes

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    1. Je, qué divertida tu narración. Por lo visto cargas un buen bagaje de historias (empezando por la cárcel y siguiendo con el manicomio), qué polifacético, pero no cuentas qué respondiste a su ingeniosa pregunta, digo, quiero saber si le sirvió para poder ubicarte. En caso positivo, podría robarle la idea. Ese “¿sigues allá?” suena como algo que puedo recordar cuando la emergencia apremie.
      Saludos desde la celda…

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  3. Yo me quedo tartleada en muchas ocasiones, cada día más. Intento saber por qué pero prefiero no preguntármelo. Y qué bien que ya puedo nombrar esa situación o momento. Gracias. Ah, y tengo un separador en la página 15: “Descubrir el alto nombre de tu piel…”. Despacio, saboreando, saboreándolo.

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    1. Vaya, qué felicidad que vas leyendo el libro y te va gustando, me saca sonrisas. Habría que buscar en otros idiomas una palabra que describa eso: el gusto de saber que lo que uno escribe le gusta a alguien.
      Besos muchos

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  4. Siempre pasa esas cosas. Más que nada porque a veces son personas que no tienes el pendiente de saber el nombre de todas las personas que e rodean. Es algo cotidiano xD

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